Bibliotecas y mi colección de libros

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Libros, libres


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio ernesto Hernández Jara;


Han surgido voces en España pidiendo eliminar de los programas de enseñanza las obras de algunos autores, por considerarlos "sexistas". En esa lista negra entraría el poeta Pablo Neruda, entre otros. Mario Vargas Llosa ha encendido las señales de alerta llegando a afirmar que hoy el peligro mayor para la literatura es el feminismo. Siendo rigurosos, habría que distinguir entre feminismos razonables y feminismos fanáticos. Tal vez Vargas Llosa tema que algunos de sus libros "subidos de tono" puedan entrar en un futuro en esa lista negra. 
Si Neruda es eliminado, la obra de Pablo de Rokha, poeta patriarcal, el "macho anciano", debiera ser quemada. Un botón de muestra: "¡Ahí va Raimundo Contreras levantándole las polleras a la luna/ y besándole las tetas a la noche!". Al lado de eso, Neruda es un niño de pecho: "Blanca mujer, blancas colinas, muslos blancos/ te pareces al mundo en tu actitud de entrega/ y mi cuerpo de labriego salvaje te socava/ y hace estallar al hijo desde el fondo de la tierra". Es evidente que ese tono patriarcal de De Rokha, de un Licantén en que los hombres andaban con la pistola al cinto, puede chocar en nuestros tiempos.
 Pero ¿vale la pena entrar en un revisionismo del pasado para tratar de limpiar de la historia de la literatura todo lo que hoy nos parezca reprobable e incluso en algunos casos deleznable? 

Se corre el riesgo de, al arrancar la cizaña, arrancar también el trigo. Ello, incluso, puede producir un efecto contrario del buscado. Me imagino a jóvenes lectores leyendo a escondidas los poemas censurados de Neruda y de Gonzalo Rojas, campeón de la lascivia erótica masculina. Los españoles recordarán perfectamente el escrutinio de los libros que ocurre en el "Quijote". Efectivamente, los libros de caballería le habían "secado el celebro" a Alonso de Quijana, ¿pero la medida era eliminarlos? La mejor crítica a esos libros fue la ironía de Cervantes, hastiado de una literatura de moda entonces y que estaba "alienando" a algunos lectores. De esa ironía nace la novela moderna y el "Quijote de la Mancha"..
Pienso que la mejor manera de combatir ciertos arquetipos y prejuicios de un patriarcalismo trasnochado hoy puesto en tela de juicio (y con razón) sería crear novelas y poemas en los que se ironizara ese machismo (una parodia cervantina ) o creando nuevos arquetipos literarios de la relación hombre-mujer. La joven poeta de la generación del 90 Alejandra del Río, por ejemplo, hace un ejercicio de crítica en un poema de su libro "Dramatis Personae (recién aparecido) del Rojas lascivo y machista, pero con estilo, humor, sin beatería alguna. 

Como dijo Sergio Ramírez, el reciente galardonado Premio Cervantes en su discurso de recepción de ese premio, las novelas pueden indagar en las realidades políticas de su tiempo, pero nunca reducirse a panfletos sobre ella. Hay algo en toda buena literatura que escapa a la intención expresa del autor, como el Quijote se le escapó de las manos a Cervantes. En buena hora. Un panorama literario solo con libros políticamente correctos desvitalizaría la literatura, espacio de indagación en el inconsciente, con sus luces y sombras. 
La energía hay que ponerla en crear buena literatura; no en abrir nuevos tribunales inquisitoriales o comités de censura, por muy loable que sea la causa que se enarbole. Tan agresivo e insoportable como lo es un machismo retrógrado es el antisemitismo, enfermedad que padecieron varios y notables escritores del siglo XX. Al primero que habría que eliminar es a Louis Ferdinand Céline.
 ¿Pero alguien pensaría en sacar de los programas de lectura "Viaje al fondo de la noche", la novela más importante de la literatura francesa del siglo XX? 
Eso sería el comienzo de una nueva Noche, una de las tantas que ha vivido el libro a lo largo de la historia y que vale la pena recordar cuando estamos celebrando el día del Libro, del libro libre... Los inquisidores pasan, los libros permanecen. 

