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Libro de Proverbios, 8 20, de la Biblia. "Yo camino por la senda de la justicia, por los senderos de la equidad."

domingo, 6 de abril de 2014

189.-Juego de Tronos y la Filosofía.-



Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma;; Paula Flores Vargas;  Ricardo Matias Heredia Sanchez; Slamiro Fernandez Acevedo;  Soledad García Nannig


¿Son el honor y la verdad necesarios para conseguir la felicidad, o bien nos impiden llegar a ella?

¿Pueden los huargos y otras criaturas fantásticas revelarnos las verdades sobre nuestra conciencia y nuestra realidad?

¿La profecía nos demuestra que somos meros peones del destino o bien que somos libres de vivir una vida auténtica?

Si las series de televisión son ideales para el análisis filosófico, Juego de tronos lo es por partida doble. En Westeros y más allá del Mar Angosto, el mundo de George R.R. Martin está repleto de docenas de personajes complejos en conflicto con ellos mismos y en lucha con otros, dudando de sí mismos, abocados al riesgo moral, al engaño, a la incertidumbre, a la arrogancia y a la agitación social y política.
Mientras los Siete Reinos están en guerra, más allá del Muro, los horrores del invierno se acercan. Muy lejos, una joven reina lucha con su destino mientras viaja para recuperar su hogar. Todo esto es sabido, pero esta guía perspicaz se basa en las obras de Maquiavelo, Hobbes, Descartes, San Agustín, Platón, Aristóteles y muchos otros grandes filósofos para analizar los personajes y argumentos clave, mientras explora temas como la guerra, el honor, el conocimiento, la moral, la teoría de género y mucho más de una manera tan amena como sorprendente.

Notas

Juego de tronos es un fenómeno mundial como hacía tiempo que no veíamos. La ficción de George R. R. Martin ha atrapado a millones de personas en todo el planeta, batiendo todo tipo de récords. 
¿Qué filosofía hay tras esta saga de libros y serie de aventuras, batallas, conquistas, ambición, muertes, etc.? 
¿Por qué ha triunfado en el mundo entero? 

Uno de los aspectos determinantes de este éxito son sus personajes, perfectamente caracterizados. Conocemos cómo son, cómo piensan y qué filosofía es la que rige sus acciones. Y es ahí donde entramos en la zona de influencia de la ética que, en este mundo en que se narran las aventuras y desventuras de los ciudadanos de Poniente (el continente ficticio donde se desarrolla buena parte de la trama), es bastante frágil, cuando no peligrosa.

¿El triunfo de la maldad?

Tal como explicaba en uno de los capítulos de la primera temporada Petyr Belish (el actor Aidan Gillen, en la serie), “desconfiar de mí es lo más inteligente que habéis hecho desde que os bajasteis del caballo”. Es este un mundo realmente peligroso y despiadado, en el que los sutiles y traidores suelen tener bastante más éxito que los sinceros y frontales. Y esto, en una narración que está llena, plagada, de conflictos, guerras y sangre, la verdad es que da mucho juego. El espectador sufre al ver cómo el héroe, que se encuentra atado de pies y manos por su código de conducta, se las ve y se las desea para salir a flote, máxime cuando observa cómo la maldad es infinitamente más recompensada en la mayoría de las ocasiones. ¿Es el triunfo de la maldad? Lo cierto es que la ética sí existe en el universo creado en la ficción por George R. R. Martin. El gran problema está en que no todos sus habitantes la interpretan de la misma manera o tienen la misma visión de qué es bueno o qué es malo.

El espectador sufre al ver cómo el héroe, atado de pies y manos por su código de conducta, se las ve y se las desea para salir a flote.

Ética deontológica o los deberes morales indestructibles

Por un lado, podemos encontrar personajes como Brienne de Tarth, Sir Barristan Selmy o buena parte de la familia Stark, todos ellos personajes leales, incorruptibles, fieles a sus palabras y sus promesas, consecuentes con unos valores que establecen la integridad como la piedra de toque de su conducta. Huelga decir que en no pocas ocasiones son ellos los personajes más tristes y frustrados de toda la ficción, sabedores de que la rigidez de sus normas choca a menudo con lo que sus intereses y la prudencia más básica recomendarían. Son personajes que sostienen un código deontológico que, a la manera de una lista de mandamientos, ciñen su comportamiento a una norma, justificando la realidad y sus acciones en torno a ella. Una suerte de imperativo categórico que entiende la moral como un conjunto de dogmas universales y cuyo respeto es, en gran medida, lo que determina el grado de honorabilidad del ser humano. Sus valores y su propia capacidad para vivir acorde a los mismos. En este sentido, la serie muestra exponentes de todos los extremos, como el hermético Stannis Baratheon, para quien no hay más Dios que la ley y el deber.

El problema con este tipo de códigos es que, pese a facilitarnos una regla clara y visible que determine nuestros actos, difícilmente pueden adaptarse a todas las situaciones que se nos plantean. No son precisamente flexibles. ¿Servir a un rey psicópata que desea masacrar a miles de inocentes por cumplir un juramento de obediencia? Puede ser una buena excusa…, pero difícilmente podremos determinarlo como una actuación moral.

El fin justifica los medios

Por otro lado, encontramos otros personajes en los libros y la serie que no tienen tantos problemas. Son aquellos que callan cuando les conviene, que traicionan si es necesario y que, principalmente, miran su propio ombligo sin preocuparse de qué efecto tendrán sus acciones en quienes los rodean (“El oro puede guardar un secreto por un tiempo, pero una flecha lo guarda para siempre”). Son -y cualquier seguidor de la serie estará de acuerdo- los que la mayoría odia, pero que al mismo tiempo no podemos dejar de admirar por el realismo de que hacen gala y su fría inteligencia. Y sí, a ellos les suele ir mejor que a los primeros. Juego de tronos es como la vida real: la virtud suele tener más castigo que el vicio.
Meñique, La araña, Cersey… Son todos ellos personajes que parecen preocuparse muy poco por la maldad o bondad de sus actos, sino que se fijan en otro parámetro: si sus objetivos son convenientes. Es lo que se conoce como Teleología, la doctrina filosófica que investiga las causas finales; en este caso, en la bondad o maldad de los resultados de las acciones. Si el fin que logramos con dicha acción es bueno (o lo consideramos como tal), esta está más que justificada. Matar por la espalda, asesinar a inocentes o engañar son actos necesarios, siempre y cuando alcancemos con ellos un bien mayor.

Hay personajes a los que la mayoría odia, pero que al mismo tiempo no podemos dejar de admirar por su realismo y su fría inteligencia

El fallo en este caso está en que prácticamente todo puede ser justificado si apelamos a los fines. Las mayores atrocidades en la historia se han perpetrado para lograr objetivos loables. Y si bien, en la práctica, guiarnos por este tipo de código puede beneficiarnos, es probable que tengamos problemas a la hora de definirnos como personas “morales”.

La filosofía a la hora de construir personalidades

En base a estas dos visiones del mundo es en la que se estructuran casi todas las personalidades de la saga, y es que dota a su universo del encanto que posee: entendemos perfectamente a los personajes. Están bien trabajados, son sólidos y acordes con la realidad. Encontramos en ellos desde el ideal que ansiaríamos ser o conocer hasta la maldad pura y dura tal y como la concebimos. Son, en definitiva, filosóficamente estables y eso dota a su historia de una fuerza tremenda. Y es que, para que una historia sea buena, debe conseguir, indefectiblemente, que comprendamos cómo piensan y por qué actúan sus protagonistas.

