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domingo, 17 de noviembre de 2013

175.-La ciudad de Bruselas a

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma;   Paula Flores Vargas; Katherine Alejandra Del Carmen  Lafoy Guzmán;

BRUSELAS.

La Grand Place de Bruselas: la representatividad de la burguesía gremial.

Bruselas. Grand Place.



Representar es una palabra que al ser aplicada a las ciudades adquiere, al menos, una doble significación. Por una parte encontramos el concepto de representación, que se refiere a la creación de elementos sustitutivos, evocadores de la propia ciudad a través de la cartografía, de las vedutes o de imágenes muy variadas. Por otra parte descubrimos la representatividad, una noción más compleja por la que la Arquitectura y el Espacio Urbano son capaces de personificar y simbolizar con una gran fuerza expresiva consideraciones acerca de nuestros ancestros y su legado.
Vamos a acercarnos a la Grand Place de Bruselas como ejemplo de representatividad, ya que el espacio más emblemático de la capital belga se erige como testimonio de la burguesía gremial que la creó. Uno de los motores principales de la incipiente vida urbana medieval fue el constituido por los gremios o corporaciones, asociaciones socio-profesionales para la defensa de los intereses de sus miembros. Estos primeros “burgueses” (habitantes de los “burgos”, denominación medieval para las ciudades) construyeron los espacios urbanos dejando reflejados en ellos sus rasgos colectivos esenciales.

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Representar, en un sentido urbano.

 “[L’architecture] a eu ce privilège à travers les siècles de symboliser pour ainsi dire chaque époque, de résumer, par un très petit nombre de monuments typiques, la manière de penser, de sentir et de rêver d’une race et d’une civilisation”.
 “[La arquitectura] ha tenido  a través de los siglos este privilegio de simbolizar, por decirlo de alguna manera, a cada época, de resumir con un reducido número de monumentos típicos el modo de pensar, sentir y soñar de una raza y de una civilización”.
Guy de Maupassant. La Vie Errante, 1890.

Representar es una palabra polisémica, aunque en general invoca ausencias. Tanto si nos referimos a la actuación en nombre de otra persona o colectivo, como si se interpreta una realidad o una ficción, o si se desea rememorar algo o a alguien, estamos trayendo a un primer plano lo ausente.
En el término Representar, al ser aplicado a las ciudades, destaca una doble significación. Por una parte encontramos el concepto de representación, que se refiere a la creación de elementos sustitutivos, evocadores de la propia ciudad a través de la cartografía, de las vedutes o de imágenes muy variadas. Los dibujos y maquetas suplantan la realidad y aunque en sus inicios se hicieron de forma intuitiva y aproximada, con el avance de las técnicas han llegado a ofrecer una gran precisión “a escala”.
Por otra parte, descubrimos la representatividad, una noción más compleja por la que la Arquitectura y el Espacio Urbano son capaces de personificar y simbolizar con una gran fuerza expresiva consideraciones acerca de nuestros ancestros y su legado. El espacio puede convertirse en el detonante de la evocación, en una suerte de portavoz de un grupo social.
Los grupos humanos, sean clases sociales, asociaciones o colectivos de cualquier tipo, se definen por el hecho de compartir una determinada ideología (tomada como una forma de entender el mundo), una mentalidad, una forma de comportamiento, unos símbolos, unos hábitos de consumo y también, desde luego, un gusto estético que los acaba caracterizando.
Desde la Edad Media y hasta la actualidad, los burgueses-ciudadanos de las principales ciudades han aspirado a construir espacios que dieran servicio a sus necesidades y que expresaran con claridad sus deseos y sus logros. Esto es más notorio en comunidades orgullosas de sí mismas, que anhelan dejar como legado sus conquistas. Los grupos sociales de éxito, una vez alcanzada la riqueza, actúan de forma similar a los individuos que ascienden en las motivaciones de la Pirámide de Maslow y buscan el reconocimiento, escribiendo su historia como forma de pervivencia. El arte o la forma de vestir entran en consideración, pero también la arquitectura y el espacio urbano son símbolos definitorios. Los trazados urbanos, los monumentos o la edificación más doméstica, son igualmente mensajes para la historia, para las generaciones futuras. Más allá de vanidades u ostentaciones, se detecta un espíritu de la época, a veces nítido y rotundo, y a veces ecléctico y desconcertante, que identifica a cada grupo humano.
El sector occidental de la Grand Place desde el campanario del Ayuntamiento.



La Grand Place de Bruselas es el espacio más emblemático de Bruselas, en el que una nueva clase social urbana dejó constancia de su forma de ser y de actuar, de sus fracasos y de sus éxitos, de sus enfrentamientos como colectivo ciudadano frente al poder nobiliario, de las tensiones y de los consensos alcanzados. Siglos después, aquellos ciudadanos orgullosos son representados por el espacio que los convoca para que nos transmitan los valores permanentes que nos ayudan a completarnos como seres humanos.

La burguesía gremial de la Edad Media.

“Stadtluft macht frei”.
“El aire de la ciudad hace libre”.
Proverbio alemán medieval

La caída del Imperio Romano dio paso a la Edad Media, periodo que comenzó con un declive muy importante de la vida urbana que derivó en una ruralización de las sociedades y en la implantación del sistema feudal. El feudalismo medieval se sustentaba en una sociedad estamental dividida básicamente entre unas clases dominantes y privilegiadas (que gozaban de privilegios) integrada por la nobleza y el clero y unas clases sirvientes (atadas por contratos de servidumbre) como el campesinado.
Esta situación comenzó a cambiar con el florecimiento del comercio y el asentamiento de los artesanos, que ofrecieron una alternativa al estancado campesinado rural. Estos nuevos grupos sociales fueron escapando del control y de la sumisión feudal, reuniéndose en las ciudades, demostrando que no eran siervos y que dependían de su propio trabajo. Uno de los motores principales de la incipiente vida urbana medieval fue el constituido por los gremios o corporaciones, que eran asociaciones socio-profesionales para la defensa de los intereses de sus miembros. Tras siglos de desconcierto, estas agrupaciones fueron consiguiendo la emancipación de los esquemas medievales.
El término “burgués” se refiere, inicialmente, a los habitantes de las ciudades de la Baja Edad Media (cuyos nuevos crecimientos se denominaban burgos, borgos, burgs, bourgs en los diferentes idiomas europeos). Con esa etiqueta se identificaba a personas que no pertenecían a ninguno de los estamentos medievales, no estaban sujetos a la jurisdicción feudal y cuyas actividades principales eran las de mercaderes, artesanos o alguna de las incipientes profesiones liberales.
Poco a poco las ciudades prosperaron y se convirtieron en la clave para el cambio social.  La imagen de las ciudades evolucionó y junto al castillo, la catedral y el palacio episcopal, en los que residían los antiguos valores feudales, se irían levantando nuevas construcciones que simbolizaron el poder burgués, como los mercados, las casas comunales y los ayuntamientos.
Detalle de la casa 18 integrada en las Casas de los Duques de Brabante. Se aprecian las efigies de los duques y el emblema del gremio de los Cuatro Santos Coronados.

Los burgueses fueron creando sus propias instituciones, tanto para su orden interno como para los gobiernos locales. El corporativismo y la solidaridad fueron ingredientes fundamentales de la vida municipal y, en consecuencia, una de las organizaciones más influyentes durante el Medievo fueron los gremios. Los gremios surgieron como agrupaciones profesionales temáticas que reunían a todos los artesanos de un mismo oficio (como carpinteros, cuchilleros, tejedores, etc.). Fueron un mecanismo de defensa frente al poder feudal y también un organismo regulador de la labor de sus miembros. Los gremios controlaban férreamente el trabajo, la oferta y la demanda, fijaban precios y alcanzaron una influencia importantísima en las ciudades, llegando a contar con representantes en el gobierno de la ciudad.
Cada gremio se estructuraba en tres niveles: los maestros, los oficiales (asalariados) y los aprendices (que no recibían remuneración). Como explica el historiador y catedrático Manuel Riu, “La organización artesanal abarcaba a los aprendices, oficiales y maestros de los distintos oficios. La enseñanza de un oficio no se realizaba en las escuelas sino en los talleres, mediante un contrato que firmaban, ante notario y testigos, los padres del aprendiz con un maestro de su elección. Este se comprometía a tener al aprendiz en su casa, por un periodo de tres a cinco años, llegando incluso a ocho años –según la dificultad o complejidad de los oficios-, alimentarle, vestirle, calzarle y enseñarle el oficio. Se han conservado en los archivos notariales numerosos contratos de este tipo. Durante el tiempo del aprendizaje el muchacho trabajaba para el maestro sin percibir salario alguno. Una vez terminada su formación podría alquilar sus servicios como oficial y seguir en el taller percibiendo un salario o ir a trabajar con otro maestro, si se sometía a un examen y realizaba una obra maestra ante un tribunal escogido por el gremio. El gremio registraba los ejercicios en el “Libro de Pasantías”.
Algunos gremios admitían en su seno a los oficiales, otros sólo a los maestros capacitados para tener taller propio. Si el número de oficiales de un determinado oficio era muy elevado, éstos tenían dificultades para culminar su oficio y, así mismo, para ingresar en el gremio correspondiente. En el siglo XV los gremios tendieron a hacerse cerrados, y solo los hijos (o los yernos) o parientes próximos podían conseguir sucederles en el taller y seguir ejerciendo con plenos derechos el oficio.
El gremio, gobernado por unos cónsules, elegidos anualmente entre los maestros de mayor prestigio o influencia, un clavario o tesorero guardián de las llaves de la caja gremial, y unos inspectores, buenos conocedores del oficio, llevaba un registro de marcas o señales y era quien autorizaba la apertura de nuevos talleres. En muchas ciudades o villas, los artesanos del mismo oficio, o de oficios afines, trabajaban en la misma calle, plaza o barrio. Así surgieron las calles de sombrereros, plateros, guanteros, cuchilleros, dagueros, botoneros, carpinteros, cordeleros, pergamineros, peleteros, guarnicioneros, cerrajeros, caldereros, olleros, etc.”
Los gremios eran una estructura compleja que, en términos actuales, daba servicios de sindicato, de colegio profesional, de mutua de seguros y pensiones, etc. Igualmente proporcionaba una identidad a sus miembros que se sentían orgullosos de pertenecer a la corporación y desfilaban con satisfacción bajo su bandera. Nuevamente, Manuel Riu comenta que “Las asociaciones artesanas, bajo la protección real y municipal, fueron aumentando a partir de 1218 y a lo largo del siglo XIII, siendo numerosas las corporaciones gremiales surgidas en los siglos XIV y XV. Cada gremio, según ya se ha indicado, tenía sus propios cónsules de oficio, elegidos anualmente o cada dos años, tesorero o clavario (así llamado porque guardaba la llave de la caja) y sus inspectores. Se regían por estatutos o reglamentos precisos, en los cuales se indicaban las normas específicas que regían cada actividad artesanal, como la forma de ingreso, las características del oficio y de las materias primas, los tipos, medidas y calidades de los productos, los precios de venta de los mismos, la administración del gremio, los controles de calidad o las penas a aplicar a los infractores. El gremio velaba por el prestigio del oficio y sus inspectores podían ordenar la destrucción de las piezas defectuosas. La agremiación se hizo obligatoria, y todos los artesanos debían sufragar una cuota. El gremio se encargaba, además, de perseguir el ejercicio libre de la profesión. (…) El gremio se convirtió muy pronto en un organismo que no sólo velaba por el prestigio del oficio y por los intereses de sus agremiados, sino que protegía socialmente a éstos ante el infortunio, la enfermedad, la vejez o la muerte, atendiendo a las viudas y los niños pequeños e incluso pagando el entierro y los funerales, a los cuales debían asistir los compañeros. Un espíritu solidario caracterizaba a las personas que desempeñaban el mismo oficio”. (RIU, Manuel. Historia Universal. Baja Edad Media. Océano Grupo Editorial. Madrid, 1995)
El proceso de emancipación del sistema feudal protagonizado por las ciudades no sucedió en todos los territorios por igual. Por ejemplo, las ciudades alemanas e italianas lograron una mayor autonomía municipal, y algunas de ellas, organizadas en ligas de ciudades (como la “Hansa” o Liga Hanseática del norte de Europa), prosperaron espectacularmente con el comercio, la artesanía y los oficios, y con la aparición de las profesiones liberales. Frente a la nobleza y al clero, la burguesía (el Tercer Estado) adquirió suficiente poder económico como para que se le tuviera en cuenta a la hora de regir los destinos de cada país.
Emblemas de los Siete Linajes medievales de Bruselas.

La burguesía gremial en Bruselas.

Bruselas, situada en la ruta que unía Brujas con Colonia, dos de las ciudades importantes de la Liga Hanseática, prosperó enormemente gracias al comercio textil de lino, paño y tapices. Este negocio estaba controlado por las familias más poderosas que constituyeron los “Siete Linajes”. Los linajes constituyeron una primera “nobleza urbana” que fue obteniendo una serie de privilegios políticos y comerciales del Duque de Brabante, hasta que, además del poder económico, se alzaron con el control político, repartiéndose los cargos de gobierno entre ellos (siete linajes de los que salían los siete jueces que controlaban las siete puertas de la ciudad). Los linajes acordaban con el villicus, que era el representante del Duque en la ciudad, la elección anual del escabino (magistrado que regía la ciudad) y del jurado (que lo complementaba). Se tiene constancia de que esta oligarquía existía al menos desde el año 1306. 
Por su parte, los artesanos, como medida de protección ante abusos, comenzaron a agruparse en gremios. En Bruselas estaban reconocidos 49 gremios que se agruparon en nueve comunidades denominadas “Nueve Naciones”.
La rebelión de los gremios de 1421 contra la autoridad de los linajes se saldó con la entrada de los primeros en el gobierno de la ciudad. En ese año se aprobó una nueva constitución municipal que regulaba el reparto de poder entre los “patricios” (linajes) y los “plebeyos” (gremios). El acuerdo se mantendría hasta 1795. La nueva constitución establecía un gobierno para la ciudad compuesto por diecinueve personas. Diez procedían de los Siete Linajes y nueve de los gremios. Los diez miembros de los linajes tenían asignados los puestos de primer burgomaestre, siete concejales delegados (échevins) y dos tesoreros. Los nueve representantes de los gremios recibían los cargos de segundo burgomaestre, dos receptores y seis consejeros. Estos nueve se eran escogidos por los patricios de una lista de 49 personas propuesta por los 49 gremios, escogiendo a un miembro de cada “nación” para el gobierno municipal.

Bruselas, un mercado nacido en una encrucijada.

