Bibliotecas y mi colección de libros

viernes, 27 de marzo de 2015

Las flores del mal


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma; 

Introducción 

 La obra de Baudelaire es breve y escasa, salvo los numerosos escritos de crítica de arte. Su primera obra en una novela corta, La Fanfarlo, un autorretrato como dandy; el mismo sentido autobiográfico tiene su breve texto Mi corazón al desnudo. Tradujo a Poe y escribió dos recopilaciones de prosas poéticas: Spleen de París y Pequeños poemas en prosa. En Los paraísos artificiales analiza los efectos del alcohol y el opio, sobre los que mantiene una posición ambivalente de rechazo y entusiasmo. Pero sin duda, la cima de su poesía la constituyen Las flores del mal.
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Las flores del mal recoge los poemas que Baudelaire escribió entre 1840 y 1866. Ya en 1841 Baudelaire había anunciado la publicación de un libro titulado Las lesbianas, que nunca llegó a ser publicado; luego lo anunció como Los limbos, sin que tampoco tuviese lugar su publicación y finalmente, en junio de 1857, se publica con el título de Las flores del mal (Les fleurs du mal); esta primera edición tuvo problemas con la censura, que retiró por obscenos seis poemas de contenido lésbico; en ediciones posteriores, estos poemas aparecieron bajo el título de “Los desechos”.
El título del libro constituye una metáfora y asimismo una ironía; desde muy antiguo se hacían retóricamente flores de la juventud, del amor…: eran un tópico, una constante simbólica; sin embargo, la obra de Baudelaire constituye una exaltación del mal, de su belleza, una aproximación al satanismo; el poeta parte de una cosmovisión romántica en la que el artista es un ser apartado de la sociedad burguesa y busca el camino del mal: nace así la búsqueda de la autodestrucción, el malditismo, que lo llevan a una conducta amoral (afición a la bebida, drogas, lujuria…), en la que ve asimismo un modo de inspiración. Esa ansia de evasión despierta en el autor su interés hacia los aspectos más sórdidos de la sociedad (la enfermedad, la muerte, las clases bajas, la drogas, la delincuencia…).
Ex libris

Baudelaire pretendió que la obra no se viese como una recopilación de poemas, sino que quiso hacer de él un libro con una arquitectura unitaria, con un principio y un fin, y con un orden en torno al tema de la angustia vital o spleen. La ordenación interna de los poemas no sigue un orden cronológico, sino psicológico, centrado en la trayectoria del alma del poeta, que oscila entre dos polos opuestos: la insatisfacción, la amargura y el tedio de vivir (spleen) y la aspiración hacia la propia salvación (el ideal).    
  La primera edición del libro constaba de un prólogo “Al lector” y cien poemas agrupados en cinco secciones (cinco huidas).
La obra sorprendió a sus contemporáneos por su originalidad, puesto que el realismo de sus imágenes, el feísmo incluso, la violencia, junto al clasicismo de la forma eran absolutamente novedosos. Baudelaire exalta el dandismo y crea el tópico del poema maldito rechazado por la sociedad, que se inspira en el modelo del antihéroe romántico. También defiende el simbolismo como modo de interpretación de la realidad. Su idea central es mostrar la maldad de los hombres. El poeta se entrega al vicio (la prostitución, la droga), pero solo consigue el tedio y el hastío vital (spleen), pero al mismo tiempo anhela la belleza, que trata de alcanzar mediante símbolos, una magnífica perfección formal, la riqueza de vocabulario y una refinada forma musical. Algunos han visto en el libro una especie de moral inversa: mostrar el vicio y el horror para evitarlos.

Las flores del mal sienta las bases de la poesía moderna; en él se inspirarían autores como Rimbaud, Verlaine, Mallarmé, Apollinaire, etc. Su autor supera el prosaísmo realista y la grandilocuencia romántica; es precursor de las tendencias poéticas posteriores: simbolismo, decadentismo, malditismo…, y, sobre todo, anticipa el nihilismo de la literatura contemporánea. Baudelaire es probablemente el más importante poeta del siglo XIX


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Reseña biográfica de autor del libro Charles Baudelaire.

Poeta, novelista y crítico de arte francés, nacido en París en 1821. Al terminar sus estudios en Paris en 1834, fue enviado a las Antillas por su padrastro quien quiso alejarlo de la vida bohemia y licenciosa que el joven llevaba.
A su regreso a Paris inició estudios de Derecho en 1840, incursionó en el ambiente literario entablando amistad  con prominentes figuras del arte, y empezó  a producir textos sobre crítica de arte y poesía.
Considerado como modelo y padre de la poesía moderna,  publicó en 1857 su máxima obra, "Las flores del mal", luego aparecieron "Pequeños poemas en prosa" y Paraísos artificiales" publicados en 1860.
La sífilis que contrajo debido a su vida desordenada, le produjo afasia y una parálisis parcial que lo condujo a la muerte en 1867.
"Curiosidades estéticas",  "El arte romántico", "Mi corazón al desnudo" y su "Epistolario" fueron publicados póstumamente.

Las flores del mal.


Las flores del mal (título original en francés: Les Fleurs du mal) es una colección de poemas de Charles Baudelaire. Considerada la obra máxima de su autor, abarca casi la totalidad de su producción poética desde 1840 hasta la fecha de su primera publicación.
Edición definitiva

La primera edición constó de 1.300 ejemplares y se llevó a cabo el 23 de junio de 1857. La segunda edición de 1861 elimina los poemas censurados, pero añade 30 nuevos. La edición definitiva será póstuma, en 1868 y, si bien no incluye los poemas prohibidos, añade algunos más.
En esta versión consta de 151 poemas. 
La carta de Charles Baudelaire a la emperatriz Eugenia, pidiéndole que interviniera para que la multa se reduce que había sido golpeado '' Las flores del mal '', 06 de noviembre 1857. Archivos Nacionales, AE / II / 1980




Las Flores del mal es considerada una de las obras más importantes de la poesía moderna, imprimiendo una estética nueva, donde la belleza y lo sublime surgen, a través del lenguaje poético, de la realidad más trivial, aspecto que ejerció una influencia considerable en poetas como Paul Verlaine, Stéphane Mallarmé o Arthur Rimbaud.

Titulo

El libro debió llamarse en principio Los limbos o Las lesbianas, pues la intención primitiva era la de escribir un libro sobre los pecados capitales; aunque Baudelaire renunció a ello siguiendo los consejos de un amigo. Dicho libro fue catalogado de inmoral ya que exaltaba el goce de la vida y de las pasiones.


