Bibliotecas y mi colección de libros

martes, 19 de abril de 2016

El hobbit


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 
Primera edición

(título original en inglés: The Hobbit, or There and Back Again, usualmente abreviado como The Hobbit) es una novela fantástica del filólogo y escritor británico J. R. R. Tolkien. Fue escrita por partes desde finales de los años 1920 hasta principios de los años 1930 y, en un principio, tan sólo tenía el objetivo de divertir a los hijos pequeños de Tolkien.
 No obstante, el manuscrito de la obra aún sin acabar fue prestado por el escritor a varias personas y finalmente acabó en manos de la editorial George Allen & Unwin. Dispuestos a publicarla, los editores pidieron a Tolkien que finalizara la obra y El hobbit fue publicada el 21 de septiembre de 1937 en el Reino Unido.

Es la primera obra que explora el universo mitológico creado por Tolkien y que más tarde se encargarían de definir El Señor de los Anillos y El Silmarillion. Dentro de dicha ficción, el argumento de El hobbit se sitúa en el año 2941 de la Tercera Edad del Sol, y narra la historia del hobbit Bilbo Bolsón, que junto con el mago Gandalf y un grupo de enanos, vive una aventura en busca del tesoro custodiado por el dragón Smaug en la Montaña Solitaria.
Debido al éxito que tuvo y a las buenas críticas que recibió, los editores pidieron a Tolkien una continuación. Bautizada como El Señor de los Anillos, su cambio a un tono alejado del infantil provocó que El hobbit tuviera que ser modificado ligeramente para que ambas historias coincidieran mejor.

Contexto

El reino enano de Erebor, también conocido como la Montaña Solitaria, fue fundado en el año 1999 de la Tercera Edad del Sol, por el rey Thráin I, quien acababa de huir con parte de su pueblo de Khazad-dûm tras la aparición de un balrog. Siete siglos después, el dragón Smaug llegó a Erebor y, tras expulsar a los enanos, se apoderó del tesoro que éstos habían acumulado.
En 2463 T. E. algunos hobbits de la rama de los Fuertes vivían en los Campos Gladios, donde milenios atrás el rey Isildur de Arnor y Gondor fue asesinado por los orcos y el Anillo Único del Señor Oscuro Sauron se hundió en el río Anduin. Sméagol y su primo Déagol se encontraban pescando en el río cuando éste último encontró el Anillo. Su poder despertó la codicia de Sméagol, que asesinó a su primo para arrebatárselo y, al ser desterrado por su pueblo, vagó hasta llegar a las Montañas Nubladas. Allí el poder del Anillo le corrompió, alargando su vida más allá de lo natural y convirtiéndole en una criatura que pasó a ser conocida como Gollum.

Cien años antes de los hechos narrados en la novela, el por entonces rey de los enanos, Thráin II, decidió regresar a Erebor. No obstante, fue apresado durante el viaje por los siervos de Sauron y le llevaron a la fortaleza de Dol Guldur, donde le arrebataron el último de los siete Anillos de los Enanos. Pocos años después el mago Gandalf entró en Dol Guldur y descubrió que Sauron había recuperado sus fuerzas de nuevo y que estaba reuniendo todos los Anillos de Poder. 
Encontró también allí a Thráin y éste le dio la llave de Erebor antes de morir. Gandalf se reunió entonces con el Concilio Blanco e intentó convencer a los miembros para que atacaran Dol Guldur, pero Saruman, líder del concilio, se opuso y comenzó a buscar por su cuenta el Anillo Único en los Campos Gladios.

Temas

El desarrollo y la maduración del protagonista, Bilbo Bolsón, es el tema principal de la historia. Matthew Grenby, autor de Children's Literature, señala en este libro que El hobbit es una novela de desarrollo personal y la considera un bildungsroman (novela de aprendizaje o formación) en lugar de la tradicional aventura fantástica, pues el protagonista adquiere un sentido más fuerte de su identidad y una mayor confianza en el mundo exterior gracias al viaje que realiza.
 En su ensayo The Psychological Journey of Bilbo Baggins, recogido en la obra A Tolkien Compass de Jared Lobdell, Dorothy Matthews señala que en varios capítulos se ve reflejado el concepto jungiano de individuación y describe el viaje de Bilbo como una búsqueda de madurez y como una metáfora de este proceso de individuación. La analogía del «inframundo» y del héroe que regresa de él con un premio (como el anillo o las espadas élficas) que lo beneficia, encaja con los arquetipos míticos relativos a la iniciación y madurez masculina tal como los describe el mitólogo Joseph Campbell. Por otro lado, Jane Chance compara en Tolkien's Art el desarrollo y el crecimiento de Bilbo, en contraste con otros personajes, con los conceptos de mera realeza versus realeza derivados del Ancrene Wisse y de una interpretación cristiana de Beowulf.


Matthew Grenby también señala en Children's Literature que la superación de la codicia y el egoísmo es el centro moral de la historia. Además, otro tema de El hobbit que ha sido tratado por varios autores es el animismo, un concepto importante en la antropología y en el desarrollo infantil basado en la idea de que todas las cosas, incluyendo objetos inanimados, fenómenos naturales, animales y plantas, poseen una inteligencia humana. En La historia de El hobbit, John D. Rateliff lo llama el «tema del doctor Dolittle» y cita la multitud de animales que hablan como indicativo para confirmar dicho tema, por ejemplo el dragón Smaug, los trasgos o el cuervo Roäc. Patrick Curry señala en Defending Middle-Earth que el animismo se encuentra activo durante toda la novela y que también aparece en otras obras de Tolkien; menciona las «raíces de las montañas» y los «pies de los árboles» como cambio de nivel desde lo inanimado a lo animado.

miércoles, 13 de abril de 2016

El Silmarillión


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio ernesto Hernández Jara;

El Silmarillión es una recopilación de obras de J. R. R. Tolkien, editada y publicada póstumamente por su hijo Christopher Tolkien, en 1977. En ella, se narra, entre otras cosas, la creación de Arda y el nacimiento de las razas más importantes (valar, maiar, elfos, hombres y enanos) de la Tierra Media.

La mayor porción de El Silmarillión, titulada «Quenta Silmarillion» trata sobre los Silmarils, joyas hechas por Fëanor en Aman y alrededor de las cuales se entreteje la historia de la Primera Edad del Sol en la Tierra Media, principalmente en la región conocida como Beleriand. También se incluyen otras historias más breves: «Ainulindalë», «Valaquenta» y «Akallabêth». Una última historia («De los Anillos de Poder y la Tercera Edad») sirve como marco de referencia histórico para El hobbit y El Señor de los Anillos, las más conocidas novelas de Tolkien.