Comentario

En febrero de 2018 llegó a Chile el libro Juego de tronos y la filosofía, un texto que analiza cómo se desarrolla esta ficción creada por George R.R. Martin, desde los fundamentos básicos de los mayores pensadores de la historia.
Su mismo nombre lo dice. Llegar al trono de hierro es un juego, claro que solo en términos de la necesidad de una estrategia conjugado con la benevolencia del azar, porque no es para tomarlo a la ligera. “Cuando juegas el juego de trono, ganas o mueres”, dijo Cersei Lannister a Ned Stark. Tenía razón, aquí no hay perdedores, y desde un comienzo resulta fácil intuir que la guerra por el poder es la columna vertebral de esta ficción.

Juego de tronos y la filosofía es uno más de los textos creados por William Irwin y Henry Jacoby, quienes también son responsables de los análisis filosóficos de Star Wars, House M.D, House of Cards y Los Simpson entre otros.

La estructura se replica: la historia en cuestión es diseccionada para aplicar en ella los principales fundamentos filosóficos impartidos hace cientos de años. Desde los cimientos de esta doctrina en Grecia con Platón y Aristóteles, pasando por los pensadores de la época monárquica como Maquiavelo, la corriente ilustrada de la mano de Voltaire y Kant, hasta la filosofía más contemporánea con autores como Simone de Beauvier y Facoult.
La diferencia fundamental entre Juego de tronos y la filosofía, y las otras entregas en base a populares series o películas, es que este análisis se da de forma natural, como si el autor de la saga Canción de hielo y fuego efectivamente hubiese recurrido a la bibliografía de estos pensadores. Tal vez lo hizo inconscientemente.

Y es lo lógico considerando no solo la temática central de los libros y serie, también porque son corrientes de pensamientos que forman parte de la ciencia política universal, aún para quienes no se han dedicado a estudiar el “amor a la sabiduría”, como se traduce “filosofía” del latín.

El capítulo más destacado -y que mejor resume el libro- es el tercero de la primera parte. “Jugar al juego de tronos: algunas lecciones de Maquiavelo” fue escrito por Marcus Schulzke, y tal como su título adelanta, combina los preceptos de Nicolás Maquiavelo (1469-1527) plasmados en El Príncipe, con la guerra por heredar el trono de hierro que domina los Siete Reinos.

Maquiavelo es mucho más que la famosa frase “El fin justifica los medios”, pero esta no condensa su obra cumbre creada en principio para ayudar al monarca a preservar el poder, pero que en realidad era un suerte de guía para quienes quisieran usurparlo.

Según sus planteamientos, existen dos clases de reinos: los hereditarios y los nuevos. Aquellos que son heredados suponen una posición ‘segura’ para los gobernantes ya que solo deben seguir los lineamientos de sus antecesores que fueron capaces de mantener el poder en sus manos. Los nuevos, en tanto, son quienes tienen la tarea difícil ya que no solo ganan enemigos, además enseñan a otros a arrebatar el trono.

En Game of Thrones se ejemplifica con la guerra que comenzó todo: Aerys Targaryen gozaba de una posición firme al ser el heredero de una extensa dinastía de dragones hasta que enloqueció poniendo en peligro a sus súbditos, y su hijo Rhaegar secuestró a Lyanna Stark; acontecimientos que detonaron la rebelión liderada por Robert Baratheon.

El nuevo Rey de la casa Baratheon, junto a su esposa Cersei de la casa Lannister, tuvieron como desafío mantener la paz en Poniente. Con Ned Stark custodiando el norte, y los herederos infantes de los Targaryen en el exilio; fue una misión exitosa. Supieron anteponerse a los enemigos y conformar un círculo de aliados que los protegía. Sin embargo, con el paso de los años, el invierno llegó, los niños Targaryen eran adultos y las máscaras de quienes se creían aliados comenzaron a caer.
Leer Juego de tronos y la filosofía no solo fue un repaso de los sucesos ya acontecidos en Poniente , los cuales adquieren un matiz diferente al conjugarlo con la filosofía elemental; también funciona en el sentido inverso al explicar con hechos conocidos por los seguidores la corriente lógica que llevó a la creación de distintas teorías políticas y sociales.


Es una lectura obligatoria tanto para quienes buscan ver desde otro ángulo la serie que han seguido capítulo a capítulo, como para aquellos que pretenden sumergirse en la filosofía con ayuda de su ficción predilecta.

188.-Juego de tronos y la política.



“El poder reside donde los hombres creen que reside. Ni más ni menos"

La frase de lord Varys, consejero intrigante y araña de redes tan robustas como invisibles, es pura invitación al pensamiento filosófico.
 Los guionistas de HBO hacen muy buena pareja con George R. R. Martin, el creador de la saga literaria ‘Canción de hielo y fuego’. Ambos retratan muy bien la tramoya enorme que se esconde tras la fachada del poder, los equilibrios frágiles y escurridizos sobre los que se sustenta el entramado político de los estados. Unos poderes que golpean con toda su fuerza cuando se despliegan. ‘Juego de tronos’ es, sin duda, una gran serie de televisión. Ha sido premiada, pirateada, idolatrada, cuenta con millones de fans all over the world (frikis o no) pero hay más:
‘Juego de tronos’ es un curso acelerado de filosofía política para dummies. Veamos si hay para tanto.

Repasemos algunos personajes: Petyr Baelish, el Maquiavelo de Poniente, que aspira a todo viniendo de la nada. Es ministro de la moneda además de proxeneta, conspirador, con tics de psicópata y listo como un zorro. Tyrion Lannister, el gnomo epicúreo, es un filósofo descarado y bon vivant, que le coge gusto al poder cuando lo pilla y que frecuenta prostitutas hasta que se enamora de una de ellas en la cúspide de su gloria. Después de caer en desgracia redime toda su infancia traumática matando a su padre, el primer ministro de Poniente, en un lúgubre aseo de la torre de la Mano del Rey. Aplastante. Para terminar tenemos a Eddard Stark, un hombre con un gran sentido de la ética, moral y legalista y, por qué no decirlo, un buenazo un poco ingenuo que, como Sócrates en la Atenas clásica, muere por aferrarse a la verdad. Se acerca el invierno.

LOS ESCENARIOS DE PODER.

En segundo lugar echemos una ojeada a los escenarios del poder. Tenemos un Trono de Hierro de aspecto tan imponente como feo, con un origen tan legendario como falso, una mentira que sustenta el poder, según Petyr Baelish. Un objeto fetichista con una erótica que seduce y maldice a los que se sientan en él. Que se lo digan a Jack Gleeson, el actor que encarnaba a Joffrey Baratheon (un maníaco sexual, sádico como el peor de los emperadores romanos y, con certeza, el rey más odiado del planeta). Dejó la actuación tras finalizar su paso por la serie.
‘Juego de tronos’ es un relato sobre el poder, pero también contra el poder. Un poder que fascinó a muchos filósofos como Platón o Nietzsche, pero que también otros, como Thoreau, rechazaron en nombre de la libertad humana. Recordemos el Muro de piedra y hielo de aires megalómanos donde la Guardia de la Noche parece estar a salvo de intrigas por el poder, aunque no sabemos hasta cuándo. Un muro que separa la civilización y los salvajes: el pueblo libre. Y si bien la trama se sustenta en la lucha fascinante por la corona de los Siete Reinos también encontramos un contrapeso en personajes como Ygritte, la mujer libre.