El territorio belga tiene un amplio historial de conflictos. Desde que el Imperio Carolingio se desmembró en tres partes con el Tratado de Berdún del año 843 asignadas a los tres nietos de Carlomagno (Lotario I gobernaría la zona central, denominada Lotaringia; Luis el Germánico el lado oriental que acabaría convertido en el Sacro Imperio Romano Germánico; y Carlos el Calvo en el sector occidental, embrión del reino de Francia), la región centro europea estaría en permanente disputa.
En el año 959, Bruno I de Colonia decidió la división de Lotaringia en dos ducados. Al sur, en las tierras altas, el Ducado de la Alta-Lotaringia (que acabaría convirtiéndose en el Ducado de Lorena) y al norte, en las tierras bajas, el Ducado de la Baja-Lotaringia (que iría descomponiéndose en diferentes ducados).
Uno de los más relevantes sería el de Brabante, creado a partir de uno de los feudos existentes de la antigua Lotaringia y que se había mantenido como condado en la Baja-Lotaringia. El Ducado de Brabante se constituyó oficialmente en 1183 cuando Federico I Barbarroja, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, lo concedió a Enrique I de Brabante.
Pero, dos siglos antes de su conversión oficial en Ducado, en el año 979 siendo todavía un condado, el emperador Otón II el Sanguinario mandó al entonces Conde de Brabante la construcción de un castillo en una pequeña isla del rio Senne, la isla de Saint-Géry, para controlar el lugar, que era un sitio estratégico en el cruce de dos vías de comunicación y transporte muy importantes de la época, una fluvial y otra terrestre. La primera seguía el cauce del rio Senne, que era navegable desde esa isla hasta el mar, a través de los diferentes destinatarios de su caudal, comenzando por el río Dyle, luego el Rupel y después el Escalda hasta desaguar en el Mar del Norte. La segunda vía era el camino que conectaba el puerto de Brujas con el puerto fluvial de Colonia y era una de las rutas comerciales más importantes de esa región. Así pues, el lugar era una encrucijada trascendental puesto que permitía el cambio de medio de transporte y por ello pronto destacó en cuestiones logísticas y comerciales. Así pues, en la relevante encrucijada se consolidaría un mercado (protegido por el castillo)  e inmediatamente crecería a su lado una aldea. La construcción de ese primer castillo (del que no se han encontrado restos) en el año 979, se considera el acto fundacional  de Bruselas.
Esquema de la primera muralla de Bruselas

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Aquella isla recibía su nombre como homenaje al obispo de Cambrai, Saint Géry, quien había levantado en ella, hacia el año 580, una capilla que evolucionaría hasta convertirse en una iglesia. Pero la isla pronto resultó insuficiente para recoger el extraordinario éxito del mercado y de su “burgo” asociado, así que comenzaron a colonizarse los terrenos circundantes. La zona era bastante pantanosa y de esta circunstancia derivó el nombre del nuevo asentamiento: en neerlandés medieval broek significaba pantano y sell quería decir ermita, de donde la palabra Bruselas indicaría “ermita del pantano”.
El auge del mercado bruselense llevó a la construcción de tres grandes naves (halles) como mercados cubiertos: una para la carne (grande boucherie), otra para el pan y una tercera para telas (halle aux draps, nave de los paños). Las naves pertenecían al Duque de Brabante, quien recaudaba impuestos sobre las mercancías vendidas. Entre las naves quedó el espacio libre que con el tiempo se convertiría en la Grand Place.
El crecimiento de aquella Bruselas embrionaria, llevó al traslado del poder político a una colina que emergía a poca distancia del mercado (Coudenberg) y desde cuya altura se podía controlar más eficazmente el floreciente mercado y el asentamiento vinculado. Hacia el año 1100 se construyó allí un nuevo castillo que se convertiría en el Palacio de los Duques de Brabante, convirtiendo a Bruselas en la capital del Ducado. Este edificio quedaría muy afectado por un incendio en 1731 y sería derribado cuarenta años después, convirtiendo esos terrenos en la actual Place Royale.
Área del primer recinto de Bruselas superpuesto en una ortofoto actual.




En el siglo XIII, la prosperidad de Bruselas hizo recomendable levantar la primera muralla de la ciudad (un recinto peculiar, ya que de él salía un “brazo” para integrar el palacio ducal). Bruselas emergía como el centro floreciente de la región y, entre los años 1356 y 1383, se construiría la segunda (y última) muralla bruselense, el conocido “pentágono” (que no sería desbordado hasta el siglo XIX).
Esquema de la segunda muralla de Bruselas (el “pentágono”)



En 1384, Brabante se integró en el Ducado de Borgoña hasta que en el año 1477, el territorio pasó a depender de la dinastía de los Habsburgo. Cuando en 1516, el joven Carlos de Habsburgo (Duque de Brabante) fue designado rey de España como Carlos I, el territorio pasó a ser incorporado al Imperio Español (cuyos dominios se ampliaron en 1520 al ser proclamado emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico). Entonces se formalizó una entidad dependiente de la monarquía hispánica que agrupaba a las denominadas Diecisiete Provincias (que integraba aproximadamente la región conocida actualmente como Benelux). En 1568 comenzaría la rebelión que originó la Guerra de los Ochenta Años (o Guerra de Flandes) entre las Diecisiete Provincias y España. En 1609 los territorios del norte proclamaron su independencia constituyendo las Provincias Unidas. La guerra finalizó en 1648 con el reconocimiento de la independencia de las Provincias Unidas. Los territorios del sur continuaron integrados en España con el nombre de Países Bajos Españoles con capital en Bruselas. Pero antes de acabar el siglo, el territorio se vería nuevamente asolado por otro conflicto bélico, la Guerra de los Nueve Años (1688-1697) en las que los países europeos se aliaron para frenar el expansionismo de Francia, el estado hegemónico del momento. La inestabilidad política y los conflictos bélicos perjudicaron notablemente a la ciudad (y particularmente con el ataque sufrido en 1695).
1695 es un año grabado a fuego en la historia de Bruselas. En el contexto de la Guerra de los Nueve Años, los ejércitos franceses bombardearon intensamente la ciudad que, junto a los incendios que provocaron, la dejaron asolada. Un tercera parte del casco urbano quedó reducida a escombros (y la Grand Place quedo prácticamente destruida).
Grabado de Augustin Coppens reflejando la destrucción de Bruselas tras los bombardeos de 1695.



Con el Tratado de Utrecht de 1713 que dio fin a la Guerra de Sucesión española, la soberanía de esos territorios pasó a Austria, bajo cuyo gobierno se mantuvieron hasta 1795 fecha en la que fueron anexionados a Francia. La derrota de Napoleón en Waterloo en 1815 supuso su incorporación a los Países Bajos hasta que en 1830, una nueva rebelión llevó a la independencia de Bélgica. En ese año se nombró a Leopoldo I como primer rey de Bélgica, y a Bruselas como su capital.
Bruselas, nacida en una encrucijada estratégica, siempre ha tenido que buscar el equilibrio entre posiciones extremas. Lo tuvo que hacer territorialmente (entre ámbitos flamencos neerlandeses y valones francófonos, que ocasionó que el idioma oficial fuera variando), geográficamente (entre las tierras bajas y las montañas) o socialmente (entre el poder de la nobleza y la fuerza de los burgueses). Quizá esa vocación de mediación entre posturas enfrentadas ayudó a su estratégica posición para convertirse en la “capital oficiosa” de Europa, como sede de las principales instituciones de la Unión Europea.

Grand Place. Numeración de las diferentes casas.

La Grand Place, el testimonio de la burguesía gremial.

La Grand Place no es una plaza enorme, aunque en su momento era mayor que el resto de los espacios públicos de Bruselas. Sus dimensiones aproximadas son 110 por 60 metros. Puede compararse con la dimensión más habitual de los estadios de los principales equipos de fútbol, que son 105 por 70 metros, o con la Plaza Mayor de Madrid mide unos 120 por 85 metros. La Grand Place recibe ese “título” por su significación, ya que es el espacio más emblemático de la capital belga y se erige como testimonio de la burguesía gremial que la creó.
La delimitación de la plaza fue ajustándose durante la alta Edad Media, conforme iba consolidándose el mercado bruselense sobre aquellos terrenos inicialmente pantanosos. Durante los siglos XIII y XIV, la plaza era un espacio muy irregular, ubicado entre las tres naves (halles) de mercado (carnicería, pan y tejidos) que se complementaban con viviendas de madera, separadas por patios, jardines o pasajes que hacían la labor de cortafuegos. En 1396, las autoridades municipales expropiaron numerosos edificios del lado norte con la finalidad de regularizar el espacio. En el siglo XV se comenzó la gran obra del Ayuntamiento en el lado sur (en 1401) y la de un nuevo mercado del pan (iniciado en 1405 en el lado norte), reemplazando en ambos casos las modestas viviendas que ocupaban esos solares. Con el tiempo y múltiples cambios estos dos edificios se convertirán en las dos grandes referencias de la plaza (el Ayuntamiento y la Casa del Rey)
Grand Place. Edificio del Ayuntamiento.



El edificio del Ayuntamiento (Hôtel de Ville / Stadhuis) es una de las joyas de la arquitectura gótica civil y su fachada es la más antigua de la plaza (es el único testimonio verdaderamente medieval). Su primera formalización correspondió con la denominada “ala izquierda” (desde el punto de vista del observador situado en la plaza). Es un edificio en forma de “L” que arranca desde el campanario hacia la izquierda del mismo y que se prolonga por la rue Charles Buls, y fue construido bajo la dirección de Jacques van Thienen y Jean Bornoy entre 1401 y 1421. Se levantó sobre el solar ocupado por el antiguo edificio de los regidores municipales que se había habilitado previamente expropiando varias casas situadas allí (hasta entonces los responsables municipales se reunían al aire libre o en una sala del Mercado, pero la prosperidad de la ciudad aumentó la complejidad de su gestión y se hizo necesario disponer de un espacio específico para la gestión municipal).
Tras la revuelta de 1421 y con el acceso al gobierno de los gremios fue necesario ampliar el espacio y comenzó a edificarse, en 1444, el “ala derecha” (la parte que va desde el campanario hacia la derecha). Se terminó en 1449, según el proyecto de Guillaume de Vogel. Para la construcción de esta ampliación se derribaron varias viviendas como Casa de la Estrapada (un tipo de tortura, Maison de l'Estrapade / Scupstoel), la Casa de la Cueva de los Monjes (Maison de la Cave aux Moines / 's Papenkeldere) y la Casa del Moro (Maison du Maure / De Moor). Estas tres casas desaparecidas perviven simbólicamente en los capiteles y otros detalles de esta ala del Ayuntamiento que se encuentran decorados con escenas de recuerdo.
Entre 1449 y 1455 se incorporó el remate del campanario con el proyecto de Jean Van Ruysbroeck, que consiguió una torre de 96 metros de altura.
El bombardeo de 1695 destruyó el interior del edificio y durante el siglo XVIII se reconstruyó y amplió con el “ala sur” barroca (una edificación en forma de “U” con brazos diferentes que completaba la manzana alrededor de un patio). Esta ampliación se levantó sobre el antiguo mercado de tejidos que había quedado destruido con los bombardeos. Con esta ampliación, proyectada por Corneille van Nerven, el edificio quedó terminado, aunque ha tenido múltiples rehabilitaciones, particularmente durante el siglo XIX de la mano del arquitecto Pierre-Victor Jamaer.
Con el edificio del Ayuntamiento se comenzó a ordenar la plaza buscando alineaciones que la acercaran a la planta rectangular. Con este objetivo, en 1441 se demolieron las viviendas del lado oriental y se construyeron unas nuevas alineadas. Como estrategia municipal se compraron diversas viviendas de la plaza para mejorar el aspecto del principal espacio de la ciudad. Muchas de esas viviendas serían reformadas a lo largo del siglo XVI dignificando su fachada.
Grand Place. Casa del Rey (números 29-33)



El segundo edificio singular de la Grand Place comenzó siendo una nave de madera para el mercado del pan (se tiene constancia oficial de la misma desde 1321). En 1405 fue reconvertida en piedra, pero los panaderos acabarían cambiando el sistema de venta, yendo ellos mismos a distribuir el pan por las viviendas y el edificio acabó vacío. Fue entonces cuando fue reutilizado para acoger servicios administrativos del Ducado. Por esta razón comenzaría a conocerse como la Casa del Duque. En 1512 se demolió y se construyó un nuevo edificio más adecuado a su función administrativa. Pero el duque Carlos de Habsburgo, Duque de Brabante desde 1506, se convirtió en 1516 en Carlos I, el nuevo rey de España. Entonces, la casa pasó a ser conocida como la Casa del Rey (Maison du Roi / Broodhuis). Aunque solamente en francés, ya que en holandés conservó el nombre original: Broodhuis, casa del pan (gesto indicativo del desapego de los territorios del norte hacia la monarquía hispánica). Los bombardeos de 1695 le afectaron gravemente, aunque resistió en pie. Cuando los revolucionarios franceses ocuparon Bélgica, el edificio fue confiscado para el patrimonio municipal, aunque el Ayuntamiento lo acabaría vendiendo (para recomprarlo en 1860). Entonces se intentó realizar una restauración pero su lamentable estado de conservación aconsejó demolerlo. En 1873 se levantaría un nuevo edificio neogótico, proyectado por Pierre-Victor Jamaer, inspirado libremente en su precedente. Aunque inicialmente fue destinado a labores administrativas, pronto se convirtió en el Museo de la Ciudad, en el que se expone el desarrollo urbano de Bruselas desde sus orígenes hasta la actualidad.
La destrucción generalizada del año 1695 espoleó a los ciudadanos bruselenses para recuperar su ciudad y Bruselas se enfrentó a su reconstrucción. En la Grand Place, solo se habían mantenido en pie las edificaciones de piedra (fachada del Ayuntamiento y su torre, la Casa del Rey y unas pocas viviendas del lado occidental). En pocos años la Grand Place volvió a ser el espacio deslumbrante que había sido pero, en la aparente homogeneidad de la plaza podemos descubrir matices muy interesantes que resquebrajan esa sensación de uniformidad y muestran las tensiones por el poder de la época. La reconstrucción posterior al desastre de 1695 hizo de la plaza un nuevo campo de batalla, en este caso urbanístico. Allí se dirimieron los conflictos entre los deseos de modernidad y las intenciones conservadoras. Dos arquitectos las expresaron de forma nítida. Por una parte estaba Guillaume De Bruyn quien concibió un nuevo proyecto unificado para la plaza, en la línea de las corrientes avanzadas del momento. En el lado opuesto estaba Antoine Pastorana, formado en el gremio de ebanistas, y defensor de la individualidad de las corporaciones.
Grand Place. Casas 13-19. Casas de los Duques de Brabante.