A mi queridísimo y veneradísmo maestro y amigo Théophile Gautier. Aunque te ruego que apadrines Las flores del mal, no creas que ande tan descarriado ni que sea tan indigno del título de poeta como para creer que estas flores enfermizas merecen tu noble patrocinio. Ya sé que en las etéreas regiones de la verdadera poesía no existe el mal y tampoco el bien, como sé que no es imposible que este mísero diccionario de la melancolía y del crimen justifique las reacciones de la moral, del mismo modo que el blasfemo viene a reafirmar la religión. Pero en la medida de mis posibilidades, y a falta de algo mejor, he querido rendir un profundo homenaje al autor de Albertus, La comedia de la muerte y Viaje a España, al poeta impecable, al mago de la lengua francesa, de quien me declaro con tanto orgullo como humildad, el más devoto, el más respetuoso y el más envidiado de los discípulos.
Charles Baudelaire: Las flores del mal

Estructuras

A lo largo de toda la obra, Baudelaire juega sobre las correspondencias verticales y horizontales que más adelante inspirarán a otros muchos poetas, toda su obra se construye como un itinerario moral, espiritual y físico. Baudelaire divide el libro en siete partes, introducidas por el famoso poema Al lector:
 Esplín e ideal, Cuadros parisinos, El vino, Flores del mal y Rebelión, con una conclusión final: La muerte.
 Esta obsesión de que no consideraran su libro como una mera recopilación de poemas, si no como un «libro» con principio y fin, en el que todos los poemas se subordinaba general rigurosa, influirá desde poetas como Stéphane Mallarmé hasta Jorge Guillén, en su obra Aire nuestro, y dará lugar a una serie de investigaciones sobre la posible asociación numerológica o astrológica y hasta con paralelismo con la Divina comedia.
La carta de Charles Baudelaire a la emperatriz Eugenia, pidiéndole que interviniera para que la multa se reduce que había sido golpeado '' Las flores del mal '', 06 de noviembre 1857. Archivos Nacionales, AE / II / 1980
Esplín e Ideal (Spleen et idéal)

La primera parte del libro abarca los 85 primeros poemas, desde Bendición (Bénédiction) hasta El Reloj (L'horloge). El título del poema El Reloj, pertenece a la obra España de Gautier, y está ampliamente imitado por Baudelaire.

Presenta diversas formas de salvación, liberación y huida del mundo: la belleza, el arte, la poesía, la muerte y más adelante el amor y el erotismo, donde se recogen poemas dedicados a sucesivas amantes a lo largo del tiempo.
 Tras haber comprobado el fracaso de estas formas de ideal, nos encontramos con el Spleen (vocablo adoptado por la anglomanía de la época), o el hastío, el tedio ante el tiempo y su repetición.

Cuadros parisinos (Tableaux parisiens)

Desde el poema 86 Paisaje (Paysage) hasta el 103 Crepúsculo Matutino (Le crépuscule du matin). En la edición de 1857, esta parte del libro no constituía un capítulo separado, sino que era un segundo intento de huida perteneciente a Spleen e Ideal, pero a través de la ciudad de París, donde se plantea y reivindica la detestable ciudad de París -el Spleen de París- abriéndose camino a un hipotético Ideal de París.
 El poeta lo fabricó con diez textos de la primera parte y con diversos poemas editados en los periódicos entre 1857 y 1861.

Condena por la publicación del libro en 1857.

El 20 de agosto de 1857 es acusado de ultraje a la moral pública, por lo que se ve obligado a quitar seis de sus poemas. Hemos de tener en cuenta que Baudelaire, a raíz de esta condena, se decide a cultivar otro género literario que él califica «más peligroso todavía que el poema en verso», el poema en prosa, del que nacerán Los pequeños poemas en prosa, o Spleen de París.

La condena por la publicación de las Flores del mal es un caso controversial. Muchos de los poemas aparecidos en este libro ya los había publicado Baudelaire en diversos periódicos sin penalización alguna.
Pero la contradicción reside en la política ambigua contra ciertos escritores durante el gobierno de Napoleón III. En un principio la multa fue de 300 francos, reducida luego por la emperatriz a 50 francos, cuando por la publicación de los mil cien ejemplares de las Flores del Mal cobró una octava parte del precio de catálogo, o 25 céntimos (el doble que por la traducción de cinco volúmenes de Edgar Allan Poe, que hizo entre 1856 y 1865): lo que se resume a un cobro de 275 francos menos la multa inicial reducida a 50.
Además del cobro de 2500 francos -sueldo medio anual de un funcionario- de ayuda a la creación literaria, o el subsidio por enfermedad (la sífilis, de la que moriría en 1867 y que le mantendría durante su último año de vida bajo los síntomas de afasia y hemiplejía) para sufragar los gastos de la clínica en París.
Este doble papel de la autoridad quería mantener la imagen de mártir de sus literatos, sin afectarlos directamente, circunstancia ésta que no destacan sus hagiógrafos.

El decimonono poema de este libro, La Giganta (La Géante), inspiró al cineasta Philippe Ramos en su película Capitán Achab, y ayudaría a caracterizar a la ballena Moby Dick.

lunes, 16 de marzo de 2015

Cuando una biblioteca se fusiona con otra

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma; 

Ordenar la biblioteca, una tarea a la que los bibliófilos suelen entregarse con frecuencia y con placer, a veces implica una situación particular: incorporar una colección entera, conformada en otra parte. La sensación es que los libros son como las células de un organismo vivo y encuentran siempre su propio lugar.

 Cristian Vázquez 29 noviembre 2017

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Se han escrito infinidad de textos con consejos y recomendaciones acerca de cómo ordenar la biblioteca. Casi siempre se habla de las diversas categorías en función de las cuales se pueden organizar los libros: orden alfabético o cronológico, géneros, temáticas, procedencia, la relevancia que el dueño de la biblioteca les dé, incluso el color de los lomos y las portadas. Ordenar la biblioteca es también establecer un canon o, mejor, trasladar al universo material el canon que cada lector ha forjado ya para sí mismo a través de sus lecturas.

Es una tarea que los bibliófilos, por lo general, encaran con frecuencia y con placer. Por motivos variados: para subsanar los desarreglos derivados de las consultas, para limpiar el polvo cruel que llega a todos los rincones, por la convicción de que el orden anterior ha caducado y es necesario instaurar uno distinto, para incorporar los libros nuevos que han llegado a la casa y se han ido apilando en sitios inadecuados…

Una de esas situaciones en que hay que incorporar libros nuevos es particular, porque no se trata de volúmenes que han llegado uno a uno, en esa suerte de goteo constante que el lector genera comprando libros aquí y allá. Son libros que llegan todos juntos porque ya estaban todos juntos: ya conformaban una biblioteca. Son los casos en los que una biblioteca se fusiona con otra.



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El escritor argentino Pedro Mairal cuenta en un artículo que se pasó años sin poder ordenar su biblioteca y que, cuando por fin lo hizo, le costó “muchísimo trabajo, no físico, sino mental”. “Supongo —agrega— que no quería tomar de­cisiones: qué libros se iban, qué libros se quedaban. Eso te obliga a definirte, definir una estética, un canon personal”. 

Y a eso se añadía la obligación de sumar otra biblioteca a la suya:

“También estaban los libros de poesía que me dejó el que fue mi maestro. Los tenía en unas cajas sin animarme a mirarlos mucho. No podía. Porque eso implicaba aceptar plenamente que él ya no está […] Tuve que encontrar la calma, el tiempo, las ga­nas. Aceptar que la gente se muere y dejar que pase el tiempo para poder reencontrarme con sus palabras, sus libros, su lectura. Sumar sus libros de poesía a los míos terminó siendo una gran felicidad […] Fue como agregarle parte de su memoria a mi cabeza, sumar espacio. Algo se despejó. Esos libros que Grillo [apodo de Félix della Paolera] leyó y que voy leyendo de a poco, incorporándolos. Sa­ber que están ahí en los estantes sus libros barajados con los míos”.



