Bibliotecas y mi colección de libros

Lema

Libro de Proverbios, 8 20, de la Biblia. "Yo camino por la senda de la justicia, por los senderos de la equidad."

viernes, 29 de julio de 2016

310.-Ex libris de don quijote de la mancha I a


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 



Exlibris​ o ex libris​ (locución latina que significa, literalmente, «de entre los libros») es una marca de propiedad que normalmente consiste en una estampa (grabado), una etiqueta o un sello que suele colocarse en el reverso de la cubierta o tapa de un libro o en su primera hoja en blanco (por ejemplo, en la página del título), y que contiene el nombre del dueño del ejemplar o de la biblioteca propietaria. El nombre del poseedor va precedido usualmente de la expresión latina ex libris (o también, frecuentemente, ex bibliotheca o e-libris), aunque se pueden encontrar variantes (por ejemplo, «soy de...» o similares).


Características

Además de la leyenda que acredita la pertenencia del libro a una biblioteca personal o institucional, por lo general el exlibris exhibe también alguna imagen. Los ejemplos más antiguos emplean escudos heráldicos; predominan también imágenes de contenido alegórico o simbólico (muchas veces acompañadas de algún lema). La tipología de las imágenes se ha ido diversificando mucho: abundan por ejemplo las relacionadas con la profesión, actividad, gremio o afición del dueño del libro, también se encuentran muchos de contenido erótico (que habitualmente señala la pertenencia del ejemplar a una colección especializada en esa temática), de tema "macabro" (con esqueletos o calaveras alusivos al paso del tiempo y a la muerte), monogramas, etcétera. Son frecuentes también los motivos relacionados con el mundo del libro y las bibliotecas.

Técnicas

En cuanto a la elaboración de los exlibris, las técnicas empleadas han ido evolucionando y son muy variadas: antes de la invención de la imprenta, los exlibris consistían únicamente en una anotación manuscrita; desde el siglo xv, se han venido usando las diversas técnicas de grabado o estampación relacionadas con las artes del libro (xilografía, calcografía y otras) y después también la litografía, la serigrafía, el fotograbado y otras). A estos procedimientos tradicionales se añadieron posteriormente el diseño y la impresión por computadora o la reproducción fotográfica. También se emplean sellos de caucho o en seco, que producen una estampación en relieve.

Una variante es la conocida como supralibros, en la cual la marca escrita de propiedad y la imagen (usualmente heráldica) figuran en la encuadernación del ejemplar (estampados por gofrado sobre la encuadernación en piel, bordados sobre una encuadernación en tela).


EX LIBRIS DEL QUIJOTE: LAS PUERTAS DE LA LOCURA


El Quijote resulta inagotable hasta tal punto que aún hoy podemos seguir hurgando en sus detalles con la esperanza, aunque sólo sea una esperanza, de poder aportar algo aceptablemente poco dicho sobre el tema. Esa intención me llevó a preguntarme por las puertas y las ventanas y su función en esa novela. Lo que me condujo posteriormente a este otro artículo, en que me fijo en las puertas y las ventanas en los ex libris del Quijote, y en su relación con la locura, o visión particular del mundo, de don Quijote.

“… y por la puerta falsa salió al campo, con grandísimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había dado principio a su buen deseo”. (Vol. I, Cap. 2). El que sale es don Quijote, y esta puerta falsa de un corral es la primera referencia a una puerta que se da en toda la novela. Aparece en el Capítulo 2 de la primera parte y la atraviesa un aspirante a caballero de aspecto grotesco, en cuya primera salida se conjuga el intento de materializar un ideal, y la presencia innegable de la realidad más tocante a lo terreno. Desde este momento, se dará todo el tiempo una contraposición entre lo que tendría que ser, si realmente don Quijote fuera un caballero como los de los libros de caballerías y su entorno respondiera a ese modelo, y lo que resulta ser. 
Don Quijote de la Mancha​ es una novela escrita por el español Miguel de Cervantes Saavedra. Publicada su primera parte con el título de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha a comienzos de 1605, es la obra más destacada de la literatura española y una de las principales de la literatura universal, además de ser la más leída después de la Biblia.​ En 1615 apareció su continuación con el título de Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha. El Quijote de 1605 se publicó dividido en cuatro partes; pero al aparecer el Quijote de 1615 en calidad de Segunda parte de la obra, quedó revocada de hecho la partición en cuatro secciones del volumen publicado diez años antes por Cervantes.


Es la primera obra genuinamente desmitificadora de la tradición caballeresca y cortés por su tratamiento burlesco. Representa la primera novela moderna y la primera novela polifónica; como tal, ejerció un enorme influjo en toda la narrativa europea. Por considerarse «el mejor trabajo literario jamás escrito», encabezó la lista de las mejores obras literarias de la historia, que se estableció con las votaciones de cien grandes escritores de 54 nacionalidades a petición del Club Noruego del Libro y Bokklubben World Library en 2002; así, fue la única excepción en el estricto orden alfabético que se había dispuesto.


Alonso Quijano es el nombre del hidalgo don Quijote, protagonista de la novela Don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes Saavedra, que ya al inicio de la obra explica que Alonso Quijano «quiso ponerse nombre a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar don Quijote. [...] Quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de su patria y llamarse "don Quijote de la Mancha", con que a su parecer declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba».


Otros nombres o apodos de Alonso Quijano que van apareciendo a lo largo de la narración son: el Caballero de la Triste Figura, que le pone su propio escudero Sancho Panza, o el Caballero de los Leones, con el que se autotitula don Quijote tras su hazaña con los leones (segunda parte, capítulo XVII). Finalmente, en su pueblo se le concede el apellido de Alonso Quijano, el Bueno.


El apodo de Caballero de la Triste Figura se lo puso Sancho después de «mirarlo un rato a la luz de aquella hacha que lleva aquel malandante, y verdaderamente tiene vuestra merced la más mala figura, de poco acá, que jamás he visto; y débelo de haber causado, o ya el cansancio de este combate, o ya la falta de las muelas y dientes» (primera parte, capítulo XIX).
Personalidad

Su perfil psíquico, más que el de un loco, es el de un visionario que, pese a sus alucinaciones, tiene momentos de lucidez mental en los que dice cosas muy sensatas. En el fondo, su relativa locura no es mucho mayor que la del resto de personajes que pasan por personas normales. Además, posee una gran imaginación, con la cual modificará la realidad a su antojo para poder realizar su sueño de ser un gran caballero andante.
Los personajes de la obra conllevan la unión de los contrarios, lo que los hace vacilar al fluctuar entre una característica de su personalidad y su opuesta. Esta oposición provoca una tensión dramática en sus conciencias. Dicho rasgo se manifiesta principalmente en el héroe, que es loco —en cuanto a su falta de adecuación entre la realidad y la ficción caballeresca— y cuerdo, cuando no se trata de caballerías. Por otra parte, su misma locura lo lleva a desarrollar una grandeza idealista. Es, además, necio y, al mismo tiempo, sabio.
Alonso Quijano murió, pero don Quijote continúa vivo; ahora mismo está en algún lugar, disfrazado de hombre de nuestro siglo, confundiendo tal vez el reflejo de un tubo de neón con el plateado resplandor de un prodigioso cometa... Si le encontráis, por favor, no os burléis de él... 
Cervantes en Yucatán
































La ejemplaridad de Miguel de Cervantes.