Estructura

El Silmarillion se divide en cinco partes:

«Ainulindalë» («La música de los ainur» en quenya), que trata sobre la creación de Eä y, dentro de ella, la creación de Arda.
«Valaquenta» («La historia de los valar» en quenya), una breve relación de los Valar y los Maiar, las fuerzas sobrenaturales de Eä, llamados los Poderes de la Tierra. También hace referencia a Melkor y Sauron, un dios oscuro y su más leal sirviente.
«Quenta Silmarillion» («La historia de los Silmarilli» en quenya), los eventos que ocurren desde el inicio de los tiempos hasta el final de la Primera Edad del Sol.
«Akallabêth» («La sepultada» en adûnaico), historia de la caída de Númenor, que tiene lugar en la Segunda Edad del Sol.
«De los Anillos de Poder y la Tercera Edad», un resumen que narra cómo es la Tierra Media y de los acontecimientos que llevan a la historia de El Señor de los Anillos.
Esta división en cinco partes es asociada informalmente por algunos lectores con los tres volúmenes de Bilbo Traducciones del élfico, que es mencionado en El Señor de los Anillos.

Esas cinco partes eran en un principio cinco trabajos independientes, pero el deseo de un anciano Tolkien fue que se publicaran en conjunto. Como murió antes de que pudiera reescribir las variadas leyendas por completo, su hijo Christopher utilizó material de viejos escritos de su padre para terminarlo. En algunos casos tuvo que crear fragmentos originales.

El Silmarillion, como otros compendios de los trabajos de Tolkien (tales como los Cuentos inconclusos, Las aventuras de Tom Bombadil y otros poemas de El Libro Rojo, y El camino sigue y sigue), forma una trama que, aunque incompleta, describe el universo de la Tierra Media antes de que se produjeran los acontecimientos narrados en El hobbit y El Señor de los Anillos. La historia de la Tierra Media comprende doce volúmenes que examinan los procesos que condujeron a la publicación de estas obras, basándose en los borradores iniciales del autor y el comentario de Cristopher Tolkien.

El Silmarillion es una obra compleja que explora una vasta extensión de temas inspirados en muchas historias antiguas, medievales y modernas; incluyendo el Kalevala finés, la Biblia hebrea, las sagas nórdicas, la mitología griega y celta y la Primera Guerra Mundial. Por ejemplo, el significado del nombre del ser supremo, Eru Ilúvatar («Padre de todo») se tomó prestado de la mitología nórdica. El estilo arcaico del «Ainulindalë» recuerda al Antiguo testamento. La civilización insular de Númenórë tiene reminiscencias de la griega Atlántida (uno de los nombres de esa tierra en los libros es Atalantë, a la que dotó de etimología quenya como «la [tierra] caída o sepultada»).

Algunos de los más notables capítulos del libro son:

La música de los ainur.
De Beren y Lúthien.
Túrin Turambar (asociado con la Narn i Chîn Húrin: la historia de los hijos de Húrin en los Cuentos inconclusos y como libro separado, Los hijos de Húrin).
De Tuor y la caída de Gondolin.
Del viaje de Eärendil y la Guerra de la Cólera.
Además, el libro incluye un largo apéndice en la que se puede encontrar quién es cada personaje, lugares, razas... También hay apéndices con explicaciones sobre pronunciación y etimología de las principales lenguas que aparecen en el contexto de la Tierra Media, árboles genealógicos...

La creación del libro

Los primeros bosquejos de las historias de El Silmarillion se remontan a 1925, cuando Tolkien escribió un esbozo de su mitología. Sin embargo, los conceptos de los personajes, los temas principales y las historias concretas se venían desarrollando desde 1917 cuando Tolkien -por entonces un oficial británico- volvió de Francia durante la Primera Guerra Mundial y se encontraba convaleciente en un hospital militar primero, y en su domicilio después, con la llamada 'fiebre de las trincheras'. Por ese tiempo, él nombró a su colección de pequeñas historias El libro de los cuentos perdidos (que después sería usado como nombre de los dos primeros volúmenes de La Historia de la Tierra Media). Estos 'cuentos' iban a incluir una Mitología inglesa, pretendiendo explicar los orígenes de la historia y cultura de Inglaterra.
Muchos años después de la guerra, alentado por el éxito de El hobbit, Tolkien le presentó a su editor, George Allen & Unwin una versión incompleta aunque muy desarrollada de El Silmarillion, pero se la rechazaron porque era oscura y "demasiado céltica". El editor, por el contrario, le pidió a Tolkien una continuación de El hobbit, la que finalmente se convertiría en su novela más significativa, El Señor de los Anillos.

De todos modos, Tolkien nunca abandonó estos trabajos. De hecho, los consideraba su obra más importante (de acuerdo con el prólogo del libro), pudiéndose ver en sus historias el origen de la Tierra Media y sucesos posteriores contados en El hobbit y El Señor de los Anillos. Reanudó su trabajo en El Silmarillion al completar la citada obra, y su deseo era que ambas se publicaran juntas. Pero cuando vio que sería un imposible concentró su atención en preparar la publicación de El Señor de los Anillos.

A finales de los años 1950 comenzó de nuevo a trabajar en El Silmarillion, pero muchos de sus escritos de esta época estaban más relacionados con el aspecto teológico y filosófico de la obra antes que en la narración misma. Durante este tiempo escribió largo y tendido sobre ciertos temas como la naturaleza del mal en Arda, el origen de los Orcos, las costumbres de los Elfos, la significación de la muerte élfica; y la planitud de Arda y el cuento del Sol y la Luna. Por este tiempo, le entraron serias dudas sobre los aspectos fundamentales de la obra que volvían a las primeras versiones de las historias, y parecía que Tolkien necesitaba solucionar esos problemas antes de poder producir la versión final de El Silmarillion. En todo caso, salvo contadas excepciones no trabajó en la narración en los restantes años de vida.

Las 12 Anécdotas sobre “El Quijote”


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha es la obra cumbre de Miguel de Cervantes Saavedra, y una de las obras más influyentes de la literatura española y universal. Además, el Quijote es considerado como la primera novela moderna. La novela consiste en dos partes que se publicaron en 1605 y 1615.
Algunas anécdotas sobre la primera edición y algunas otras muy curiosas sobre la obra de Cervantes.

1. La primera edición se confió al librero y editor Francisco de Robles, el cual concedió la impresión al antiguo taller de Juan de la Cuesta (imprenta Madrigal).