La plaza expresa una mezcla de ambas tendencias. La propuesta de De Bruyn solamente se llevó a cabo en las conocidas como Casas de los Duques de Brabante (Maison des Ducs de Brabant / Hertogen van Brabant) que son en realidad un conjunto de siete casas unificadas tras una fachada común. La idea de plaza unitaria quedó solamente reflejada en ese lado oriental. Todas las viviendas cuentan con tres módulos y una entrada compartida dos a dos a través de una escalera, excepto en la primera (la impar, la casa de La Fama) que cuenta con un módulo y entrada propia, convirtiendo el conjunto en asimétrico. El inmueble, o los inmuebles, reciben ese nombre común debido a los bustos de varios duques que decoran su fachada, pero cada casa tiene su denominación individual derivada de los emblemas que identifican a cada una (diversidad desde la unidad). La gran fachada barroca que había sido diseñada en 1697, fue modificada por Laurent-Benoît Dewez en 1770, quien remodeló su coronación siguiendo los cánones neoclásicos.
Unas pocas viviendas previas al desastre de 1695 habían mantenido su fachada por ser de piedra (las número 2, 3, 4 y 5) y los gremios propietarios lograron mantenerlas frente a las ideas de homogeneidad que deseadas por el Duque. Así, finalmente, las corporaciones consiguieron salvaguardar su identidad diferenciada. Un rasgo característico es la diferenciación de los piñones hastiales entre las viviendas contiguas, algo habitual en las ciudades del norte europeo en contraste con el sur mediterráneo, en el que las cornisas de plazas y calles suelen ajustarse a la alineación del espacio. Estas ideas fueron defendidas por Pastorana y construyeron la mayor parte de la plaza: casas individuales, con una imagen propia, identificable, aunque finalmente el estilo similar consiga un efecto de conjunto homogéneo (unidad desde la diversidad). Pastorana construyó, por ejemplo la casa nº 6, El Cuerno (Le Cornet / Den Horen) para el gremio de barqueros o planteó el remate del hastial de la casa nº 4, El Saco (Le Sac / Den Sack). No obstante se promulgó una ordenanza que exigía la aprobación de cualquier proyecto por parte de las autoridades, es decir, debía recibir una licencia que buscaba salvaguardar la armonía arquitectónica.
El contraste máximo entre estas dos posturas se da entre las fachadas enfrentadas: en el oeste (del 1 al 7), se realiza un canto a la individualidad, a la diversidad, a la fuerza de los gremios, mientras que en el este (13 a 19), se ensalza lo colectivo, la uniformidad, a la pujanza del poder central del Ducado.
Otra muestra de la individualidad defendida por los gremios bruselenses era el que todas las casas tuvieran un nombre propio. Más allá del número que acabarían recibiendo para el orden postal, las casas contaban con una denominación (reflejada en bajorrelieves, pequeñas estatuas, etc.) que identificaba cada una de ellas. Incluso los siete edificios unificados tras la fachada común de las Casas de los Duques de Brabante, tienen también su denominación propia.
Grand Place. Casas 1-7



Las casas, comenzando en la esquina de la rue au Beurre y en sentido antihorario son:
Casa 1: El Rey de España (Le Roi d'Espagne / Den Coninck van Spaignien). Gremio de los panaderos.
Casa 2 y 3: La Carretilla (La Brouette / Den Cruywagen). Gremio de los lecheros.
Casa 4: El Saco (Le Sac / Den Sack) Gremio de los toneleros y ebanistas.
Casa 5: La Loba (La Louve / De Wolf). Gremio de los arqueros.
Casa 6: El Cuerno (Le Cornet / Den Horen) Gremio de los barqueros.
Casa 7: El Zorro (Le Renard / De Vos). Gremio de los merceros.
Edificio del Ayuntamiento.
Casa 8: La Estrella (L'Etoile-De Sterre)
Casa 9: El Cisne (Le Cygne-De Zwan). Gremio de los carniceros.
Casa 10: El Árbol de Oro (L'Arbre d'Or / Den Gulden Boom). Gremio de cerveceros.
Casa 11: La Rosa (La Rose / De Roose). Casa particular.
Casa 12: El monte Tabor (Le Mont Thabor / Den Bergh Thabor). Casa particular.

Grand Place. Casas 8-12



(Aunque no pertenece oficialmente a la plaza, la Casa 12a: Alsemberg)
Casas 13 a 19, los Duques de Brabante (Maison des Ducs de Brabant / Hertogen van Brabant). Las siete casas agrupadas por una fachada común son:

            13: La Fama (La Renommée / De Faem)
            14: La Ermita (L’Ermitage / De Cluyse)
            15: La Fortuna (La Fortune / De Fortuine)
            16: El Molino de viento (Le Moulin à Vent / De Windmolen). Gremio de molineros.
            17: La Olla de Estaño (Le Pot d’Etain / De Tinnepot). Gremio de carpinteros y fabricantes de                  ruedas.
            18: La Colina (La Colline / De Heuvel) Gremios de los Santos Coronados (escultores,                              albañiles, canteros)
            19: La Bolsa (La Bourse / De Borse)
(Otro caso de edificio que no pertenece propiamente a la plaza, pero forma parte inequívocamente del conjunto visual es la Casa de la Balanza (Maison de la Balance / De wage) situada en la Rue de la Colline nº 24)
Grand Place. Casas 20-28



Casa 20: El Ciervo (Le Cerf / De Hert)
Casa 21 y 22: Joseph y Anne
Casa 23: El Angel (L’Ange / Den Engel)
Casa 24 y 25: El barco dorado (La Chaloup d'or-Den Gulden Boot)
Casa 26 y 27: La Paloma (Le Pigeon / De Duive). Gremio de pintores.
Casa 28: El comerciante de oro (Le Marchand d’Or / De Gulden Marchant)
Casa 29 a 33: Casa del Rey (Maison du Roi / Broodhuis)
Casa 34: El Yelmo (Le Heaume / Den Helm)
Casa 35: El Pavo Real (Le Paon / Den Pauw)
Casa 36 y 37: El Zorrito (Le Petit Renard /  Het Voske)
Casa 37: El Roble (Le Chêne / Den Eycke)
Casa 38: Santa Bárbara (Sainte-Barbe / Sint Barbara)
Casa 39: El Asno (L'Ane / Den Anzel)

Grand Place. Casas 34-39



A finales del siglo XIX, Charles Buls, que fue burgomaestre de Bruselas desde 1881 hasta 1899 promovió la rehabilitación de la plaza, que se convirtió, en cierto modo en una reinvención de la misma. Las primeras fotos que se hicieron de la Grand Place muestran un espacio austero, sin estatuas ni dorados, y fue precisamente la intervención decimonónica la que reconstituyó el espacio dotándolo de ese esplendor que hoy nos admira.
La Grand Place de Bruselas es uno de los mayores atractivos turísticos de Bruselas. A su interés intrínseco se suma la actividad como mercado de flores y otros acontecimientos puntuales que aumentan su capacidad de reclamo como los espectaculares juegos de luces, o la realización bienal (en los años pares) durante unos días del mes de agosto de una gigantesca  “alfombra” de flores (una “tradición reciente” ya que la creación de ese tapiz de begonias de casi dos mil metros cuadrados se remonta a 1971).

La alfombra de begonias de la Grand Place en cuatro años diferentes.



El reconocimiento internacional a la singularidad de la plaza se confirmó con su inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1998.

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Les Marolles (en neerlandés: de Marollen) es un barrio popular, histórico y turístico de Bruselas que se extiende desde el Palacio de Justicia, en la plaza Poelaert, a la Iglesia de Nuestra Señora de la Capilla.

Descripción

El barrio de Marolles no tiene entidad administrativa. Acoge a clases desfavorecidad de la capital, pero también a personas de espíritu libre. En homenaje a su ambiente contestatario y festivo, el escultor Maurice Wolf realizó el «Monumento a los vivos», inaugurado por el burgomaestre Adolphe Max en 1933. En este barrio es también donde comenzaron las luchas urbanas por una renovación respetuosa del tejido urbano y social. Actualmente, la zona está habitada por artesanos, trabajadores autónomos y ancianos. Más de un tercio de las viviendas son sociales, aunque el barrio muestra una tendencia a la gentrificación.
En el barrio se encuentra la plaza del Jeu de Balle, muy conocida por su mercado de pulgas, que tiene lugar todas las mañanas, además de la rue Haute y la rue Blaes, tachonadas de brocantes y anticuarios.
También forma parte del barrio el Hospital de Saint-Pierre, que comenzó siendo una leprosería en la Edad Media. Reconstruido en varias ocasiones a lo largo de su historia, hoy es un gran hospital moderno, renovado de nuevo a principios del siglo xxi, entre cuyos objetivos está el de proporcionar cuidados a los más desfavorecidos para que todos tengan acceso a una sanidad de calidad.

Etimología

El barrio de Marolles debe su nombre a la congregación de las hermanas Apostolinas, que socorrían a las prostitutas, numerosas en la zona durante el siglo xvii. Esta congregación también era conocida por el nombre latino de Mariam Colentes («Las que alaban a la virgen María»). A lo largo de los años, este nombre derivará en «Maricoles» y después en «Marolles».
​ Cuando las hermanas dejaron el barrio en 1715 para establecerse en el quai au Foin, el nombre siguió vinculado a la zona: la actual rue de Montserrat se llamaba rue des Marolles (op de Marollen en la lengua de Bruselas).

Rue des Ménages o Deevestroet, que significa «calle de los ladrones» en el dialecto de Marolles.

En las placas de las calles del barrio, junto al nombre oficial en francés y neerlandés, se encuentra a menudo el nombre popular en dialecto de Marolles; se trata en realidad del dialecto de Brabante, una variante del holandés, que se hablaba previamente en toda Bruselas y que fue sustituido a mediados del siglo xx en gran medida por el francés, quedando reducido prácticamente a este barrio.

Historia

En el siglo xiii, el futuro barrio de Marolles se situaba en el exterior de la primera muralla de Bruselas. Más allá de una de las puertas de esta muralla, llamada Steenpoort, había un barrio de tejedores, alrededor de la iglesia de Nuestra Señora de la Capilla. En esta época, los patricios que gobernaban la ciudad temían las revueltas de esta dinámica población y preferían mantenerlos fuera del recinto amurallado, cuyas puertas se cerraban por la noche. Más allá de ese núcleo, un camino despoblado ─la futura rue Haute​─ conducía hasta una leprosería situada en la ubicación del actual hospital Saint Pierre.
El 23 de julio de 1360, los patricios, que habían oído rumores de que los artesanos de la Chapelle, apoyados por los carniceros, tramaban un complot para exterminarlos, se alzaron en armas. Primero masacraron a los carniceros, que vivían en la ciudad, y luego atacaron a los tejedores, que intentaban incendiar la Steenpoort para poder entrar en la ciudad. Los patricios quemaron primero sus casas, y después, atacando por la espalda, mataron a muchos de ellos.
En 1405, un incendio destruyó el barrio de la Chapelle, destrozando 2400 viviendas y 1400 talleres de telares.
Los límites del futuro barrio de Marolles comenzaron a dibujarse a finales del siglo xiv, tras la construcción de la segunda muralla de Bruselas: el barrio quedó bien delimitado por la primera muralla al norte y la segunda al sur, y de este a oeste, a lo largo de la vertiente oriental del río Senne, aproximadamente desde la segunda muralla a los terrenos pantanosos que bordean el río. La rue Haute constituía la espina dorsal del barrio, que se pobló poco a poco. Como muestra el plano de Deventer, de 1550, buena parte del barrio era aún terreno rural en el siglo xvi: solo la rue Haute se ve totalmente jalonada de edificios hasta la puerta de Hal.
A finales del siglo xvi, la parte de Marolles que atraviesa la rue des Minimes, llamada en esa época «Bovendael», era muy frecuentada por prostitutas. En 1597, las calles de l'Épée y de l'Éventail, que unían la rue des Minimes a la rue Haute comenzaron a cerrarse por la noche con el fin de «expulsar de la rue Haute a las mujeres de mala vida y a sus clientes que pueblan Bovendael y sus alrededores»

Contrariamente a lo que se cree, la rue Haute no ha sido siempre una arteria popular: en los siglos XVII y XVIII, la nobleza y la burguesía se hicieron construir bellas mansiones en esa calle.​ En el siglo xix, la revolución industrial modificó la fisionomía de Marolles.
En 1863, para construir el palacio de justicia, se expropió a 75 propietarios de esta parte de Marolles que tenían sus casas en el lugar elegido.​ Los habitantes, cerca de una centena, fueron realojados en una ciudad jardín construida por Poelaert en el barrio de Chat, en Uccle.

El Palacio de Justicia de Bruselas, obra del arquitecto Joseph Poelaert y construido entre los años 1866 y 1883 bajo el reinado de Leopoldo II, es la sede del Poder Judicial y de los tribunales de justicia de Bélgica. Es más grande que la Basílica de San Pedro de Roma y sigue siendo uno de los edificios de piedra más grandes del planeta.
Su superficie total es de 26 000m².


Recordemos que el propio Poelaert vivía en el centro de Marolles, en la rue des Minimes, en una casa aledaña a sus grandes oficinas y talleres, que comunicaban con la vivienda.
En 1883, para protestar contra la carestía de la vida, los habitantes de Marolles saquearon el Palacio de Justicia de Bruselas. En 1897, la prensa se hizo eco del caso Courtois: una acomodada anciana residente en la comuna de Ixelles fue asesinada por Alexandre Courtois, que había sido comisario adjunto de Marolles.
En Marolles vivían muchas personas de confesión judía cuando comenzaron las detenciones perpetradas por los nazis en el verano de 1942. Muchos de ellos habían llegado huyendo de los pogromos que se produjeron tras la Revolución rusa de 1905. Entre 1933 y 1938 se les unieron muchos judíos alemanes después de que Hitler ascendiera al poder. En esta época, su población se estimaba en unas 3000 personas. Se construyó una sinagoga en la rue Lenglentier, donde una placa conmemorativa recuerda las deportaciones a los campos de concentración.

  

El Atomium




El Atomium es una estructura de 102 metros de altura construida para la Exposición General de primera categoría de Bruselas de 1958.​ Representa un cristal de hierro ampliado 165 mil millones de veces.​ Está formado por nueve esferas de acero​ de 18 metros de diámetro cada una. Está ubicado en el parque de Heysel en Bélgica.
Levantado con ocasión de la Feria Mundial de 1958, celebrada en Bruselas, el Atomium se ha convertido en un auténtico símbolo de la capital de Bélgica. Realizada en acero y aluminio, el conjunto representa un cristal de hierro. De hecho, no es más que la representación de una red cristalina del tipo Cúbico Centrado en el Cuerpo (BCC-del inglés Body Centered Cube) es un tipo de red cristalina con estructure cúbica centrada en el cuerpo y de enlace iónico del tipo AB. También puede ser llamada "Red de Cloruro de Cesio" (ClCs). Los iones se encuentran en contacto según la diagonal del cubo. El índice de coordinación de 8:8.