El 29 de septiembre de 2022 se cumplen 475 años desde el nacimiento, en Alcalá de Henares, de Miguel de Cervantes. Bautizado en la iglesia parroquial de Santa María la Mayor el 9 de octubre, se supone que debió de nacer el día de San Miguel.
Casi cinco siglos después, y tras muchas luces –pero también algunas sombras– en la transmisión, recepción e interpretación de su obra, Cervantes está más vivo que nunca en este siglo XXI que tanto necesita su ejemplaridad y sus valores.

La obra de Cervantes nos ayuda a afrontar los conflictos de hoy.

¿Cómo es posible que una obra escrita en un contexto histórico tan diferente al nuestro pueda arrojar tanta luz sobre el presente? 
¿Es posible que su imagen de lo humano nos pueda ayudar a afrontar conflictos de hoy?

Cervantes trasciende la circunstancia vital que refleja su obra para llegar a la raíz misma de la condición humana. Se adelanta a su tiempo (y al nuestro), como dijera Harold Bloom en su libro ¿Dónde se encuentra la sabiduría? Se anticipa tanto en su concepción de la libertad, por la que cree que se puede dar la vida, como en su visión radical de la igualdad: ningún ser humano “es más que otro si no hace más que otro”. También se anticipa en su visión de la fraternidad y la solidaridad.

Siempre me han impresionado las palabras de Fiódor Dostoyevski (Diario de un escritor, 1876) al referirse al Quijote:

“En todo el mundo no hay obra de ficción más profunda y fuerte que ésa. Hasta ahora representa la suprema y máxima expresión del pensamiento humano, la más amarga ironía que pueda formular el hombre”.

Dostoyevski concluye reconociendo que en la obra de Cervantes se encuentran las claves del sentido de lo humano.

Ejemplaridad e imagen de vida

Como afirma Javier Gomá, nuestro autor es ejemplo e ideal de vida:

“El nuevo ideal es Cervantes. Si el Quijote fue el libro de la conciencia moderna, la perdurable imagen de su autor está llamada a valer de gran mito posmoderno. España sería mejor, más cívica, más urbana, más humana, si se asemejase más a Cervantes, si imitara más su ejemplo, si fuera más cervantina. Y el resto del mundo también”.

Idealidad (sin perder el contacto con la tierra), amabilidad y benevolencia, así como ironía y sentido del humor caracterizan el núcleo de la obra cervantina. Desde su admiración por Aristóteles busca siempre el equilibrio, la mesura y los grandes ideales de verdad, bondad y belleza.

Hacer frente a las adversidades: cada cual se fabrica su destino

Miguel de Cervantes no tuvo una vida fácil. Nació en Alcalá de Henares en 1547, donde se encuentra una de las más importantes universidades de su tiempo. Pero, incluso teniendo verdadera pasión por el saber y la lectura, no pudo estudiar en la Universidad por los problemas económicos de su familia. A pesar de ello, su obra refleja una cantidad y calidad de lecturas verdaderamente excepcionales. Por ello no nos extraña que una de sus frases más conocidas y profundas sea: 
“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”).
Cuando inicia su curso como poeta y se publican sus primeros versos por López de Hoyos, tiene que abandonar su país (no se puede asegurar del todo por qué) y se dirige a Italia, donde decide hacerse soldado. Sin haber cumplido aún los 24 años, en la batalla de Lepanto, queda gravemente herido y sin movilidad en su mano izquierda. A pesar de ello sigue librando batallas por un Imperio y un rey que nunca supieron agradecer adecuadamente sus servicios.

Cuando decide regresar para dedicarse a su pasión, la escritura, es apresado por piratas frente a las costas de Cataluña y vive una amarga experiencia de cautiverio en Argel. Pero tampoco queda atrapado en su mala fortuna. Cuando recuerda la experiencia aprendió a tener paciencia en las adversidades. Sigue luchando porque cree que cada cual debe forjar su vida. Así hará decir a Cipión en la Numancia:
 “Cada cual se fabrica su destino;/ no tiene aquí fortuna alguna parte; / la pereza fortuna baja cría,/ la diligencia, imperio y monarquía”.
Tampoco tuvo suerte en la “República de las letras”. Hizo grandes aportaciones al teatro, pero quedaron eclipsadas por su contemporáneo Lope de Vega. Publicó su primera obra, La Galatea con casi cuarenta años, en 1585, y tardó otros veinte años en publicar la segunda, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605). Aunque le dio cierta popularidad e hizo posible que fuera publicando otras obras (Novelas ejemplares, Viaje del Parnaso, Ocho comedias y ocho entremeses), el Quijote no le solucionó su precaria situación económica, que tuvo que afrontar como recaudador de impuestos y que le llevó varias veces injustamente a la cárcel, como cuando quebró su banquero, Simón Freire.
Para colmo, sus enemigos quisieron empañar el éxito del Quijote, y cuando estaba a punto de finalizar la segunda parte, se adelantaron con el Quijote apócrifo firmado con el falso nombre de Avellaneda. No pudo ver impresa la obra que creía mejor entre las suyas: Los trabajos de Persiles y Sigismunda, que vería la luz tras su muerte.

Un proyecto vital lleno de valores.

Nada de todo ello desvió a Cervantes de su proyecto vital y literario. Siguió avanzando, abriendo caminos y se convirtió no solo en el creador de la novela moderna, sino en quien la llevó a su más alta cima, nunca igualada en los varios siglos de literatura posterior. Se suele afirmar que todos los recursos de la novela posterior a Cervantes aparecen de algún modo en el Quijote.
Pero lo más hermoso, lo más asombroso, es que Cervantes mantuvo siempre una imagen y unos valores de existencia extraordinarios, basados en la libertad, la responsabilidad, la humildad y el perdón, el imperativo de no hacer daño a los demás, de corregir las injusticias, lo torcido (“enderezar tuertos”), denunciar la corrupción y ayudar a quienes más lo necesitan (especialmente, mujeres y niños).
Su propia vida ofreció abundantes ejemplos de todo ello: fue siempre profundamente agradecido y nada envidioso; respetuoso con las mujeres y responsable al dar su nombre a la hija que tuvo con una mujer casada, antes de su matrimonio; generoso, cuando decide que con el dinero de su rescate liberen antes a su hermano, permaneciendo él en el cautiverio…
El centro de la obra de Cervantes es el amor: a la vida, a los demás (con una importancia especial para esa forma peculiar del amor que es la amistad), a la naturaleza, a la literatura y al arte.
Hasta tres días antes de su muerte, el 22 de abril de 1616, afirmó su voluntad de vivir y aceptó con dignidad su final, despidiéndose alegre de sus amigos. Sin duda si leyéramos a Cervantes y nos dejáramos impregnar por sus valores, este mundo sería mejor. Es la forma más adecuada de celebrar que hace 475 años nació un extraordinario ser humano que con su palabra cambió el mundo.

28  Septiembre  2022 
Manuel Angel Vázquez Medel
Catedrático de Literatura Española (Literatura y Comunicación), Universidad de Sevilla

 






El conde de Lemos: el mecenas del Siglo de Oro.