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En general, una biblioteca se fusiona con otra cuando es recibida en calidad de regalo o de herencia, como le pasó a Marial. A mí me tocó hacerlo en una situación distinta. Cuando hace una década dejé de vivir en Argentina para radicarme en Madrid, todos mis libros —salvo tres o cuatro que me llevé conmigo— quedaron en la casa de mis padres. Fueron una parte del desarraigo. Mil veces los añoré, los necesité, lamenté no tenerlos conmigo; pero siempre con la tranquilidad de saber que allá estaban, aunque fuera a diez mil kilómetros de distancia, esperándome. En España, poco a poco, fruto de esa suerte de goteo constante, fue cobrando forma otra biblioteca. Siete años después me mudé a Buenos Aires, y ese fue el momento de que mis dos bibliotecas se fusionaran, pasaran a ser una sola.

Fue una situación jubilosa. Ordenar, unir, intercalar unos y otros libros, dar a cada uno su lugar, representó la reunión de dos etapas de una vida; un conjunto de objetos que al mismo tiempo es un lugar: la biblioteca, y que configura una especie de mapa de la persona que soy. Libros que habían pasado años juntos, pegados uno al otro, se separaron con gusto al descubrir al hermano desconocido, ese que, lo supieron nada más verlo, debía acomodarse entre ellos. Libros que andaban sin buscarse pero sabiendo que andaban para encontrarse. Fue un placer casi físico el que sentí cuando los vi juntos, barajados, los de acá y los de allá, mezclados como siempre lo habían estado en el esquema mental de mis lecturas, felices de estar por fin donde tenían que estar.



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Ordenar la biblioteca propicia su depuración: decidir qué libros se van y cuáles se quedan, como escribió Mairal. Las mudanzas también. Cuando uno tiene que guardar toda su vida en cajas, y más aún si tiene que mandar esas cajas a diez mil kilómetros de distancia, evalúa con atención qué cosas merece realmente ese sacrificio y cuáles no. Me lo planteé al preparar la mudanza de Madrid a Buenos Aires. Entonces me di cuenta de que mi biblioteca ya estaba depurada, que la había ido limpiando por etapas, desprendiéndome de los libros que no eran para mí. Comprendí que en esos años había incorporado una de las mayores enseñanzas de vivir en otra parte: conviene ir por la vida ligero de equipaje. 

Por eso todos aquellos libros cruzaron el Atlántico. De donde se fueron unos cuantos, y se siguen yendo, es de la biblioteca anterior. El paso del tiempo nos aleja de autores y lecturas: de pronto uno sabe —del modo siempre un poco misterioso en que se saben estas cosas— que a ciertas páginas ya no volverá. Los años también enseñan a valorar cada vez más la calidad por sobre la cantidad. Y además uno sabe que el goteo constante de nuevos libros no va a cesar, y que el espacio físico en su casa es limitado…



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Hay un cuento muy breve de Enrique Anderson Imbert, titulado “El crimen perfecto”, en que el narrador confiesa haber matado a un hombre y haber enterrado el cadáver en un lugar donde creyó que a nadie se le ocurriría buscarlo: el cementerio de monjas de un convento abandonado. Su error fue olvidar que el muerto había sido “un furibundo ateo”. Por la noche, las monjas muertas, “horrorizadas por el compañero de sepulcro”, decidieron mudarse: con sus lápidas a cuestas, cruzaron el río junto al cual yacían e instalaron el cementerio en la otra orilla. Ante el extraño cambio de lugar, la policía revisó el terreno original del camposanto y descubrió la tierra recién removida. “El resto ya lo sabe usted, señor juez”, termina el relato.

Me gusta pensar que los libros son un poco como las monjas de ese cementerio, o como las células de un organismo vivo. Se horrorizan cuando se ven entre vecinos inapropiados, y mucho más si estos vienen en grupo y ya eran vecinos en otro barrio. No sé de ninguna biblioteca que se haya mudado por sus propios medios al otro lado de un río, pero se me hace que ahí, en la intimidad de los anaqueles, los desprecian, les hacen el vacío, bullying, a la larga terminan echándolos. Se quedan los que se tienen que quedar. Y casi que se acomodan solos, como dice el refrán que hacen los melones cuando el carro se pone en movimiento. Entonces el dueño de la biblioteca, el lector, se da cuenta: los ve a gusto, felices, en buena compañía. Y se siente exactamente igual.

sábado, 14 de marzo de 2015

Las Obras de Umberto Eco

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 
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Novelas.

El nombre de la rosa (1980) - Novela de misterio ambientada en la Edad Media. Versión cinematográfica interpretada por Sean Connery, Christian Slater y Ron Perlman.
El péndulo de Foucault (1988) - Novela de complot, esoterismo y magia ambientada en la actualidad. El pequeño juego que realiza Casaubon junto a sus dos colegas de una editorial en Milan, se transformara en una verdadera pesadilla al ser tomado como cierto por los círculos luciferinos.
La isla del día de antes (1994) - Historia de un noble del siglo XVII que naufraga en la línea de cambio de fecha.
Baudolino (2000) - Historia de un joven labriego del Piamonte adoptado por el emperador Federico I Barbarroja y de sus increíbles aventuras. El relato tiene el estilo de un manuscrito medieval, que este bribón empieza a escribir para narrar sus aventuras, que van desde la misma creación del mito del santo Grial, hasta el descubrimiento del asesino de su padre adoptivo.
La misteriosa llama de la Reina Loana (2004) - Esta novela esta dominada por la niebla. En la niebla se despierta Yambo, después de sufrir un incidente que le hace perder la memoria. Acompañándole en la lenta recuperación, su mujer le convence de volver a la casa de campo donde se conservan los libros que leyó de niño, los cuadernos de escuela y los discos que escuchaba entonces.
El cementerio de Praga (2010), historia de espías y conspiradores cuyo argumento gira en torno a un falsificador, el capitán Simonini, que además adolece de una doble personalidad, contratado por servicios secretos de varios países europeos. Este se desenvuelve en un medio altamente antisemita y como obra cumbre de la conspiración resulta ser el autor de los muy conocidos Protocolos de los sabios de Sión.
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Otros trabajos

Umberto Eco ha escrito principalmente en las áreas de semiótica, lingüística, estética y moralidad.


El problema estético en Tomás de Aquino, 1956
Arte y belleza en la estética medieval, 1959
Opera aperta, 1962
Diario mínimo, 1963
Apocalittici e integrati, 1964 — Apocalípticos e integrados, estudio sobre la cultura popular y los medios de comunicación; Lumen, Barcelona, 1965
Las poéticas de Joyce, 1965
Apuntes para una semiología de las comunicaciones visuales (1967), incluido en La estructura ausente
La definición del arte, 1968
La estructura ausente, análisis de semiótica en edificaciones orientado al diseño arquitectónico; 1968
Socialismo y consolación, Tusquets, Barcelona, 1970
Las formas del contenido, 1971
Il segno, 1973
Las costumbres de casa (1973), incluido en La estrategia de la ilusión
El beato de Liébana, 1973
Sociología contra psicoanálisis, Martínez Roca, Madrid, 1974
Trattato di semiotica generale, 1975 — Tratado de semiótica general, Lumen, Barcelona, 1977 (Quinta edición: 2000)
Introducción al estructuralismo, Alianza, Madrid, 1976
El superhombre de masas, 1976
Desde la periferia del imperio (1977) Incluido en La estrategia de la ilusión".
Cómo se hace una tesis, técnicas y procedimientos de investigación, estudio y escritura, 1977