2. En principio, para la primera edición, se había previsto imprimir una tirada inicial de 500 ejemplares aunque finalmente se editaron entre 1,200 y 1,500. Gran parte de los cuales fueron enviados a América.

3. La edición del año 1605 se reimprimió 6 veces en un sólo año, lo que le convirtió en uno de los libros más vendidos de la época.

4. Sotheby´s subastó en 1980 el primer ejemplar de Don Quijote de la Mancha en inglés.

5. El libro de don Quijote de la Mancha tiene un total de 381.104 palabras.

6. A pesar de los años, “El Quijote” sigue editándose y no deja de reinventarse, incluso tiene una versión manga.

7. El libro de Cervantes es el libro más traducido de la historia de la lengua española. Ha sido traducido a más de 50 idiomas, siendo únicamente superado por La Biblia.

8. La Real Academia Española (RAE) define un quijote como un “hombre que antepone sus ideales a su conveniencia y obra desinteresada y comprometidamente en defensa de causas que considera justas, sin conseguirlo”.

9. El ex primer ministro israelí, David Ben-Gurión, aprendió español para poder leer El Quijote y otras obras de Cervantes en su idioma original.

10. La primera edición no fue tan glamurosa como quizá imaginéis, hecha con prisa tenía erratas y una tipografía mediocre.

11. Hablando de la tipografía de esa primera edición, se dice que salió del taller respondiendo a un nivel medio de la imprenta española de aquella época, lo cual es muy bajo –además hay que considerar que se imprimió en un periodo de tiempo muy breve.

12. La Biblioteca Nacional de España dispone de uno de los pocos ejemplares de la primera edición de El Quijote que se conservan en buen estado y además, cualquiera puede acceder a el, pues está completamente digitalizado.

martes, 12 de abril de 2016

Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma; 



(Juana Inés de Asbaje y Ramírez; San Miguel de Nepantla, actual México, 1651 - Ciudad de México, id., 1695) Escritora mexicana, la mayor figura de las letras hispanoamericanas del siglo XVII. La influencia del barroco español, visible en su producción lírica y dramática, no llegó a oscurecer la profunda originalidad de su obra. Su espíritu inquieto y su afán de saber la llevaron a enfrentarse con los convencionalismos de su tiempo, que no veía con buenos ojos que una mujer manifestara curiosidad intelectual e independencia de pensamiento.

Biografía

Niña prodigio, aprendió a leer y escribir a los tres años, y a los ocho escribió su primera loa. En 1659 se trasladó con su familia a la capital mexicana. Admirada por su talento y precocidad, a los catorce fue dama de honor de Leonor Carreto, esposa del virrey Antonio Sebastián de Toledo. Apadrinada por los marqueses de Mancera, brilló en la corte virreinal de Nueva España por su erudición, su viva inteligencia y su habilidad versificadora.
Pese a la fama de que gozaba, en 1667 ingresó en un convento de las carmelitas descalzas de México y permaneció en él cuatro meses, al cabo de los cuales lo abandonó por problemas de salud. Dos años más tarde entró en un convento de la Orden de San Jerónimo, esta vez definitivamente. Dada su escasa vocación religiosa, parece que Sor Juana Inés de la Cruz prefirió el convento al matrimonio para seguir gozando de sus aficiones intelectuales: «Vivir sola... no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros», escribió.
Su celda se convirtió en punto de reunión de poetas e intelectuales, como Carlos de Sigüenza y Góngora, pariente y admirador del poeta cordobés Luis de Góngora (cuya obra introdujo en el virreinato), y también del nuevo virrey, Tomás Antonio de la Cerda, marqués de la Laguna, y de su esposa, Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes, con quien le unió una profunda amistad. En su celda también llevó a cabo experimentos científicos, reunió una nutrida biblioteca, compuso obras musicales y escribió una extensa obra que abarcó diferentes géneros, desde la poesía y el teatro (en los que se aprecia, respectivamente, la influencia de Luis de Góngora y Calderón de la Barca), hasta opúsculos filosóficos y estudios musicales.

Perdida gran parte de esta obra, entre los escritos en prosa que se han conservado cabe señalar la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz. El obispo de Puebla, Manuel Fernández de la Cruz, había publicado en 1690 una obra de Sor Juana Inés, la Carta athenagórica, en la que la religiosa hacía una dura crítica al «sermón del Mandato» del jesuita portugués António Vieira sobre las «finezas de Cristo». Pero el obispo había añadido a la obra una «Carta de Sor Filotea de la Cruz», es decir, un texto escrito por él mismo bajo ese pseudónimo en el que, aun reconociendo el talento de Sor Juana Inés, le recomendaba que se dedicara a la vida monástica, más acorde con su condición de monja y mujer, antes que a la reflexión teológica, ejercicio reservado a los hombres.

En la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (es decir, al obispo de Puebla), Sor Juana Inés de la Cruz da cuenta de su vida y reivindica el derecho de las mujeres al aprendizaje, pues el conocimiento «no sólo les es lícito, sino muy provechoso». La Respuesta es además una bella muestra de su prosa y contiene abundantes datos biográficos, a través de los cuales podemos concretar muchos rasgos psicológicos de la ilustre religiosa. Pero, a pesar de la contundencia de su réplica, la crítica del obispo de Puebla la afectó profundamente; tanto que, poco después, Sor Juana Inés de la Cruz vendió su biblioteca y todo cuanto poseía, destinó lo obtenido a beneficencia y se consagró por completo a la vida religiosa.
Murió mientras ayudaba a sus compañeras enfermas durante la epidemia de cólera que asoló México en el año 1695. La poesía del Barroco alcanzó con ella su momento culminante, y al mismo tiempo introdujo elementos analíticos y reflexivos que anticipaban a los poetas de la Ilustración del siglo XVIII. Sus obras completas se publicaron en España en tres volúmenes: Inundación castálida de la única poetisa, musa décima, Sor Juana Inés de la Cruz (1689), Segundo volumen de las obras de Sor Juana Inés de la Cruz (1692) y Fama y obras póstumas del Fénix de México (1700), con una biografía del jesuita P. Calleja.

La poesía de Sor Juana Inés de la Cruz

Aunque su obra parece inscribirse dentro del culteranismo de inspiración gongorina y del conceptismo, tendencias características del barroco, el ingenio y originalidad de Sor Juana Inés de la Cruz la han colocado por encima de cualquier escuela o corriente particular. Ya desde la infancia demostró gran sensibilidad artística y una infatigable sed de conocimientos que, con el tiempo, la llevaron a emprender una aventura intelectual y artística a través de disciplinas tales como la teología, la filosofía, la astronomía, la pintura, las humanidades y, por supuesto, la literatura, que la convertirían en una de las personalidades más complejas y singulares de las letras hispanoamericanas.