PEDRO GARCÍA LUACES
23/10/2017 


En el prólogo de su última obra, Los trabajos de Persiles y Segismunda, Miguel de Cervantes expresaba su gratitud hacia un conocido noble de su tiempo que le había protegido:
 “Ayer me dieron la extremaunción y hoy escribo esta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir. Y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a Vuestra Excelencia, bueno en España, que me volviera a dar la vida. Pero si está decretado que la haya de perder, cúmplase la voluntad de los cielos y, por lo menos, sepa Vuestra Excelencia este mi deseo, y sepa que tuvo en mí un tan aficionado criado de servirle que quiso pasar aún más allá de la muerte mostrando su intención”.
Aquel noble a quien Cervantes elogiaba en el colofón de su vida, sin nada ya que ganar o que perder, era don Pedro Fernández de Castro, VII conde de Lemos y benefactor suyo, así como de otras plumas del Siglo de Oro, época por la que transitó como uno de los más importantes mecenas.
Pedro Fernández de Castro fue el primogénito de Fernando Ruiz de Castro y Catalina de Zúñiga y Sandoval, que era hermana del duque de Lerma, el valido del rey. Don Pedro fue, por tanto, sobrino y protegido del duque, y desde noviembre de 1598 también su yerno, al casarse con la hija de este, su prima hermana Catalina de la Cerda y Sandoval.
Gracias a la mediación de su tío, Pedro pudo establecerse en la corte y hacerse un hueco en la vida palaciega, de la que fue un gran animador debido a su labor de mecenas y patrocinador de funciones artísticas.
En el siglo XVII, la nobleza iba tomando conciencia del valor de la cultura a la hora de dotar de renombre e influencia a su linaje.
En 1599, la corte al completo se trasladó a Valencia para recibir a doña Margarita de Austria, esposa de Felipe III, y Pedro tuvo ocasión de comprobar la importancia de la ostentación y la espectacularidad en la vida política.
Los festejos se sucedieron durante meses, congregando a un gran número de artistas que quisieron conmemorar la ocasión con sus mejores versos, pinturas y comedias. Los nobles competían por sufragar los más vistosos espectáculos: torneos, bailes, banquetes, dramatizaciones teatrales, batallas navales...
Muchas familias invertían sumas extraordinarias en aquellas fiestas sin obtener compensación, pero Pedro, que participaba de la mano de su influyente tío, iba a recibir los frutos de aquel teatro cortesano en forma de los cargos y prebendas que se sucedieron a lo largo de su vida: presidente del Consejo de Indias, virrey de Nápoles y presidente del Consejo de Italia.

Mecenas y virrey

Si el siglo XVI se caracterizó por una relación discontinua entre artistas y patronos, el siglo XVII albergaría relaciones mucho más estables, dado que la nobleza iba tomando conciencia del valor de la cultura a la hora de dotar de renombre e influencia a su linaje.
La consolidación de la monarquía y la creciente complejidad de la burocracia estatal colocaron a la nobleza en una situación de fuerte rivalidad para ganarse el favor del monarca y mejorar su estatus.
Presas de una mentalidad muy jerarquizada y elitista, el afán de distinción por encima de otras familias llevó a muchos nobles a competir también en ostentación y aficiones artísticas.
Además, no se trataba solo de acaparar las mejores obras o proteger a los mejores poetas; el sentido político del mecenazgo descubrirá también, como apunta la historiadora Isabel Enciso, “el potencial del control de la cultura”.

La gran mayoría de artistas aceptó el reconocimiento y ascenso social a cambio de estar a la sombra de un gran mecenas y colaborar en la propaganda de su figura.
Muchos artistas asumieron la función utilitaria de su trabajo, y, aunque algunos quisieron preservar su independencia a toda costa, la gran mayoría aceptó el trato: reconocimiento y ascenso social a cambio de estar a la sombra de un gran mecenas y colaborar en la propaganda de su figura.
La mayoría de los autores de prestigio del siglo XVII escribían bajo el patrocinio de nobles influyentes. Guillén de Castro tuvo como benefactor al conde de Benavente, Quevedo al duque de Osuna y Lope de Vega al duque de Sessa. Pedro Fernández de Castro patrocinó a muchos de ellos, y también a otros, como los hermanos Argensola, Luis de Góngora o Miguel de Cervantes, si bien su relación no fue la misma con todos.
Lope de Vega, que fue su secretario personal, le tenía por poco generoso, como demuestra la carta de respuesta al duque de Sessa cuando este le envió una suma de dinero que le había ganado al conde de Lemos en un juego de naipes: 
“Le juro a V. E. que es el primer dinero que me ha tocado suyo desde que le conozco”.

Cervantes, en cambio, confesará su dependencia del conde en la segunda parte del Quijote:

 “En Nápoles tengo al grande conde de Lemos que, sin tantos titulillos de colegios ni rectorías, me sustenta, me ampara y hace más merced que la que yo acierto a desear”. 
La frase sugiere que el escritor recibía algún tipo de pensión más o menos estable.

El conde de Lemos era un hombre culto y con inquietudes artísticas que había tenido como preceptor en sus años iniciales de aprendizaje al poeta Juan de Arce y Solórzano. Se cree que después estudió en la Universidad de Salamanca, de la que, según uno de sus biógrafos, el marqués de Rafal, llegó a ser rector, aunque no hay evidencias de que pasara por allí.
Su inclinación hacia las letras no se reducía a su labor como mecenas; él mismo cultivó la poesía, el teatro y la crítica literaria. El marqués de Rafal cuenta cómo Quevedo le llevó una obra recién terminada, El fresno en marzo, para conocer su opinión como crítico. También como tratadista político escribió una obra reivindicativa en verso, El búho gallego, en la que reclamaba para Galicia la recuperación de su derecho histórico al voto en las Cortes de Castilla.
Se dice que su biblioteca contaba con más de dos mil volúmenes y en sus palacios había colgados cuadros de Leonardo, Rafael, Miguel Ángel, El Bosco o Durero.
Su obra no pasaría de ser anecdótica y de escaso peso en comparación con la de los artistas a los que favoreció, pero aquella pulsión artística era una parte indisociable de su personalidad y de su vida, que oscilaba entre la responsabilidad política y el diletantismo.
Se dice que su biblioteca contaba con más de dos mil volúmenes, una cantidad extraordinaria para la época, y en sus palacios había colgados cuadros de Leonardo, Rafael, Miguel Ángel, El Bosco o Durero.
Además, se interesó por la obra de Rubens y Caravaggio, pintores a los que trató y protegió. También al célebre astrónomo Galileo Galilei, por el que intercedió en la corte y a quien quiso traer a España.
Durante su etapa como virrey de Nápoles, propició las funciones musicales en las iglesias y auspició el trabajo de arquitectos y escultores traídos de todos los puntos de Italia para renovar la imagen de la ciudad, cada vez más bulliciosa y cosmopolita.
Con todo, su más célebre nómina de protegidos se cuenta entre los literatos. Quevedo le dedicó el primero de sus Sueños, Góngora fue su huésped en Monforte y con Lope de Vega y Cervantes mantuvo una relación duradera, al igual que con los hermanos Argensola, sobre los que recayó la responsabilidad de seleccionar la comitiva que habría de acompañar al conde cuando fue designado virrey de Nápoles.
Muchas grandes plumas codiciaban un puesto en su corte, entre ellos, Góngora y Cervantes, pero los Argensola, quizá para no ser eclipsados por superiores ingenios, vetaron a muchos de ellos.
Al final, la comitiva se cerró con hombres como el prosista Diego Duque de Estrada, el escritor y diplomático Diego de Saavedra Fajardo y hasta su viejo preceptor gallego, Juan de Arce y Solórzano. Hombres de variadas dotes, pero de méritos inferiores a los de Cervantes, Góngora o Quevedo, que quedaron en tierra.


