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Savile Row (Sastrería)



es una calle situada en Mayfair, Londres. Conocida principalmente por su tradicional sastrería a medida para hombres, la calle ha tenido una historia variada a lo largo de la cual ha alojado la sede de la Royal Geographical Society en el número 1, desde donde se planificaron varias exploraciones británicas a África y al Polo Sur; y más recientemente, la oficina de Apple de The Beatles en el 3 de Savile Row, en cuya azotea se realizó la última actuación en directo de la banda.
Llamada originalmente Savile Street, fue construida entre 1731 y 1735 como parte de la urbanización del Burlington Estate. Fue diseñada bajo la influencia de la interpretación de Burlington de la arquitectura palladiana, conocida como «burlingtoniana». Parece que Henry Flitcroft fue su arquitecto principal, bajo la supervisión de Daniel Garrett, aunque los números 1 y 22–23 fueron diseñados por William Kent. Inicialmente, la calle fue ocupada principalmente por oficiales militares y sus esposas; posteriormente residieron allí William Pitt el Joven y el dramaturgo y parlamentario irlandés Richard Brinsley Sheridan.

Los sastres empezaron a abrir negocios en la zona a finales del siglo XVIII, primero en Cork Street, en torno a 1790, y después en la propia Savile Row, en torno a 1803. En 1846, Henry Poole, considerado el creador del esmoquin, abrió una entrada desde Savile Row a su sastrería en Old Burlington Street. En 1969, la empresa Nutters of Savile Row modernizó el estilo de la tradicional sastrería de Savile Row, una modernización que continuó en la década de 1990 con el New Bespoke Movement («nuevo movimiento de sastrería a medida»), en el que participaron los diseñadores Richard James, Ozwald Boateng y Timothy Everest. Se cree que el término inglés bespoke («a medida») aplicado a la sastrería se originó en Savile Row.

Sastrería

La reputación de Savile Row se basa en la sastrería a medida, en la que cada traje se fabrica individualmente. El término inglés bespoke, cuya etimología se desarrolla desde «exclamar» a través de «discutido por adelantado» y significa habitualmente «hecho por encargo»,45​46​ se asoció con la sastrería fina,​ y los sastres afirman que el término ha estado en uso en la sastrería desde el siglo XVII. Los sastres de Savile Row afirman que bespoke, en relación con la sastrería, significa un traje cortado y hecho a mano;46​ sin embargo, después de una decisión de la Advertising Standards Authority de 2008, el término también se puede aplicar a prendas cosidas a máquina, siempre y cuando estén hechas a medida.49​ En Kilgour & French, por ejemplo, los trajes cuestan al menos 5000 libras.50​ El director creativo Carlo Brandelli no pide disculpas por el coste.50​ Brandelli insiste: «los sastres de la calle han estado vendiendo a un precio inferior al que habrían podido durante generaciones, indudablemente comparados con las casas de alta costura de París».50​

Entre los clientes de la «milla de oro de la sastrería» se han encontrado Lord Nelson, Napoleón III, Winston Churchill, Carlos de Gales y Jude Law,pero aunque a veces se ha afirmado que Ian Fleming y su personaje James Bond compraban trajes en Savile Row, no hay ninguna evidencia de esto en las novelas;52​ en realidad, tanto Fleming como el personaje Bond llevaban trajes diseñados por sastres que no eran de Savile Row, en particular Anthony Sinclair de la cercana Conduit Street.

Los sastres, atraídos por la condición rica e influyente de los residentes de Savile Row,empezaron a abrir tiendas en la zona a finales del siglo XVIII, primero en Cork Street, en torno a 1790, y posteriormente en la propia Savile Row, alrededor de 1803. Ninguno de estas sastrerías originales continúan activas en la actualidad, aunque Henry Poole & Co, que ayudó a hacer elegante la calle a través del mecenazgo de Eduardo VII,​ todavía está presente en Savile Row.13​ Poole trasladó la empresa al 32 de Savile Row en 1846, tras la muerte de su padre James Poole, y la empresa está actualmente en el número 15. Henry Poole es considerado el creador del esmoquin, cuando hizo una chaqueta de fumar para el joven Eduardo VII en 1860.
Frederick Scholte hizo más suave la sastrería a principios del siglo XX, cuando desarrolló el traje drapeado inglés para el duque de Windsor.​ Per Anderson, un alumno de Scholte, hizo evolucionar el estilo «suave» de Scholte y desarrolló así el London cut («corte de Londres»), el estilo de la casa de Anderson & Sheppard. El «corte de Londres» consiste en un sisa alta y pequeña con una generosa manga superior, que permite que la chaqueta permanezca cerca del cuello al mismo tiempo que libera el brazo para que se mueva con comodidad.
Aunque la reputación de las sastrerías de Savile Row se debe a los trajes hechos a medida, Gieves & Hawkes introdujo las ropas prêt-à-porter en la calle.​ Esta era una empresa formada en 1974 por la fusión de dos empresas que databan de finales del siglo XIX: Gieves, un sastre de la Marina Real fundado en Portsmouth; y Hawkes, un fabricante de gorros londinense y sastre del Ejército Británico.
 Hardy Amies Ltd amplió aún más el alcance y el atractivo de la moda en Savile Row: en 1961 organizó los primeros desfiles de pasarela de ropa prêt-à-porter para hombres en el Hotel Ritz de Londres, diseñó la equipación para la selección inglesa en el Mundial de 196665​ y el vestuario de la película 2001: Una odisea del espacio (1968), y vistió a la reina Isabel II, diseñando el traje que usó para su retrato del Jubileo de Plata en 1977.​ Hardy Amies fundó la empresa en 1946, renovando los restos del edificio bombardeado del número 14.67​ Aunque Amies vendió la empresa en 2001, esta sigue funcionando en el número 14, ahora bajo el control de Fung Capital.