En la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz hallamos numerosas y elocuentes composiciones profanas (redondillas, endechas, liras y sonetos), entre las que destacan las de tema amoroso, como los sonetos que comienzan con "Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba" y "Detente, sombra de mi bien esquivo". En "Rosa divina que en gentil cultura" desarrolla el mismo motivo de dos célebres sonetos de Góngora y de Calderón, no quedando inferior a ninguno de ambos. También abunda en ella la temática mística, en la que una fervorosa espiritualidad se combina con la hondura de su pensamiento, tal como sucede en el caso de "A la asunción", delicada pieza lírica en honor a la Virgen María.

Sor Juana empleó las redondillas para disquisiciones de carácter psicológico o didáctico en las que analiza la naturaleza del amor y sus efectos sobre la belleza femenina, o bien defiende a las mujeres de las acusaciones de los hombres, como en las célebres "Hombres necios que acusáis". Los romances se aplican, con flexibilidad discursiva y finura de notaciones, a temas sentimentales, morales o religiosos (son hermosos por su emoción mística los que cantan el Amor divino y Cristo en el Sacramento). Entre las liras es célebre la que expresa el dolor de una mujer por la muerte de su marido ("A este peñasco duro"), de gran elevación religiosa.
Mención aparte merece Primero sueño, poema en silvas de casi mil versos escritos a la manera de las Soledades de Góngora en el que Sor Juana describe, de forma simbólica, el impulso del conocimiento humano, que rebasa las barreras físicas y temporales para convertirse en un ejercicio de puro y libre goce intelectual. El poema es importante además por figurar entre el reducido grupo de composiciones que escribió por propia iniciativa, sin encargo ni incitación ajena. El trabajo poético de la monja se completa con varios hermosos villancicos que en su época gozaron de mucha popularidad.

El teatro y la prosa

En el terreno de la dramaturgia escribió una comedia de capa y espada de estirpe calderoniana, Los empeños de una casa, que incluye una loa y dos sainetes, entre otras intercalaciones, con predominio absoluto del octosílabo; y el juguete mitológico-galante Amor es más laberinto, pieza más culterana cuyo segundo acto es al parecer obra del licenciado Juan de Guevara. Compuso asimismo tres autos sacramentales: San Hermenegildo, El cetro de San José y El divino Narciso; en este último, el mejor de los tres, se incluyen villancicos de calidad lírica excepcional. Aunque la influencia de Calderón resulta evidente en muchos de estos trabajos, la claridad y belleza del desarrollo posee un acento muy personal.
La prosa de la autora es menos abundante, pero de pareja brillantez. Esta parte de su obra se encuentra formada por textos devotos como la célebre Carta athenagórica (1690), y sobre todo por la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (1691), escrita para contestar a la exhortación que le había hecho (firmando con ese seudónimo) el obispo de Puebla para que frenara su desarrollo intelectual. Esta última constituye una fuente de primera mano que permite conocer no sólo detalles interesantes sobre su vida, sino que también revela aspectos de su perfil psicológico. En ese texto hay mucha información relacionada con su capacidad intelectual y con lo que el filósofo Ramón Xirau llamó su "excepcionalísima apetencia de saber", aspecto que la llevó a interesarse también por la ciencia, como lo prueba el hecho de que en su celda, junto con sus libros e instrumentos musicales, había también mapas y aparatos científicos.



De menor relevancia resultan otros escritos suyos acerca del Santo Rosario y la Purísima, la Protesta que, rubricada con su sangre, hizo de su fe y amor a Dios y algunos documentos. Pero también en la prosa encuentra ocasión la escritora para adentrarse por las sendas más oscuras e intrincadas, siempre con su brillantez característica, como vemos en su Neptuno Alegórico, redactado con motivo de la llegada del virrey conde de Paredes.
A causa de la reacción neoclásica del siglo XVIII, la lírica de Sor Juana cayó en el olvido, pero, ya mucho antes de la posterior revalorización de la literatura barroca, su obra fue estudiada y ocupó el centro de una atención siempre creciente. La renovada fortuna de sus versos podría adscribirse más al equívoco de la interpretación biográfica de su poesía que a una valoración puramente estética. Ciertamente es desconcertante la figura de esta poetisa que, a pesar de ser hermosa y admirada, sofoca bajo el hábito su alma apasionada y su rica sensibilidad sin haber cumplido los veinte años. Pero la crítica moderna ha deshecho la romántica leyenda de la monja impulsada al claustro por un desengaño amoroso, señalando además como indudable que su silencio final se debió a la presión de las autoridades eclesiásticas.

lunes, 11 de abril de 2016

Orgullo y prejuicio


 (en inglés, Pride and Prejudice), publicada por primera vez el 28 de enero de 1813 como una obra anónima, es la más famosa de las novelas de Jane Austen y una de las primeras comedias románticas en la historia de la novela. Su primera frase es, además, una de las más famosas en la literatura inglesa: «Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.»
Es una novela de desarrollo personal, en la que las dos figuras principales, Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy, cada uno a su manera y, no obstante, de forma muy parecida, deben madurar para superar algunas crisis, aprender de sus errores para poder encarar el futuro en común, superando el orgullo de clase de Darcy y los prejuicios de Elizabeth hacia él.
Es una de las obras más conocidas de la literatura inglesa, gracias a innumerables ediciones, algunas películas (como Orgullo y prejuicio, de 2005), reescrita incluso en forma de un musical de Broadway (1959).


Cuando Jane Austen escribió Orgullo y prejuicio, apenas tenía veinte años, y compartía habitación con su hermana. Escribía en simples cuadernos. La primera redacción de la obra data del periodo 1796-1797; inicialmente recibió el título de First Impressions (Primeras impresiones), pero nunca fue publicado con ese nombre. Esta primera versión de la novela ya estaba esbozada por Jane Austen a los 21 años. En 1797 el padre de Jane lo ofreció a un editor, que lo rechazó.
Jane Austen revisó la obra en 1809-1810 y de nuevo en 1812, y la ofreció entonces, con el apoyo de su hermano Henry, a otro editor, que había publicado Sentido y sensibilidad el año anterior.
Se publicó por primera vez el 28 de enero de 1813. Lo mismo que su predecesor y La abadía de Northanger, fue escrito en la rectoría de Steventon

La novela describe poco más de un año en la vida de un pequeño grupo de jóvenes en el campo cerca de Londres en el cambio de siglo (del XVIII al XIX), durante el reinado de Jorge III.