La estructura, diseñada por el ingeniero André Waterkeyn y el arquitecto Jean Polak, fue planeada para permanecer seis meses; sin embargo rápidamente se convirtió en una atracción turística.
A partir de febrero de 2004, fue reacondicionado por el estudio de Christine Conix, obra que incluye el diseño exterior e interior del pabellón y de la explanada en diferentes etapas. La intervención obtiene el primer premio en la categoría renovación del Staalbouwwedstrijd (Infosteel) y es nominada al Leaf Awards (Leading European Architect Forum) en 2006, además de la selección final del Prize for Architecture Brussels – Horta en 2008. El presupuesto estimado para la ampliación del Atomium en 2010 por Conix Architects ascendía a más de 3 millones de euros.
​ El Atomium abrió nuevamente, totalmente renovado, el 18 de febrero de 2011. En su interior se incluyó un elevador que lleva a la cima a una velocidad de 5 m/s.
Tres de las cuatro esferas superiores carecen de soporte vertical y por lo tanto no están abiertas al público por razones de seguridad, por otra parte, la esfera en la cima está abierta al público. El diseño original contemplaba el átomo sin soportes, la estructura era simplemente para descansar en las esferas. Las pruebas en túnel de viento demostraron que la estructura se habría derrumbado con 80 km/h de viento (se han registrado vientos de 140 km/h en Bélgica). Para lograr una resistencia suficiente contra los vuelcos se añadieron unas columnas de soporte.

  

La Avenue Louise (en francés) o Louizalaan (en neerlandés) es una importante calle de Bruselas, Bélgica. Discurre hacia el sureste desde la Place Louise hasta el Bosque de la Cambre, cubriendo una distancia de 2,7 km. Es una de las calles más prestigiosas y caras de Bruselas.

Historia.

La construcción de la Avenue Louise empezó en 1847 como una avenida monumental bordeada por castaños que permitiría un fácil acceso a la popular zona de ocio del Bosque de la Cambre. Fue también la primera arteria haussmanniana de la ciudad. El nombre se escogió en honor a la hija mayor del Rey Leopoldo II, la Princesa Luisa.
Sin embargo, la ciudad de Ixelles (entonces, al igual que ahora, un municipio separado de la Ciudad de Bruselas), cuyo territorio atravesaría la avenida, se opuso tenazmente al proyecto. Tras años de negociaciones infructuosas, Bruselas finalmente se anexionó la estrecha banda de terreno necesaria para la avenida más el Bosque de la Cambre en 1864. Esa decisión explica la extraña forma de la actual Ciudad de Bruselas y la separación de Ixelles en dos partes disconexas.
Para la Exposición Universal de 1958, la avenida fue remodelada totalmente, integrando en su centro una autopista urbana que atravesaba en túnel los cruces y ofrecía un acceso directo a la petite ceinture. Esta configuración se mantiene todavía en la actualidad, y ha implicado que ninguna línea de metro recorra la avenida, pese a su gran densidad de construcciones y sus funciones múltiples de comercios, oficinas y viviendas, siendo el metro de alguna manera sustituido por los túneles de la autopista. No obstante, la línea 94 del tranvía discurre desde la Place Stéphanie hasta el depósito de Woluwe.
En la Avenue Louise nació la escritora Marguerite Yourcenar, nacida en el número 193 de la calle el 8 de junio de 1903 (edificio que no se conserva actualmente).

Lugares de interés
La Avenue Louise en invierno


En la actualidad, la Avenue Louise alberga muchas tiendas, restaurantes y oficinas de alta gama. De norte a sur, los monumentos más importantes son:

Place Louise, un nodo fundamental del transporte de la ciudad, que contiene una estación de tranvía y metro. El Palacio de Justicia de Bruselas está cerca.
Place Stéphanie, otra plaza muy ajetreada rodeada por tiendas de lujo. Aquí empieza la parte arbolada de la avenida.
La Louise Tower, también conocida como Generali Tower, uno de los edificios de oficinas más altos de Bruselas.
La intersección con la Chaussée de Vleurgat / Vleurgatsteenweg (que conduce ladera abajo hacia la cercana Place Flagey), dominada por el rascacielos Blue Tower.
El pintoresco Jardín Real (Hof van de Koning o Jardin du Roi), un jardín que desciende hacia los cercanos Estanques de Ixelles.
La escultura de bronce de 16 toneladas de Olivier Strebelle Le Phénix 44, que conmemora el aniversario de la liberación de Bruselas, que se sitúa en la rotonda frente al Jardín Real.
La Place Sélys Longchamps, que contiene varias estatuas, la entrada a Abadía de La Cambre, y la gran Tour ITT.
Una rotonda rodeada por dos pabellones neoclásicos gemelos que terminan la avenida. Más allá de ella se sitúa el Bosque de la Cambre.
Cerca está la Catedral de la Santísima Trinidad, parte de la Iglesia de Inglaterra.
La línea 94 del tranvía recorre toda la avenida, todo ello en una pista segregada excepto en la pequeña sección goulet Louise.

Edificios protegidos

n.º 224: Hôtel Solvay (diseñado por Victor Horta, declarado Patrimonio de la Humanidad dentro de la Obra de Victor Horta en Bruselas).
n.º 346: Hôtel Max Hallet (diseñado por Horta).
n.º 520: Aquí se encontraba el Hôtel Aubecq (diseñado por Horta) hasta su demolición en 1949.
n.º 544 y 589: Antiguos pabellones de la Porte de Namur.

Esculturas

Frente al número 453: Baron Jean de Selys Longchamps, bronce de Paul Boedts (1992).
A la altura del número 380 (Jardín Real): Phoenix 44, escultura monumental de Olivier Strebelle (1994)

  


Jules Victor Anspach (Bruselas, 20 de julio de 1829-Etterbeek, 19 de mayo de 1879) fue un político belga, conocido por sus renovaciones involucradas con la cobertura del río Senne en Bruselas. Está enterrado en el Cementerio de Bruselas.
Anspach nació en Bruselas en una familia de origen ginebrino calvinista. Su padre François (fallecido en 1858) sirvió en la Cámara de Cámara de Representantes de Bélgica. Jules Anspach estudió derecho en la Universidad Libre de Bruselas (en la actualidad dividida entre la Université Libre de Bruxelles y la Vrije Universiteit Brussel) donde se doctoró como Doctor de Leyes.
Anspach ascendió rápidamente, reemplazando a André-Napoléon de Fontainas como Alcalde de Bruselas en 1863, con tan solo 34 años, y continuando en el cargo hasta su muerte. Efectuó grandes cambios en el paisaje urbano de Bruselas, centrados alrededor de su mayor obra, la cobertura del río Senne. Sus renovaciones en Bruselas siguen un paralelo con las del Barón Haussmann en París. La ciudad moderna de Bruselas continua tal como la creó Anspach en su forma esencia.
El Bulevar Anspach, la arteria principal del centro de Bruselas, lleva su nombre. Es el bulevar central creado por sus grandes renovaciones de la ciudad, así que es particularmente apropiado que este bulevar lleve su nombre.
Como su padre, Anspach fue también miembro electo de la Cámara de Representantes de Bélgica.




martes, 10 de septiembre de 2013

171.-La Retorica ; Bruselas

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti;  Paula Flores Vargas; Katherine Alejandra Del Carmen  Lafoy Guzmán;

  


Jacques-Bénigne Bossuet. Gran Orador  de Retorica Sagrada

La retorica se designaba con este nombre, en la Antigüedad grecolatina, la técnica que enseñaba a ejercitarse en el arte de la Oratoria .
 Desde bien pronto, sin embargo, los tratadistas clásicos, y sobre todo Aristóteles, se dieron cuenta de que la técnica necesaria para la utilización más productiva del discurso oral obligatoriamente coincidía en parte con la que habría de usarse en todo discurso. Se comienza entonces a aplicar la retorica a los géneros literarios.

      1. Concepto e historia.

 La retorica  es durante mucho tiempo la única ciencia de la Literatura o Estilística se integra en el Trivium del plan de estudios medieval, y continúa a través de los siglos XVI y XVII como tradición común a todos los países, siguiendo de cerca la doctrina asentada por Aristóteles, Cicerón y Quintiliano. 

España.


La vuelta al estudio de las Humanidades que supone el Renacimiento da lugar en España a una serie importante de tratadistas de retorica que, en muchos aspectos, adelantan logros que se incorporarán mucho más tarde como definitivos en esta disciplina. Reseñaremos someramente la aportación de alguno de los más importantes.


 Nebrija  en su De Artis Rhetoricae compediosa coaptatione ex Aristotele, Cicerone et Quintiliano (1515) deja fuera de la retorica la doctrina de los tropos y figuras de palabra y sentencia para incluirla en la Gramática, testimoniando así una fina percepción de la raíz lingüística de estos fenómenos.
 J. L. Vives  en su De causis corruptarum artium ataca las divisiones cerradas de muchos retóricos, porque (argumenta) no se pueden prever todas las situaciones del acto de la palabra, ni existe en la realidad una utilización pura de determinado nivel de lenguaje, sino infinitas concreciones intermedias. En De ratione dicendi (1533) no logra originalidad, pero tiene el mérito de haber puesto en relación Estética con Filosofía y haber extendido el campo de su reflexión a géneros no poéticos.
 Sebastián Fox Morcillo escribe De imitatione seu de de formandi styli ratione (1554), en donde dice: «El estilo es cierto carácter, genio o forma de decir, derivado ya del ingenia de cada cual, ya de la cuestión de que se trata», que parece contradecir el inevitable normativismo que la retorica. llevaba aparejada. 
Menéndez Pelayo ve en esta afirmación un precedente de la interpretación romántica de la célebre frase de Buffon «el estilo es el hombre».

Junto a las obras de Vives y de Fox Morcillo se imprimen en Basilea algunas de otros tratadistas como Antonio Llul (ca. 1510-82) y Furió Ceriol (1527-52). Más adelante se constituyen distintas escuelas de retóricos vinculadas a las diferentes universidades. 

Escuelas retoricas.


En la universidad de Alcalá hay que citar a Alfonso García Matamoros (m. 1572), autor de De ratione dicendi (1548), De formando stylo, De methodo concionandi (1570). Ataca la dialéctica propugnada por universidad de Lovaina y defiende una que sea necesaria introducción a la retórica. Frente a la escolástica aristotélica, es partidario de la libre competencia de Platón y Aristóteles en la enseñanza. Arias Montano ( 1527-98) destaca por su brillantez y facilidad de versificación, a veces no exenta de prosaísmo.
En la escuela de Valencia, cabe mencionar a Pedro Juan Núñez (1522-1602), autor de traducciones y compendios de Aristóteles destinados a la enseñanza, y a Andrés Sampere. 
En Salamanca, Francisco Sánchez de las Brozas refunde y ordena los preceptos clásicos y se sitúa en la más consciente tradición del «lenguaje figurado»: al retórico compete enseñar a exornar el lenguaje con tropos y figuras, lo que equivale a suponer que el lenguaje figurado es el normal más una adición extrínseca, lo que se conocía tradicionalmente con el nombre de flores rhetoricales.
 En su Organum dialecticum et rhetoricum (1588) dice que, entre las tradicionales partes en que se divide el estudio de la Oratoria, a la retorica sólo le pertenece la elocutio  y la actio
Cabe, por último, mencionar las escuelas jesuíticas que tuvieron gran importancia e influencia en el enfoque que se había de dar a la enseñanza de estas materias. Los P. Perpiñá, Cipriano Suárez, P. Kleutgen, Bartolomé Bravo y Pablo José Arriaga, entre otros, fueron nombres muy conocidos en la historia española de esta disciplina.

Libros de Retorica en Lengua Castellana.


Finalmente, hemos de referirnos a las retóricas en lengua castellana. Existe la Retórica (1541) de Salinas (murió en 1577) y la de numerosos imitadores como Rodrigo Espinosa de Santayana, Juan de Guzmán y Baltasar de Céspedes. Mención aparte merece Bartolomé Jiménez Patón (1569-1640). Al aducir numerosos ejemplos en castellano, convierte su tratado en una obra verdaderamente autónoma.


La retorica de los  siglos XIX y XX


Así las cosas, sólo la profunda crisis espiritual de la segunda mitad del siglo  XVIII haría desaparecer la retorica para resurgir en nuestros días con renovada pujanza. En efecto, la elocutio o parte de la retorica que estudia la variedad de formulaciones del lenguaje con eficacia artística (figuras) suponía con su normativismo una visión del mundo sustentada en la adecuación de palabra y objeto; para expresar algo con suficiente relieve, había que buscar el nombre adecuado, «su» nombre. 
Por eso, cuando el hombre instala como centro de la creación su experiencia personal y no importa tanto lo que las cosas sean en sí, sino lo que son «para mí», desaparece la base ideológica que había hecho posible tal retórica.
 Las figuras se reducen a meros apéndices en los manuales de Literatura, y la crítica literaria cae en un subjetivismo e impresionismo a veces huero.
 Tras el advenimiento de la nueva ciencia lingüística, en la primera mitad del siglo XX, se cae en la cuenta de que el minucioso inventario de figuras, transmitido durante siglos sin apenas variaciones y en las más diversas literaturas, no era una invención gratuita. La aplicación de una metodología más rigurosa en el análisis del lenguaje confirma el elenco establecido de las figuras retóricas y, aun superado el normativismo, como Preceptiva que habían de seguir los autores literarios, continúa en plena vigencia la descripción aportada por la elocutio como instrumento de análisis a posteriori.

 También cabe señalar que, aparte de la cuestión del análisis del lenguaje, la retorica como técnica de persuadir ha encontrado una ininterrumpida continuación, cuya actualización última es la publicidad. Una obsesión continua en los retóricos de todas las épocas ha sida la de encontrar una clasificación objetiva de las numerosas figuras señaladas. Algunos acertaron en su intento, aunque muchas veces tienen el defecto de clasificar con criterios extra-lingüísticos; de nada vale una clasificación que no sirva sobre todo para mejor conocer. En el presente artículo, ofrecemos la relación de figuras más usual en los manuales españoles, clasificadas con arreglo al moderno criterio propuesto por T. Todorov.