En Nápoles, Pedro demostraría su diligencia en los asuntos administrativos, al sanear una plaza arruinada y caótica. “Temo que este reino se me muera en las manos”, llegó a decir el conde al poco de llegar. Con 10,2 millones de ducados de deuda pública, unos intereses anuales de 800.000 y un déficit en las cuentas de más de 250.000, Fernández de Castro tuvo que acometer una profunda reforma económica, acompañada de una importante reorganización administrativa.
El conde de Lemos logró reducir el déficit de Nápoles y se mostró inflexible ante la corrupción burocrática y la especulación.
Lemos rogó al rey que no gravase más a los napolitanos hasta que lograra equilibrar las cuentas, y le pidió también buena parte de la plata que llegaba de las Indias para paliar sus enormes problemas de liquidez. En apenas un año, el conde logró reducir el déficit del reino, y se mostró inflexible ante la corrupción burocrática y la especulación.

En el ámbito político, mostró su buen pulso al intervenir en cuestiones delicadas, como la guerra con el duque de Saboya por la sucesión del Monferrato o la constante amenaza de los turcos, a los que tuvo que hacer frente en varias ocasiones.

La Academia de los Ociosos

Al tiempo que se ocupaba de los asuntos políticos y administrativos, Lemos pudo desarrollar también su labor de mecenazgo en el ámbito de la cultura. Enfocó la tarea hacia una institución ya creada, la Academia de los Ociosos, de carácter humanístico y literario, que había puesto en marcha poco antes el marqués de Villa y cuyo testigo recogería enseguida el nuevo virrey.
La Academia de los Ociosos se situaba en el contexto de una práctica napolitana del siglo XVI, que había visto florecer a una élite intelectual opuesta al poder establecido y congregada en torno a academias. La de los Ociosos revitalizaba esa tradición, reconduciendo su carácter disidente bajo las directrices y la vigilancia del poder virreinal, que prohibió expresamente abordar temas que pudieran cuestionar su autoridad.
En mayo de 1611, la Academia quedaría bajo la protección del conde, convirtiéndose en uno de los centros culturales más importantes de Italia y de las letras europeas en general. Los hermanos Argensola tuvieron gran importancia en la organización de la Academia. La institución promocionaba la interacción entre el poder y la cultura, pero también entre pintores y escritores, entre militares y poetas o entre napolitanos y españoles.
La Academia, bajo la protección del conde de Lemos, se convirtió en uno de los centros culturales más importantes de Italia y de las letras europeas en general.
Para algunos, tal pretensión rozaba la pedantería y escondía cierto elitismo aristocrático, aunque en la Academia no solo se atendía al ingenio o a los ejercicios de retórica, sino que se debatían asuntos de más enjundia, como la inmortalidad del alma, la reflexión sobre la muerte o la inclinación del hombre hacia el bien o el mal.
Del buen hacer del conde de Lemos como virrey de Nápoles dio cuenta un informe solicitado por el rey, Felipe III, sobre el estado del reino una vez concluido su mandato, que se prolongó durante seis años.

El informe, con fecha del 28 de noviembre de 1616, señala que la memoria previamente presentada por Fernández de Castro era “certísima”, y que “Vuestra Majestad debe al celo y diligencia del Conde de Lemos la restauración de aquel patrimonio que estaba tan perdido y arruinado”. A vuelta de correo, el monarca escribió de su puño y letra en el informe un sencillo pareado de agradecimiento:
 “Esto viene bien con lo que está tan conocido / en el celo que el conde tiene a mi servicio”.

De la corte al exilio

De vuelta en España, el conde fue premiado por sus buenos servicios en Nápoles con la presidencia del Consejo de Italia. Lemos contaba entonces con el favor del rey, y en un primer momento regresó a sus conocidas tertulias y a su actividad cultural y cortesana con el mismo vigor de siempre.

Sin embargo, la corte estaba cambiando. El duque de Lerma, que había hecho y deshecho a su antojo durante años, empezaba a perder ascendencia ante el monarca, y las intrigas y luchas subterráneas dominaban la vida palaciega.
Frente al duque se alzaron dos de sus más fieles adeptos: Luis Aliaga, confesor del rey por la mediación de Lerma, y el propio hijo de este último, el duque de Uceda, cansado ya del derroche y las extravagancias de su padre.
A medida que triunfaba la conspiración, Pedro, cuyo nombre estaba forzosamente ligado al de su tío, se sentía más vulnerable. Tras el valido, su cabeza podía ser la siguiente. El conde decidió dar un paso al costado y retirarse a sus tierras de Monforte, donde viviría apartado casi hasta el final de sus días.

En la conjura contra el duque de Lerma había participado el joven Gaspar de Guzmán, que por entonces no era más que conde de Olivares.
La intuición de Lemos fue acertada, y poco después de su marcha caía el duque de Lerma presa de la llamada “revolución de las llaves”, que le despojó de su privanza. Junto al duque de Uceda y Aliaga había participado en la conjura un joven cuya poderosa sombra empezaba ya a atisbarse. Se llamaba Gaspar de Guzmán, y por entonces no era más que conde de Olivares.
Mientras tanto, el conde de Lemos seguía ajeno a la vida palaciega, dedicado al gobierno y administración de sus estados en Monforte. Allí, su presencia se dejó notar tanto por su labor de mecenazgo como por la organización de fiestas y banquetes, como el que tuvo lugar en 1620 con motivo de la festividad de Nuestra Señora del Rosario.

Pedro hizo un llamamiento general a un gran número de nobles de Galicia, Castilla y Portugal, e incluso recuperó sus viejos contactos, solicitando de Lope de Vega una comedia para estrenar durante los festejos, encargo que el envejecido escritor cumplió “lo mejor que me han permitido mis ojos enfermos y mi corto ingenio”.

En agosto de 1622, Pedro recibía una carta que le alertaba sobre la gravedad de su madre, Catalina Zúñiga de Sandoval. El conde solicitó al rey su regreso a Madrid y emprendió el camino con ánimo de recibir su perdón e instalarse de nuevo en la corte, quizá incluso de recuperar su antiguo cargo en el Consejo de Italia.
La salud del conde de Lemos se resintió por el calor y la sequedad del largo trayecto hasta Madrid para visitar a su madre enferma.
Al llegar a Madrid, fatigado por el viaje, quiso presentar primero sus respetos a Felipe III, que advirtió, según el cronista fray Malaquías, su mal aspecto: 
“Paréceme que venís enfermo, conde, dijo el Rey. Sí, señor, y por eso no he venido antes a besar a Vuestra Majestad la mano. Pésame de vuestra indisposición –diría el monarca–, y la de vuestra madre ya no es de peligro”.
En efecto, la gravedad de doña Catalina había remitido, pero en cambio la salud del conde se resintió por el calor y la sequedad del largo trayecto. Tras cuarenta días de padecimiento, Pedro Fernández de Castro fallecía el 19 de octubre.
De su muerte –le escribió Lope de Vega al duque de Sessa– “mucho hay que hablar y no es para papel”. Como su antiguo secretario, muchos pensaron que aquella súbita muerte respondía a una venganza pendiente, según se dijo, por envenenamiento, pero, lo hubiera o no, su tiempo en la corte ya había pasado, y nadie se preocupó de investigarlo.

Biografía.

Pedro Fernández de Castro, Andrade y Portugal (Monforte de Lemos, 1576 - Madrid, 1622); VII conde de Lemos, IV marqués de Sarria, VI conde de Villalba, V conde de Andrade y Grande de España de primera clase.