 "Tú no sabes nada, Jon", atiza la pelirroja salvaje al inocente y taimado Jon Nieve, destinado al poder a su pesar. Los salvajes viven al margen del reino en una sociedad que no conoce jerarquías, más allá de las que impone la naturaleza, y pretenden destruir el Muro, pues se acerca el invierno... y los otros. Así pues, donde hay poder, tarde o temprano, habrá opresión, y donde se genera la opresión aparecerá, tarde o temprano, una resistencia.

Y para terminar recordemos a las mujeres de la serie: bellas, intrigantes, a veces sometidas como esclavas y a veces dominantes, como Cersei. Aspirantes al poder como Daenerys o peones como Sansa Stark. Mujeres que desean, que se mueven entre las sombras y las alianzas de familia, matrimonios pactados y cuerpos que gozan y sufren. Hay velos rasgados, y carne, mucha carne, que trémula centellea entre dos prendas, entre dos bordes. ¿No habíamos hablado de desnudos aún?


Tyrion vs Varys: ¿Donde reside el Liderazgo?





Las conversaciones entre Tyrion y Varys no tienen precio. En el episodio El último de los Starks nos regalaron de nuevo una de esas conversaciones. Es el recuerdo de otra que ya tuvieron, donde Varys le planteaba un acertijo a Tyrion y hoy quiero que tú resuelvas ese acertijo: ¿Donde reside el liderazgo?


Comencemos por el principio, así que te voy a plantear el acertijo que le propuso Varys a Tyrion para que puedas reflexionar sobre él.

En una habitación hay tres hombres de gran importancia: un rey, un sacerdote y un rico. Frente a ellos se encuentra de pie un mercenario, un hombre sin importancia de baja cuna y mente poco aguda. Cada uno de los grandes quiere que mate a los demás.
  • —Mátalos —dice el rey—, porque soy tu legítimo gobernante. 
  • —Mátalos —dice el sacerdote—, te lo ordeno en nombre de los dioses. 
  • —Mátalos —dice el rico—, y todo este oro será tuyo.
Y decidme… ¿quién vive y quién muere?

Tyrion aduce que hay demasiadas respuesta para acertarlas y Varys hace una reflexión muy interesante que te animo a que leas en el segundo libro de Canción de Hielo y Fuego Choque de reyes, pero la conclusión te la dejo aquí.

¿Donde reside el liderazgo?

La respuesta de Varys a Tyrion es que el poder reside donde los hombres creen que reside, donde las personas piensan que está el poder. Si el mercenario piensa que un rey legítimo detenta el poder le hará caso a él, si por el contrario piensa que los 7 son los importantes hará lo que le diga el sacerdote y si piensa que el vil metal es el que dirige el mundo hará caso al rico mercader.
El poder reside donde creemos que reside. Y el liderazgo es parte de ese poder, por eso el liderazgo reside en aquellas personas en las que pensamos que son nuestros líderes.
Cuando en algunas empresas se asigna el rol de líder de proyecto, cuando se declara que alguien es el team leader, ¿qué es lo que están haciendo?

Nada.

El liderazgo, quién es el líder, a quién seguirá el equipo depende de cada uno de los miembros del equipo, porque no seguirán a una persona en la que no creen. Como mucho seguirán órdenes, pero no se dejaran liderar.

En este mismo episodio vemos como Tormund matagigantes ensalza a Jon Nieve por ser capaz de montar en un dragón y atacar a los caminantes blancos, pero nadie se acuerda de Daenerys de la tormenta que domesticó a los dragones y fue la primera en montarse en ellos, además de ser la legítima reina de los 7 reinos (o eso piensan en ese momento) y haber luchado como mínimo con la misma bravura que ellos.
Por eso, el título, el ser rey, reina, khaleesi o khal no nos otorga el liderazgo de nuestro equipo, hay que ganárselo, como han demostrado a la largo de la saga todos aquellos que accedían al poder por primera vez, como cuando Robb Stark tuvo que convencer a Gran Jon Umber de que era el verdadero y único señor del Norte.

El liderazgo se gana no te lo asignan.

Se gana demostrando la valía en la dirección de proyectos, se gana demostrando que tenemos debilidades y nos sobreponemos a ellas, se gana liderando con el ejemplo día tras día. El liderazgo se gana siendo mejor cada día, siendo capaz de estar al frente del proyecto eliminando los impedimentos que puedan surgir, demostrando al equipo que somos su paraguas cuando las cosas vienen mal y un espejo para que brillen el doble cuando las cosas van bien.

Si algo nos demuestra Juego de Tronos es que todos los hombres tienen que servir y todos los hombres tienen que morir, entendiendo por todos los hombres a todo el género humano, todas las personas.

Todos somos personas.

Recuerda donde reside el liderazgo: donde tu equipo piensa que reside.


martes, 1 de abril de 2014

187.-Personajes en los libros y en serie Juego de Tronos.

Yara/ Asha Greyjoy

El cambio fundamental en la mujer más fuerte de las Islas del Hierro está en su nombre. Los lectores de los libros la conocerán como Asha, pero los guionistas quisieron cambiarle el nombre para evitar confusiones con Osha, la salvaje.

Además su aspecto es muy distinto. En los libros se la describe como una mujer esbelta con el pelo corto y oscuro.


Theon Greyjoy

Su hermano, uno de los que más sufre en las últimas temporadas tras ser apresado por Ramsay Bolton, también sufre cambios distintos. En los libros se menciona que su cautiverio provoca que su pelo se decolore, saliendo de él con un aspecto avejentado.


Ramsay Bolton

El personaje más despiadado de la serie tendría un aspecto distinto de respetarse su descripción en los libros. Aunque repugnante, el actor Iwan Rheon interpreta a Ramsay como un joven apuesto, cuando en los libros la descripción que se da de él es la de un tipo con los "labios como gusanos", con la piel descarnada por el acné y heridas de batalla y el pelo largo y descuidado.



Brienne de Tarth


El casting de Gwendoline Christie quizá sea uno de los más acertados para interpretar a Brienne de Tarth. La actriz británica mide más de 1,90, tal y como se describe en los libros al personaje, como una mujer con un estatura superior a la mayoría de hombres. Sin embargo, en los libros Brienne tiene una apariencia más destartalada, con una nariz deformada tras habérsela roto varias veces y los dientes también deformados.


Sandor 'El Perro' Clegane


Otro de los personajes más parecidos a la descripción que se le da en los libros, de no ser porque la parte del rostro que tiene totalmente quemada y deformada sea justo la contraria. Mientras que en la serie 'El Perro' tiene como su perfil 'bueno' el derecho, en el libro es al contrario, donde además se cita que se le llega a ver una parte de la mandíbula.



Daario Naharis


Quizá uno de los personajes que más cambian. En la serie, el personaje (interpretado primero por Ed Skrein, y en la actualidad por Michiel Huisman) se nos muestra como un hombre apuesto, con el pelo largo, pero nada extravagante. En los libros esto se lleva al exceso, al describirlo como un hombre que usa ropajes dorados, lleva el pelo y la barba teñidos de azul y el bigote de color dorado. El pack completo para enamorar a Daenerys Targaryen.


Tyrion Lannister


Peter Dinklage está llevándose todos los aplausos por su interpretación en Juego de Tronos y su capacidad para sacar a los actores con acondroplasia o enanismo de los habituales papeles de turno con los que estábamos acostumbrados a verlos en cine o televisión. Sin embargo, Dinklage se debería someterse a varias horas de maquillaje al día para figurar con el aspecto que dan los libros a su personaje.
Tyrion Lannister sufre una herida importante durante la batalla del Aguasnegras, algo que en la serie se salda con un arañazo permanente, pero que en los libros le supone perder casi toda la nariz. Además, también debería tener un ojo de cada 


jueves, 6 de marzo de 2014

186.-Cersei Lannister: una Ginebra incestuosa o una Galadriel oscura.