  Toda unidad de lengua acotada como figura, lo es en cuanto se opone como una anormalidad a la norma común o, al menos, en cuanto es descriptible, o sea, en cuanto posee en sí misma una cierta virtualidad que permite describir no sólo el objeto mentado por el lenguaje, o referente, sino el lenguaje mismo. En consecuencia, llamamos anormalidades a aquellas figuras que contradicen la norma lingüística y hablamos de valores figurativos para referirnos a las figuras que la siguen. 
Entre estas segundas, algunas han sido incluidas tradicionalmente aquí y no en la Gramática, porque no se conocía, con el rigor que la Lingüística postsaussuriana ofrece, la estructura del lenguaje. Estas unidades expresivas vulneran la norma o simplemente toman su valor figurativo en alguno de los siguientes cuatro niveles del lenguaje: relación sonido-sentido, sintaxis, semántica, relación signo-referente.
 Está claro que en la cadena del lenguaje todos los niveles se dan simultáneamente, de forma que esta división es muchas veces arbitraria. Así, por ejemplo, al incluir la anáfora en el apartado «sonido-sentida», dejamos de hacerlo en el de semántica. 
No cabe duda, sin embargo, que habría de incluirse aquí también; no se podría decir qué es más importante, si el refuerzo de la perceptibilidad producido por la reiteración de sonidos o la llamada de atención que supone la sorpresa del desajuste entre la usual economía semántica y la redundancia significativa de esta figura.
 La moderna ciencia lingüística ha destacado, pues, una neorretórica que no se solidariza con el normativismo de la retorica precedente o Preceptiva. Es cierto que reconoce los abusos tradicionales que han dado al término un valor peyorativo (« ¡no me vengas con retóricas! »), pero señala también que las figuras propuestas no son adornos arbitrarios superpuestos a la cadena normal del lenguaje, sino resultado de una investigación sagaz de los mecanismos utilizables para hacer del discurso no un mero indicador transparente hacia la cosa significada o referente, sino un medio opaco que recabe atención por sí mismo y condicione en un sentido preciso la interpretación del mensaje que propone al lector.



  

      2. Figuras retóricas.

1) Anormalidades.

 a) Relación sonido-sentido.


Figuras de dicción, llamadas también en la Preceptiva tradicional licencias poéticas, que consisten en la utilización consciente de mecanismos o tendencias implícitas en la cadena fónica:

 Sinalefa: 

Cómputo en una sola sílaba de la vocal en que termina una palabra y la vocal con que empieza la siguiente. Es regla general en el sistema de rítmica castellano («antes que lo que fue en tu una_ sola sílaba de dos vocales abiertas y que, por consiguiente, normalmente no forman diptongo («Muele pan, molino muele. / Trenza, veleta poe-sí-a», D. Alonso); 


Diéresis: 


Cómputo como dos sílabas de dos vocales que forman un diptongo («con un manso ruido», fray Luis de León); 


Hiato: 


No cumplimiento de la regla de la sinalefa;


Aféresis: 


Supresión de una sílaba a principio de palabra («Como el cueducto quiebres de una fuente», Tirso de Molina);


Síncopa


Supresión de una sílaba interna («Pastores los que fuerdes», S. Juan de la Cruz);


 Apócope: 


Supresión de la sílaba final («Siquier la muerte me lleva», Romancero); 


Prótesis: 


Aumento de una sílaba inicial («Así para poder ser amatado», Garcilaso de la Vega); 


Epéntesis


Aumento de una sílaba interna («Padre, la benedición», Cañizares); 


Paragoge: 


Aumento de una sílaba final («la mano le da a besare», Romancero).

Aliteración: 

Repetición de un mismo fonema («en el silencio sólo se escuchaba, / un susurro de abejas que sonaba», Garcilaso). A veces también repetición de un mismo grafema, aunque no sonido. De todas formas, la virtualidad expresiva de los solos rasgos gráficos es normalmente mucho menor.

Retruécano: contraposición de dos frases que contienen las mismas palabras con otro orden y régimen («Cuando decir tu pena a Silvia intento, / ¿cómo creará que sientes lo que dices, / oyendo cuán bien dices lo que sientes?», B. de Argensola).

Calambur: enfrentamiento de dos palabras distintas por su significado, aunque perceptiblemente iguales por su significante («A este Lopico, / lo pico», Góngora).

Paronomasia: enfrentamiento de palabras de parecido significante («Sospecho, prima querida, / que de mi contento y vida / Serafina será fin», Tirso de Molina).

  

Óscar León - Blog de la Abogacía Práctica.

¿Qué cualidades debe disponer un abogado que domine la oratoria?

Óscar León
1 marzo 2024

Como afirma CONCHA CALONJE, los abogados, como artífices de la argumentación, nos diferenciamos profesionalmente cuando analizamos, dictaminamos y presentamos los casos de nuestros clientes ante el Juez valorando los hechos y defendiéndolos ante las valoraciones del contrario y razonando con referencia al precedente o conforme a la norma aplicable. 
En este proceso contradictorio, en el que el objetivo es persuadir y convencer al Juez de que adopte una decisión conforme a nuestros postulados y rechazando los del contrario, los abogados nos servimos de la comunicación para realizar una argumentación metódica y eficaz que no podrá prescindir del buen uso de las normas de la comunicación y de la estrategia comunicativa y de sus reglas.
Efectivamente, estas normas y reglas se antojan necesarias puesto que en un foro en el que prevalezca el principio de oralidad, no solo bastará al abogado conocer a fondo la materia jurídica y su aplicación a los hechos controvertidos, sino que tendrá que exponer en las audiencias sus conclusiones hablando de una forma especial, de cierta manera, en un contexto de debate con otro orador en el que la discusión profunda sobre la materia va a ser resuelta por una tercera persona o personas con conocimientos cualificados sobre la materia, personas que deberán ser persuadidas y convencidas a través de una forma de expresión bien definida.
En definitiva, el abogado debe esforzarse por conocer las reglas de la oratoria y de su estrategia, procurando con ello formarse de manera continua y permanente, lo que sin duda alguna llevará a que el abogado no solo será más eficaz en la defensa de sus clientes, sino que contribuirá con la obtención de una Justicia más recta y acertada.
Partiendo de estas premisas, es objeto de este post destacar las competencias y habilidades oratorias deben concurrir en un buen abogado litigante:

- Elocuente: Desde una perspectiva general, la oratoria, a través de sus normas y reglas, será para el abogado un auxiliar poderoso para que el Tribunal acepte sus ideas y resuelva la controversia, y ello a través de una eficacia comunicativa que le permitirá transmitir su mensaje con éxito.

- Argumentativo: Igualmente, continuando en la perspectiva general, a través de la oratoria, el abogado logrará disminuir o reducir el valor de los argumentos contrarios.

- Pensamiento estratégico: El abogado, a la hora de preparar sus argumentos y la defensa frente a la refutación de los mismos, desarrollará el pensamiento estratégico, el cual le será muy útil en su ejercicio profesional, incluso cuando no intervenga ante los tribunales.

- Agilidad mental: Al estar continuamente alerta y preparado para rebatir argumentos, impugnaciones o cualquier otra cuestión, la oratoria favorecerá su agilidad mental e intelectual, la cual se mostrará no solo en sala, sino durante la preparación del juicio. La atención centrada es por tanto consustancial al orador.

- Gran comunicador: La oratoria permite al abogado ser un gran comunicador, y ello a través una exposición más clara, directa y natural que facilita y potencia la comunicación necesaria entre el abogado y el Juez. Pero esta facilidad de comunicación no se limita al ámbito forense, sino que lo excede y se desarrolla en otros ámbitos profesionales y personales.

- Capacidad de improvisación: La seguridad que proporciona el dominio de las reglas oratorias, consustancial al dominio de la materia tratada, fomenta la capacidad de improvisación y los reflejos del abogado, lo que le ayudará a reaccionar en situaciones imprevistas que suelen producirse en los actos judiciales con ingenio.

- Seguridad: El dominio de las técnicas oratorias proporciona la seguridad al abogado que le ayudará a superar el miedo y el temor escénico habitual antes y durante sus intervenciones en sala y poder así actuar con el aplomo propio de alguien preparado para convencer a través del uso de la palabra.

- Organizado: La oratoria hace al abogado más organizado, pues aquella requiere de orden, estructura y mucha disciplina a la hora de preparar nuestras intervenciones (informe oral, interrogatorios, etc...) y, cómo no, durante las mismas.

- Conocimiento de otras disciplinas: La oratoria nos permitirá acceder a conocimientos vastos y profundos de otras disciplinas, ya que los abogados tratamos con asuntos que no se limitan al conocimiento de la ciencia jurídica, sino que ésta debe aplicarse a situaciones de la vida real que afectan a todos los órdenes de la existencia humana (psicología, técnicas de comunicación, neurociencia, lenguaje verbal, no verbal, gramática, cultura general, etc...).

- Autoestima: Y como no, una buena preparación oratoria favorecerá la seguridad y confianza del abogado en sí mismo, incrementando con ello su autoestima profesional, muy positiva para disfrutar de los éxitos y afrontar los fracasos.

Lo mejor de todo, es que estas competencias pueden adquirirse, eso sí, con un esfuerzo y trabajo constante.



  

Cicerón gran orador romano


Asonancia u homoioteleuton: idéntica terminación fonemática de frases o miembros de frases contiguos («después de tantas veces acusado, tantas veces desterrado, tantas veces revocado por el pueblo romano», L. Mejía).

      b) Sintaxis.

 Elipsis:

 omisión en el texto de algún contenido que existe en la construcción lógica. En la mayoría de los casos, una visión moderna de la Gramática no la incluiría como figura por responder a casos normalizados de sustitución por el contexto («Tengo dos hijos: uno de cuatro años y otro de tres» -años-).

Braquilogía:

 empleo de una expresión corta, equivalente a otra más amplia o complicada («me creo honrado»).

Zeugma: 

elipsis de algún término que se repite en dos enunciados. A veces, de estar expreso, necesitaría también un cambio gramatical («Su tono era grave y sus gestos -eran- grandilocuentes»).

Dilogía:

 uso de una palabra en dos sentidos diversos dentro de un mismo enunciado (-la muerte- «llegue rogada, pues mi bien previene, / mi vida acabe y mi vivir ordene», Quevedo. Ordenar es aquí tanto «poner en orden» como «mandar»).

Reticencia: 

expresa más significación de la que expresamente se transmite, mediante la suspensión de la secuencia («Fisgona, ruda, necia, altiva, puerca, / falsa, golosa y... basta, musa mía, / ¿cómo apurar tan larga letanía?», Quevedo).

Interrupción: 

la suspensión de la secuencia lógica expresa la perturbación producida por la emoción (« ¡Ay noche, ya no noche! ... tristes días», Moratín).

Hipérbaton:

 cambio en el orden lógico de los elementos funcionales de una oración. Se habla de tmesis cuando se refiere a la separación de una unidad compuesta, mediante la intercalación de otros elementos de la oración, y de anástrofe cuando se trata de palabras inmediatas («Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra» -anástrofe-, «médulas que han gloriosamente ardido -tmesis- de la carrera de la edad cansados» -hipérbaton-, Quevedo).

      c) Semántica.

Epíteto

adjetivo calificativo que, como adjunto al nombre, le añade una cualidad o la subraya sin modificar su extensión ni su comprensión («Tú sólo a Oromedonte / trajiste al hierro agudo de la muerte», Herrera).

Equívoco: 

enfrentamiento de dos significados distintos de un mismo significante («Con dos tragos del que suelo / llamar yo néctar divino, / y a quien otros llaman vino, / porque nos vino del cielo», Baltasar del Alcázar).

Sinonimia o metábole: 

utilización de palabras sinónimas en un mismo contexto («Acude, corre, vuela», fray Luis de León).

Paradiástole o separación: 

sinonimia que se hace notar («Fue constante sin tenacidad, humilde sin bajeza, valiente sin temeridad», Capmany).

Oxímoron: 

enfrentamiento de dos palabras de significado contrario («La música callada, la soledad sonora», fray Luis de León).

Sinécdoque:

 en el plano lingüístico de la contigüidad, traslación de sentido de una palabra que designa el todo por la parte o viceversa («Al fin el pino llegó a puerto»). Metonimia: trastueque de significación, en el plano de la contigüidad, con relación causa efecto («un pincel delicado»).

Metáfora : 

traslación del sentido de una palabra realizada en el plano lingüístico de la sustitución («Nadar sabe mi llama la agua fría», Quevedo). El uso de una metáfora puede generalizarse hasta perder el carácter traslaticio originario (p. ej., pluma estilográfica). A la metáfora, la sinécdoque y la metonimia se les da tradicionalmente el nombre de tropos.

Alegoría: 

mediante una comparación tácita, presenta completo un doble sentido, literal e intelectual («Este mundo es el camino, / para otro que es morada, / sin pesar. / Mas cumple tener buen tino / para andar esta jornada / sin errar», J. Manrique).

Personificación o prosopopeya:

atribución de cualidades de seres inanimados a seres animados (« ¡Párate y óyeme, oh sol!, yo te saludo», Espronceda).

Alusión: 

referencia tácita a una realidad que se supone muy conocida («Vio D. Quijote no lejos del camino una venta, que fue como si viera una estrella que a los portales, si no a los alcázares, de su redención le encaminaba», Cervantes).

Metalepsis: 

referencia a una noción que expresa otra en relación de antecedente o consecuente con ella («Que no mire tu hermosura, quien ha de mirar tu honra», Calderón).

 Paradoja, antilogía o endíadis

reunión de términos sólo literalmente contradictorios («¿Y deja en sus riquezas pobre al dueño?», fray Luis de León).

Perífrasis:

 expresa una idea mediante un rodeo («La aurora con sus dedos de rosa abre las puertas del oriente», Homero).

      d) Relación signo-referente.

Preterición:

 se finge pasar por alto lo que se está diciendo («No quiero llegar a otras menudencias, conviene a saber, de la falta de camisas y no sobra de zapatos», Cervantes).

Permisión:

 ofrece al interlocutor la realización de algo que obviamente no se desea («Segad esa garganta, / siempre sediante de la sangre vuestra», Ercilla).

Ironía:

 expresión en tono de burla de lo contrario de lo que se quiere comunicar («No busques lo moral ni lo decente / Para tus dramas, ni tras ellos sudes; / Que allí todo se pasa y se consiente», Moratín). El sarcasmo es una ironía insultante.

Asteísmo:

 alabanza delicada en forma de vituperio («la gente estaba incomodada de ver que un joven y novel capitán hubiese tenido tan poco respeto a unos generales antiguos y llenos de canas, tomándoles tantos cañones y haciéndoles huir vergonzosamente», Voiture).