Semblanza y cargos

Fue hijo de Fernando Ruiz de Castro Andrade y Portugal, VI Conde de Lemos y III Marqués de Sarria, y de su mujer Catalina de Luna Sandoval y Rojas, hija de los Marqueses de Denia, Francisco de Sandoval y Rojas e Isabel de Borja y Castro.
Conocido habitualmente como «El Gran Conde de Lemos», fue presidente del Consejo de Indias, Virrey de Nápoles, Presidente del Consejo Supremo de Italia —según el conde de Gondomar el cargo “mayor y más útil que daba el Rey en Europa”—, comendador de la Orden de Alcántara, y famoso estadista y diplomático español. También fue embajador extraordinario en Roma y Alguacil Mayor del Reino de Galicia.
Hombre de salud frágil, se refugió en Monforte para recuperarse de sus crisis; destacó por sus cualidades como estadista, como intelectual y mecenas, consolidando la tradición en la familia de los Castro, honrada también por su tío Rodrigo de Castro; se le recuerda también por su lucha en favor de los derechos del Reino de Galicia.

Presidente del Consejo de Indias

Con 27 años, tomó posesión de su cargo de Presidente del Consejo de Indias, y Felipe III diría de él que «Honró el cargo y se honró a sí mismo». La esfera de acción de este organismo comprendía todos los ámbitos político-administrativos de los territorios coloniales españoles. El Conde instauró políticas dirigidas a la mejora de las gentes bajo su jurisdicción, abriendo vías al comercio y fomentando el progreso; elabora un Memorial solicitando del rey la libertad de los indios, y fundamentando meticulosamente las razones que le llevaban a elevar tal petición; a fecha 26 de mayo de 1609, Felipe III promulga la real cédula promoviendo la medida solicitada. Sin embargo, la disposición promulgada no tenía la precisión y alcance que el conde hubiera deseado, y en una carta escrita a uno de sus sirvientes, que debía administrarle rentas dejadas en Indias, le dice, acerca de los indios:

«Suelen padecer grandes vejaciones, así por cuenta de sus encomenderos como también en el servicio de los obrajes. Por reverencia de Dios, que vuesa merced mire mucho por esos que me tocan y no se le dé nada que venga menos dinero a España, a trueque de que ellos vivan sin agravio y con comodidad».

Elaboró también durante ese período, la «Relación de gobierno de Quixós y Matas», un extenso acopio de la provincia de Quito, conservado en la Biblioteca Nacional de España.

Virrey de Nápoles

El 21 de agosto de 1608 fue nombrado Virrey de Nápoles, «caballero muy cuerdo, aunque mozo», diría de él Cabrera. En el mismo año estuvo a punto de ser nombrado para el Virreinato de Nueva España (actual México); de ahí los versos de Lope de Vega:

«¿Quien a Méjico ha traído El Sol a quien se humilla el mar gallego?»
(Lope de Vega)

En ese período su secretario personal fue Lupercio Leonardo de Argensola, rechazadas las candidaturas de Miguel de Cervantes Saavedra y otros. Sus primeras disposiciones en el cargo se encaminaron a la seguridad de los habitantes de Nápoles y luchar contra los bandoleros que campaban por doquier, amedrentando a la población; seguidamente, legisló para regular la actividad de los prestamistas y eliminar la usura, para a continuación aligerar la administración eliminando cargos superfluos. Luchó por eliminar las enormes desigualdades sociales existentes, con una política encaminada a mejorar a los más necesitados, y puso en orden el caos cronológico, ya que coexistían en Nápoles cuatro calendarios vigentes. En otro orden de cosas, levantó la Universidad, el edificio de Escuelas Públicas, construyó el Colegio de Jesuitas, y creó la famosa Academia literaria «Degli Oziosi», («De los ociosos»), dotándola de una vastísima biblioteca.

Presidente del Consejo Supremo de Italia

La época como presidente del Consejo de Italia, estuvo guiada por el mismo espíritu de tecnócrata y buen administrador a la vez que filántropo, pero estuvo a la vez marcada por las intrigas palaciegas que se urdían en torno al conde, y que tenían como protagonista a su cuñado, el Duque de Uceda, que, junto al Conde-Duque de Olivares, conspiraba contra su padre, el Duque de Lerma, y contra su gran protegido, el Conde de Lemos, de tal manera que conseguía que las continuas reivindicaciones del Conde, solicitando el voto en cortes para Galicia, cayeran en saco roto, lo cual provocaba la frustración de este último, que acaba renunciando y recluyéndose en su palacio de Monforte de Lemos, reclusión que más tarde, se volvió forzosa, al perder el favor real, caído en desgracia ya el Duque de Lerma.

Relación con el Siglo de Oro y mecenazgo

Corría 1598, cuando el Marqués de Sarria, futuro conde de Lemos, buscaba de una persona de valía que le ayudase en sus asuntos personales; dio con Lope de Vega, quien pasó a su servicio. Así, uno de los escritores de más relevancia del siglo de oro se convertiría en el secretario personal del Conde. «Yo, que tantas veces a sus pies, cual perro fiel, he dormido», diría Lope en una célebre epístola.

Fue un importante mecenas de grandes escritores de su época, como Luis de Góngora (en cuya obra podemos encontrar múltiples sonetos y poemas dedicados al conde o a su ciudad de Monforte) o Miguel de Cervantes, quien le dedicó su obra Los trabajos de Persiles y Sigismunda, la segunda parte del Quijote, las Novelas ejemplares, y las Comedias y entremeses, además de los hermanos Argensola, y de Quevedo, quien lo definió como «Honra de Nuestra Edad»;

«Viva Vuestra Excelencia para honra de nuestra edad.»
(Quevedo)

Son múltiples las cartas, poemas, dedicatorias y otros testimonios que nos revelan el grado de aprecio de la élite intelectual por el conde, y a través de ellas conocemos que una fuerte y sincera amistad, que trascendía la pura relación mecenas-artista, le unía a, entre otros, Cervantes o a Lope de Vega.

Así, el último escrito de Miguel de Cervantes, considerado una de las páginas más bellas de la Literatura Española, y firmado cuatro días antes de morir, fue una epístola al conde, en los siguientes términos: (como recogidos literalmente de la transcripción del Marqués de Rafal, ya que existen varias versiones con pequeñas divergencias)

Aquellas coplas antiguas que fueron en su tiempo celebradas, que comienzan: «Puesto ya el pie en el estribo», quisiera yo no vinieran tan a pelo en esta mi epístola, porque casi con las mismas palabras las puedo comenzar diciendo:
Puesto ya el pie en el estribo,
con las ansias de la muerte,
gran señor, ésta te escribo.
Ayer me dieron la extremaunción, y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies de Vuestra Excelencia, que podría ser fuese tanto el contento de ver a Vuestra Excelencia bueno en España, que me volviese a dar la vida. Pero, si está decretado que la haya de perder, cúmplase la voluntad de los cielos y, por lo menos, sepa que quiso pasar aún más allá de la muerte, mostrando su intención. Con todo esto, como en profecía, me alegro de la llegada de V. E.; regocíjome de verle señalar con el dedo y realégrome de que salieron verdaderas mis esperanzas dilatadas en la fama de las bondades de V. E. Todavía me quedan en el alma ciertas reliquias y asomos de las Semanas del jardín y del famoso Bernardo. Si a dicha, por buena ventura mía (que ya no sería sino milagro), me diere el cielo vida, las verá, y, con ellas, el fin de la Galatea, de quien sé está aficionado V. E., y con estas obras continuado mi deseo; guarde Dios a V. E. como puede. De Madrid a diez y nueve de Abril de mil y seiscientos y diez y seis años.