martes, 13 de diciembre de 2016

La Buena Mesa de Olga Budge


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 

Olga Budge, esposa del hombre público Agustín Edwards MacClure, acompañó a su marido durante largos años en su vida diplomática por Europa, departiendo con destacados miembros de la élite inglesa. De vuelta en Chile, en los años treinta, publicó este libro que da cuenta de su experiencia en el mundo de la gastronomía internacional, especialmente de la cocina francesa.

El libro La Buena Mesa
Olga Budge de Edwards (1879-1957)

En 1933 Olga Budge de Edwards publicó La Buena Mesa, que se reeditó durante 30 años, donde recogió la amplitud del recetario disponible entonces. Sus méritos llevaron a Rosario Valdés a revisar y completar en 1997, tras 12 años de trabajo y con un notable aporte propio, esa enorme cantera culinaria. El libro reúne sobre 1.500 recetas de platos (hay, por ejemplo, 120 de huevos, sin contar tortillas y diversas combinaciones, 14 de congrio y otras tantas de langosta, y 40 tortas), además de las de tragos, picoteos, salsas y otros complementos, tanto para la comida familiar como para recibir. Llama la atención la diversidad de países, de Oriente y Occidente, de donde proviene esa cantidad de sugerencias (abundan las recetas peruanas, que fueron conocidas así antes de la llegada de sus restaurantes). El libro incluye por cierto numerosas preparaciones de estirpe criolla, a las que los mejores recetarios anteriores daban menos importancia que a las que venían de Francia. 

De La Buena Mesa me interesa sobre todo destacar cómo las dueñas de casa con especiales condiciones culinarias, y la misma Olga Budge, habían ido enriqueciendo en sus cuadernos de recetas sencillos platos tradicionales. El libro suele distinguir esos perfeccionamientos con nombres geográficos bien chilenos, como criadillas Marga Marga o Placilla, patitas Camarico o Peñuelas, erizos Cartagena (hay allí varias formas de aprovecharlos con refinamiento) o huevos Santa Lucía y San Cristóbal. Hay asimismo mestizajes como el "caldillo de las niñas" de congrio con crema y queso, o las pencas de cardo al parmesano, algunos de los cuales merecen considerarse también "de mantel largo". 

Consortes de los reyes de Inglaterra II


Leonor de Aquitania (en francés: Aliénor d’Aquitaine o Éléonore de Guyenne, en inglés: Eleanor of Aquitaine; Poitiers, 11221​-Fontevraud-l'Abbaye,​ 1 de abril de 12044​) fue una noble medieval francesa miembro de la casa de Poitiers, desde 1137 por derecho propio duquesa de Aquitania y Guyena y condesa de Gascuña, y que por matrimonio llegaría a ser reina consorte de Francia (1137-1152) y luego reina consorte de Inglaterra (1154-1189).


Berenguela de Navarra (n. probablemente en Tudela, Navarra, entre 1165 y 1170 - Le Mans, Francia, 23 de diciembre de 1230) fue reina de Inglaterra, duquesa de Normandía y condesa de Anjou.

Isabel de Angulema (1186/11891​ - abadía de Fontevrault, 31 de mayo de 12462​), fue una noble francesa, única hija de Aymar III, conde de Angulema, y de Alicia de Courtenay, hija a su vez de Pedro I, señor de Courtenay, hijo del rey Luis VI de Francia.


Leonor de Provenza (Aix-en-Provence, h. 1223 – Amesbury, Wiltshire, 24 de junio de 1291), reina consorte de Enrique III de Inglaterra.


Leonor de Castilla (1241 - Harby, Nottinghamshire, 29 de noviembre de 1290) fue una infanta de Castilla por nacimiento y reina de Inglaterra por su matrimonio con Eduardo I


Margarita de Francia, (1279​-14 de febrero de 1318)​, siendo la menor de los tres hijos nacidos de Felipe III el Atrevido, rey de Francia, con María de Brabante, su segunda esposa. Fue la Reina de Inglaterra como la segunda esposa del rey Eduardo I de Inglaterra.