La modernización de la sastrería continuó en 1969 con Nutters of Savile Row. Nutters of Savile Row fue inaugurada en el Día de San Valentín de 1969 por Tommy Nutter y Edward Sexton, que habían trabajado juntos en Donaldson, Williamson & Ward. Respaldado económicamente por Cilla Black y Peter Brown de los Beatles Apple Corps,​ Nutters usaba escaparates atrevidos, creados por el entonces desconocido Simon Doonan​ y entre sus clientes se encontraban the Beatles, Mick Jagger, Elton John y Andrew Lloyd Webber. Nutter dejó la empresa en 1976 y fue a trabajar a Kilgour. Murió en 1992.
La modernización se había ralentizado a principios de los años noventa; cuando los sastres de Savile Row «luchaban por conseguir relevancia entre una audiencia que se había vuelto cada vez más disociada».​ Tres sastres, Ozwald Boateng, Timothy Everest (un aprendiz de Nutter's) y Richard James, se hicieron conocidos entonces por revitalizar el estilo de los trajes hechos a medida para el mercado moderno: los tres rompieron independientemente con el molde de Savile Row. El profesional de relaciones públicas Alison Hargreaves acuñó el término New Bespoke Movement («nuevo movimiento de sastrería a medida») para describir colectivamente el trabajo de esta «nueva generación» de sastres. El interés llegó a su máximo en 1997 cuando los tres aparecieron juntos en Vanity Fair. Los recién llegados alteraron sus escaparates y usaron marketing y publicidad en su beneficio;​ desafiando el estilo tradicional de Savile Row, trajeron cambios y «un buen sentido del color para sus trajes a medida».
​ Ellos «rompieron los límites de la fabricación moderna de trajes y ropa deportiva a medida, creando siluetas más contemporáneas con tejidos más atrevidos»,​ intentaron atraer a clientes famosos, venden sus prendas a través de cadenas de grandes almacenes, y atraen más clientes nacionales e internacionales, elevando el perfil de su nuevo estilo.


En el Londres más british, Savile Row oficia desde hace dos siglos como el referente de la elegancia para todo gentleman que se precie. Tras las fachadas de esta “milla de oro” de la sastrería masculina se esconden algunas de las agujas más cotizadas del globo. Pasando por no pocos James Bond, desde Churchill y un reguero de magnates y testas coronadas hasta personajes tan poco rancios como Jamie Foxx o Elton John han peregrinado hasta esta esquina del barrio de Mayfair para alimentar su armario.
Comprarse el primer traje sigue teniendo algo de ritual de transición a la vida adulta. Darse el capricho en Savile Row puede con suerte salir por “apenas” unos 700 €. Encargarlo a la medida son ya palabras mayores. Pero todavía hay un paso más allá: hacérselo bespoke, es decir, diseñado en exclusiva para su futuro dueño y señor. Para ello habrá que desembolsar como mínimo cinco veces más, muy probablemente toque pedir cita con el sastre, y desde que se entra en su taller hasta que se cuelga la prenda en casa puede haber pasado su buen par de meses.

¿Qué hace que un bespoke aquí alcance estas cifras astronómicas? 

Por supuesto la calidad de los tejidos, un trabajo a mano de principio a fin y la pericia de sus sastres, capaces de disimular casi cualquier defecto de quien pueda permitirse sus servicios. Para ellos será pan comido hacerte parecer más alto, más delgado o más cachas –según corresponda–, y hasta darte un aire más mundano o más de fiar.
Si bien la tradición viene de bastante más atrás, James Poole pasó a la historia en 1806 como el fundador de Savile Row. En esta calle diminuta mantienen sus cuarteles generales sus sucesores Henry Poole & Co, amén de otros popes de la confección de élite como Huntsman, Gieves & Hawkes o Norton & Sons. Si ellos forman parte de la vieja guardia de este icono del british style, Richard James y el diseñador de origen ghanés Ozwald Boateng supieron insuflar la bocanada de aire fresco que el negocio venía pidiendo a gritos para atraerse también a hombres más jóvenes que, pudiéndose costear un bespoke, no estaban por la labor de vestir igual que sus venerables abuelos.

Aunque la mayoría también despacha todo lo necesario para complementar un señor traje, cerca de Savile Row afloran otros negocios con pedigrí especializados en cada prenda. ¿Camisas? Pocas como las que, tras una concienzuda toma de medidas en la que se tiene en cuenta incluso la postura, confecciona Turnbull & Asser. De este atelier de Jermyn Street procedían todas y cada una de las camisas de la mítica escena del Gran Gatsby en la que Daisy/Mia Farrow/Carey Mulligan llora sobre las que le lanza el dandy desde el vestidor. También son un referente en corbatas de serie –sólo habrá 16 iguales– o bespoke. Y a un paseo, el 9 de St. James’s Street es el único lugar del planeta en el que calzarse unos John Lobb creados sólo para uno, a menos que se coincida con los viajes que sus maestros zapateros realizan para medirles los pies a clientes demasiado ocupados para desplazarse a Londres. Lo más asequible que sale de su taller son unas pantuflas de fieltro para el baño por la friolera de 1.400 €. Eso sí, ¡menudo fieltro!

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