En el centro de esta sociedad se encuentra la adorable y muy alocada familia Bennet, con sus cinco hijas casaderas, de entre 15 y 23 años (de mayor a menor: Jane, Elizabeth, Mary, Kitty y Lydia). La señora Bennet ve el matrimonio como única esperanza para sus hijas, pues tras la muerte del señor Bennet las jóvenes quedarán abandonadas a su suerte cuando Williams Collins (primo de las muchachas y heredero de todo, debido a que la propiedad forma parte de un mayorazgo) tome posesión. El mayorazgo sólo se transmite por linaje masculino, de manera que, al fallecimiento del padre, la madre y las hijas perderán la mayor parte de la fortuna y el derecho a habitar la propiedad. La señora Bennet está muy emocionada por las noticias de la llegada de un hombre soltero "de considerable fortuna" (cinco mil libras anuales) al vecindario: Charles Bingley. El señor Bingley ha alquilado la finca Netherfield, donde planea establecerse temporalmente con sus dos hermanas, la señorita Bingley y la señora Hurst, así como su cuñado, el señor Hurst. La señora Bennet espera casar a alguna de sus hijas con el señor Bingley.

Poco después, Bingley y su grupo, que ahora incluye a su amigo íntimo, Fitzwilliam Darcy, acuden a un baile público en el pueblo de Meryton. Al principio, Darcy suscita admiración debido a su elegante figura y sus ingresos de diez mil libras al año. No obstante, rápidamente los vecinos lo consideran orgulloso, alguien que los desprecia como socialmente inferiores. De hecho así lo considera la familia Bennet, cuando Elizabeth Bennet oye a Darcy declinar la sugerencia de Bingley de que la saque a bailar, pues no la encuentra suficientemente hermosa para merecer su atención. Este comentario la hiere en su orgullo y aprovecha cualquier ocasión para hacer uso de su ingenio, permitiéndose ironías que bordean lo admisible en una joven. Bingley, por su parte, resulta muy agradable, baila con varias de las jóvenes disponibles en el lugar, pero desde el principio muestra una decidida admiración por Jane Bennet, la mayor de las hermanas. Deseosa de animar esta unión tan ventajosa, la señora Bennet intenta forzar que Jane y Bingley se puedan encontrar juntos. Para su dicha, después del primer baile Jane es invitada a Netherfield (casa alquilada por Bingley) en donde enferma de neumonía, por lo que Elizabeth camina hasta allí a cuidarla; esto provoca burlas por parte de las hermanas de Bingley, pero despierta cierta admiración en Darcy, que no puede dejar de mirarla. Durante los días siguientes, conversan mucho mientras ella se encuentra cuidando a su hermana enferma y casi siempre terminan discutiendo, lo cual molesta a Elizabeth y provoca que Darcy la admire por su ingenio y viveza, además de sus expresivos ojos.

Poco después del baile, el señor Collins, quien heredará el patrimonio Bennet, visita a la familia. Collins es una figura cómica, un clérigo pomposo y bufón cuya idea de una tarde amena es leer a sus primas los Sermones de Fordyce1 ; se complace en mencionar continuamente el nombre de su gran patrona, la condesa Lady Catherine de Bourgh. Siguiendo la imperiosa sugerencia de Lady Catherine de que debe casarse, Collins ha decidido compensar su papel en el futuro empobrecimiento de sus primas casándose con una de ellas.

Durante una velada, el señor William Lucas sugiere a Elizabeth como compañera de baile para Darcy y ésta lo rechaza, debido a que él anteriormente había expresado que no bailaría con ella; sin embargo, durante un segundo baile celebrado en Netherfield él le pide un baile y ella acepta. Durante el baile discuten fríamente y Elizabeth (Lizzy) cada vez le soporta menos. Por su parte, Darcy cada vez la admira más, aunque no deja de notar el terrible comportamiento de sus hermanas menores, su madre (que se la pasa jactándose de que Jane se casará con Bingley) y su padre, lo cual hace que la desestime como posible pareja. El señor Collins propone matrimonio a Elizabeth, pero ésta lo rechaza tajantemente. Aunque la señora Bennet intenta promover el matrimonio, el señor Bennet, quien no siente gran simpatìa por su sobrino, apoya la decisión de su hija favorita.

Mientras tanto, Elizabeth empieza a sentirse atraída de un oficial recientemente llegado, el señor George Wickham, que afirma que ha sido privado de su legítima herencia nada menos que por el señor Darcy, con lo que se fortalece la reprobación de Elizabeth, dados los prejuicios que tiene hacia él. Después que Elizabeth rechaza al señor Collins, éste se casa rápidamente con Charlotte Lucas, la mejor amiga de Elizabeth, quien acepta su ofrecimiento con una estimación realista de sus opciones, dado que ya ha cumplido 27 años y sólo tiene una pequeña dote.

Para este momento, la opinión que la gente del sector tiene de Darcy ha decaído enormemente, en parte por la actitud fría que todos los lugareños ven en él, pero mayormente porque Wickhan ha hecho de dominio público las injusticias que asegura Darcy ha cometido contra él, además de revelar cualidades reprobables que conoce tras haber vivido cerca de él tantos años.

Cuando Bingley decide repentinamente marcharse de nuevo a Londres desilusionando a Jane y sin explicaciones Elizabeth sospecha que Darcy está detrás de esta separación.

Elizabeth visita a Charlotte, que vive ahora bajo el dominio de la tía de Darcy, Lady Catherine, una mujer acostumbrada a imponer su voluntad sobre la vida del resto. Estando con ellos, Darcy visita a la condesa y se aloja en su casa en la propiedad vecina, Rosings. Elizabeth y Darcy se ven obligados a verse muy frecuentemente. Sin embargo, un día el Coronel Fitzwilliam, primo de Darcy, durante una conversación con Elizabeth revela que oyó decir a éste que libró a un buen amigo de un matrimonio inconveniente, lo que confirma las sospechas de la joven respecto a su responsabilidad en las penas de su hermana.

Paralelamente, los encantos de Elizabeth, acaban seduciendo al señor Darcy, lo que provoca que finalmente le declare su amor por ella "contra su propia voluntad" y le expresa su deseo de casarse con ella, "a pesar de su origen inferior, su degradación, su reprensible familia...".

Sorprendida e insultada por tan arrogante método de proponer matrimonio, nuevamente herida en su orgullo, así como por haber descubierto recientemente que Darcy convenció a su amigo Bingley para que cortara la relación con Jane, y desdeñándolo aún por sus supuestas injusticias hacia Wickham, Elizabeth lo rechaza en términos inequívocos y de la forma más hiriente que le es posible, creando uno de los momentos más trascendentales de la trama.