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 


"En el sitio del Señor Oscuro instalarás una Reina. ¡Y yo no seré oscura sino hermosa y terrible como la Mañana y la Noche!"
Galadriel


Galadriel

Cersei es un personaje fundamental en Juego de Tronos. Arquetipo  de la madrastra o de la bruja del cuento clásico y a la vez bella como Lucrecia Borgia. Es una buena madre, pero una madre corrompida. O quizás como buena Lannister está por encima del Bien y del Mal. ¿Galadriel oscura o Ginebra incestuosa? No se acaban fácilmente los calificativos que podemos aplicarle. Un personaje sumamente erótico y a la vez temible y detestable. Con Cersei nos pasa como a Menelao en la Ilíada con Helena. En pleno incendio de Troya, el griego busca a su fugada esposa  para matarla. Helena es una mujer cuya belleza ha causado una guerra terrible, en la que han muerto héroes y hombres por doquier. Menelao llega ante ella espada en mano y la encuentra con el vestido rasgado mostrando un pecho desnudo... A pesar de la furia y de la rabia no puede matarla, tal es su belleza. ¿Quién podria matarla? Creo que incluso Edd Stark se siente fascinado por ella, quizás por eso le perdona la vida. Psicoanálisis de todo a cien...

Cersei y Jaime

Está claro que  su personaje debe mucho al de la reina Ginebra, aunque Robert Baratheon dista mucho de ser Arturo como comentaremos más adelante. Ginebra y Lanzarote, los amantes adúlteros de Camelot. Cersei y Jaime: la  bella reina y el mejor caballero. No hace falta decir nada más. Pero es en ella donde se refleja mejor la diferencia entre Martin y Tolkien. En el inglés la mujer es belleza, bondad y virginidad o mal absoluto (la tentación de Galadriel por el anillo de poder). Tolkien era un británico idealista y cristiano. En Martin la mujer es, como el hombre, un animal ávido de ternura, de amor, de sexo; pero, también de poder,  gloria y muerte. Eros y Tanatos. Martin es un americano materialista, hobbesiano y de matices ateos o estoicos (en Juego de Tronos los dioses no se ocupan de los asuntos de los hombres). Queda en Martin una reminiscencia cristiana pues el pecado trae consigo la penitencia ya que Joffrey, el fruto del incesto, es un degenerado y durará poco en el trono.

 Hay en Cersei ecos de Lucrecia Borgia. No de la Lucrecia histórica, una mujer enamoradiza, de perfil bajo en una época fascinante, y cuyo hermano estaba según parece loco por ella, sino la de la Leyenda Negra que los italianos construyeron para destruir la memoria de los papas valencianos. Esa Lucrecia, convertida en una envenenadora, femme fatale avant la lettre, inmortalizada según parece por Bartolommeo Veneto en un supuesto retrato: una mujer hermosa mostrando un pecho descubierto, el pecho donde reside el corazón, como el Helena de Troya ante Menelao, furioso y espada en mano...

185.-Petyr Baelish y Lord Varys: conversaciones filosóficas.


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 

El caos no es un pozo. El caos es una escalera. Muchos de los que intentaron escalarla fallaron, nunca podrán probar de nuevo. La caída les rompió. Y algunos a los que se les dio la oportunidad de escalar, se aferran al terreno, a los dioses o al amor. Solo la escalera es real. La subida es todo lo que hay”
Petyr Baelish




Lord Varys y Baelish frente al Trono de Hierro.

Delicioso, oscuro y escalofríante final del sexto capítulo de la 3ª temporada de Juego de Tronos (HBO). Petyr Baelish y Lord Varys frente al Trono de Hierro dialogando sobre el reino, la verdad y el sentido de la vida. La Araña se acerca al Trono y cuenta la historia oficial de esta "vieja y fea cosa": el Trono de Hierro está forjado con las 1000 espadas de los enemigos de Aegon Targaryen. A lo que Petyr responde: "son solo 200, las he contado". Ahí vemos la primera mentira oculta bajo un velo mítico. Luego Baelish y Varys dialogan sobre el frustrado plan del primero que las artimañas de la Araña han cortocircuitado. 
Aunque un precio en sangre ha sido pagado a costa de la vida de Rose a manos del siempre peligroso y ávido de crueldad Joffrey Baratheon. 


DIÁLOGO ENTRE PETYR Y LORD VARYS (You Tube)


General Mola, el
hombre que 
pudo "reinar"

¿Que sabes del reino, de lo que realmente significa?, le pregunta Baelish a Varys cuando este le justifica que todo, se refiere a haber frustrado los planes de Meñique, lo ha hecho por el Reino, por la llamada razón de estado. Para Baelish la historia del reino es una mentira que se han ido contando los hombres hasta hacerla verdadera. La verdad es hija del poder decía Nietzsche, filósofo de la sospecha. Varys responde que si no fuera por esta mentira nada sostendría al estado (los 7 reinos) y el Caos seria dueño de todo. O sea, en la línia de Hobbes y Nietzsche, se  deja entender que la mentira y el miedo sostienen el poder del estado, como mal menor, ya que la alternativa seria la guerra de todos contra todos; una situación que, como Varys advierte, podría borrarlos a ellos dos del mapa que es justamente lo que está sucediendo con nuestros queridos Stark. Y es en ese delicioso instante, con música ascendente de fondo, cuando cae la máscara de Petyr y se desvela una posibilidad inquietante: la de que todo el conflicto haya sido un montaje del Maquiavelo de Poniente para sembrar la discordia, provocar una gran ola para domeñarla y arrasar con ella todo un mundo antiguo, decadente, y utilizarla como trampolín al poder. Ni que estuvieramos hablando del general Franco en plena Guerra Civil cuando, al enterarse de la muerte del General Mola, hombre fuerte del momento, anunciada como una gran desgracia, dijo fríamente: Ah, bueno pensaba que se nos había hundido el Canarias... Mola murió en accidente de avión, la caída le rompió y Franco fue escogido jefe del ejército y de la zona nacional. Franco, maquiavelo gallego, que hizo creer a muchos que trabajaba para restaurar la legalidad monárquica y acabó en la cúspide del Estado Nuevo y con una mujer, Carmen Polo, que soñó con forjar una nueva realeza. Otra gran lección de la historia si no fuera porque eso ya había sucedido pues es, ni más ni menos, lo que hizo Napoleón Bonaparte, ávido lector, en sus años de juventud en la academia de oficiales, de la obra de Maquiavelo  y que nos ha dejado un manuscrito de El Príncipe comentado por el genial corso. En tiempo de tormentas la espada es más fuerte que la pluma.

184.-Los Dothraki y la horda de los mongoles: inspiraciones y paralelismos.


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 

"Ten el valor de la astucia que frena la cólera y espera el momento propio para desencadenarla”.