Isabel de Francia (París, Reino de Francia; 1292-Hertford, Hertfordshire, Reino de Inglaterra; 22 de agosto de 1358) fue la tercera y última de las hijas del Rey Felipe IV de Francia y de la Reina Juana I de Navarra.


Felipa de Henao (francés medio: Philippe de Hainaut, 24 de junio​ de 1314 - 15 de agosto de 1369) fue reina de Inglaterra como esposa del rey Eduardo III.​ Eduardo prometió en 1326 casarse con ella dentro de los dos años siguientes



Ana de Luxemburgo (Praga, 11 de mayo de 1366 - Londres, 7 de junio de 1394) fue reina de Inglaterra como la primera esposa del rey Ricardo II de Inglaterra.



Isabel de Valois (Palacio del Louvre, París, 9 de noviembre de 1389 - Blois, 13 de septiembre de 1409) fue la tercera -pero primera en llegar a la edad adulta- de los 12 hijos de Carlos VI, rey de Francia, y de Isabel de Baviera-Ingolstadt.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Mi manifiesto: Cristian Warnken

Crecí en la calle Pedro de Villagra, en Vitacura, cuando la comuna era un barrio pequeño. Había mucha pichanga. Mi infancia fue la de un niño chileno de clase media, muy parecida a la del personaje Mampato, la historieta que me llegaba los jueves.
Me gustaba cantar, siempre fui muy cantor. Soy entonado y tengo buen oído. De chico me colocaba en la reja de mi casa a cantar.
Mi abuela materna fue muy importante para mí. Se llamaba Marta Herrera, era poetisa, amiga de Gabriela Mistral. Su seudónimo poético era Patricia Morgan. Tenía un departamento en la calle Mac-Iver, donde yo iba los fines de semana. Allí llegaban poetas, escritores, dramaturgos. Mi abuela fue mi puerta de acceso al centro de Santiago, que siempre ha sido para mí un espacio mítico.
Me acuerdo del primer libro que me regalaron, yo tenía 8 años. Fue un amigo de mi abuela. Era El libro de la selva, de Rudyard Kipling. “Para el niño Cristián Warnken, gran lector. Isauro Santelices, firmaba. Debe haber sido uno de estos personajes del mundo cultural de mi abuela. Actualmente, tengo más de 6 mil libros.


Hago la distinción entre la experiencia espiritual y la religión. En Chile está fundido completamente, porque la religión ha monopolizado la experiencia espiritual. Vivir en Chile es como vivir en Irán, una república en la que prácticamente estamos dentro de un convento. Yo creo que la experiencia espiritual no tiene nada que ver con el poder, con la evangelización.
El Papa Francisco me ha sorprendido y me está gustando mucho. Me gustó que fuera latinoamericano, pues la Iglesia Católica en Europa está en decadencia, entonces que sea latinoamericano provoca un quiebre total. Además, los gestos que tuvo al asumir fueron más radicales de lo que uno piensa.
Mi madre tiene 83 años y un mundo interior muy rico. Es una mujer insomne, como todos los Lihn. Enrique Lihn también lo era.
Cuando fue el golpe militar yo estaba en séptimo básico. Vivía en Vitacura y mientras pasaban los aviones, la gente sacaba botellas de champaña. En mi casa estábamos divididos, porque mi mamá era de izquierda y mi papá apolítico, que en ese momento era casi como ser de derecha.