Hipérbole:

 exageración en la designación del referente («De sus divinos ojos, / por lágrimas estrellas», Garcilaso).

Litote:

 atenuación del enunciado, mediante su expresión en fórmula indirecta, normalmente negativa («no pocas veces» igual a muchas veces).

Asociación

utilización del plural para un discurso en primera persona de singular.

Comunicación: 

se finge consultar el parecer de los oyentes («Decidme, la hermosura, / la gentil figura y tez / de la cara, / la color y la blancura, cuando viene la vejez / ¿qué se para?», Jorge Manrique).

 Concesión:

 concede previamente algo en contra del propio argumento para reforzarlo («Yo os quiero confesar D. Juan primero / que aquel blanco y carmín de doña Elvira, / no tiene de ella más, si bien se mira, / que el haberla costado su dinero; / pero también que me confieses quiero / que es tanta la verdad de su mentira, / que en vano a competir con ella aspira / belleza igual de rostro verdadero» (L. L. de Argensola).

Interrogación: 

utilización del funcionalismo interrogativo del lenguaje para dar mayor énfasis a una afirmación («¿Qué se hizo el rey D. Juan? / los infantes de Aragón / ¿qué se hicieron?», J. Manrique).

      2) Valor figurativo.

a) Relación sonido-sentido.

Anáfora: 

reiteración de una o varias palabras al comienzo de diversas frases de un periodo («Ya de tu Creación, tal vez alhaja... / Ya, tal vez, la combate y la trabaja... / Ya, tal vez, la reduce a geometría...», M. Hernández).

Epífora o conversión

se trata de la misma figura, cuando se produce al final de diversas frases («Parece que los gitanos nacieron en el mundo para ladrones; nacieron de padres ladrones...», Cervantes).

Complexión:

 reiteración de una o varias palabras al principio y al final de cada frase («Si honestidad deseais, ¿qué cosa más honesta que la virtud...? Si honra, ¿a quién se debe la honra y acatamiento sino a la virtud?», fray Luis de Granada).

Reduplicación:

 repetición de una o varias palabras al comienzo de una frase («Vuelta, vuelta, mi señora, / que una cosa se le olvida», romance).

Anadiplosis o conduplicación: 

repetición de la última palabra de un grupo sintáctico o de un verso, al comienzo del siguiente («Oye no temas, y a mi ninfa dile, / dile que muero», Villegas).

Concatenación

anadiplosis de un grupo de palabras («Vea que el que tiene mucho tiraniza al que tiene poco; que el que tiene poco sirve, aunque no quieras, al que tiene mucho», fray Antonio de Guevara).

Epanadiplosis:

 consiste en comenzar y acabar una frase o miembro de ella, con la misma palabra («El austro proceloso airado suena, / crece su furia y la tormenta crece», Arguijo).

Derivación:

 reunión de palabras derivadas de un mismo radical («Pues mientras vive el vencido, / venciendo está el vencedor», Alarcón).

 Poliptoton:

 reiteración de distintas formas flexivas de un mismo término («Oh niñas, niño amor, niños antojos», Lope de Vega).

 Similicadencia

terminación de diferentes cláusulas en palabras que están en la misma forma de flexión («Te estrujen, te aporreen, te magullen», fray Diego González).

      b) Sintaxis.

Asíndeton, disoución o disolución: 

construcción en la que se prescinde de posibles nexos relacionantes («Muertes, asolamientos, fieros males, / entre tus brazos cierras...», fray Luis de León).

Polisíndeton: 

multiplicación de nexos («Y los dejó, y cayó en despeñadero / el carro y el caballo y caballero», Herrera).

Sujeción: 

refiere y subordina a una proposición generalmente interrogativa otra que es una respuesta, explicación o consecuencia («¿Qué es la vida? Un frenesí», Calderón).

Dialogismo: 

referencia textual de discursos propios o ajenos, o sea, el estilo directo («... que diga: `Yo, señores, soy el gigante Caraculiambro'», Cervantes).

Exclamación: 

intensificación del discurso que traduce tonalmente una pasión (« ¡Oh bien caduco, vano y presuroso! », Garcilaso).

Apóstrofe: 

individualización entre los posibles interlocutores del coloquio («Párate y óyeme, oh sol, yo te saludo», Espronceda).

      c) Semántica.

Expolición

acumulación de frases de carácter sinonímico («Parece que al tiempo que esperabas mayor reposo, te ha sucedido mayor trabajo y es que cuando pensamos tener ya hecha la paz con la fortuna, entonces nos pone una nueva demanda», Guevara).

Comparación:

 realce de una idea, mediante el establecimiento de relaciones de semejanza o desemejanza con otra («Si fuese en nuestro poder / tornar la cara hermosa / corporal / como podemos hacer / el alma tan gloriosa / angelical, / ¡qué diligencia tan viva / tuviéramos toda hora, / y tan presta / en componer la captiva, / dejándonos la señora / descompuesta», J. Manrique).

 Antítesis: 

pone en relación frases de significado contrapuesto («Yo velo cuando tú duermes, yo lloro cuando tú cantas, yo me desmayo de ayuno cuando estás perezoso», Cervantes).

 Anticipación, ocupación o prolepsis:

 se refutan de antemano las objeciones que se pudieran hacer («Dirás que muchas barcas, / con el favor de popa, / saliendo desdichadas, / volvieron venturosas. / No mires los ejemplos / de las que van y tornan; / que a muchas ha perdido / la dicha de las otras», Lope de Vega).

 Corrección: sustitución, por otra, de una palabra, cuya significación, sin embargo, se torna así más exacta («Traidores... más ¿qué digo? Castellanos...», García de la Huerta).

 Gradación o clímax: serie significativa ordenada progresivamente («Acude, corre, vuela, / traspasa la alta sierra, ocupa el llano, / no perdones la espuela, / no des paz a la mano, / menea fulminando el hierro insano», fray Luis de León).

 Sustentación: después de mantener el interés, se cierra el discurso con una salida de tono («Esto oyó un valentón, y dijo: es cierto / cuanto dice voacé, seor soldado, / y quien dijere lo contrario miente. / Y luego incontinente, / caló el chapeo, requirió la espada, / miró al soslayo, fuese... y no hubo nada», Cervantes).

      d) Relación signo-referente.

Descripción

Presentación lingüística que busca lograr una sensación plástica del objeto aludido («Helo, helo por do viene / el infante vengador, / caballero a la jineta / en caballo corredor, / su manto revuelto al brazo, / demudada la color, / y en la su mano derecha / un venablo cortador», romance).

 Enumeración: 


Presentación de manera rápida de una serie de ideas referidas ál mismo objeto («El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu», Cervantes).

Sentencia:

Reflexión profunda presentada de un modo enérgico («Que estoy soñando y quiero / obrar bien, pues no se pierde / el obrar bien aun en sueños», Calderón).

 Epijonema:

Reflexión o exclamación que cierra una descripción o narración («Cuando tan pobre me vi, / los favores merecía / de Hipólita y Laura; hoy día, / rico, me dejan las dos. / ¡Qué juntas andan, ay Dios, / el pesar y la alegría! », Calderón).


    FUENTES BIBLIOGRÁFICA.:


ARISTÓTELES, Retórica, ed. bilingüe A. TOVAR, Madrid 1953;
 M. T. CICERÓN, De Oratore, ed. 
E. COURBANEL, París 1922; 
M. F. QUINTILIANO, Institutionis oratoriae. Libri duodecim, ed. no completa 
I. RODRÍGUEZ y P. SANDIES, Madrid 1942.


Siete claves para hablar bien en público.

1. Gestionar el tiempo. 

¿Cuánto tiempo vamos a estar hablando? 
Esto es lo primero que debemos saber antes de planificar nuestro discurso. Se recomienda terminar antes de la hora pactada, nunca sobrepasarse. Hay que tener claro que lo importante no es contar todo sino contar lo más interesante.

2. Analizar tu auditorio en dos sentidos

 Lo primero: no es lo mismo hablar ante universitarios que ante empresarios. Conocer el perfil de los asistentes a la ponencia varía el enfoque de la alocución y nos ayuda a estar preparados ante posibles preguntas. 
Segundo: conocer el lugar. ¿Hace frío hace, hace calor?, ¿tengo micrófono de mano o hablaré a viva voz?, ¿las sillas de los asistentes son cómodas o incómodas, ¿hay Wifi o no?

3. Hablar con entusiasmo.

 El 80% del éxito de una buena charla es nuestra actitud. Sonreír, subir y bajar el tono, mostrar énfasis, mover las manos... El público recordará lo que el orador les hizo sentir. La memoria está enfocada a las sensaciones. 

4. ¿Qué tengo que llevar? 

El material tiene que ser un complemento. Es bueno poner vídeos y fotos. Las imágenes, al igual que las historias propias y las anécdotas, siempre se recuerdan mejor. 
Nota importante: todos los estudios afirman que a los 15 o 20 minutos el público desconecta. Ahí, por tanto, sería bueno introducir el material audiovisual. 

5. Mensaje directo, al grano. 

Arrancar con el “bueno pues” se considera casi un atentado en la oratoria. A la hora de plantear un discurso, con independencia de la duración, hay tres conceptos: anticipo la idea de mi mensaje, la desarrollo y la recapitulo. El público tiene que entender que hay un beneficio en escucharte. 

6. ¿Moverse o no moverse? 

Es muy importante el movimiento. No hay que estar sentado pero tampoco bailando. Con naturalidad, con dinamismo, sin pasarse y sin extremos. No hay un estilo especifico ni un comunicador ideal. En función del tema, modelo, o público todo cambia. 

7. Preparar y practicar, preparar y practicar.

 A comunicar se aprende comunicando. Y así se gana naturalidad, convicción, credibilidad y confianza.


¿Cómo Controlar la Voz al Hablar en Público?


Lo primero que debes de conocer es que la voz tiene cuatro características principales: el ritmo, el volumen, el tono, y la articulación. Para convencer a tu público es necesario dominar estas 4 características y así aprovechar el máximo potencial comunicativo de la voz.

El Ritmo:

Este bien puede ser moderado, calmado y pasivo, o acelerado y lleno de energía, todo dependerá de tu propósito en la presentación. Si tu objetivo es persuadirlos y convencerlos tendrás que darle una carga de energía y de entusiasmo a tu voz, así ellos también entrarán en la misma “sintonía” contigo.
Recuerda: tu puedes transferir tu estado de ánimo a las otras personas y un fuerte canal para ello es la voz. Ahora bien, como bien lo hemos expuesto en otras ocasiones en las presentaciones el entusiasmo también debe ser prácticado.
Toma un texto y analiza con que grado de fuerza o de entusiasmo lees tales palabras, hazlo de diferentes formas y observa las diferencias.

El Volumen:

Este es el factor que mayormente lo entendemos muy bien, es el nivel de sonido con que hablamos y a su vez estas ondas son esparcidas en el aire, por ello el volumen esta muy relacionado con el tamaño del espacio donde nos corresponda presentar nuestro proyecto o defensa.
 El volumen de tu voz también depende de tu estado de ánimo, si te encuentras nervioso o eres algo tímido/a tu volumen tenderá a disminuir, todo lo contrario si estas enojado o con algún estado ánimico muy alto.

Practica pronunciando alguna vocal continuamente mientras subes y bajas el volumen, pero sin variar el tono. El volumen por lo general es la característica más fácil de controlar.

El Tono:

Este varia entre dos extremos o dos polos opuestos, son lo Agudo y lo Grave, los hombres comunmente tienen una tendencia a una voz grave y las mujeres a una voz aguda, sin embargo ninguno es mejor que el otro, lo importante es el dominio del tono según el momento en que lo necesites, en ciertas ocasiones se requiere de un tono grave y en otro tiempo queda mejor un tono agudo.

Para controlar el tono de la voz es hacer ejercicios tal y como lo hacen los cantantes, se llaman “Escalas Musicales“. Comienza emitiendo un tono grave hasta que progresivamente llegues a emitir tonos más agudos.

La Articulación:

Por último pero no menos importantes tenemos el punto de la articulación, se resume a la correcta pronunciación de las palabras, una forma de mejorar tu pronunciación y darle más agilidad a tu lengua es el uso de los famosos “trabalenguas

IMAGINANDO LO INMAGINABLE
GEMA IMAGINABA
UNA IMAGEN DE SU IMAGINACION

—- • —-

NIÑA ÑOÑA AÑOÑADA
AÑOÑADO NIÑO ÑOÑO

—- • —-

SORULLO QUIERE LO SUYO
LO TUYO ES TUYO
DICE SORULLO
SUELTA LO QUE NO ES TUYO
SORULLO QUIERE LO SUYO

Trata de que todas las palabras se entiendan bien y luego comienza a aumentar la velocidad

También puedes comenzar con diferentes sílabas difíciles como: gra y con las otras vocales, gre, gri gro gru. Tla, tle, tli, tlo, tlu.

No puedo terminar este artículo sin mencionar lo importante de la respiración cuando se habla del control de la voz. Una buena respiración desde el abdomen te dará el aire suficiente para que tu voz se logre dispersar a un volumen, tono y ritmo adecuado.

Una buena respiración siempre inicia en el abdomen y luego en el pecho. Practica realizando respiraciones profundas mientras pones una mano en tu abdomen y otra en tu pecho, siente como primero se llena de aire la parte abdominal y después el pecho.

Nuestro objetivo es que salgas de la casilla de la monotonía y que tu mensaje sea bien recibido por quienes te escuchan, y ahora si podrán escucharte!



Bruselas.

  

BOURSE, SAINT GÉRY, DE BROUCKÈRE. LA PEQUEÑA PARÍS... Y EL ECO DE LOS ORÍGENES.


Hace 150 años Bruselas quiso ser mayor... y se convirtió en la pequeña París. Bélgica acababa de nacer como país y estas calles eran el lugar de cita de cualquier europeo que se preciase de estar a la última. Bruselas había entrado en "la liga" de las grandes ciudades europeas. Y ese "partido" se iba a jugar aquí, en el barrio que tiene como centro las plazas de Bourse y De Brouckère, justo en el lugar que muchos siglos antes había sido el origen de la ciudad. Muchas cosas iban a cambiar para siempre... pero el latido de los orígenes, por alguna extraña razón, iba a durar hasta hoy.. 
Si vienes desde la Grand Place hay un edificio que va a tirar de ti y te va a llevar hasta el corazón de esta historia. Es la Bolsa, un auténtico templo de los nuevos tiempos. Llegas a él por su fachada posterior, así que rodéalo por la derecha para llegar a su imponente fachada principal. 
Eso sí, antes de terminar el recorrido, presta atención. Justo enfrente de este costado derecho por el que vas, te vas a encontrar una pequeña joya: el café más emblemático de Bruselas: Le Cirio. 
Le Cirio.