"Desde el principio, casi desde el primer instante en que le conocí, sus modales me convencieron de su arrogancia, de su vanidad y de su egoísta desdén hacia los sentimientos ajenos; me disgustaron de tal modo que hicieron nacer en mí la desaprobación que los sucesos posteriores convirtieron en firme desagrado; y no hacía un mes aún que le conocía cuando supe que usted sería el último hombre en la tierra con el que podría casarme".
Elizabeth Bennet; Capítulo XXXIV


Al día siguiente Darcy intercepta a Elizabeth mientras ella da su paseo matutino, le entrega una carta y se despide fríamente. En la carta, Darcy explica que no siente la necesidad de disculparse por la forma en que habló de su familia ni por separar a Bingley de Jane, ya que no había malas intenciones ni mentiras en su actuar; aunque justifica sus acciones respecto a su interferencia en la relación entre Bingley y Jane, reconociendo que lo hizo porque, habiendo observado a Jane (también Darcy practica la observación como un arte social), confundió su naturaleza reservada con desinterés y creía que Bingley no significaba nada para ella, por lo que sólo quería protegerlo de una relación desafortunada. Revela sin embargo, su historia en relación con el señor Wickham y la verdadera naturaleza de éste. No le ha privado de la herencia, es sólo que Wickham, en lugar de una posición estable con ingresos vitalicios prefirió una elevada cantidad de dinero en un solo pago que derrochó en poco tiempo. Los problemas financieros de Wickham provienen de su inestable estilo de vida y su afición al juego. Además, es un libertino que, al comprender que no obtendría más dinero de parte de Darcy, intentó fugarse con Georgiana, la hermana de 15 años de Darcy, como una forma de apoderarse de la herencia de ésta, pero la abandonó en cuanto supo que no tenía posibilidad de obtener su dote o herencia.

Elizabeth queda avergonzada a la vista de estas aclaraciones y reconoce que el orgullo y el prejuicio la habían cegado; también reconoce tras esta misiva que ante el comportamiento galante de Wickham había decidido atribuirle cualidades de las que ahora comprendía que carecía tras repasar los actos y comentarios que recordaba de él. De la misma forma había preferido calificar el carácter silencioso de Darcy como defecto sin detenerse a ver la amabilidad y rectitud que había demostrado en varias ocasiones desde que se conocieron. Tras razonarlo, no le queda más que aceptar también que el caballero tenía razones válidas para censurar a sus padres y a sus hermanas menores, ya que incluso ella sentía vergüenza ajena por su forma de actuar en los eventos sociales, y que Darcy simplemente ha demostrado con sus actos la misma preocupación y aprecio por Bingley que ella tendría por Jane. No obstante, lamenta el haber rechazado a Darcy y sólo desea volver a verlo.

Más tarde, Elizabeth se va de vacaciones con sus tíos, los Gardiner, por Derbyshire; la convencen para que visite Pemberley, la finca de Darcy, mientras él se encuentra fuera. Queda impresionada por su tamaño y organización, así como por las alabanzas que recibe el hombre de su ama de llaves, quien se refiere a las actitudes generosas y nobles que conoce de su patrón. Por ello se siente avergonzada cuando se lo encuentra inesperadamente mientras hace una visita por los terrenos. No obstante, su comportamiento respecto a ella y a la gente en general ha cambiado, es más cálido que en su anterior encuentro; esto, unido a la manera educada y amistosa con que trata a sus tíos, empieza a hacer pensar a Elizabeth que bajo su orgullo yace una naturaleza leal y generosa. Esta segunda opinión sobre Darcy viene apoyada por su encuentro con su hermana menor, Georgiana, una chica agradable y tímida a quien Darcy adora y que despierta la simpatía de Elizabeth y su tía. Descubrir esta faceta de Darcy hace que sus tíos, quienes estaban predispuestos hacia él debido a los comentarios de Wickham, cambien su parecer y lo tengan en gran estima.

Justo cuando su relación con Darcy empieza a ser más distendida, Elizabeth queda horrorizada al saber que en su ausencia su obstinada hermana menor Lydia ha captado la atención de Wickham y se ha fugado con él: una relación sin matrimonio y un hijo ilegítimo destruirían el honor de los Bennet y reducirían las posibilidades de matrimonio de las otras hermanas. Cuando la familia investiga, descubren que Wickham abandonó el servicio para eludir deudas de juego y que fugarse con Lydia es sólo su herramienta para huir, por lo que es obvio que en poco tiempo la deshonre y abandone. Cuando Elizabeth cuenta esto a Darcy, él asume la misión de encontrar a Wickham y sobornarlo para que se case con Lydia por sentirse en parte responsable al no haber revelado a tiempo el verdadero carácter de Wickham, pero no lo revela a Elizabeth y su familia. Darcy consigue encontrar a Lydia y Wickham en Londres e induce a Wickham a casarse con Lydia, pagando su boda y dándole dinero.

Elizabeth descubre accidentalmente el papel de Darcy gracias a los despreocupados comentarios de Lydia, más tarde confirmados por su tía, la señora Gardiner. Este acto final completa un giro radical en los sentimientos de Elizabeth y comienza a lamentar haber rechazado la proposición de matrimonio que le hiciera Darcy y comprende que las primeras impresiones, guiadas por el orgullo y el prejuicio, no siempre son las verdaderas. Sin embargo, no guarda esperanzas de ningún tipo de acercamiento con Darcy razonando que fue demasiado cruel para rechazar su confesión aun cuando éste se mostró amable y atento con ella en Pemberley. Ahora que su hermana menor ha generado tal escándalo, él debe haber descartado cualquier interés en relacionarse con los Bennet, especialmente teniendo en cuenta que esto le supondría convertirse en cuñado del despreciable Wickham.

Poco tiempo después Bingley regresa a Netherfield, ocasión que aprovecha la Señora Bennet para intentar forzar un reencuentro con Jane, cosa que se logra en lo que se insinúa como una intervención de Darcy y da pie a continuas visitas por parte de ambos a la casa Bennet. Mientras Jane disfruta las reuniones con el hombre que aún ama, Elizabeth siente la tortura de tener cerca a Darcy y que no haya situaciones donde ambos puedan hablar, así como el aparente regreso del carácter frío y hermético que lo caracterizaba antes de encontrarse en Pemberley. Días después Darcy debe retirarse temporalmente a Londres mientras Bingley consigue armarse de valor para pedir la mano de Jane, lo que causa alegría en toda la familia.