Criado de vuestra Excelencia,
Miguel de Cervantes

También el economista napolitano Antonio Serra le dedicó su obra Breve trattato delle cause che possono far abbondare li regni d’oro e d’argento dove non sono miniere («Breve tratado de las causas que pueden hacer abundar el oro y la plata en los reinos que no tienen minas», 1613), escrita en prisión (que compartía con el filósofo Tommaso Campanella, por una conjura para independizar Calabria).

 El Nápoles de esa época fue un centro cultural de primer orden, que contaba con la presencia de artistas de la talla de Caravaggio y José de Ribera.

 




Dulcinea del Toboso es un personaje ficticio de la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha,​ escrita por Miguel de Cervantes. Mujer imaginaria y perfecta corporeizada en otros personajes e inspirada en la campesina Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales, Dulcinea es la encarnación de «la Belleza y la Virtud». Nunca tenemos su punto de vista, ya que no habla ni aparece "en persona" en la novela, sin embargo, su presencia se menciona tantas veces en la obra y se le cita tanto, que puede ser considerada como un personaje más.



sábado, 16 de julio de 2016

309.-Dr. Hanibal Lester (VIII): Gastronomía.


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Katherine Alejandra Del Carmen  Lafoy Guzmán

Episodio 10 Buffet Froid


Buffet Froid significa Buffet frío.
Luis Bustamante Robin
Hannibal invita a un colega a comer jamón ibérico, lo corta de la pata. Le dice el médico: "¿Aún te gustan las comidas raras, no Hannibal? Cuanto más caras y difíciles de conseguir, mejor".  Y dice Hannibal: 
"Es una distinción que añade más expectativas de calidad". 

Por supuesto, comparan el jamón con Will. Dice Hannibal:
 "En el caso de este jamón, cada año seleccionan unos miles.
 ¿Es el cerdo, una vez engordado, sacrificado y curado superior a otro cerdo? ¿O es sólo la reputación que precede al producto?".

 Así es como el doctor resume, mientras come el jamón con tenedor: 
"Es irrelevante. Si el que come la carne cree que es superior entonces la creencia determina su valor". Will es raro, entonces, pero ¿por qué? Y dice Hannibal: "Tiene una imaginación muy vívida". Vemos cómo se puede filosofar en torno a un cochino.
Según cuenta Janice Poon, el jamón costó 2.000 dólares. También se usó una pieza de cera.

Episodio 11 Rôti 


Roti es asado.
Luis Bustamante Robin
Hannibal invita al director de la cárcel a "Kudal, un curry del sur de la India, hecho con oveja, con salsa de coco, cilandro y chile". "Esto parece la última cena", le replica el otro. Por lo visto el plato iba a ser "gallinejas", pero como había salido el jamón español antes, decidieron cambiarlo. Seguramente aparezca más adelante.

La frase: "No tengo interés en entender a las ovejas, sólo en comérmelas".

Comentando los episodios en Twitter, Jose Andrés me contesta. Así que está al tanto de los fans, ojito.

Episodio 12 Relevés


Luis Bustamante Robin


Relevés: el parte que confecciona el jefe de cocina a diario de las materias primas.
Will está en cama, recuperándose de sus alucinaciones. Hannibal le visita, llevándole "pollo silkie con caldo, un ave de huesos negros muy apreciado en China por sus valores medicinales, del siglo VII. Lleva bayas de Gonji, ginseng, jengibre, dátiles rojos y anís estrellado". Will, que había comentado antes "huele delicioso", le replica: "¿Me has hecho sopa de pollo?". Este humor del que no sabe que lo hace, tiene mucha gracia en la serie. Hannibal parece pareja de Will, su dedicación a él es absoluta, en esta larga secuencia en la que ambos se comen la sopa sentados frente a frente, con unos primerísimos planos del plato que, en realidad, da bastante repelús.



Episodio 13 Savoureux (último episodio de la primera temporada)



Savoureux es sabroso.
Luis Bustamante Robin

En el último episodio de la temporada la comida aparece casi al final, cuando Hannibal le prepara la cena a su psiquiatra (Gillian Anderson). Tememos que el suculento plato es su última víctima. Ésta es la primera vez que Hannibal cocina para su psiquiatra, reacia a esta complicidad. Le sirve el plato en una bandeja de plata, cubierta por una campana de cristal. Hannibal reparte el “tete de ternera con salsa verde” y ella decanta el vino tinto, mientras comenta que huele extraño. Contesta Hannibal: “Ahumé la ternera en una pira de heno seco. Le da un sabor ardiente, único, a la carne”. Es fácil imaginarte la escena. Mientras ella prueba el primer bocado, él explica: “Aquellos que censuran la ternera, a menudo citan la edad temprana a la que matan a los animales, cuando de hecho son mayores que muchos cerdos que van al matadero”. Lo raro es ver en el medio del plato de carne unos cuantos caracoles.


Segunda temporada


Los platos de esta temporada tienen nombres japoneses. ¿No veremos más comida española? :( AXN España estrena la segunda temporada de Hannibal el 3 de abril.

Episodio 1. Kaiseki

Kaiseki es una comida que se servía en la ceremonia del té japonesa y que ahora se usa como entrante en los restaurantes japoneses.
Luis Bustamante Robin




El episodio arranca en la cocina de Hannibal, con una pelea. Doce semanas antes vemos a Hannibal preparar Mukozuke (curiosamente el nombre del episodio 2x5), "un sashimi de temporada con erizo de mar, almeja y calamar". Jack, su invitado, se asombra por la presentación. Hannibal explica que Kaiseki es "un estilo de arte japonés que honra el sabor y la estética de lo que comemos". Comen con palillos. Jack no distingue el pescaso, "es lenguado". A saber. Mientras Jack paladea el vino blanco como si fuera manjar de dioses, Hannibal apunta: "La última vez que lo cociné fue para mi tía Murasaki", debido a una pérdida, y hace un paralelismo con "otra pérdida", la de Will, que está encerrado.
Luis Bustamante Robin



En otra secuencia, Hannibal invita al doctor a un plato vegetariano, "apio asado salteado en costra de sal", algo que pone a prueba al caníbal. También a Janice Poon, la chef, ya que no incluye carne. El plato está inspirado en uno del restaurante The Ledbury, de Brett Graham, con una estrella Michelín. Ojito. Le acompaña otro entrante de carpaccio de sandía con queso feta.


Mientras Will come esto, el pobre...

Episodio 2. Sakizuki

Luis Bustamante Robin


Sazikuzi significa aperitivo en japonés.
Aunque el episodio aún no se ha emitido en EE UU, pude verlo en un pase de AXN España. Sólo vemos un plato, al final, un Osobuco que se prepara Hannibal, tal vez, lo más asqueroso que he visto en una serie de televisión. Continuará...
Paso de poner la pierna, evidentemente. Por primera vez (creo), vemos un miembro del cuerpo (no un órgano) siendo desmembrado por Lecter para hacerse la comida, con absoluta parsimonia. Prepara varias piezas de Osobuco y se planta una de ellas en el plato. He de confesar que éste es el plato que mejor hace mi madre, el Osobuco, así que gracias Hannibal por traumatizarme para el resto de mi vida :)



Episodio 5 Mukozuke


El plato en realidad se llama Muko zuki, que es un sashimi emplatado en el lado contrario del plato del comensal, un ritual más japonés de presentación de la comida.