Le Cirio.

Le Cirio.


Es el típico café europeo, que lleva funcionando desde 1886... y aún sigue en plena forma. Acabamos de empezar... pero tal vez no sea mal lugar para una primera parada... 
Verás que justo a su lado están las ruinas de la ciudad medieval que tuvo que desaparecer para propiciar el nacimiento de la nueva era. Allí están, como si se resistieran a desaparecer... Están en el subsuelo pero se ven desde la calle a través de grandes cristaleras. 
Ya en la fachada principal de la Bolsa comprobarás que el edificio es realmente interesante... aunque hoy en día desproporcionado para los fines para los que fue concebido. Por eso suele albergar grandes exposiciones temporales, e incluso hay quien ha pedido que se convierta en una braserie-museo de la cerveza belga. No es mala idea... un edificio a la altura de esta gran aportación cultural belga... y en un lugar que realmente no desentonaría... 

El centro del centro. 

La fachada de la Bolsa es el centro de este pequeño universo. Hoy es un lugar muy animado. Es el lugar ideal para convocar una manifestación o para celebrar los triunfos deportivos. También es el centro de una animada zona, con ambiente hasta altas horas de la madrugada, sobre todo entre jueves y sábado. 

Bolsa Bruselas

La avenida que tiene delante es muy parisina... Y es que en esos mismos años la vecina ciudad de París estaba viviendo también su gran proceso de transformación y era el auténtico referente en el que inspirarse. 
Fíjate bien en la avenida. La mayor parte de los visitantes lo ignoran, pero esta avenida es la otra gran cicatriz de la ciudad. Es algo más antigua que la que tuviste ocasión de ver junto a la catedral y por eso ha tenido más tiempo para madurar... e incluso para sufrir alguna que otra pequeña crisis de decadencia. 
Fíjate en lo rectilínea que es. Todo lo contrario del panorama de calles apretadas y tortuosas que había aquí justo antes de que naciera. Se construyó en el siglo XIX para dar a Bruselas una gran avenida de prestigio y para agilizar el tráfico de carruajes. Y para ello, como el el caso anterior, se arrasó con toda la edificación antigua en aras del progreso y de la higiene. 
Al igual que la otra "cicatriz", ésta guarda también su pequeño (o gran) secreto. Y es que justo por aquí pasaba el río de Bruselas, el Senne, que serpenteaba a duras penas por el tortuoso centro de la ciudad. 
Los nuevos tiempos aconsejaron tirar por lo sano y, al mismo tiempo que se derribaba el barrio, se construyeron unas canalizaciones para que el río circulara oculto a la vista... y al olfato. 
Por debajo el río y por arriba una espectacular avenida, con sus casas parisinas, sus cafés, sus comercios, sus hoteles, sus cines y sus casinos. Higiene y glamour de un solo golpe. 
Pero al final la solución funcionó sólo a medias. Los túneles no daban abasto cuando había una crecida, y no hubo más remedio que sacar definitivamente el río de la ciudad y realizar una obra aún mayor a las afueras... por donde hoy sigue fluyendo. 
Eso sí, los ingeniosos bruselenses encontraron la forma de aprovechar esos túneles ahora secos y los habilitaron para que por ellos circularan los tranvías. Así pues, si tomas el "metro" en la estación de Bourse, en realidad no estarás tomando el metro sino unas líneas de tranvía normales que hacen su recorrido por el centro aprovechando las antiguas canalizaciones del río. 

Viaje a los orígenes 

Sube a las escalinatas de la Bolsa. Desde tu observatorio verás que justo enfrente salen tres calles, más o menos en abanico. La de la izquierda lleva a la cercana plaza de Saint Géry, que en su día fue una isla en el rio donde nació la ciudad; la que sale justo enfrente de la Bolsa es el santuario de los diseñadores de moda flamencos; y finalmente, la calle de la derecha te lleva hasta la plaza Sainte Catherine, donde se encontraban los muelles del puerto medieval de Bruselas. Vamos hacia allá. 
Toca, pues, abrir un paréntesis y hacer un pequeño viaje a "los orígenes". No queda mucha arquitectura de aquel momento, pero por alguna extraña razón, había algo que resultó mucho más fuerte que el tiempo y que el progreso: el "latido". Y ése sigue allí... para quienes sean capaces de sentirlo.

El latido de Saint Géry

Toma la primera de las tres calles y, tras avanzar por un terreno "minado" de restaurantes, llega al lugar en el que nació Bruselas, en una pequeña isla del río Senne. El edificio de ladrillos rojos que hay en el centro de la plaza ocupa el lugar de aquella primitiva isla y, de alguna manera, la sigue recordando, rodeado de pequeñas calles por sus cuatro costados.
Es un antiguo mercado, hoy convertido en un café y centro de exposiciones y actividades culturales. Estás en el corazón del barrio de Saint Géry. No te dejes engañar, no es un cruce de calles cualquiera... Aquí sigue vivo ese "latido", como si la ciudad tuviese la necesidad de reinventarse cada día. 
Un latido que se manifiesta en lo más insospechado: en sus terrazas en los días de sol, en la "marcha" de la noche, vitalista y al mismo tiempo discreta... ¿o es que acaso alguien había oído hablar de "marcha" en Bruselas?... No dejes de pasarte por esta plaza de noche, sobre todo, en la segunda mitad de la semana. 
Pero el latido también surge en el espíritu creador. Por eso tal vez el santuario de los diseñadores de moda flamencos no podía estar en otro lado... Un aire moderno y un punto alternativo en un barrio aparentemente convencional pero que está repleto de guiños.  
Si subes unos metros hasta la Rue des Chartreux, justo en la esquina, tendrás ocasión de comprobarlo. Podrás ver la tercera escultura "meona" de la ciudad: el Zanneke Pis, un perro vagabundo de bronce, colocado en el lugar aparentemente más absurdo... si no fuera porque estás en Saint Géry...
Alguien debería explicar algún día esa extraña obsesión por las "aguas menores" de los bruselenses. 
Si te interesa la moda y el diseño, en esta calle te encontrarás ya con algunas tiendas, aunque el grueso están en la Avenue D'Ansaert, a la que llegas justo ahora.

Los aires del mar

Una vez que hayas recorrido un poco de la avenida Dansaert, tuerce por la Rue du Vieux Marché aux Grains, porque la historia va a dar un giro. Poco a poco te has ido acercando al antiguo puerto de Bruselas y, también por alguna extraña razón, el ambiente empieza a oler a mar...
Tal vez sean los comercios, el imprescindible caldo de pescado, de pie, en la calle, en Mer du Nord , los restaurantes de marisco, las pescaderías, esa plaza con su iglesia, ese extraño aire de pueblecito italiano... 
Es como si allí, al fondo, a la izquierda de la iglesia, pudieras adivinar los muelles del viejo puerto... Y no es para menos, porque allí mismo estuvieron... durante siglos...
Allí, a la vuelta de la esquina, junto a la Plaza Sainte Catherine, se encontraban los muelles del puerto medieval de Bruselas. Unos muelles que si te fijas, todavía hoy puedes adivinar en ese espacio amplio. Prueba a adivinar el canal en el agua ese pequeño estanque y luego imagina los tinglados del puerto, el incesante ir y venir... Y ya está. Casi puedes oír los ecos... e incluso olerlos... 
Porque la plaza conserva una buena colección de restaurantes especializados en pescado y marisco... que realmente merecen la pena... Tal vez sea un buen momento para sentir el latido mucho más de cerca... y mucho más en el interior...
En diciembre esta plaza es el corazón de uno de los mejores Mercados de Navidad de Europa, con sus cientos de casetas de madera, su pista de hielo, su noria gigante, su vino caliente, su chocolate... sus churros...

Sí, sus churros... y gente... mucha gente...

De Brouckère


Tómate tu tiempo antes de salir de este pequeño universo. A veces cuesta trabajo pensar que estás a apenas unos metros del ruidoso centro de la ciudad. 
Cuando abandones la plaza, hazlo por la parte izquierda de la iglesia. Verás uno de los escasos restos de la primitiva muralla de Bruselas, hoy literalmente empotrada en un edificio contemporáneo. La muralla se alzaba aquí, junto a los muelles, donde terminaba la ciudad. Fue derribada... hace 800 años. 
Después toma la dirección menos atractiva de todas las posibles: ese edificio de vidrio y metal que ves asomar. No temas, que no vas a visitarlo; simplemente es la mejor referencia para llegar a tu siguiente destino: la Place De Brouckère.

Acabas de cerrar el paréntesis que te ha llevado a los orígenes "marineros" de Bruselas, y llegas de nuevo a la Pequeña París. De Brouckere es, junto con Bourse (la plaza de la Bolsa), el corazón de este barrio. Una plaza, nuevamente, de inconfundible aire parisino. 
Si avanzas unos metros por la misma acera del histórico hotel Metropol, poco después del Casino de aires americanos del que es vecino, llegarás al "Passage du Nord", una pequeña galería comercial del siglo XIX, hermana pequeña de las Galeries Saint Hubert.
La galería te deja en la Rue Neuve, la clásica calle peatonal comercial propia de cualquier ciudad europea (en tus manos queda la decisión de recorrerla: comercios, gofres, hamburguesas, un gran almacén, una iglesia y al final de la calle un gran centro comercial, el City 2).
Y cuando termines el paseo (o si prefieres obviarlo), un breve camino en dirección a la Grand Place te va a llevar al Teatre Royal de la Monnaie (el teatro de la Ópera en Bruselas) y al laberinto de calles que ya debes empezar a conocer...
Teatro Nacional de La Monnaie

Cuando llegues a la Grand Place será la última vez. Ya estás preparado para disfrutar del último -y sorprendente- de los recorridos por la parte más antigua de la ciudad. Un recorrido por el Camino de Santiago (sí... vas a recorrer los dos primeros kilómetros del auténtico Camino de Santiago que partía de Bruselas... ¿habías imaginado alguna vez poder hacerlo aquí?).
Y el Camino te va a descubrir otro de los secretos de la ciudad, el popular barrio de Les Marolles, probablemente uno de los barrios con más personalidad de Bruselas Un barrio al que por encima de todo hay que conocer con el corazón, donde quedará para siempre... 




Sal de la Grand Place por la Rue au Beurre. La calle te lleva directamente hasta la fachada posterior de La Bolsa. Rodea el edificio por tu derecha. A mitad del camino encontrarás el Café Le Cirio.
Termina de rodear La Bolsa y sube a sus escalinatas. Luego atraviesa la avenida y entra por la Rue Jules Van Praet hasta la Place Saint Géry. Después continúa avanzando (dejando el antiguo mercado a tu izquierda). En el primer cruce, atraviesa la avenida Van Artevelde y entra por la Rue Saint Christophe.
En el primer cruce (Rue des Chartreux) verás el Zanneke Pis. Toma a la derecha por esta misma Rue des Chartreux hasta la Avenue Dansaert. Gira a la izquierda y sube por esta avenida hasta la primera plaza que te encuentras. Ve a la derecha. Al fondo acabarás viendo la iglesia de Sainte Cathérine.
Rodea la iglesia por tu izquierda (verás la plaza de los antiguos muelles) y luego continua rodeándola hasta los restos de la antigua muralla. Desde aquí la mejor referencia es el edificio con la fachada acristalada de tonos oscuros (no es lo más bonito pero es lo más fácil). Te llevará hasta la Place De Brouckère.
Una vez allí dirígete hacia el edificio con el luminoso de Coca Cola y toma por la calle que sale por la derecha. Justo al inicio de la calle verás las galerías "Passage du Nord". Entra por ellas. Te dejarán en la Rue Neuve, comercial y peatonal. Hacia la izquierda, comercios, grandes almacenes, gofres, hamburguesas, bocadillos y un centro comercial. Hacia la derecha, el teatro nacional de La Monnaie y, continuando, las calles que te llevan de nuevo a la Grand Place.

  


Ha llegado el momento de comenzar a abandonar la Bruselas antigua. Y lo vas a hacer de la manera que seguro menos esperabas: recorriendo los dos primeros kilómetros del Camino de Santiago. Sí... el auténtico Camino de Santiago con sus 1.000 años de historia y -desde aquí-sus más de 2.000 kilómetros. Estás en la Via Bravantica, y te lleva desde la Grand Place hasta la puerta de la muralla donde los peregrinos se reunían y salían da la ciudad.
Éste no va a ser un recorrido propiamente histórico, porque el Camino de Santiago es algo eminentemente vivo. Vas a hacer exactamente la misma ruta que se viene haciendo desde hace más de 1.000 años, aunque no vas a ver lo que vieron aquellos peregrinos medievales (bueno, tal vez algo sí...). A cambio, vas a ver lo que existe hoy en esta ruta milenaria: pura vida.

Camino de Santiago Bruselas

La ruta tiene tres partes: un primer recorrido llano por las calles de la Ciudad Baja, una pequeña subida hacia la Ciudad Alta y un segundo recorrido llano por el sorprendente barrio de Les Marolles hasta la antigua Puerta de Hal donde en la Edad Media acababa la ciudad. Estás en la llamada "Via Bravantica" que viene desde Holanda y, después de Bruselas, continúa por París hasta llegar, mucho después, a Roncesvalles. En Bruselas parte junto al Ayuntamiento, Rue du Marché au Charbon, en el lugar marcado con una concha de peregrino en el suelo, junto a la Casa del Zorro. Tócala con la mano... y echa a andar. Has iniciado el Camino...

... Aunque lo que muchos peregrinos ignoran es que antes de llegar a la esquina tienes la primera "parada": una pequeña puerta que da acceso a al Museo del Cacao y el Chocolate... Una oferta tentadora... aunque tal vez sea mejor recordar el sitio...y venir en otro momento...

Cuando continúes, fíjate en el siguiente cruce. Verás que las calles, además de su nombre "oficial" en una placa azul, tienen otro en una placa blanca que rinde homenaje a los personajes del cómic. Observa que este cruce es Lucky Luke con Dupont et Dupond (en español, Hernández y Fernández, los dos personajes gemelos de las historias de Tintín). Si alguien en Bruselas te propone quedar en Lucky Luke con Hernández y Fernández ya sabrás que es posible que no te esté tomando el pelo...
Esta primera parte del Camino sigue el accidentado trazado de la Rue du Marché au Charbon, un variopinto universo con numerosos comercios de compra venta (libros, discos, colecciones, ropa). También tiene un pequeño tramo con bares de ambiente gay.
Te darás cuenta de que algunas paredes tienen grandes dibujos de cómic, una forma de mostrar con orgullo que estás en la cuna de personajes como Tintin y Milou, Lucky Luke y los Hermanos Dalton, Blake y Mortimer, los Pitufos y el malvado Gargamel... Es un barrio con sabor.
La iglesia Notre-Dame de Bon Secours , situada en la esquina de la rue du Marché au Charbon y la rue du Jardin des Olives , en el centro de la ciudad de Bruselas , es un edificio religioso que data  del siglo xvii . Es una iglesia parroquial católica en la zona cercana al ayuntamiento de Bruselas .