Lady Catherine descubre los sentimientos de Darcy hacia Elizabeth, lo que amenaza su ambición, largamente sentida, de casarlo con su propia hija. Mientras Darcy se encuentra en Londres, su tía visita inesperadamente a Elizabeth y con brusquedad intenta presionarla para que declare abiertamente que no existe un compromiso ni interés de su parte por Darcy; la orgullosa muchacha, frente a la grosera e impertinente actitud de la mujer rechaza aceptar o reconocer alguna cosa de lo que ésta le ordena, por lo que la duquesa debe retirarse molesta y sin conseguir nada. Irónicamente, este hecho sella la relación entre Elizabeth y Darcy, pues cuando Lady Catherine se queja a Darcy de la obstinación de Elizabeth, él se da cuenta de que los sentimientos de ella han cambiado, razonando que alguien como ella no tendría reparos para reprochar a su tía su desinterés, si éste realmente existiera, lo que le da esperanzas suficientes para intentar declararse otra vez. Cuando Darcy le propone matrimonio por segunda vez, Elizabeth acepta.
Jane y Elizabeth se casan poco después con Bingley y Darcy, respectivamente. Tras su matrimonio, Elizabeth y Darcy se establecen definitivamente en Pemberley junto a Georgiana, quien se ha convertido no sólo en su cuñada, también en su mejor amiga; allí los tíos y el padre de Elizabeth se vuelven visitantes asiduos y familiares muy apreciados para Darcy; tras algún tiempo Bingley compra una propiedad junto al hogar de su mejor amigo para felicidad de ambas esposas. Se menciona que Catherine aprovecha las amistades de sus hermanas y cuñados para asistir a eventos de la alta sociedad, pero ahora que está lejos de la influencia de Lydia, se ha convertido en una joven más centrada y correcta. Mary carece de pretendientes, pero al ser la única soltera recae sobre ella la obligación tradicional de quedarse en casa y dedicarse a cuidar a su madre, cosa que no le molesta ya que la vida le parece más grata ahora que sólo ella vive allí y no siente que es ensombrecida por el atractivo de sus hermanas. La única molestia eran Wickham y Lydia, de quienes se insinúa que el pobre amor entre ambos había muerto rápidamente y ninguno era fiel, pero continuamente visitaban y abusaban de la hospitalidad del inocente y amable Bingley al punto de hacerle perder los estribos y echarlos de la casa en una ocasión; también constantemente se veían llenos de deudas, por lo que Elizabeth intentaba ayudarles con sus propios ingresos, pero rápidamente lo despilfarraban y nuevamente había que ayudarlos con más dinero o buscarles viviendas más baratas. Finalmente se menciona que tras algún tiempo Darcy y Lady Catherine hicieron las paces e incluso ella los visitaba ocasionalmente.

Tres joyas del libro póstumo de Umberto Eco


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 


La sociedad líquida

Como es bien sabido, la idea de modernidad o sociedad “líquida” se debe a Zygmunt Bauman. Al que desee entender las distintas implicaciones de este concepto le será útil leer ‘Estado de crisis’, obra en la que Bauman y Carlo Bordoni debaten sobre este y otros problemas.

La sociedad líquida empieza a perfilarse con la corriente llamada posmodernismo (término ‘comodín’, que puede aplicarse a multitud de fenómenos distintos, desde la arquitectura hasta la filosofía y la literatura, y no siempre con acierto). El posmodernismo marcó la crisis de las “grandes narraciones” que creían poder aplicar al mundo un modelo de orden; tenía como objetivo una reinterpretación lúdica o irónica del pasado, y en cierto modo se entrecruzó con las pulsiones nihilistas. No obstante, para Bordoni también el posmodernismo está en fase decreciente. Tenía un carácter temporal, hemos pasado a través de él sin darnos cuenta siquiera, y algún día será estudiado como el prerromanticismo. Se utilizaba para señalar un fenómeno en estado de desarrollo y ha representado una especie de trayecto de la modernidad a un presente todavía sin nombre.

Para Bauman, entre las características de este presente en estado naciente se puede incluir la crisis del Estado (¿qué libertad de decisión conservan los Estados nacionales frente al poder de las entidades supranacionales?). Desaparece una entidad que garantizaba a los individuos la posibilidad de resolver de una forma homogénea los distintos problemas de nuestro tiempo, y con su crisis se ha perfilado la crisis de las ideologías, y por tanto de los partidos, y en general de toda apelación a una comunidad de valores que permitía al individuo sentirse parte de algo que interpretaba sus necesidades.

Con la crisis del concepto de comunidad surge un individualismo desenfrenado en el que nadie es ya compañero de camino de nadie, sino antagonista del que hay que guardarse. Este “subjetivismo” ha minado las bases de la modernidad, la ha vuelto frágil, y eso da lugar a una situación en la que, al no haber puntos de referencia, todo se disuelve en una especie de liquidez. Se pierde la certeza del derecho (la magistratura se percibe como enemiga), y las únicas soluciones para el individuo sin puntos de referencia son aparecer sea como sea, aparecer como valor, y el consumismo. Pero se trata de un consumismo que no tiende a la posesión de objetos de deseo con los que contentarse, sino que inmediatamente los vuelve obsoletos, y el individuo pasa de un consumo a otro en una especie de bulimia sin objetivo (el nuevo teléfono móvil nos ofrece poquísimas prestaciones nuevas respecto al viejo, pero el viejo tiene que ir al desguace para participar en esta orgía del deseo).

Crisis de las ideologías y de los partidos: alguien ha dicho que estos últimos son ahora taxis a los que se suben un cabecilla o un capo mafioso que controlan votos, seleccionados con descaro según las oportunidades que ofrecen, y esto hace que la actitud hacia los tránsfugas sea incluso de comprensión y no ya de escándalo. No solo los individuos, sino la sociedad misma, viven en un proceso continuo de precarización.

¿Hay algo que pueda sustituir esta licuación? Todavía no lo sabemos, y este interregno durará bastante tiempo. Bauman observa que (desaparecida la fe en una salvación que provenga de las alturas, del Estado o de la revolución) es típico del interregno el movimiento de indignación. Estos movimientos saben lo que no quieren, pero no saben lo que quieren. Y quisiera recordar que uno de los problemas que se les plantean a los responsables del orden público a propósito de los “bloques negros” (táctica de manifestación donde los participantes llevan ropa negra para evitar ser identificados y parecer una sola masa*) es que no es posible etiquetarlos, como se hizo con los anarquistas, con los fascistas o con las Brigadas Rojas. Actúan, pero nadie sabe cuándo ni en qué dirección, ni siquiera ellos.