Lector in fabula. La cooperazione interpretativa nei testi narrativi, 1979 — Lector in fabula. La cooperación interpretativa en el texto narrativo, trd.: Ricardo Pochtar; Lumen, Barcelona, 1981
Función y signo: la semiótica de la arquitectura, 1980
De Bibliotheca, 1981
Siete años de deseo (1983), incluido en La estrategia de la ilusión
Semiótica y filosofía del lenguaje, 1984
De los espejos y otros ensayos, 1985
Ensayos sobre 'El nombre de la rosa', Lumen, Barcelona, 1987
El signo de los tres, Lumen, Barcelona, 1989
El extraño caso de la Hanau 1609, 1990
Los límites de la interpretación, 1990
Il secondo diario minimo, 1992 — Segundo diario mínimo, recopilación de escritos breves; Lumen, Barcelona
La búsqueda de la lengua perfecta, 1993
Seis paseos por los bosques narrativos, 1994
¿En qué creen los que no creen?, diálogo epistolar sobre la ética con el cardenal Carlo Maria Martini, 1996
Interpretación y sobreinterpretación, CUP, 1997
Kant y el ornitorrinco, 1997
Cinco escritos morales, 1997
La estrategia de la ilusión, Lumen, Barcelona, 1999
La bustina de Minerva, 2000
Apostillas a 'El nombre de la rosa' y traducción de los textos latinos, Círculo de Lectores, Barcelona, 2000
El redescubrimiento de América, Península, Barcelona, 2002
Sobre literatura, Nuevas Ediciones de Bolsillo, Barcelona, 2005
La historia de la belleza, Lumen, Barcelona, 2005 ISBN 84-264-1468-0
La historia de la fealdad, Lumen, Barcelona, 2007
A passo di gambero. Guerre calde e populismo mediático, 2006 — A paso de cangrejo: artículos, reflexiones y decepciones, 2000-2006, Debate, 2007 ISBN 978-84-8306-698-0
Dire quasi la stessa cosa — Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción, trd.: Helena Lozano Miralles; Lumen, Barcelona, 2008 ISBN 978-970-810-337-4
El vértigo de las listas, Lumen, Barcelona, 2009
Cultura y semiótica, Círculo de Bellas Artes, Madrid, 2009
La nueva Edad Media, Alianza, Madrid, 2010
Nadie acabará con los libros, con Jean Claude Carrière; Lumen, Barcelona, 2010
Confesiones de un joven novelista, Lumen, Barcelona, 2011
Construir al enemigo, selección de ensayos; Lumen, Barcelona, 2013


Curiosidades.

Eco es considerado también un bondiólogo, expresión creada en Escandinavia para designar al experto en James Bond. Es, en efecto, un destacado estudioso del agente secreto 007, el famoso personaje creado por Ian Fleming. Sobre Bond ha escrito "Il Caso Bond" (The Bond Affair) (1966), con Oreste Del Buono.
Ha sido nombrado Duque de la Isla del Día de Antes por el Rey Xavier I de Redonda al recibir el VIII Premio Reino de Redonda en 2008.
En 1961 el artista Piero Manzoni firma 71 esculturas vivientes entre ellas, Umberto Eco.
El personaje de Bobo del dibujante italiano Sergio Staino se asemeja a Umberto Eco.
Le interesa Sherlock Holmes y participó en el libro que trata sobre la técnica deductiva del detective, El signo de los tres: Dupin, Holmes, Peirce, además encontramos diversas referencias a Arthur Conan Doyle y sus personajes en muchas de sus novelas, principalmente en El nombre de la rosa.
En 1969 escribió el prólogo a "Mafalda, la contestataria", la edición de Bompiani (Milán) de la célebre historieta de Quino
Es también un admirador confeso de Jorge Luis Borges, sobre el que ha escrito varios textos, y quien inspiró, inclusive, al personaje de Jorge de Burgos, de El nombre de la rosa.
Es fan de la gastronomía polaca.
Inestimable defensor del cómic, se declara ferviente admirador de todo lo relacionado con la cultura popular, como los propios cómics ya mencionados, la televisión, la música popular, las novelas detectivescas y el cine.

viernes, 13 de marzo de 2015

La edad de la inocencia y Edith Wharton

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma; 


La edad de la inocencia (título original inglés: The Age of Innocence) es una novela de Edith Wharton publicada en 1920 y que fue galardonada en 1921 con el Premio Pulitzer. La acción de la novela transcurre en la alta sociedad neoyorquina de la década de 1870.

La edad de la inocencia se publicó dos veces: primero como folletín en la revista Pictorial Review, entre julio y octubre de 1920; y posteriormente como libro por D. Appleton and Company, tanto en Nueva York como en Londres. Recibió una cálida acogida; según Times Book Review era "un brillante panorama de la Nueva York de hace 45 años. La novela más solicitada en bibliotecas públicas y un best seller en librerías".

Adaptaciones al cine

En 1924 se realizó una primera adaptación cinematográfica, una película muda producida por Warner Brothers, dirigida por Wesley Ruggles y con Beverly Bayne y Elliott Dexter en los papeles protagonistas.
En 1928 fue convertida en obra de teatro por Margaret Ayer Barnes y estrenada en Broadway en 1928. Tanto la novela como su adaptación teatral fueron la base de una segunda adaptación a la gran pantalla, la película de la RKO La edad de la inocencia (1934), protagonizada por Irene Dunne y John Boles.
En 1993 la tercera adaptación cinematográfica de la novela fue dirigida por Martin Scorsese. La película La edad de la inocencia está protagonizada por Michelle Pfeiffer, Daniel Day-Lewis, Winona Ryder, Richard E. Grant y Miriam Margolyes. Winona Ryder obtuvo un Globo de Oro por su interpretación de May Welland Archer, y la película recibió un Oscar por su vestuario.


Edith Wharton, de soltera Edith Newbold Jones (Nueva York, 24 de enero de 1862 - Saint-Brice-sous-Forêt, Francia, 11 de agosto de 1937), fue una escritora y diseñadora estadounidense.

Primeros años

Nació en una familia rica que le proporcionó una sólida educación privada. Combinó su privilegiada posición con un natural ingenio para escribir novelas y relatos, que destacaron por su humor, carácter incisivo y escasez de acción narrativa. Asimismo, trabajó en diversas publicaciones.
En 1885, a la edad de 23 años, Edith se casó con Edgard (Teddy) Robbins Wharton, doce años mayor que ella. Se divorciaron en 1913 por las repetidas y públicas infidelidades de su marido, que la afectaron mental y físicamente. Durante algunos años, al final de su tumultuoso e infeliz matrimonio, mantuvo un idilio con William Morton Fullerton (1865–1952), periodista estadounidense que trabajaba en el diario The Times. Fullerton era bisexual y alternaba su relación con la escritora con un romance con Lord Ronald Coger, rajá de Sarawak.
 Ella misma, también bisexual, tuvo un largo idilio con la cantante de ópera Camilla Chabbert, alias Ixo, y relaciones esporádicas con la poetisa y guionista Mercedes de Acosta. Durante la década de 1890 escribió relatos para Scribner's Magazine.