Entré a la Universidad Católica a estudiar Literatura en el 79 y sentí que seguía en el colegio. Todo súper escolar. Lo interesante ocurrió durante los 80, en el Campus Oriente. Hubo talleres, movimientos, actividad cultural a pesar del apagón del país. Allí conocí en persona a Jorge Teillier, a Enrique Lihn, que era tío mío, a Nicanor Parra.
Viví en Roma un año, el 82. Recorrí Europa casi a dedo. Me interesé por el movimiento punk. Me corté el pelo, me hice un mohicano y me lo teñí. Volví a Chile el 83, en plenas protestas. Volví a la Católica a terminar y titularme de profesor.
A Danitza (Pavlovic, su mujer) la conocí cuando yo era productor del programa cultural de la Feria del Libro. Un amigo me dijo que quería presentarme a alguien. Yo no quería, me había separado hace poco, tenía un hijo. Y bueno, nos conocimos en una mesa redonda que yo moderaba en la feria. Aparece esta mujer alta, estupenda y me dice: “Oye, qué mal que hiciste la moderación del debate”. Me descolocó.


Mi casa, en Vitacura, es un mundo domado por los niños. Hay miles de juguetes, títeres y máscaras. Es un teatro infantil permanente. Nos disfrazamos. Vemos poca televisión, mis hijos casi no la pescan. Con los más chicos leemos cuentos; los que más me piden son los que les invento. Hemos elaborado personajes. El otro día hicimos un catastro y llevamos veintitantos. Están Juan el Valiente, El trencito rojo, El caminante y su sombra, Dragoncín y Dragoncel…
Está entre mis sueños irme a vivir a Valparaíso. Cuando salió el proyecto de la editorial de la Universidad de Valparaíso, que hoy dirijo, empezamos a barajar con mi señora la posibilidad de irnos de Santiago… Por ahora me divido entre ambos lugares.
A Yerko Puchento lo considero muy bueno. Todos se escandalizaron con su rutina y lo que dijo, y finalmente lo que él hace es radicalizar lo que es hoy la televisión chilena: agresiva y denigrante.
El 2011 me tomé un año sabático. Era decano de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad del Desarrollo. Un día presenté mi renuncia. Me lancé al vacío como un trabajador libre e independiente. Redujimos gastos con mi señora y nos dimos cuenta de que podíamos vivir con menos.


Me gusta caminar. Me voy desde Vitacura hasta el centro. También tomo harto taxi, me declaro un taxicómano. Camino harto solo, me ayuda a pensar, a entrar en mi propio mundo. No tengo auto, ni siquiera manejo.
Los primeros días después de la muerte de mi hijo Clemente, en 2007, estaba en shock. Fue tan brutal la experiencia, tan traumática, que todo lo que hice fue en un trance. Si hubiera tenido que hacerlo después de pasar ese estado, no hubiera enviado la columna que publiqué a los tres días. Cuando la mandé dije “¿qué hice?”, porque lo que más quería era proteger mi privacidad, desaparecer del mundo. Pero como dice un pasaje de El Principito, “es tan misterioso el país de las lágrimas”.
En la última elección presidencial me abstuve y en la anterior también. Siempre voté por la Concertación, pero hoy me siento un concertacionista huérfano, decepcionado, defraudado, como muchos otros. Un desconcertado, tal cual.
Mi miedo más grande es al desamor. El desamor es el defecto más devastador de la vida humana. Es un cliché, pero avalado por grandes como Dante, Dostoyevski, Whitman. Este último dijo: “El que camina una legua sin amor, camina amortajado hacia su propio funeral.

otro canal

domingo, 13 de noviembre de 2016

Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano, I marqués del Valle de Oaxaca

Escudo de armas completo de Hernan Cortés. Al escudo otorgado por el Rey Carlos I de España en 1525 le añade sobre el todo un escusón propio de los Cortés de Monroy (En oro, cuatro palos de gules. Bordura de azur con ocho cruces de San Juan de Jerusalén, de plata. Blasonario de la consanguinidad ibérica) cargado con su lema Judicium domini aprehendit eos et fortitudo ejus corroboravit brachium meum (La heráldica de Hernán Cortés) y un león alado sobre el yelmo que Cortés añadió al escudo.