¿Hay algún modo de sobrevivir a la liquidez? Lo hay, y consiste justamente en ser conscientes de que vivimos en una sociedad líquida que, para ser entendida y tal vez superada, exige nuevos instrumentos. El problema es que la política y en gran parte la ‘intelligentsia’ todavía no han comprendido el alcance del fenómeno. Bauman continúa siendo por ahora una ‘vox clamantis in deserto’ (el sociólogo polaco falleció el 9 de enero*). 2015

* Notas de EL TIEMPO

La paz y el mundo
La brillante carrera del hombre que condujo las negociaciones de paz
Izquierda y poder
Yo no estaba presente cuando sucedió el hecho, pero me lo contó una persona fidedigna. Pues bien, en 1996 Romano Prodi acababa de ganar las elecciones y por primera vez subía la izquierda al poder (en Italia*). Gran fiesta, creo, en la romana Piazza del Popolo, muchedumbre delirante. Mientras Massimo D’Alema (entonces secretario general de los Demócratas de Izquierda*) se dirigía hacia la tribuna, una mujer lo tomó por el brazo gritando: “¡Compañero Massimo, ahora sí que haremos una oposición fuerte!”.

Fin de mi historia, pero no de la maldición de la cual era síntoma. La militante había entendido que su partido había ganado, pero no que estaba obligado a ir al Gobierno, y no podía concebir un partido que estuviera obligado a decir que sí a un montón de cosas, porque siempre lo había pensado como una fuerza heroica y testaruda que a todo le decía que no.

Ahora bien, en ella se resumía una trágica historia de la izquierda europea: durante más de 150 años había vivido como fuerza de oposición; revolucionaria, sí, pero sumida en una larga espera, llena de sufrimiento, de que estallara la revolución (y en Rusia y en China, donde estalló, obligada a gobernar y a no oponerse, poco a poco esa izquierda se fue convirtiendo en una fuerza conservadora).

Por eso la izquierda siempre se ha sentido capaz de decir que no y ha mirado con recelo a esas alas que se aventuraban a decir que sí con la boca chica, expulsándolas como socialdemocráticas; y cuando decían que sí, sus militantes abandonaban el partido para fundar otro más radical. Por esa razón la izquierda siempre ha sido escisionista, condenada a una cariocinesis perpetua, y por supuesto, con tal proceder nunca ha sido lo bastante fuerte para ir a gobernar. Y quisiera añadir, malignamente, por suerte, porque entonces se habría visto obligada a decir que sí, con todos los compromisos que conlleva tomar decisiones de gobierno, y diciendo que sí habría perdido esa pureza moral que la veía siempre derrotada y altivamente capaz de rechazar las seducciones del poder. Se conformaba con pensar que ese poder que rechazaba conseguiría destruirlo algún día.La historia de esa mujer de la Piazza del Popolo explica infinitas cosas que siguen pasando hoy en día. [2015]

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Preocupa la corrupción dentro del sistema político
Lenín Moreno: entre el humor, la política y la crisis
La pérdida de la privacidad
Uno de los problemas de nuestro tiempo, que (a juzgar por la prensa) obsesiona en cierto modo a todos, es el de la llamada ‘privacy’, que, por decirlo de forma muy esnob, se puede traducir como ‘privacidad’. Dicho llanamente, significa que todo el mundo tiene derecho a ocuparse de sus asuntos sin que los demás, en especial las agencias vinculadas a los centros de poder, se enteren. Y existen instituciones creadas para garantizar la privacidad (pero, por favor, llamándola ‘privacy’, de lo contrario nadie la toma en serio). Por eso nos preocupa que, a través de nuestras tarjetas de crédito alguien pueda saber qué hemos comprado, en qué hotel nos hospedamos y dónde hemos cenado. Por no hablar de las escuchas telefónicas cuando no son indispensables para identificar a un delincuente; recientemente, incluso Vodafone (empresa británica de telecomunicaciones*) ha lanzado una advertencia sobre la posibilidad de que agentes más o menos secretos de cualquier nación puedan saber a quién llamamos y qué decimos.

Parece, pues, que la privacidad es un bien que queremos defender a toda costa, para no vivir en un mundo de Gran Hermano (el verdadero, el de Orwell), donde un ojo universal puede controlar todo lo que hacemos o, incluso, pensamos.

Pero la pregunta es: ¿realmente le importa mucho a la gente la privacidad? Antes, la amenaza a la privacidad era el chismorreo, y lo que se temía del chismorreo era el atentado contra nuestra reputación, sacar a la calle los trapos sucios que debían ser legítimamente lavados en casa. Pero, tal vez a causa de la llamada sociedad líquida, en la que todo el mundo sufre una crisis de identidad y de valores, y no sabe dónde ir a buscar puntos de referencia que le permitan definirse, el único modo de conseguir reconocimiento social es “hacerse ver” a toda costa.

Y así, la señora que comercia con su cuerpo (y que antes procuraba ocultar su actividad a los padres o a los vecinos), hoy se hace llamar ‘escort’ y asume alegremente su papel público presentándose incluso en televisión; los cónyuges, que antes ocultaban con celo sus desavenencias, acuden a los programas basura para representar entre los aplausos del público el papel del adúltero o el del engañado; nuestro vecino del transporte público cuenta por teléfono en voz alta lo que piensa de su cuñada o lo que ha de hacer su asesor fiscal; los investigados de toda clase, en vez de retirarse al campo hasta que la tormenta del escándalo se haya calmado, multiplican sus apariciones con una sonrisa en los labios, porque mejor es ladrón conocido que honrado por conocer.

Hace poco apareció en ‘La Repubblica’ un artículo de Zygmunt Bauman en el que se destacaba que las redes sociales (en especial Facebook), que representan un instrumento de vigilancia del pensamiento y de las emociones ajenas, son utilizadas por distintos poderes con una función de control, gracias a la colaboración entusiasta de quien forma parte de ellas. Bauman habla de una “sociedad confesional que promueve la exposición pública de uno mismo al rango de prueba eminente y más accesible, además de verosímilmente más eficaz, de existencia social”. En otras palabras, por primera vez en la historia de la humanidad, los espiados colaboran con los espías para facilitarles el trabajo, y esta entrega les proporciona un motivo de satisfacción porque alguien los ve mientras existen, y no importa si existen como criminales o como imbéciles.

También es cierto que, una vez que alguien puede saberlo todo de todos, cuando los todos se identifiquen con la totalidad de los habitantes del planeta, el exceso de información solo producirá confusión, ruido y silencio. Esto debería preocupar a los espías, porque a los espiados les encanta que al menos los amigos, los vecinos y quizá los enemigos conozcan sus secretos más íntimos, ya que es el único modo de sentirse vivos y parte activa del cuerpo social. [2014]