Éxitos de crítica y Primera Guerra Mundial

Desde fines del siglo XIX, Wharton produjo un gran número de novelas, libros de viajes, relatos (entre los que destacan algunos cuentos de fantasmas memorables) y poemas. En 1902 publicó una novela histórica titulada El valle de la decisión (The Valley of Decision). La crítica considera como su primera gran novela La casa de la alegría (The House of Mirth, 1905), una historia que ironiza sobre la sociedad aristocrática de la que ella misma era un miembro destacado.
Edith Wharton era una gran admiradora de la cultura y arquitectura europea, lo que le hizo cruzar el Atlántico un total de 66 veces antes de morir.

En 1907 se estableció definitivamente en Francia, donde fue discípula y amiga de Henry James. Primero se instaló en París y a partir de 1919 en sus dos casas de campo, Pavilion Colombe en la cercana Saint-Brice-sous-Forêt y en el antiguo convento de Sainte-Claire le Château en Hyères al sudeste de Francia.
De esta época destaca su novela corta Ethan Frome, una trágica historia de amor entre personas corrientes ambientada en Nueva Inglaterra, que se publicó en 1911. En opinión de muchos críticos, este libro alcanza, por su sencillez, una universalidad que no tienen sus novelas de sociedad.
Ella vivía en la muy de moda Rue de Varenne en París cuando comenzó la Primera Guerra Mundial y usando sus altas conexiones con el Gobierno francés, consiguió permisos para viajar en motocicleta por las líneas del frente. Wharton describe esa experiencia en una serie de artículos que posteriormente se recopilarían en el ensayo Fighting France: From Dunkerque to Belfort (1915).

Durante la guerra también, trabajó para la Cruz Roja con los refugiados, por lo que el gobierno francés le otorgó la cruz de la Legión de Honor. Su labor social fue muy extensa, Wharton dirigió salas de trabajo para mujeres desempleadas, celebró conciertos para dar trabajo a músicos, apoyó hospitales para tuberculosos, y fundó los American Hostels para ayudar a los refugiados belgas. En 1916, editó un volumen titulado El libro de los sin techo (The Book of the Homeless) reuniendo escritos, ilustraciones y partituras de los más grandes nombres del mundo de la creación artística del momento. Al acabar la guerra, volvió a Estados Unidos, país que no volvería a pisar.
Aunque no formaban parte del refinado mundo de la autora, Edith Wharton quedó fascinada y luchó por el reconocimiento de la comunidad artística de Montmartre y Montparnasse.
Fue miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras (1926) y del Instituto Nacional de las Artes y las Letras. El gobierno de Estados Unidos le concedió la medalla de oro de este último Instituto Nacional en 1924, y fue la primera mujer en alcanzar tal distinción.

Últimos años

Su obra más conocida es La edad de la inocencia (The Age of Innocence) de 1920, que ganó el premio Pulitzer en 1921. En esos años, Edith Wharton hablaba fluidamente francés y muchos de sus libros fueron publicados tanto en inglés como en francés. En 1923, fue la primera mujer nombrada Doctor honoris causa por la Universidad de Yale.

Fue amiga y confidente de muchos intelectuales de su tiempo. Henry James, Francis Scott Fitzgerald, Jean Cocteau y Ernest Hemingway fueron invitados suyos en alguna que otra ocasión. También era buena amiga del presidente Theodore Roosevelt.
Edith Wharton fue ampliamente respetada, además, como paisajista y asesora de estilo en su tiempo y escribió algunos libros decisivos al respecto, como La decoración de casa (The Decoration of Houses) y Villas italianas (Italian Villas). The Mount, su finca en Lennox, Massachusetts, fue diseñada por la escritora y ejemplifica sus diseños.
Continuó escribiendo hasta su fallecimiento el 11 de agosto de 1937 en Saint-Brice-sous-Forêt, en la región de Île-de-France, cerca de París. Está enterrada en el cementerio de Gonards en Versalles.
Su última novela, Las bucaneras (The Buccaneers) quedó inconclusa en el momento de su muerte. Marion Mainwaring terminó la historia después de un minucioso estudio de las notas y la sinopsis que Wharton dejó escritas. La novela fue publicada en 1938 en su versión incompleta y en 1993 en la definitiva.

Estilo literario

Una de las características de muchas de sus novelas es el frecuente uso de la ironía. Habiendo crecido en la clase alta de la sociedad de la preguerra, Wharton se convirtió en una de las más astutas críticas de este grupo social. Mostró en algunas de sus obras como La casa de la alegría o La edad de la inocencia la estrechez de miras y la ignorancia de la alta sociedad a través de un hábil uso de la ironía.
Solía usar el vocabulario y dicción propios de esta clase social neoyorquina en sus prácticas rituales y costumbres como recurso para mostrar lo particular de su existencia. Precisamente el conocimiento personal que tenía de esta clase social hizo que sus escritos de ficción fueran verídicos, casi ensayos sobre los usos y convencionalismos de una parte de la sociedad que permanecía oculta para el gran público.
 Sin embargo, sus escritos gozan de gran hondura psicológica en el retrato de sus personajes, en especial en situaciones en los que la buena compostura indicaba que debían quedar silenciados y que gracias a la destreza literaria de Wharton, abren sus mentes a los lectores.

Biblioteca personal

Tengo este libro en mi biblioteca personal.

Historia del siglo XX de Eric Hobsbawm

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma; 
carlos gonzalez funakoshi


The age of extremes: The short twentieth century, 1914-1991 (literalmente La edad de los extremos: El corto siglo XX, 1914-1991), publicado en España y en Hispanoamérica como Historia del siglo XX, es un libro escrito en 1994 por el historiador marxista británico Eric Hobsbawm.

En el mismo el autor comenta acerca de lo que él ve como los “desastrosos fracasos” del socialismo de Estado, del capitalismo y de los distintos nacionalismos. Asimismo, ofrece una visión igualmente escéptica acerca del progreso de las artes y los cambios de la sociedad (sobre todo occidental) durante la segunda mitad del siglo XX.
Hobsbawm llama al período desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial hasta la caída del socialismo real “el corto siglo XX”, el cual siguió al “largo siglo XIX”, período que según él había empezado con la Revolución francesa de 1789 y finalizado con el comienzo de la primera gran guerra europea de 1914. Esos muy importantes o trascendentes hechos históricos fueron debatidos en su anterior trilogía: La era de la revolución: Europe 1789-1848, La era del capital: 1848-1875 y La era del imperio: 1875-1914. 

Fracaso de las predicciones en general.