"Soy el castigo de Dios, si no hubieses cometido grandes pecados, Dios no habría enviado un castigo como yo sobre ti"

Gengis Kan



La horda y la Khaleesi

Partamos de un hecho: los Lannister son despreciables. Han armado la de Dios es Cristo con un incesto, para después cargarse a un rey borracho al que dominaban sin demasiado esfuerzo. Sí, los Lannister son los malos de la película, pero Benioff y Weiss, showrunners de Juego de Tronos, se están pasando de la raya (o del Muro, según prefieran). En Poniente nadie es un santo y la coalición que se husmea de todos (Stark, Targaryen, Tyrell, Martell y Arryn, Meñique mediante) contra Cersei es una simplificación que –si no hay giro en el guión- se carga el rollo multipolar que era la gracia última del mundo de GRRM. 
Así, a las puertas de una guerra –a grandes rasgos- de los Lannister contra todos, el bando de los leones aparece como la causa perdida. En un ejercicio de abstracción, un campesino del centro de Poniente preferiría en la situación actual seguir aguantando el sistema señorial áspero de los Lannister que tragar con una nueva guerra por culpa de una chiflada hija de un chiflado. Una niña que viene acompañada de miles de orangutanes a caballo y de tres dragones. 
Al lío, ¿qué opciones tiene Daenerys Targaryen de vencer a las tropas de Poniente? Muchas, claro. Muchas aún si su principal activo, los dragones, los cede a Jon Snow para luchar contra la amenaza zombie. Es una teoría que han barajado muchos fans,  que no es en absoluto descabellada. Además, vistos los apuros que vendrán contra los Caminantes Blancos ¿Quién no le dejaría a su sobrino unos simpáticos lagartitos que escupen fuego?
Si el Norte concentra todas sus fuerzas en contener a los Otros, Daenerys cuenta aún con aliados, de facto, como los Tyrell o los Martell. Tiene a Tyrion de su parte, lo que asegura el conocimiento del terreno, con la posterior gestión de los ejércitos. 
Numéricamente, por tanto, la Madre de los Dragones tiene todas las de ganar. Pero ¿si Euron Greyjoy, triunfaría la invasión? ¿Qué referencia nos deja la historia? 
Para nada la ventaja numérica significa algo bueno para los Targaryen. Traer un ejército dothraki a Poniente y mantenerlo es ya un milagro logístico. Como base tenemos referencias del coste diario que suponía mantener el contingente de caballería de Napoleón en Rusia: 6 kilos diarios de heno para cada montura. Extrapolando esto a Poniente, los 100.000 dothrakis precisarían de unas 600 toneladas diarias de heno. En el improbable caso que durante la travesía desde Essos hayan sido bien alimentados, en Poniente ¿cómo se va a proceder a alimentar tamaño ejército sin una logística bien preparada? Como vemos no somos los primeros en plantearnos esta cuestión... (ver enlace).

Otro factor que distorsiona el plan es la propia orografía. Una ojeada a un mapa físico de Poniente revela que los puertos más apropiados para desembarcar los ejércitos están en el este, ya que King’s Landing está ocupado por los Lannister. El pacto de Cersei con Euron no ha supuesto el cortocircuito de las comunicaciones por mar, pero las complica sobremanera. 
Muchas dudas plantea también la infantería pesada de los Inmaculados como tropas de asedio de la capital Lannister, Roca Casterly, rodeada de una zona montañosa. Tanto los dothraki como los Inmaculados se pueden desplegar con efectividad en la llanura, pero la historia es meridianamente clara sobre el desempeño de las unidades de caballería en la conquista de zonas altas. Los contingentes que ha traído Daenerys a Poniente no pueden hacer mucho si no actúan en el llano, y solo la zona del Dominio (de los Tyrell, aliados de Daenerys ahora) parece adecuada.
La inspiración de los dothraki, un pueblo del continente de Essos, surge de las tribus de la estepa asiática y en concreto de los jinetes mongoles y otras hordas de origen túrquico. El vocabulario presenta concomitancias claras (los jefes, khal, relacionado con los khan) y otras algo menos (khalassar se parece fonéticamente a los caravasares turcos). 

Nadie quiere a un dothraki en su jardín y bien se le aconseja a Daenerys que no los pasee mucho, pues son bárbaros y su presencia puede fomentar un alzamiento patriótico de los ponentinos cuando vean sus tierras dominadas por unos salvajes. Los dothrakis tienen varias connotaciones. Si recordamos a uno de los grandes filósofos de la historia (en el sentido de estudioso de la historia), el tunecino Ibn Jaldún, exponía el ciclo entre nómadas y sedentarios. Apuntaba el valor regenerador de los nómadas y la dicotomía histórica ciudad-desierto. 

En fin, Ibn Jaldún nos recordaba que la relajación de costumbres de las civilizaciones urbanas, la existencia de la corrupción en el estado, la degradación de las costumbres, tiene su contrapunto en las colectividades nómadas donde el espíritu grupal y la solidaridad aún es fuerte. Ésta es la fuerza que posee Daenerys: ante la doblez de la gente de Poniente, sus dothrakis solo obedecen a un poder único, pero su lealtad es probada. 




Los dothraki de GRRM están lejos de ser una caballería tan efectiva como los mongoles de Genghis Khan, el pariente histórico de Khal Drogo. Los también llamados tártaros combinaban a la perfección la caballería pesada con la ligera y su principal as en la manga eran los jinetes arqueros. Por muy temibles que sean los dothraki, la implacable fuerza de choque de 100.000 tíos con las cimitarras arakh, su gran activo es la brutalidad numérica en el llano, pero no son un ejército versátil preparado para los distintos escenarios de Poniente, con un relieve mucho más abrupto que el desierto de Essos.

La invasión dothraki parece tener concomitancias claras con la invasión mongola de Europa y este es el meollo donde queríamos llegar. Dos ejércitos de jinetes del este contra unos contingentes de caballeros de una sociedad señorial. El relativismo que aplicamos en Juego de Tronos, sin buenos o malos definidos, tiene también el eco de la herencia del imperio de Genghis Khan: un torrente de devastación que en generaciones posteriores permitió una pax mongólica y la reapertura de líneas comerciales frenadas con el debilitamiento del califato abasí el siglo X. 

Ibn Jaldún (1332-1506)

La historia ficción es un ejercicio apasionante y nos permite hacer conjeturas de qué hubiera pasado si los mongoles hubieran conquistado Europa entera. Conquistaron Rusia de hecho y dejaron una impronta hondísima. Una destrucción sin precedentes y dos siglos de dominación, una factura que explicaría en parte la tardía modernización, por un lado, pero otros destacan el legado y el influjo en la arquitectura y la potenciación de ciudades como Moscú, que creció a partir de entonces.

Las hordas de Mongolia.

La entrada de los mongoles en Europa fue en 1240. Los ejércitos cristianos se enfrentaban por primera vez a ellos sin ninguna referencia (como parece que lo harán los señoríos de Poniente con los dothraki). Los polacos y los húngaros hicieron frente en sendas batallas –Legnica y Mohi– a los tártaros de Batu, nieto de Genghis Khan. En apenas cuatro días, en dos puntos lejanos entre sí, los mongoles aplastaron a los europeos sin piedad. Según las crónicas, ni polacos ni magiares –pueblo con antepasados de la estepa, pero que había abandonado las tácticas asiáticas por el modo de guerra feudal– supieron frenar a los rápidos jinetes mongoles y su furia.

poniente
¿Qué frenó a los mongoles?