Luis Bustamante Robin



Jose Andres propuso que Hannibal preparase de desayuno a Jack un Hangtown Fry, plato homenaje a los San Francisco 49ers, un revuelto con bacon, una ostra grande y un cangrejo de río. Mientras lo cocina vemos simultáneamente cómo le preparan su bandeja al preso Will con otro tipo de revuelto, más triste, claro (como ya viéramos en el primer episodio de esta segunda temporada).
Luis Bustamante Robin

Para partir el huevo crudo en el aire tal y como se ve en el episodio tuvieron que ensayar varias veces con cocineros japoneses profesionales. Madds Mikkelsen lo hizo a la primera y en sucesivas repeticiones, afirmando que había sido malabarista en su juventud.
Luis Bustamante Robin



Cuando Hannibal se come su segundo plato con una sonrisilla maliciosa, sólo vemos una sarten. En un primer plano del plato se puede distinguir cómo la base del pastel de hígado se hizo con la máscara de Will, la misma forma de la boca, con sus orificios y todo.
Luis Bustamante Robin







Episodio 6 Futamono  

Hannibal quiere "recuperar el apetito" y prepara brochetas con corazón e higado. También un pastel de riñón y ya vemos de quién gracias a sus tarjetas. El doctor Chilton (que sólo come ensaladas) duda de Hannibal al comentarle a Jack que le sirvió lengua y "después hizo una broma con comerse la mía". 
Más recetas: tartare de corazón; Beef Roulade (redondo de ternera); carne de Wagyu (vaca de Japón, de Kobe); Prosciutto Roses (jamón en forma de rosas). Hannibal monta a sus invitados una exquisita cena tipo buffet con camareros. Para rematar prepara Roti de Cuisse, una pierna asada envuelta en lonchas de jamón y arcilla.


Episodio 7 Yakimono (no aparece ningún plato)

Eso sí, magnífica bodega la del doctor Chilton.
Luis Bustamante Robin

Episodio 8 Su-zakana



Luis Bustamante Robin

El doctor Lecter prepara las truchas que han pescado Will y Jack. Se juega con el lenguaje de forma ambigua mientras Hannibal sirve el plato a sus invitados. Es realmente desagradable cómo lo presenta: con la cola del pez saliéndole por la boca, más un pulpo que le da al plato una pinta horripilante. Trucha asalmonada al queso azul, con verduras y caldo, servido con salsa holandesa a un lado.
 "La trucha es un pescado bastante nietzscheano. Los infortunios de su vida salvaje encuentran el camino al sabor de su carne", dice Hannibal. 
Will está más tranquilo porque no es carne y ha llevado él el producto. "Todos somos peces nietzscheanos en ese aspecto", recalca Hannibal. A lo que replica Will: "Nos hace más sabrosos".


Episodio 9 Shiizakana


Luis Bustamante Robin

El nombre del episodio hace referencia a una olla en ebullición donde se mete carne. Tras ver cómo Will sufre una pesadilla en la que intenta matar a Hannibal, éste vuelve a cocinar para Jack. Vemos cómo prepara una tortilla Sacromonte. Fríe en una sartén un filete de hígado, corta riñones y mollejas y lo mezcla todo en tortilla. La tortilla parece una frittata de lo gruesa que es, le acompaña la cáscara de un huevo de pato y huevo de codorniz lleno de sal, patatas y clementina frita. Según la cocinera de la serie, en realidad, la tortilla debería llevar sesos y criadillas de cordero (ver receta), pero obvian este detalle (jaja). 
Lecter comenta que Sacromonte "era el gueto gitano de Granada", que estuvo de joven allí (¿se comería a alún granaíno?). 
"Me enamoré de muchas cosas, en particular de este plato", continúa. Algo debió de pasarle, porque dice recordar su estancia muy vívidamente. Jack no le pregunta nada más, él con su bocado y su copa de vino blanco es feliz. 
"Es bueno olvidar", reclama Lecter. Jack dice que ojalá la duda, no sobre él (ojito) si no sobre Will. Me encanta. Pienso en cuál será el último plato que le prepare Hannibal a Jack antes de morir. Luego hay una escenaca entre Will y Hannibal, en la que Will pregunta:
 "¿En qué piensas cuando piensas en matar?". 
"Pienso en Dios. El bien y el mal no tienen nada que ver con Dios. El tifus y los cisnes, todo viene del mismo sitio. Si él está ahí arriba, le encanta".


Episodio 10 Naka-Choko 


Luis Bustamante Robin

Episodio clave para entender que Will se está mimetizando con Hannibal: 'comparten' la chica y hasta gustos culinarios (cocinan juntos). Finalazo donde los haya, cuando Will come su presa, cocinada por Hannibal, que le dice: "Este animal tiene un sabor asustado". La periodista sabe a "ácido". Antes Will había comentado: 
"Una persona sin límites es un psicópata. O un periodista"
Una menos, que los hubiera pillado. Antes, a la media hora de episodio, Hannibal invita a Will y Alana, su chica, a comer uno de los cerdos que le regala el personaje de Michael Pitt. Lo presenta en una mesa con ruedas (se ven las salchichas), regado por vino tinto (en la copa, Lecter se refleja mientras lo saborea).
"Curado en salmuera y asado. Un lechón entero"
El doctor Lecter habla sobre cómo los ganadores tienen afecto por sus animales aunque los tengan que sacrificar. "Aman y matan lo que aman", dice Alana. "Y comen lo que aman. Es una paradoja", replica Hannibal. Lecter va sirviendo pequeñas porciones en los platos de cada uno.

+Se anuncia que Hannibal es renovada por una tercera temporada. Bien!

Episodio 11 Ko No Mono 
Luis Bustamante Robin

Comer pajaritos era muy típico en España hace mucho tiempo. Ahora está prohibido. Hannibal lo recupera preparándole a Will un escribano hortelano, una delicatessen depravada (en los libros de Hannibal aparece mencionado). "Un rito de iniciación". Para estómagos duros: se prepara ahogando vivo al pájaro en Armagnac (brandy), se asa (lo flambea con pico, ojos, huesos, todo) y se come de un solo bocado. Ver cómo ambos tragan la pieza ha sido realmente asqueroso. 
"Está en peligro de extinción", le dice Will. "¿No lo estamos todos?", replica Lecter. Y dice Will, que él no ha sido ahogado vivo y asado, "por ahora". Me chifla, con qué alegría hacen bromas macabras. Lecter termina diciendo que para comerlo hay que ponerse un velo en la cabeza, escondiéndose de dios, pero que él no se esconde. Parecen pájaros a la gabardina (como las gambas), pero en realidad los pajaritos están hechos con mazapán. La cocinera explica que lo intentó con patata, gnocchi, pescado relleno... pero que no le funcionaba. Con una rejilla de la ventana hizo la textura de la piel, los ojos son piñones y las patas, spaguetti. El pájaro de mazapán está hueco.

En la serie Crematorio hay una escena en la que Pepe Sancho (Bertomeu) explica cómo se come el hortelano, poniéndose efectivamente un pañuelo en la cabeza. Cuando entrevisté al actor me comentó por qué era ésta su escena favorita (al pájaro pequeño es al primero al que se comen). En la película Gigi (1958), basada en la novela de Collette de 1944, la joven francesa aprende a comer escribanos (vía).
"Los malos modales en la mesa rompen más matrimonios que la infidelidad", le llega a decir su refinada tía.