Hobsbawm destaca los abismales errores de los recientes intentos de predecir el futuro mundial: “Los registros de los pronosticadores en los últimos treinta o cuarenta años [es decir, desde las décadas de 1950 y de 1960], cualquiera fuese su calificación profesional como profetas, ha sido tan espectacularmente malo que sólo los gobiernos y los institutos de investigación económica aún tienen, o fingen tener, mucha confianza en él
Cita al presidente estadounidense Calvin Coolidge, en un mensaje al Congreso del 4 de diciembre de 1928, prácticamente en vísperas del comienzo de la Gran Depresión, al decir “El país puede considerar al presente con satisfacción y anticipar el futuro con optimismo”.
Hablando él mismo acerca del futuro, se limita en gran medida a predecir una continua agitación: “El mundo del tercer milenio, por lo tanto, será casi con seguridad uno de política violenta y de cambios políticos violentos. La única cosa incierta sobre ellos es adónde llevarán” y agrega que “si la humanidad va a tener un futuro reconocible, no puede ser la prolongación del pasado o del presente”.
En una de sus pocas predicciones más concretas, escribió que “la distribución social [de la riqueza] y no el crecimiento dominarían la política del nuevo milenio”

Fracaso del socialismo

La Revolución rusa de 1917 no fue la revolución anticipada y esperada por Karl Marx, la cual él esperaba que tuviese lugar en las sociedades capitalistas avanzadas. El propio Hobsbawm lo pone en los siguientes términos: “El capitalismo ha probado ser mucho más fácil de derrocar donde es débil o dónde apenas existía, más que en sus regiones principales (heartlands)”
Aún dentro de Rusia, Hobsbawm duda de los aparentemente “progresistas” efectos de la Revolución de octubre: “Lo que quedó [después de la revolución y de la guerra civil] fue una Rusia aún más firmemente anclada en el pasado... Lo que realmente gobernaba el país era una maleza de burocracia más grande o más pequeña, en promedio aún menos educada y calificada que antes”.
Una tesis central del libro de Hobsbawm es que, desde el comienzo, el socialismo de Estado traicionó al socialismo y a la visión internacionalista que aquél decía defender. En particular, el socialismo de Estado siempre dejaba de lado el elemento democrático de la visión socialista. Lenin... concluyó desde el principio que el caballo liberal no era un corredor en la carrera revolucionaria de Rusia,”
Este antiliberalismo sería profundo. En 1933, con el dictador fascista Benito Mussolini firmemente en el poder en Italia, “Moscú insistió en que el líder comunista italiano P. Togliatti retirase la sugerencia de que, tal vez, la socialdemocracia no era el principal peligro, al menos en Italia”.
Respecto del apoyo a la revolución internacional, escribió que “Las revoluciones comunistas realmente hechas (Yugoslavia, Albania, posteriormente China) fueron realizadas contra el consejo de Stalin. La visión soviética era que, tanto internacionalmente como dentro de cada país, la política de posguerra debía continuar dentro del marco de la amplia alianza antifascista. No hay duda de que Stalin significó todo esto seriamente, y trató de probarlo al disolver el Komintern en 1943, y el Partido Comunista de los Estados Unidos en 1944.”
Respecto de la China de Mao Zedong, comentó que “El régimen comunista chino, a pesar de que criticó a la Unión Soviética por haber traicionado a los movimientos revolucionarios después de la ruptura entre ambos países, no tiene un registro comparable de apoyo práctico a los movimientos [nacionales] de liberación del Tercer Mundo”.
Por otro lado, él no es amigo de la doctrina maoísta de la revolución perpetua. “Mao estaba fundamentalmente convencido de la necesidad de la lucha, del conflicto y de la alta tensión como algo que no sólo era esencial para la vida sino que evitaba volver a las debilidades de la vieja sociedad china, cuya gran insistencia en la permanencia inmutable y en la armonía habían sido sus debilidades”.12 Hobsbawm traza una línea directa entre esta creencia y el Gran Salto Adelante, el cual derivó en la desastrosa gran hambruna china de 1959-61.
El socialismo, Hobsbawm argumenta, finalmente cayó porque "...casi nadie creía en el sistema o sentía alguna lealtad hacia él, ni siquiera quienes lo gobernaban”.

Fin del imperialismo

Sorprendentemente, para un escritor claramente de izquierda, Hobsbawm tiene sentimientos muy mezclados y encontrados acerca del fin del orden imperial del siglo XIX, en gran medida porque no está contento con las naciones-estados que reemplazaron a los imperios: “[La Primera Guerra Mundial... había hecho el habitual y razonable proceso de la negociación internacional sospechoso de ser ‘diplomacia secreta’. Eso fue en gran medida una reacción contra los tratados secretos arreglados entre los Aliados durante la guerra... Los bolcheviques, después de haber descubierto estos sensibles documentos en los archivos zaristas, los publicaron prontamente para que el mundo los leyese”.
“Los fracasados acuerdos de paz luego de 1918 multiplicaron lo que, a fines del siglo XX, conocemos como el fatal virus de la democracia”, es decir, la división del cuerpo de ciudadanos exclusivamente a lo largo de líneas étnico-nacionales o religiosas”.
La reducción al absurdo (en latín reductio ad absurdum) de la lógica anticolonialista fue el intento de un grupúsculo extremista judío en el Mandato Británico de Palestina de negociar con los alemanes (vía Damasco, entonces bajo la colaboracionista Francia de Vichy), para ayudar a la liberación de Palestina de los británicos, lo cual ellos consideraban como la máxima prioridad del sionismo. (Un militante del grupo involucrado en esta misión, finalmente se convertiría en primer ministro de Israel, Isaac Shamir.

Fracaso del capitalismo de libre mercado

Nada de lo anterior hizo que Hobsbawm, de formación marxista, abrazase el capitalismo de libre mercado.
“Aquellos de nosotros que vivimos a través de los años el Gran Depresión aún encontramos casi imposible de entender cómo las ortodoxias del libre mercado puro, entonces tan obviamente desacreditadas, volvieron a dominar sobre un período global de depresión a fines de los años 1980 y 1990, el cual otra vez, fueron igualmente incapaces de entender o de manejar.”
“Como sucedió, los regímenes comprometidos más a fondo con la economía del laissez-faire fueron también a veces, y notablemente en el caso de los EE.UU. de Reagan y la Gran Bretaña de Thatcher, profunda y visceralmente nacionalistas e irrespetuosos del mundo exterior. El historiador no puede menos que notar que las dos actitudes sin contradictorias”.
Asimismo destaca la ironía de que “La economía más dinámica y de más rápido crecimiento del globo después de la caída del socialismo soviético era la de la China comunista, llevando a que las conferencias de las principales escuelas de negocios occidentales y a los autores de manuales de administración -un floreciente género de literatura- a indagar en las enseñanzas de Confucio para [intentar obtener] los secretos del éxito empresarial”
En definitiva, en términos mundiales, él ve al capitalismo como un fracaso, al igual que el socialismo de Estado: “La creencia, siguiendo a la economía neoclásica, de que el comercio internacional irrestricto permitiría a los países más pobres acercarse a los ricos, corre contra la experiencia histórica así como también contra el sentido común. Los ejemplos de la exitosa industrialización orientada hacia las exportaciones (export-led) del Tercer Mundo usualmente citados - Hong Kong, Singapur, Taiwán y Corea del Sur- representan menos del dos por ciento de la población del Tercer Mundo.”22 (asumiendo que siguiesen perteneciendo a ese grupo de naciones, ya que suelen ser conocidos como NICs o Newly Industrialized Countries, países recientemente industrializados).

Fascismo.

De manera no sorprendente, el desprecio de Hobsbawm por el fascismo es tan completo que ni siquiera se molesta por desarrollar el detallado análisis demoledor que le aplica al socialismo de Estado y al capitalismo de libre mercado.
Negando la supuesta respectabilidad filosófica alegada por el fascismo, escribe al respecto “La teoría no era el punto fuerte de los movimientos dedicados [a luchar] contra lo no adecuado de la razón y del racionalismo y la superioridad del instinto y de la voluntad” y más adelante en la misma página agrega que “Mussolini podría haberse desprendido prontamente de su filósofo de la casa, Giovanni Gentile y Hitler probablemente ni siquiera supo o se preocupó acerca del apoyo del filósofo Heidegger.”23 En cambio, afirma, la popular atracción del fascismo yace en sus alegatos acerca de sus logros tecnocráticos: “¿No era el argumento proverbial a favor de la Italia fascista que ‘Mussolini’ había hecho que los trenes llegasen a tiempo'?
También pregunta, provocativamente, “¿Sería el horror del holocausto menor si los historiadores concluyesen que éste exterminó no a seis millones sino a cinco o aún cuatro millones?