Y, si esa es la concomitancia que tiene en mente GRRM ¿qué puede frenar a los dothraki? Pues aunque la explicación tradicional de porque no siguieron avanzando se ha atribuido a la muerte del gran khan Ogodei en Mongolia (¿peligra Daenerys?), y que los contingentes dieron media vuelta para acudir a disputar la sucesión, los científicos han encontrado otra más plausible. Y es la del tiempo. 
En efecto, el invierno de 1242 fue inusualmente frío (como el que pronto se vivirá en Poniente) y húmedo (ver enlace). Ocasionó una drástica disminución del pasto para los caballos e hizo impracticables las vías de comunicación. La propia brutalidad mongol despobló el campo y provocó una hambruna que de rebote dejó a los invasores sin disponibilidad de víveres. La pequeña edad de hielo de la Edad Media estudiada por Bryan Cogman. 
Sin duda, ésta es la principal causa. Lo de Ogodei es una suposición de un monje cristiano que estuvo en la corte mongola muchos años después (Batu Khan no fue más allá de Rusia, es decir, no viajó a Mongolia para luchar por la sucesión). Hay otros factores que se suman al de las severas condiciones climáticas, y es otro factor que emparenta a Europa con Poniente y la resistencia que pueden encontrar los dothraki.

hordas 

Los húngaros pusieron en serios aprietos a los mongoles. Estos ganaron las batallas contra los europeos en las llanuras y estaban a finales de 1241 a una semana de tierras francesas. No obstante, habían sufrido muchas bajas en las luchas en Hungría y cuando metieron la nariz en Austria, su destacamento fue diezmado. En Croacia y los Balcanes, aunque arrasaban las aldeas, se topaban con una orografía áspera y fracasaban en los asedios a los castillos. Los balcánicos emboscaban a los jinetes tártaros y les causaban cuantiosas bajas.
Como Poniente, Europa estaba plagada de castillos y el clima y el terreno no eran para nada propicios. Las montañosas Bohemia y Moravia vieron a las fuerzas de los khanes pasar de largo. Es difícil saber qué hubiera pasado en luchas de los mongoles en Alemania o en las encastilladas Francia e Italia. El balance de la primera invasión mongola fue que las tácticas europeas eran ineficientes, pero según las fuentes, la caballería pesada feudal era quién más daño les hacía. Un nuevo ‘round’, muy interesante, se disputará en Poniente, y ardemos de ganas de ver a Jaime Lannister o Sandor Clegane contra los dothraki.
Cabe decir que las posteriores entradas de los tártaros en Europa acabaron mal. Los reinos se habían preparado y al final de siglo XIII pudieron vengarse de la salvaje invasión de 1240-41. A fin de cuentas, los europeos supieron contrarrestar los temibles jinetes.
El milagro de 1241 fue a costa de muchísima sangre. Primero los rusos y después los demás europeos del este plantaron batalla a los mongoles. Aunque fracasaron en las batallas abiertas, entorpecieron su avance. Sin su valentía y sacrificio, la historia de Europa bien podría haber sido otra. 



Introducción a la historia de Ibn Jaldún

Ibn Jaldún ha sido uno de los escasos pensadores árabes islámicos conocido, estudiado y hasta admirado en la cultura europea contemporánea.

Pedro Martínez Montávez
1 de enero de 1999

Hace justamente setenta años que José Ortega y Gasset “descubrió” a Ibn Jaldún y éste le “reveló un secreto”: el significado de lo histórico. Valga este recordatorio, ahora, como repetida comprobación de un hecho indiscutible: Ibn Jaldún (Túnez, 1332, El Cairo, 1406), ha sido uno de los escasos pensadores árabes islámicos conocido, estudiado y hasta admirado en la cultura europea contemporánea. Resulta harto infrecuente que ésta encuentre y reconozca dimensiones intelectuales y valores humanistas en la inmensa producción escrita árabe clásica. Una de las pocas excepciones es, precisamente, Ibn Jaldún.

Introducción a la historia

Ibn Jaldún

Córdoba: Almuzara, 1376 págs.

Como todo pensador y escritor enciclopédico, Ibn Jaldún ha planteado numerosas y profundas interrogantes. Ahí es nada: ser historiador, filósofo de la historia, político, sociólogo, autobiógrafo y hasta, quizá, pre-antropólogo y pre-politólogo. Todo ello, en la misma pieza y en un solo formato, aparentemente. Su pensamiento y su obra se verán inevitablemente sometidos, por su propia naturaleza y condición, a constantes y periódicas reconsideraciones y relecturas. No es nada raro que pueda ser tenido como una especie de “contemporáneo”. El caso adquiere seguramente especial importancia y significado cuando se trata de un escritor y pensador enciclopédico, revisado y releído en época de primacía de las especializaciones, analizado y valorado nuevamente por expertos profesionales.

En estas pocas páginas me interesa poner de relieve un aspecto muy concreto de esa renovada e interpretación de la figura y la obra de Ibn Jaldún: como se viene produciendo también, desde hace unas cuantas décadas, con la participación en tal tarea de intelectuales y escritores árabes actuales. Se trata, por consiguiente, de una experiencia de revisión desde dentro, y que brinda por ello un doble interés: no ya sólo el general que siempre tienen las nuevas interpretaciones, sino el particular también que caracteriza a las indagaciones interiores.

Existe seguramente un punto de partida, un acicate, claro e influyente: la figura de Ibn Jaldún puede parecer a los árabes ejemplarmente representativa e identificadora sin necesidad de recurrir a distorsiones, forzamientos ni artificios. Quiero decir que pueden percibirlo, natural y llanamente, como una especie de modelo o referencia patrimonial colectiva en numerosas facetas y situaciones, por lo que su atractivo resulta, en principio, lógico y explicable.

Bastan en principio –insisto en ello– el alto rango y la sólida entidad de la personalidad y la obra de Ibn Jaldún para explicarse el gran atractivo y la admiración, hasta el deslumbramiento en algunos casos, que ha ejercido en la cultura árabe. Incluso ha habido quien, inquieto ante lo que consideraba desmesurada obsesión por el personaje, temeroso de que pudiera llegar a producirse una especie de trauma o de síndrome jalduní, ha pedido que se detuviera la desenfrenada carrera de análisis, estudios y relecturas que provocaba. Está fuera de duda, en todo caso, que Ibn Jaldún ha quedado instalado con toda su autoridad y la alcurnia que un gran clásico reclama y merece.

Porque está claro, ante todo, que Ibn Jaldún no fue solamente un excepcional pensador árabe musulmán, sino también un no menos excepcional testimonio interárabe musulmán. Quiero decir que, dentro de tan vasto y diversificado contexto, es un hecho total y no local; pertenece al todo más que a cualesquiera de sus partes. Dentro del específico conjunto árabe musulmán, como en cualquier otro de similar complejidad y magnitud, actúan tanto elementos y factores estrictamente locales, particulares, cuanto “universales”, generales, englobadores. Esta coincidencia no tiene por qué plantearse ni expresarse, inevitablemente, en términos de oposición ni de mutua exclusión o rechazo… Lo que sí resulta evidente es que los segundos cuentan con mayores posibilidades de alzarse en realidad simbólica a partir de su realidad material. Ibn Jaldún puede ser percibido de esa manera porque pertenece a ese segundo grupo.

La peripecia biográfica puede tomarse como simple anécdota o buscarle y encontrarle, por el contrario, otras señales más significativas. Yo opino, sinceramente, que las hay. Este individuo, tunecino por nacimiento, cuenta también con una remota ascendencia familiar de la más vieja solera árabe (de la propia península arábiga, la “cuna”), trasplantada a Al-Ándalus y arraigada durante siglos en esta nueva morada incorporada al llamado “Occidente islámico”; desde allí emigraría al Magreb. Su vida personal se desarrolló también en los diversos escenarios de ese particular universo, aunque fuera con residencias temporales variables y diferentes: Magreb, Mashreq (Oriente), Al-Ándalus. Permítaseme la observación, que tiene también una intención actualizadora: es tanto un mediterráneo occidental cuanto un mediterráneo oriental; nació en el primer subterritorio mediterráneo, murió en el segundo. En todo caso, un mediterráneo entero, aunque lo sea en versión sureña.