 (Medellín, Corona de Castilla, 1485 - Castilleja de la Cuesta, Corona de Castilla, 2 de diciembre de 1547) fue un conquistador español que, a principios del siglo XVI, lideró la expedición que inició la conquista de México y el final del imperio mexica, poniéndolo bajo dominio de la Corona de Castilla —al cual se denominó Nueva España—.
Nació en la ciudad de Medellín, en la región española de Extremadura, en el seno de una familia de menor hidalguía. Decidió buscar fortuna en el Nuevo Mundo viajando a La Española y Cuba, donde por un corto periodo de tiempo fue alcalde de la segunda ciudad fundada por los españoles en esa isla. En 1519 fue elegido capitán de la tercera expedición a tierra firme, la cual financió parcialmente. Su enemistad con el gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, resultó en la cancelación del viaje a última hora, una orden que Cortés ignoró.
Llegando al continente, Cortés realizó una exitosa estrategia de aliarse con determinados grupos indígenas para derrotar a otros. También utilizó una mujer nativa, doña Marina (la Malinche), que le sirvió de intérprete y con quien tuvo un hijo. Cuando el gobernador de Cuba mandó emisarios para apresar a Cortés, este los enfrentó y derrotó, al tiempo que enroló a la tropa que iba a arrestarlo como refuerzos para su expedición. Cortés mandó varias cartas al rey Carlos I a fin de que fuese reconocido su éxito de conquista en lugar de ser penalizado por su amotinamiento. Finalmente le fue concedido el título de Marqués del Valle de Oaxaca, si bien el más prestigioso título de Virrey le fue dado a un aristócrata de alto rango, Antonio de Mendoza y Pacheco. En 1541, Cortés retornó a España, donde falleció seis años después, arrastrando su amargura.

Heráldica 

El rey Carlos I reconoció los hechos de Cortés mediante la concesión de un escudo de armas para él y sus descendientes otorgado en Madrid el 7 de marzo de 1525:

[...]traher por vuestras armas propias y conocidas un escudo que en el medio del a la mano derecha en la parte de arriba aya una aguila negra de doss cabezas en campo blanco que son las armas de nuestro ymperio y en la otra meitad del dicho medio escudo a la parte de abaxo un leon dorado en campo colorado en memoria que vos el dicho hernando cortes y por vuestra yndustria y esfuerzo truxistes las cosas al estado arriba dicho y en la meytad del otro medio escudo de la mano yzquierda a la parte de arriba tress coronas de oro en campo negro launa sobre las dos en memoria de tress Señores de la gran cibdad de tenustitan y sus provincias que vos vencistes que fue el primero muteccuma que fue muerto por los yndios temendole vos preso y cuetaoacin su hermano que sucedio en el señorio y se rrevelo contra nos y os echo de la dicha cibdad y el otro que sucedio en el dicho señorio guauctemncin y sostubo la dicha rrevelion hasta que vos le vencistes y prendistes y en la otra meytad del dicho medio escudo de la mano yzquierda a la parte de abaxo podais traher la cibdad de tenustitan armada sobre agua en memoria que por fuerza de armas la ganastes y sujetastes a nuestro señorio y por orla del dicho escudo en campo amarillo siete capitanes y señores de siete provincias y poblaciones que están en laguna y en torno della que se rrevelaron contra nos y los enastes y prendistes en la dicha cibdad de tenustitan apresionados y atados con una cadena que se venga a cerrar con un candado debaxo del dicho escudo y encima del un yelmo cerrado con su tinble en un escudo atal [...]
Privilegio de armas

Las armas representan una sinopsis de la gesta del conquistador. El primer cuartel representa el patronazgo del emperador mediante el águila de dos cabezas propio del Sacro Imperio Romano Germánico aunque sobre campo de plata en lugar del habitual oro. El segundo representa la victoria sobre los tres últimos huey tlatoque o grandes gobernantes de Tenochtitlan. El tercero representa el valor de Cortés («yndustria y esfuerzo») y finalmente el cuarto cuartel trae la ciudad de México-Tenochtitlan sobre ondas de azur y plata (representando el lago de Texcoco, similar al escudo otorgado a la ciudad de México dos años antes, en el que la ciudad era simbolizada, sin embargo, con un castillo dorado). La bordura (llamada orla, que es otra pieza heráldica) es una pieza habitual que otorga el emperador y simboliza mediante cadenas y cabezas a los líderes indígenas de las ciudades próximas a Tenochtitlan. Timbra el escudo un yelmo, condición de caballero y propio a la condición de Cortés de hidalgo.