Uso de las estadísticas por parte de Hobsbawm

Hobsbawm a veces hace uso de estadísticas para brindar un cuadro más amplio de la sociedad de un determinado país en un tiempo en particular. Con referencia a los Estados Unidos contemporáneos (hasta 1994, año de la escritura del libro), destaca que “En 1991, el 58 por ciento de todas las familias negras en los EE.UU. estaban encabezadas por una madre soltera y el 70% de todos los niños nacían de madres solteras”. y "en 1991 se decía que el 15% de la que era proporcionalmente la mayor población carcelaria del mundo -426 presos cada 100.000 habitantes - eran mentalmente enfermos”.
Por otro lado, también encuentra estadísticas mediocres y malas para sostener su afirmación del fracaso del socialismo de Estado a la hora de promover o proveer al bienestar general de las poblaciones de los países con economía centralizada:
 “'En 1969, los austríacos, finlandeses y polacos podían esperar vivir la misma edad promedio (70,1 años) pero en 1989 los poloneses tenían una expectativa de vida de cerca de cuatro años menos [que las otras dos nacionalidades]”. 
...la gran hambruna china de 1959-61, probablemente la mayor del siglo XX. Según estadísticas oficiales chinas, la población del país en 1959 era de 672,07 millones. A la tasa decrecimiento natural de los siete años precedentes, la cual era por lo menos 20 por mil al año, uno podría haber esperado que la población china en 1961 fuese de 699 millones. De hecho, eran 658,59 millones o cuarenta millones menos de los que se podrían haber esperado”
De manera similar, “Brasil, un monumento a la negligencia social, tenía un PIB per cápita unas 2,5 mayor que el de Sri Lanka en 1939 y más de seis veces que éste último país a fines de la década de 1980. En Sri Lanka, que había subsidiado los alimentos básicos y provisto de educación gratuita y cuidados de salud hasta fines de los años 1970, el nacido promedio podía esperar vivir varios años más que el brasileño promedio, y morir siendo niño a una tasa cercana a la mitad de la brasileña de 1969 y un tercio de la de 1989. El porcentaje de analfabetismo en 1989 era aproximadamente dos veces mayor en Brasil que en la isla asiática.

Hobsbawm y las artes

Dado todo esto, no debería sorprender que Hobsbawm sea igualmente escéptico acerca de las afirmaciones del “progreso” en las artes. Sobre el arte modernista de posguerra escribe: “consistía en gran medida en un serie de artilugios crecientemente desesperados mediante los cuales los artistas buscaban darle a su trabajo una marca inmediatamente reconocible, una sucesión de manifiestos de desesperación... o de gestos que reducían al absurdo (ad absurdum) la clase de arte que era primariamente comparada para la inversión, y a sus coleccionistas [...] como agregando un nombre individual a pilas de ladrillo (‘arte minimalista’), o evitando que se convirtiese en una mercancía dotándolo de una vida demasiado corta como para ser permanente. El olor de la muerte inminente se elevó desde estos avant-gardes. El futuro ya no era más de ellos, aunque nadie sabía de quién era. Más que nunca, sabían que se encontraban en el borde”. (es decir, se trababa de un fenómeno cada vez más marginal).

Hobsbawm en la cultura popular

Eric Hobsbawm también brinda comentarios acerca de la cultura popular, un tema que había pasado por alto en otros libros. Escribe: “Buddy Holly, Janis Joplin, Brian Jones of the Rolling Stones, Bob Marley, Jimi Hendrix y un número de otras divinidades populares cayeron víctimas de un estilo de vida diseñado para una muerte temprana. Lo que hizo a esas muertes simbólicas fue que la juventud, que ellos representaban, fue no permanente por definición.
De éstos, las tempranas muertes de Joplin y de Hendrix tuvieron que ver con el consumo excesivo de drogas. Por su parte, el fallecimiento de Jones también puede haber sido de ese tipo (el veredicto del médico forense había sido “muerte por infortunio”); ha habido mucha controversia alrededor de los hechos que llevaron a su muerte. Finalmente, Holly murió en un accidente de aviación y Marley falleció de cáncer. No obstante, Hobsbawm también usa la evolución de la cultura juvenil como si fuese un lente para ver los cambios sociales que tuvieron lugar en el siglo XX tardío. Sobre ésta escribió que: “La novedad de la nueva cultura juvenil era triple:”
“Primero: la 'juventud' no era vista como una etapa preparatoria para la adultez sino, de alguna manera, como la etapa final del desarrollo humano completo. Como en el deporte, la actividad humana en la que la juventud es suprema, y que ahora definió las ambiciones de más seres humanos que cualquiera otra [etapa de la vida]. La vida claramente iba cuesta abajo después de la edad de los treinta...
“La segunda novedad de la cultura juvenil... era o se había convertido en dominante en las ‘economías de mercado desarrolladas’. Lo que los niños podían aprender de sus padres se volvió menos obvio que lo que los padres no sabían y los chicos sí. El rol de las generaciones se había revertido. Los pantalones vaqueros (blue jeans), inicialmente adoptados por estudiantes que de deseaban parecerse a sus mayores, comenzaron a aparecer... debajo de muchas cabezas canosas.
“La tercera peculiaridad de la nueva cultura juvenil en las sociedades urbanas era su asombroso internacionalismo. Las letras en inglés de las canciones de rock a veces ni siquiera eran traducidas... Los centros de la cultura juvenil occidental en sí mismos eran lo opuesto de lo culturalmente chovinista. Le daban la bienvenida a estilos importados del Caribe, América Latina, y desde los '80, crecientemente de África.
Aunque claramente, en la visión de Hobsbawm, no tiene muchos aspectos positivos, escribiendo que: “La revolución cultural del último siglo XX puede así ser entendida como el triunfo del individuo sobre la sociedad, o más bien, la ruptura de las hebras que en el pasado habían tejido los seres humanos en tejidos sociales” y evoca al respecto un paralelismo con un dicho de Margaret Thatcher (la conservadora primera ministra británica entre 1979 y 1990): “No hay sociedad, sólo individuos” (en relación a un concepto liberal que sugiere que “lo social es solamente la suma de los intereses y voluntades individuales”).

Biblioteca personal.

Tengo este libro en mi colección personal.

Kalevala (Libro firlandes)

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma; 

La primera publicación corresponde al año 1835 y contenía un total de 5052 versos, congregados en 32 poemas. La reproducción final corresponde a 1849, cuando se publicó en toda su extensión actual de 23 000 versos y 50 poemas.