Los estudiosos e investigadores occidentales suelen presentar casi unánimemente a Ibn Jaldún como la gran excepción al agotado, definitivamente exhausto y arruinado, panorama intelectual árabe islámico “bajo-medieval”. Tal afirmación cuenta con importantes pruebas y argumentos, aunque se le dé también, posiblemente, un alcance excesivo y demasiado generalizador. Me interesa observar aquí, simplemente, que sus colegas árabes, aun admitiendo buena parte de esa afirmación, no la toman de manera tan tajante y absoluta. Interviene en ello, posiblemente, y al menos en parte, el hecho indudable de que la investigación occidental es más proclive a la puesta en práctica de lo que podría denominarse “comparatismo superpuesto”, o le concede al menos mayor importancia y participación como exigencia metodológica y referencia analizadora y valorativa.

La ambición intelectual y la lucidez de Ibn Jaldún están fuera de toda duda. Su singular valor testimonial, reflejado no siempre directamente en sus escritos, pero sí subyacente a ellos. De este modo, se tiene interés en situarlo en su época, y entender, en buena parte, su obra como reflejo, consecuencia y respuesta a las inquietudes y desafíos que le plantearía. El ejemplo de Ibn Jaldún puede resultar excepcionalmente valioso porque no fue un pensador teórico, un filósofo de la historia alejado de la realidad social, sino también un hombre de acción, habitual practicante de la administración y la gestión política, de la actividad de gobierno revestido alternativamente de la miseria y de la gloria, del harapo y de la púrpura. Vivió en una época convulsa, de muy dura conflictividad interna y enorme amenaza exterior. Y los árabes vuelven a él, ahora, también en un tiempo no menos convulso, conflictivo y amenazador. El lector atento, informado y sensible encuentra reveladores indicios y reflejos de este dramático paralelismo.

Existe, asimismo, el propósito de resituarlo, de ubicarlo en el lugar que ante todo le corresponde; es decir: en el contexto del pensamiento árabo-islámico. Las interpretaciones que se derivan podrán ir encaminándose, por consiguiente, por vías más coherentes, integradas y entramadas. No pocos de los estudiosos anteriores de Ibn Jaldún, demasiado impresionados seguramente por lo excepcional y ambicioso de su obra, contribuyeron para que llegara a considerársele como un caso aislado, único, carente casi por completo de referencias, vínculos, correspondencias y elementos de engarce y de contraste dentro de la propia y genuina tradición intelectual a la que pertenece. No se va en contra de la “universalidad” de su pensamiento, pero sí se pretende que esa dimensión universalizable no se explique sólo a partir del genio individual, sino también de la tradición a la que pertenece.

No se saque de todo lo escrito hasta ahora la conclusión de que la relectura árabe de Ibn Jaldún es igual y uniforme, carente de diferencias, divergencias o matices. Sería una conclusión errónea. Aquí he tratado de señalar solamente las grandes líneas maestras básicas de interpretación y objetivamente coincidentes en parte. Hay que tener en cuenta, asimismo, que los nuevos estudios jalduníes tuvieron un desarrollo especialmente notable y brillante durante las décadas de los setenta y ochenta, para bajar algo en la siguiente, aunque sean todavía abundantes y destacados. Desisto de poner aquí una cargante e interminable retahíla de nombres, de autores magrebíes y mashrequíes.

Dos últimas y breves indicaciones. No faltan tampoco los estudios que denuncian lo que sus autores consideran actitud plagiaria de Ibn Jaldún, aunque tal denuncia tenga que ver en especial con algunos aspectos de su obra menores o complementarios. Interesa mencionar también que, en diversos textos de creación literaria, Ibn Jaldún es tomado como ejemplo de intelectual ya cansado, acomodaticio y claudicante, sometido al dictamen de la dura realidad política, que impone la miseria del pragmatismo sobre la grandeza de la teoría. Textos ensayísticos del poeta, Saadi Yúsuf o teatrales del dramaturgo, Saadallah Wannús son muy representativos de esta otra faceta de la personalidad y de la obra del egregio pensador, reactualizado. Visto también desde lo acuciantemente vital, y no ya desde lo maduradamente reflexivo.



Ibn Jaldun

Ibn Jaldūn: Kurayb b. ‘Uṯmān b. Jaldūn. ?, s. IX – Sevilla, 29 de ḏū-l-ḥiŷŷa 286 H./6.I.900 C. Miembro de la aristocracia árabe sevillana y protagonista de la época de la fitna.

Biografía.

Kurayb b. ‘Uṯmān b. Jaldūn era el miembro más importante de la familia árabe de los Banū Jaldūn, de origen yemení, cuyo protagonismo social, político y económico en la zona sevillana se extiende desde el siglo IX hasta la conquista de la ciudad por los cristianos en 1248. Descendiente de este linaje sevillano, cuyos últimos representantes huyeron de la ciudad antes de su conquista por Fernando III, fue el célebre cronista tunecino Ibn Jaldūn, uno de los autores árabes más importantes del período clásico, quien en su autobiografía, reseña el origen de su linaje, que remonta a Wā’il b. Ḥuŷr, compañero del Profeta.

A finales del siglo IX, los Banū Jaldūn eran, junto a los Banū Ḥaŷŷāŷ, el linaje árabe más prominente de la zona sevillana, protagonizando ambos las revueltas acaecidas durante el agitado período de la fitna contra la autoridad de los emires omeya de Córdoba. El poder de estos linajes se basaba en la posesión de importantes extensiones de tierra, que, en el caso de los Banū Jaldūn, se concentraban en la rica zona del Aljarafe, próxima a la capital hispalense, en torno a la conocida como Torre de Ibn Jaldūn, cercana a la aldea de al-Balāṭ.

La agitación en la zona sevillana se inicia en el año 276/889, cuando, siendo gobernador de la capital Muḥammad, hijo del emir ‘Abd Allāh, se produce la expulsión de varios importantes miembros de la aristocracia árabe. Desde sus bases en el Aljarafe, Kurayb b. Jaldūn inició las primeras acciones, refugiándose luego en Carmona, cuyo gobernador omeya fue expulsado, concitando la alianza de los árabes y los beréberes Barānis, así como de los rebeldes de zonas adyacentes, como Niebla (Huelva) y Sidonia (Cádiz). De esta forma, Kurayb se erigió en cabeza de un movimiento de insurrección antiomeya en toda la región que aglutinaba a árabes y beréberes y cuyo objetivo principal era apoderarse de Sevilla y enfrentarse a la autoridad de los soberanos cordobeses. Al igual que en el caso otros grandes señores enfrentados a la soberanía de los emires omeya, la actuación de Kurayb se basó en el saqueo y la depredación, para lo cual llegó a convocar a los beréberes de Mérida y Medellín, con el fin de que lanzaran sus ataques sobre la cora de Sevilla.