(spoilers) Por cierto, la periodista sigue viva. O Hannibal no tiene el paladar que decía tener o también está engañando a Will. Jack está compinchado con Will, todo ha sido un montaje.

Episodio 12 Tomewan 
Luis Bustamante Robin

Lecter prepara Kholodets a Jack. Un plato de Ucrania "cuyo resultado nunca puede predecirse". Lo sirve tapado sobre una mesa en la que vemos una botella de vodka en cubitera. La parte de arriba es gelatina, lo que le da un aspecto de "lienzo tridimensional", y Lecter hace referencia a Moebius. esa sustancia gelatinosa se llama Aspic, que en latín significa serpiente. Dice Jack:
 "La eterna persecución". 
A lo que Lecter responde que no se sabe quién persigue a quién. Vaya trabalenguas. Por arriba se ven anchoas entrelazadas formando un círculo y pequeños hongos. En una secuencia posterior, creemos que Lecter vuelve a concinar otro plato, pero es Will preparando la comida a sus perros...

Episodio 13 Mizumono 
Luis Bustamante Robin

Mizumono es el postre. En el último episodio de la segunda temporada de Hannibal, Lecter invita con mucho mimo a Jack (escribe a mano la tarjeta, muy ceremonial, como si fuera la última). Pero el que está sentado en la mesa es Will, frente a una fuente con una enorme pieza de carne en la que se ven las costillas. Lecter explica que servirá cordero. "Un sacrificio", comenta Will.
 
"No necesito un sacrificio", le replica éste. (con spoilers) 

Nunca los vemos comer, porque comienza la pelea entre ambos, la que vimos en el primer episodio, en la que los cuchillos de carnicero de Lecter tiene mucho protagonismo. Mientras Jack intenta sobrevivir a una herida en el cuello en la despensa donde vemos los vinos, Abigail (que estaba viva) empuja a Alana por la ventana, llueve. Lecter acuchilla a Will en el abdomen y deguella a Abigail delante de él. Con cuatro personajes malheridos en el suelo, Lecter desaparece bajo la lluvia y tras los títulos de crédito le vemos rumbo a París en avión junto a su psiquiatra.

jueves, 14 de julio de 2016

308.-Dr Hannibal Lester (VI): Gastronomía.-


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Katherine Alejandra Del Carmen  Lafoy Guzmán

SERIE HANNIBAL



La serie Hannibal, una serie que combina el Thriller psicológico con tintes de terror, pinta como otro éxito para los fanáticos que buscan algo completamente diferente. A ellos se suman otros fanáticos selectos: los sibaritas. (Se llama sibarita a una persona de gustos refinados e inclinada al lujo.)

¿Por qué los amantes de la buena cocina deben verla?

Hannibal Lecter es un asesino con un paladar exquisito, además de un gran anfitrión. Detrás de lo que cocina están dos personajes de la vida real: el chef español José Andrés, autor de los platos que se consumen en la primera temporada y la artista Janice Poon, quien se encarga de la recreación visual de la comida.
Andrés es un asturiano, que emigró a Estados Unidos a los 21 años y tuvo un gran éxito introduciendo la comida española en Washington. La revista Time, en 2012, lo ubicó entre las 100 personas más influyentes del mundo. Ese mismo año, The Daily Meal lo eligió como el chef americano del año.
“José Andrés es el ejemplo número uno de lo que ocurre cuando damos a los inmigrantes la oportunidad de echar raíces y crear negocios y ejemplos”, dijo Barack Obama, en 2014. 
“La suya es un gran ejemplo de la historia de éxito en Estados Unidos. Michelle le quiere y yo también, simplemente es un gran amigo y un gran ciudadano”.

Poon, por su parte, comenzó como directora de arte de una agencia de publicidad, posteriormente abrió una boutique de diseño de interiores, después realizó trajes de gala y de novia, hasta que le llegó su gran revelación: ser la directora de arte de la revista de alimentos Epicure. En 1996 se encargó de escribir, diseñar e ilustrar su libro de recetas de cocina “The Dinah’s Cupboard Cookbook”, que resultó ser un betseller en Canadá. 
A partir de allí, lo que tocaba lo convertía en oro. Con “The Cocktail Chief”, en 2007, ganó el premio internacional Culinary Academy’s Cordon D’or Merit, por la mejor publicación de origen internacional.

¿Qué platos se ven en la serie?

Los 13 episodios de Hannibal siempre tienen nombres de comida. Recrearlos puede tardar dos días

La primera entrega es un homenaje a la comida francesa.

I- Apéritif: Aperitivo.
II- Amuse-Bouche: Entremés.
III- Potage: Potaje.
IV- Oeuf: Huevo.
V- Coquilles: Vieiras.
VI- Entrée: Entrada.
VII- Sorbet: Sorbete.
VIII- Fromage: Queso.
IX- Trou Normand: Se refiere a una costumbre normanda de tomar, entre platos, un aguardiente de sidra.
X- Buffet Froid: buffet frío).
XI- Roti: Asado.
XII- Relevés: Así se domina al impreso que refleja el inventario diario de los artículos o géneros que hay en la cocina.
XIII- Savoureux: Sabroso. Presentan tete de ternera con salsa verde.

En la segunda temporada, los capítulos refieren a la cocina japonesa.

I- Kaiseki: Entrada. En este primer episodio se sirve sahimi, vegetales y otras pequeñas porciones. Kaiseki es un tipo de cocina en la que se equilibra el gusto, la textura, el aspecto y los colores del alimento.
II- Sakizuki: Aperitivo.
III- Hassun: Lo que se sirve en el momento en que el anfitrión y sus invitados toman sake juntos. En términos globales, es el segundo plato luego del Kaiseki.
IV- Takiawase: Es una técnica de cocción de la verdura, según su firmeza y características. Se cuecen por separado y después se presentan en un mismo plato. Regularmente se sirven con carne, pescados o Tofu.
V- Mukozuke: Sashimi estacional.
VI- Futamono: Sopa suave, clara.
VII- Yakimono: Asados de pescados, según la estación.
VIII- Su-zakana: Son encurtidos japoneses. Tradicionalmente era un pequeño plato que “limpiaba” el paladar.
IX- Shizakana: Es un plato caliente. De muy buen gusto.
X- Naka-Chocko: Sopa o Ramen (fideos).
XI- Ko No Mo No: Son alimentos conservados en vinagre.
XII- Tomowan: Es una sopa miso o una sopa vegetal, srevida con arroz o pasta.
XIII- Mizumono: El postre. Dependiendo de la estación, puede ser fruta, dulces, helado o una simple torta.
Debemos aclarar que no en todos los capítulos hay una receta desarrollada y que no hay, necesariamente, una relación entre el título del episodio y lo que se come.

 La tercera temporada.

I- Antipasto: Como su nombre lo indica, es todo lo que se prepara antes de los platos fuertes. Puede ir desde aperitivos como aceitunas, hasta especialidades del chef, en porciones pequeñas.
II- Primavera: Es probable que se refiera a la estación, pero por asociación, también a los alimentos que pueden conseguirse en estas fechas, como verduras y hortalizas.
III- Secondo. Se trata de la comida más fuerte, compuesta generalmente por carne o pescado.

Katherine Alejandra Del Carmen  Lafoy Guzmán