Posteriormente Cortés modificaría el escudo añadiendo varios símbolos personales. Sobre el todo añadió un escusón con las armas de los Rodríguez de las Varillas, que eran las armas que escogió utilizar como propias de su linaje. El padre de Hernán Cortés, Martín Cortés, aunque llevaba el apellido de su madre pertenecía por vía paterna a la rama extremeña de la ilustre familia Monroy, o más correctamente a los Monroy-Rodríguez de las Varillas. Desde que los Monroy se unieron por matrimonio con los Rodríguez de las Varillas, utilizaron desde entonces como blasón una combinación de las dos armas: las de los Monroy, escudo cuartelado, en el primer y cuarto cuartel un castillo de oro sobre campo de gules, en el segundo y tercer cuartel un campo de veros blancos y azules; y las de los Rodríguez de las Varillas, un escusón con las barras de Aragón rodeadas de una bordura con ocho cruces de brazos iguales 39​). Posiblemente por evitar recargar demasiado sus nuevas armas y porque los Cortés no tenían armas propias, Hernán Cortés solo incorporó como referencia a su linaje el mismo escusón que aparecía en las armas de los Monroy, y que como ya se ha dicho, eran las propias de la familia Rodríguez de las Varillas. Posteriormente, siguiendo el ejemplo del conquistador, hubo miembros de la familia Cortés que se apellidaron Cortés de Monroy y que utilizaron el escudo de las barras de Aragón, como fue el caso de Pedro Cortés de Monroy y Zabala, nombrado en 1697 marqués de Piedra Blanca de Huana.40​ Hernán Cortés añadió también posteriormente a su blasón un lema personal: Judicium domini aprehendit eos et fortitudo ejus corroboravit brachium meum. (El señor los juzgó en sus actos y fortaleció mi brazo). Y sobre el yelmo añadió un león alado que algunos de sus descendientes continuaron utilizando.

El 20 de julio de 1529 concedió el rey a Cortés el título nobiliario de marqués del Valle de Oaxaca por lo que pudo timbrar sus armas con corona de marqués además de otros beneficios sujetos a este privilegio.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

¡Yo no sé! (11 septiembre de 1973)

Ayer, hace 40 años, yo tenía 12 años. Mi familia estaba dividida. Mi padre, un empleado que había perdido el trabajo en una empresa tomada, se había vuelto antiallendista. Mi madre, ese día, estaba pegada a la Radio Magallanes escuchando la despedida de Salvador Allende y lloraba. Maravillosas personas ambas: mi padre "momio" y mi madre "upelienta". Gracias a esa división interna, en mi casa se leían todos los días "El Mercurio" y "El Siglo". Siento todavía el sonido atronador de los Hawker-Hunter cruzando el cielo de la zona oriente en dirección a Tomás Moro, y veo a nuestros vecinos descorchar botellas de champagne . En mi casa hay un silencio sepulcral, todavía escucho dentro mío ese silencio.