Y así, entre Historias e historias, la calle te lleva hasta la Iglesia de Notre Dame du Bon Secours donde acaba esta primera etapa (fácil, ¿no?...). 
La reconocerás por la concha del peregrino que luce a la izquierda de su puerta. Durante la Edad Media aquí había una capilla junto al Hospital de Santiago, que atendía a los peregrinos en ruta hacia Compostela. Luego, las cosas fueron cambiando, la pequeña capilla acabó por derribarse y se sustituyó por esta otra iglesia, que sin embargo, y como ves, no perdió su vocación compostelana...

Hacia la Ciudad Alta 

A la salida de la Iglesia vas a cambiar radicalmente de dirección y vas a empezar el ascenso hacia la Ciudad Alta, aunque esta vez por un camino distinto al que utilizaste cuando fuiste a la Place Royale.
Apenas llevas unos metros de subida cuando te vas a encontrar con uno de los "mitos" de Bruselas que, aunque en sí mismo no tiene ninguna relación con el Camino de Santiago, curiosamente se encuentra en el mismo. Sí, ha llegado el momento de ver el Manneken Pis.
El Manneken Pis(en neerlandés; ‘hombrecito que orina’) es una estatua de bronce de 65.5 centímetros situada en el centro histórico de Bruselas (Bélgica)1​. Representa a un niño pequeño desnudo orinando dentro del cuenco de la fuente. Fue diseñada por un escultor de Brabante llamado Jérôme Duquesnoy el Viejo y fue colocada en su sitial en 1618 o 1619.​ Junto con el Atomium y la Grand Place es uno de los símbolos de Bruselas y una de sus atracciones turísticas principales, simbolizando el espíritu independiente de sus habitantes.


No te cortes. Di lo que dicen todos los visitantes que llegan hasta aquí: "¡pero qué pequeño es!". Sí, realmente es más pequeño de lo que imaginabas, pero hay que reconocer que gracia no le falta...
Nunca ha estado claro por qué está aquí. Hay historias para todos los gustos, pero lo más probable es que esté aquí simplemente porque sí. Una pequeña fuente que da vida a lo que, en otro caso, sería una triste esquina.
La escultura ha sido robada en alguna que otra ocasión y tiene un vestuario de varios centenares de trajes que se exhiben en el Museo de la Ciudad en la Grande Place. Se le suele vestir de vez en cuando (un letrero junto a su verja te dice cuándo). Así que probablemente tengas ocasión de verlo vestido... Eso sí, vestido y todo sigue "funcionando"...
A su alrededor no dejes de observar los espectaculares gofres de Bruselas y, justo enfrente, el café restaurante Poechenelle, con sus marionetas colgando del techo.
Si te desvías un momento unos pocos metros por la calle de la izquierda (al fondo verás que está la Grand Place) verás la "pared" que rinde homenaje a Tintin (justo a la izquierda, decorando el lugar en el que la calle se ensancha un par de metros). Están, él, el capitán Haddock y su perro Milou bajando las escaleras en una escena de El Caso Tornasol.

De "cicatrices" y otros restos.

Volviendo a tu ruta, ahora toca subir la cuesta, la más empinada de todo el recorrido (...tampoco es para tanto...). Esta calle, poco a poco (porque tampoco hay por qué correr) te va a ir sacando de la parte más antigua de la ciudad.
Justo al final de la cuesta llegas a una avenida. Es la "cicatriz" que pasa por delante de la catedral. ¿Recuerdas? Si la siguieses hacia la izquierda, llegarías a la catedral. Ahora vas a ir en sentido inverso, justo hasta su final.
Habrás visto que hay unas ruinas, curiosamente empotradas entre edificios contemporáneos, justo al lado de esa bolera con cierto sabor "sesentero". Son restos de la primera muralla de la ciudad, hermanos de los que viste junto a los muelles del puerto medieval, aunque ahora en el extremo opuesto de la ciudad. Justo aquí acababa Bruselas al principio de la Edad Media. Pero ya en el siglo XIII esta muralla se quedó pequeña y hubo que construir otra más adelante, que es hacia la que nos dirigimos. 

Entrada al universo popular de Les Marolles.

Ahora mira hacia la derecha (y mira también la foto). ¿Ves la iglesia? (es Nôtre Dame de la Chapelle). Pues bien, la vas a rodear por detrás, por la izquierda, vas a pasar por delante de su puerta principal y vas a acabar en la pequeña explanada que ves a la derecha de la iglesia (sí, ya sé que es más fácil seguir todo recto, pero hay que respetar las reglas del Camino...).
Estás a punto de entrar en el barrio más popular, mestizo, libertario y con más personalidad de Bruselas: Les Marolles.
Un barrio en el que lo importante no son los edificios, sino el ambiente que se respira. Así pues, baja el ritmo de la marcha y déjate empapar por él. Aquí hay que mirar de otro modo.
Y como puerta de entrada, nada mejor que el rincón "urban" de la ciudad. Unas pequeñas pistas de skate con verdadero sabor. Con sus graffitis, su alambrada metálica, sus vistas a las vías del tren, la silueta del rascacielos de Midi... No falta casi nada...
Sube hasta la alambrada metálica. Verás cómo las seis vías de tren que vienen desde la estación de Midi (junto al rascacielos) desaparecen bajo tus pies y entran en la ciudad de forma limpia. Y verás cómo el universo tormentoso y desordenado que tienes delante se convierte en la limpia cicatriz que has estado recorriendo y que tienes a tu espalda.... y que ahora tal vez entiendas un poco mejor.

La Rue Haute.

El Camino de Santiago enfila la recta final para salir de la ciudad. Su última calle en Bruselas, la Rue Haute.
Antes de llegar a ella, justo enfrente de la fachada de la iglesia de Nôtre Dame de la Chapelle te vas a encontrar una de mis tiendas favoritas de Bruselas.

Tienda de Viejo Bruselas

Una auténtica cueva del tesoro. Un compra-venta de artículos antiguos (y viejos) que te anuncia lo que vas a encontrar en el barrio. Así como el vecino barrio del Sablon es el reino de los anticuarios, Les Marolles es el reino de los "viejiarios". 
Todo tipo de objeto viejo que puedas imaginar, desde carteles oxidados de publicidad a sillones de barbero o buzones (de los de la calle), pasando, por supuesto, por máquinas de escribir, teléfonos... Todo deliciosamente amontonado.
Hay varias tiendas de este estilo en el barrio. No dejes de entrar en este universo realmente fascinante.
Hay quienes lamentan -no sin un poco de razón- que en los últimos años el barrio está empezando a perder su personalidad. Lo llaman "sablonización", como si el vecino Sablón estuviese invadiendo el territorio.
Y lo que está ocurriendo es que esta lucha entre lo -digamos- chic y lo -digamos- alternativo está dando lugar a un nuevo territorio (¿el chic-alternativo?) en donde uno ya no sabe qué es de cada uno... ni falta que hace...
Esto lo vas a ver muy claro en el comienzo de la Rue Haute. Recréate en los comercios (muchos de ellos de decoración) donde se está librando la batalla. Recuérdalos bien porque en el otro extremo del barrio vas a ver la contrarréplica.
A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que aquí tienes que dejar los prejuicios a un lado y aprender a mirar con otros ojos. No te vaya a ocurrir como a estos visitantes que, por querer hacer la foto de la iglesia de Nôtre Dame de la Chapelle, no se den cuenta de lo que el barrio les puede ofrecer simplemente con darse la vuelta...
No vas a tardar en llegar a la plaza donde está el ascensor de vidrio y metal que te lleva hasta la zona moderna de la ciudad, a los pies mismo del imponente Palacio de Justicia. 
Éste será, al final del capítulo siguiente, el lugar al que volverás para ser "abducido" por ese ascensor hacia la Bruselas "contemporánea". Ahora, simplemente, contempla el incesante ir y venir de este espacio de "fusión" entre los dos mundos.


Estás a unos pasos del corazón del barrio, la Place du Jeu de Bal, pero ahora no vas a entrar en ella (el Camino no lo hace). La vas a conocer a la vuelta, en el capítulo siguiente. Ahora bien, echa un vistazo al reloj. En la plaza se instala todas las mañanas (pero más el fin de semana) el "mercado de las pulgas" más antiguo de la ciudad. Si va siendo la una, mejor haz un paréntesis y acércate ahora, no vaya a ser que luego sea demasiado tarde... 
Retomando la marcha, vas a pasar justo por delante de uno de los pocos edificios "históricos" del barrio, la casa donde vivió y trabajó uno de los más grandes artistas de la pintura flamenca: Pieter Bruegel "el viejo". A pesar de todas las vicisitudes que ha vivido el barrio, la casa todavía se conserva desde la Edad Media.

Justo antes de llegar a ella, en la acera de enfrente una concha de peregrino incrustada en el suelo te indica que vas por el buen camino.

Los últimos metros del recorrido tal vez tengan menos sabor desde el punto de vista arquitectónico. El afán por sanear diluyó de alguna manera la personalidad el barrio. Pero es aquí donde, a falta de monumentos, empiezas a descubrir mejor a sus habitantes... Por las aceras, en los "cafés", en las tiendas... Porque Les Marolles es -y ha sido siempre- un barrio de fusión de razas y culturas...
El barrio está lleno de detalles a veces íntimos, como unas pequeñas placas doradas que tal vez veas de vez en cuando medio perdidas en el suelo, entre el pavimento. No pases de largo.
Cuando llegues al número 315, mira bien el suelo. Verás una de ellas, junto a la humilde puerta. Unos pocos centímetros cuadrados bastan para relatar la cruda historia de la joven de 27 años que vivía al otro lado de esta puerta: "Aquí vivía Jenta Niechcicki-Goldman, nacida en 1915 en Polonia, arrestada el 1-8-1942, detenida en Malinas, deportada el 11-8-1942 a Auschwitz, asesinada el 13-8-1942".
Hay homenajes tan sumamente simples que son sobrecogedores...
Bien, ya has casi terminado. Unos pocos metros más adelante, puedes ver la espectacular Porte de Hal emerger al final de la calle. Es la única de las puertas de la muralla "nueva" de Bruselas que todavía se conserva. 
La Rue Haute te lleva directo hasta ella. Por aquí salían de la ciudad los peregrinos que iban a Compostela. Encontrarás la última concha del peregrino en el suelo antes de llegar a ella.
Esta muralla "nueva" fue construida en el siglo XIII y, como te contaba al comienzo de esta historia, formaba el "Pentágono" que rodeaba la ciudad. Desapareció a finales del XVIII y principios del XIX pero su espíritu curiosamente continúa hoy vivo ya que su trazado lo ocupan las avenidas que siguen rodeando el centro de la ciudad. Por eso esta puerta está en medio de la avenida...
Aquí estas a punto de finalizar tu "etapa" del Camino de Santiago. Entra en el parque por el pequeño camino que ves a la derecha de la puerta. Dirígete hacia el obelisco de granito que hay unos metros más adelante.
Es un pedazo de Galicia. Fue traído desde allí y conmemora el lugar donde se reunían los peregrinos antes de iniciar la marcha. Una placa en el suelo te da cuenta de ello.
Enfrente del obelisco -y enfrente de ti-, hoy la ciudad, pero hace mil años, el bosque... y un camino de casi 2.000 kilómetros y varios meses de penalidades hasta la Plaza del Obradoiro. Mira hacia adelante... Acabas de recorrer una parte del Camino. Ahora que has comenzado, tal vez algún día te animes a hacer al menos la etapa final... Y ese día, sin duda alguna, recordarás esta piedra... y esta puerta... y esta maravillosa ciudad...
Un paseo con 1.000 años de historia
El recorrido que vas a hacer por el Camino de Santiago comienza en la Grand Place, justo en la calle que hay a la derecha del Ayuntamiento (Rue du Marché au Charbon). Junto a la Casa del Zorro verás una concha de peregrino en el suelo.
Continúa por esta misma calle hasta la iglesia du Bon Sécours. Verás que la calle va serpenteando e incluso atraviesa una calle aún mayor... pero vigila los letreros porque sigue siendo la misma calle.
A la salida de la iglesia toma por la Rue des Grands Carmes, que te va a llevar hacia la Ciudad Alta, primero con una cuesta muy ligera y luego, a partir del Manneken Pis, con una un poco más pronunciada. Sigue la cuesta hasta que llegues al Boulevard de l'Empéreur. Enfrente, junto a la bolera, tienes los restos de la antigua muralla.

La iglesia de Nuestra Señora de la Capilla​ (en francés: Église Notre-Dame de la Chapelle; en neerlandés: Onze-Lieve-Vrouw-ter-Kapellekerk)​ es una iglesia católica situada en el barrio de Marolles / Marollen de Bruselas, Bélgica. Fue fundada en 1134 por Godfrey I de Lovaina, cerca de lo que entonces eran las murallas de la ciudad. La edificación actual data del siglo xiii. Parte del edificio fue dañado por los franceses durante el bombardeo de Bruselas en 1695, en la Guerra de la Gran Alianza. Fue restaurada en 1866 y nuevamente en 1989. Alberga obras de Jérôme Duquesnoy (II) y Lucas Faydherbe. Pieter Bruegel el Viejo fue enterrado en esta iglesia. El monumento funerario erigido en su honor se encuentra todavía en su lugar. Parte de las reliquias de san Bonifacio de Bruselas, el obispo de Lausana, fueron enterradas aquí.

Gira hacia la derecha por el Boulevard hasta la iglesia de Nôtre Dame de la Chapelle. Tienes que ir a la explanada que tiene delante, pero lo vas a hacer "por el camino largo", es decir, rodeando la iglesia por detrás y pasando luego por delante de su fachada principal hasta llegar a las pistas de skate (es el trazado del Camino...).

La puerta de Hal o Halle (porte de Hal o porte de Halle’’ en francés y Hallepoort’’ en neerlandés), construida en 1381, es el último vestigio de la segunda muralla medieval de Bruselas.1​ Antiguamente llevaba el nombre de puerta de Obbrussel (Alto Bruselas, hoy comuna de Saint-Gilles).


Luego, ligera marcha atrás para tomar la Rue Haute, ahora sí, hasta el final. Cuando llegues a la Porte de Hal, entra al parque que tiene a su derecha y dirígete hacia el obelisco.