El Kalevala es un poema épico compilado por Elias Lönnrot en el siglo XIX a partir de fuentes folclóricas finlandesas, traspasadas desde las progenies más antiguas a las generaciones posteriores, o a través de las recopilaciones de las narraciones populares hechas por los rapsodas, como son los casos de Arhippa Perttunen (1769-1840) y Ontrei Malinen (1780-1855), fundamentalmente en la región de Carelia.
Como reminiscencia y conceptualización metafísica de la generación mítica del pueblo finlandés, a la manera de los cantares de gesta medievales, como el Cantar de Hildebrando, Beowulf, las Eddas islandesas, el Cantar de los Nibelungos, el Cantar de Roldán, el Cantar de las huestes de Igor y el Cantar de mío Cid, el Kalevala es una de las epopeyas más sugestivas y notables de Europa, llegando a influir en la creación de El Silmarillion.

Estructura.

En su labor meticulosa de recopilación y recomposición, Elias Lönnrot logró acopiar versos provenientes de diferentes fuentes, tanto subjetivas como territoriales. Para ello recurrió a trovadores, narradores, o al examen de la tradición oral en diversas regiones de Finlandia, especialmente en la zona de Carelia.
Lönnrot, en su trabajo de recopilación, acopló y relacionó diferentes testimonios e historias para dotar a la obra de una mejor estructura narrativa. Al mismo tiempo disminuyó la cantidad de personajes y concentró los lugares donde se desarrollan los sucesos. De esta manera logró una mayor coherencia y concreción de esta obra cumbre de la mitología y folclore de Finlandia.
La leyenda, el mito y la evocación poética se enlazan perfectamente en el Kalevala, erigiendo un mundo habitado por héroes de carne y hueso, que oscilan entre lo humano, lo divino y lo esperpéntico. Por eso los actos de los personajes del Kalevala están plagados de extravagancias y deslices humanos.

Personajes.


Väinämöinen es un rapsoda excéntrico marcado por el desenfrenado amor que siente por la doncella de Pohjola, mientras que Lemminkäinen es el galán que afronta desafíos y desgracias con un marcado desatino, de manera que en sus correrías épicas deja en evidencia su clara ingenuidad de mortal. Lo mismo ocurre, de un modo figurativo, con el pastor Kullervo, que entre andanzas y algaradas es el héroe trágico en este universo cerrado, con un irrefrenable ímpetu de vida, pero condicionado por un sino de eterno perdedor.
Ilmarinen es un personaje de genitura repentina, ya que después de unas horas de ser parido por la doncella Iro, (Iro-neito), al día siguiente ya está convertido en un herrero capaz de crear el sampo, un virtuosismo maravilloso que semeja un molino mágico.
De todo estos héroes estrafalarios, Joukahainen es el más ingenuo de todos, ya que está dispuesto a ponerse permanentemente a prueba, y así lo hará, en un momento, al desafiar a Väinämöinen en un tanteo de sabiduría que sabe que perderá desde el comienzo.
Finalmente, Ukko es el dios superior y todopoderoso, entreverado con estas figuras semidivinas, pero apoyado por otras omnipotencias menores, como Tapio, dios de los bosques; Hiisi y Lempo, del mal; o Tuoni, de la muerte, que no le facilitarán su tarea celestial, sino que se la harán embarazosa y paradójica.


Ejemplo

Los últimos versos de la obra en finés y español (traducidos por Joaquín Fernández y Ursula Ojanen):
Vaan kuitenki kaikitenki la'un hiihin laulajoille,
la'un hiihin, latvan taitoin, oksat karsin, tien osoitin.
Siitäpä nyt tie menevi, ura uusi urkenevi
laajemmille laulajoille, runsahammille runoille,
nuorisossa nousevassa, kansassa kasuavassa
.
Ya está el camino señalado, se abre una nueva senda,
ante cantores más ilustres,
bardos más ricos en canciones
entre los jóvenes que crecen,
entre la estirpe adolescente.

El Kalevala,  Si bien el conjunto de la obra es una epopeya debida a este estudioso y recopilador, el texto del Kalevala procede en su mayor parte de la auténtica tradición popular (encantamientos y poemas épicos) que Lönnrot recogió de diversos bardos fineses entre los que perduraba. En este sentido se puede decir que los poemas han sido tomados literalmente de la boca del pueblo. Lönnrot los organizó y moldeó para que conformaran una unidad, pero sólo un 3 % de los versos han sido compuestos por él. No obstante, sin la influencia de las epopeyas existentes, difícilmente habría nacido el Kalevala. El ejemplo de Homero ejerció una influencia notable sobre Lönnrot y sobre su idea de la epopeya. Hay que tener en cuenta que en el siglo XIX se pensaba que las epopeyas homéricas y los cantares de gesta románicos habían sido compuestos por refundición y acumulación de breves poemas sueltos.

La vieja poesía popular finesa no nació en una sola época, sino que se advierte en ella varios estratos diferentes. Los más antiguos son los poemas míticos, que cuentan las historias de la creación de una era remota, el nacimiento del mundo y de la cultura humana. Los protagonistas suelen ser poderosos cantores, chamanes, sabios, líderes espirituales de sus tribus que hacen viajes a las moradas de los muertos en pos de conocimientos. Las hazañas de los héroes de las canciones se desarrollan en tierras allende de los mares, en Pohjola, lejano norte del Kalevala, donde van a cortejar, a robar y en busca de refugio.
Las canciones líricas sirvieron para interpretar los sentimientos personales del hombre, mientras que la poesía ritual se prodigaba especialmente en bodas y en los festines que seguían a la caza del oso. Por otra parte se consideraba que los encantamientos de métrica kalevaliana tenían propiedades mágicas y éstos llegaron a formar parte de la vida cotidiana del pueblo.

La poesía kalevaliana fue originalmente cantada y tiene milenios de antigüedad pues parece existir ya en los pueblos proto-fineses de las regiones bañadas por el mar Báltico. Sólo después de la publicación de la epopeya empezaron a recitar los poemas. Estas canciones se caracterizaban por la aliteración, el paralelismo y la ausencia de estrofas. Los versos seguían una métrica de cuatro compases que se empezó a llamar métrica kalevaliana. La vieja tradición de cantos permaneció viva en toda Finlandia hasta el siglo XIV. Después de la Reforma, la iglesia luterana prohibió la costumbre de las canciones tachando toda la vieja tradición de pagana. Al mismo tiempo nuevas influencias musicales procedentes del oeste arraigaron en Finlandia.
La vieja tradición de los bardos empezaba a desaparecer, primero en el oeste y más tarde en el resto del país. Algunas canciones fueron ya recopiladas en el siglo XV, aunque la gran mayoría de las recopilaciones datan del siglo XIX. En la Carelia nororiental, en el territorio ruso, la tradición de la vieja poesía ha perdurado hasta nuestros días.
Trascendencia del Kalevala: además de recuperar un material mitológico de indudable valor, la recopilación de Lönnrot fue fundamental en la creación de la conciencia nacional, hizo surgir la moderna literatura finesa -hasta entonces la lengua de cultura del país era el sueco, debida a la invasión ocurrida años antes- y contribuyó a la unidad lingüística y espiritual del país. Además sirvió de ejemplo para otras recopilaciones como el Kalevipoeg, (publicado en los años 1857-1861 por Friedrich R. Kreutzwald basándose en las historias que contaban los estonios), o la epopeya The Song of Hiawatha (publicado por Henry W. Longfellow en 1855) sobre las historias de los indios americanos, también siguiendo el estilo y los motivos del Kalevala. Ha sido también fuente de inspiración para escritores como J.R.R. Tolkien, quien aprendió finés exclusivamente para acercarse a esta obra.

Biblioteca personal


El libro se encuentra en mi biblioteca personal.