Las tensiones con los linajes locales muladíes propiciaron la toma de control de la ciudad por Kurayb b. Jaldūn. El gobernador Umayya b. ‘Abd al-Gāfir, sucesor de Muḥammad, hijo del emir, culpó a los muladíes de la muerte de su hermano, Ŷaŷd b. ‘Abd al-Gāfir, lo que le llevó a apoyarse en los linajes árabes, a quienes lanzó contra los muladíes, que fueron duramente atacados. Pero el poder que otorgó a los árabes se volvió en contra suya y Umayya murió víctima de su propia venganza. La ciudad estaba en manos de los linajes árabes y el nuevo gobernador enviado por el emir fue un mero instrumento en manos de Kurayb b. Jaldūn e Ibrāhīm b. Ḥaŷŷāŷ, quienes durante casi diez años gobernaron conjuntamente sobre Sevilla y su territorio, hasta que, al final, el poder quedó en manos de los Banū Ḥaŷŷāŷ.

Junto a la depredación y el saqueo, la imposición de tributos era el segundo objetivo de los rebeldes, si bien solo lo lograron algunos de los más significados. Tal fue el caso de los aristócratas sevillanos, cuya autonomía les capacitaba para omitir del envío de la recaudación fiscal a Córdoba. El emir ‘Abd Allāh reaccionó enviando una expedición en el año 282/895 que le permitió retomar el control de la ciudad y capturar como rehén a ‘Abd al-Raḥmān, hijo de Ibrāhīm b. Ḥaŷŷāŷ. Ambos personajes juraron fidelidad al emir y aparentaron regresar a la obediencia de la autoridad cordobesa, pero de inmediato volvieron a repartirse el gobierno de Sevilla y a acaparar la recaudación fiscal. Ante su incapacidad para acabar con ambos, el emir de Córdoba optó por atizar la discordia interna entre los dos linajes mediante una carta escrita por Jālid b. Jaldūn, hermano de Kurayb, que contenía injurias hacia Ibrāhīm b. Ḥaŷŷāŷ. En el transcurso de una cena en casa de Ibrāhīm se desencadenó una disputa por este motivo que finalizó con la muerte de los dos hermanos Banū Jaldūn, cuyas cabezas fueron cortadas y arrojadas al patio de la casa. Según el cronista almeriense al-‘Uḏrī, este episodio acaeció el viernes 29 de ḏū-l-ḥiŷŷa de 286/6 de enero de 900.

Bibliografía

R. P. Dozy, Historia de los musulmanes de España, vol. II, Madrid, Turner, 1983, págs. 187-205 y 236-240


J. Bosch Vilà, La Sevilla islámica, 712-1248, Sevilla, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1988 (2.ª ed.), págs. 54-60 y 64-65

R. Valencia Rodríguez, Sevilla musulmana hasta la caída del califato: contribución a su estudio, Madrid, Universidad Complutense, 1988, págs. 716-718

M. Acién, Entre el feudalismo y el islam. ‘Umar b. Ḥafṣūn en los historiadores, en las fuentes y en la historia, Jaén, Universidad-Servicio de Publicaciones e Intercambio, 1997 (2.ª ed.)

jueves, 13 de febrero de 2014

183.-Frases de "Game of Thrones" que reflejan nuestra realidad.


Introducción. 

En 1996 nació una de las sagas más importantes de los últimos años; A Song of Fire and Ice fue publicada con su primer título A Game of Thrones. El éxito fue lento, pero seguro. Miles de libros vendidos dieron oportunidad a George R. R. Martín de continuar escribiendo acerca de un mundo fantástico en el que, a diferencia de The Lord of the Rings, las similitudes con el hombre real eran más que la lucha entre el bien y el mal. Los libros muestran el lado más oscuro del corazón, la vileza y la maldad que vive tanto en hombres como mujeres. También muestra el honor y el amor, convirtiéndola en una apasionada pero inteligente obra de arte.
Estos libros y la serie de televisión basados en estos libros, nos enseñan más de política y estrategia que la mayoría de las escuelas. Las frases creadas por el autor son verdaderas bombas de sabiduría que más allá de enfrascarte en la historia te hacen reflexionar acerca de la vida, el honor, la familia, la amistad, el amor y claro, el tema principal: el poder.

Frases.

“Valar Morghulis (Todos los hombres deben morir)

Valar Dohaeris (Todos los hombres deben servir)”.

"Los dioses no tienen piedad, es por eso que son dioses".

"Es el apellido el que prevalece. Es lo único que queda. No tu orgullo personal, no tu honor… sino, la familia".

“Te lastimaré por esto. Llegará el día en que te sientas segura y feliz y, de repente, tu felicidad se te volverá cenizas en la boca. Y entonces sabrás que la deuda quedó saldada".

“Sería capaz de quemar el país entero si pudiera proclamarse rey de las cenizas".

"El odio es tan bueno como todo para seguir adelante. Es mejor que la mayoría".

"El dinero puede comprar el silencio de los hombres solo por un tiempo. Un proyectil en el corazón lo compra para siempre".

“El niño lo promete. ¿lo recordará el lobo?” 

"El caos no es un pozo, es una escalera. Muchos que intentan escalarla caen para nunca intentarlo de nuevo. La caída los quiebra. Algunos tienen la oportunidad de subir; se aferran al reino, o a los dioses, o al amor. Solo la escalera es real. El ascenso es lo único que hay".

“Todos los hombres deben morir. Pero nosotras no somos hombres”.

"No es fácil estar borracho todo el tiempo. Si fuera fácil, todos lo harían".

"Hay una bestia en cada hombre que se despierta cuando pones una espada en su mano".

"El hombre que dicta la condena debe blandir la espada".

“No te pido que seas valiente, solo te pido que ocultes tus miedos”.

“Nunca ha existido un esclavo que no escogiera ser esclavo. Puede que la elección fuera entre los grilletes y la muerte, pero la elección estaba siempre allí”.

“Los amigos del verano se derriten como la nieve de verano, pero los amigos del invierno son para siempre”.

“El poder reside donde los hombres creen que está. Es un truco, una sombra en la pared. Y un hombre muy pequeño puede tener una sombra muy grande".

 "¿Qué le decimos al Dios de la muerte?"
“Hoy no”.

"Cuando se juega al Juego de Tronos, solo se puede ganar o morir".

“Casi todos los hombres prefieren negar la verdad antes que enfrentarse a ella”.

“¿De qué sirve llevar corona? Los dioses se burlan de las plegarias de reyes y pastores por igual”. 

“Las lágrimas no son la única arma de las mujeres. La mejor está entre las piernas”.

“Si dejas que se den cuenta de que sus palabras te hacen daño, jamás te librarás de las burlas. Si te ponen un apodo, recógelo y transfórmalo en tu nombre”.

“Nunca olvides qué eres, porque desde luego el mundo no lo va a olvidar. Conviértelo en tu mejor arma, así nunca será tu punto débil. Úsalo como armadura y nadie podrá utilizarlo para herirte”.

“Mi hermano tiene su espada, el rey Robert tiene su maza, y yo tengo mi mente. Pero una mente necesita de los libros igual que una espada de una piedra de amolar, para conservar el filo”.


“Lannisters, Baratheon, Stark, Tyrell, todos son los rayos de una rueda que gira constantemente. A veces uno está arriba y luego lo está otro. No voy a detener la rueda, Voy a romper esa rueda”.

“Los hijos son otro tipo de batalla. Una batalla sin estandartes ni cuernos de guerra, pero no menos violenta”.

“Si le cortas la lengua a un hombre, no demuestras que estuviera mintiendo: demuestras que no quieres que el mundo oiga lo que pueda decir”.

“Nunca temas a la oscuridad Bran. Los árboles más fuertes crecen en los lugares más oscuros. La oscuridad será tu capa, tu escudo, tu leche materna. La oscuridad te hará fuerte”.