Cuando la macrohistoria entra en nuestras vidas, entra de golpe, sin aviso. A la intrahistoria (concepto acuñado por Unamuno para designar las vidas de los ciudadanos comunes y corrientes, los que no están en la primera línea) solo le queda entonces acatar el absurdo y muchas veces el horror, resignarse a ser la platea o la carne de cañón del gran relato escrito por otros en representación nuestra. Recuerdo la primera vez que escuché el nombre "Pinochet", la primera vez que oí su voz tan característica. "Pinochet, ¿quién es Pinochet?", le pregunté a mi madre, que seguía en silencio -como si todo fuera un sueño- los vertiginosos acontecimientos de afuera. 
"Un traidor, se pasó a último minuto al otro bando". "El salvador del país"-sentenció mi padre-. ¿Pero de dónde venía Pinochet, de qué rincón del inconsciente chileno, de qué profundidades de un Chile que hasta entonces desconocíamos? ¿No viene Pinochet de adentro de nosotros mismos? Mi madre quiere ir al centro, a defender al Presidente constitucional, cree que el pueblo saldrá a las calles a resistir. Mi padre la detiene, le muestra que no hay tal resistencia, que están sacando el cadáver del Presidente envuelto en una manta, que todo se acabó. La soledad total de Allende en La Moneda envuelta en llamas es tal vez la imagen más impresionante que retengo de ese día. Mi padre dice que hay que quemar o hacer desaparecer todos los diarios y revistas de izquierda de nuestra casa. Afuera, un vecino democratacristiano me explica que no hay nada que temer, que los militares van a devolver pronto el poder, que es mejor que todos los líderes de la UP se entreguen, que sus derechos van a ser respetados.

Se apodera de mí una extraña sensación, una mezcla de pena y perplejidad. Tengo apenas 12 años. En el living de mi casa están las obras de grandes escritores de la literatura universal (en cuidadas ediciones Aguilar, en papel biblia), entre ellos Shakespeare y Dostoievsky. Más tarde descubriré que ahí -y no en los manuales de historia- están las claves profundas para entender algo de lo que ahora nos supera. Me parece que esa tarde un manto gris se deja caer sobre Santiago. Es ya septiembre, pero la primavera se demorará más de la cuenta en llegar. Se acaba de terminar mi infancia, abruptamente, y la de mi país. Vendrán los años de la adolescencia, en la que aprenderemos que el dolor es el precio inevitable que hay que pagar para llegar a la verdad.
¡Cuarenta años desde ese día extraño de septiembre! 
En 40 años uno se enamora y desenamora, conoce y pierde amigos, abraza y pierde sueños, se enfrenta al dolor, la alegría y la muerte. Ojeo mis gastados ejemplares de colección de "El Mercurio" y "Mampato" y los de "El Siglo" que se salvaron de la quema, y siento una extraña mezcla de nostalgia y compasión por lo que fuimos. Intento comprender ese pasado que se me aparece como el pasado de otros, cuando es también el mío. Pienso en todos los que murieron y también en los que sobrevivieron. Pienso en nuestras vidas -como todas las vidas- hechas de lealtades, abdicaciones, traiciones, verdades y mentiras.

Pienso en ese día 11 de septiembre y los 40 años que lo siguieron, y solo me nace decir con el gran poeta Vallejo: "Hay golpes en la vida tan fuertes, ¡yo no sé!

lunes, 7 de noviembre de 2016

Heráldica de las ciudades chilenas II

COMUNAS DE SANTIAGO

Comuna de Quinta Normal

San ramon

Cerrillos

la cisterna

Maipu

Estación central

pudahuel

Cerro Navia

la florida

Providencia

La reina

Recoleta

nuñoa

lo prado

conchali

la granja

San juaquin 

Escudo de Renca

San miguel

Pedro Aguirre Cerda

Escudo de Macul, Chile


Escudo de Peñalolén

Quilicura

las condes
paine

Independencia 

huechuraba 

calera de tango
Las pintana


CIUDADES DE CHILE

MELIPILLA 
El escudo de la ciudad fue entregado a la Municipalidad con motivo de cumplirse el segundo Centenario de Melipilla, el 11 de octubre de 1942, por Sergio Fernández Larraín y fue diseñado ese mismo año por el escritor y heraldista español don Julián Amilibia, quien residía en Chile. La siguiente es la descripción de este símbolo: el escudo es presidido por una corona condal, título de su fundador, rodeado de lambrequines de oro y gules, siendo custodiado por cuatro espíritus guerreros (significado etimológico del vocablo mapuche Melipilla). En el campo superior, sobre fondo de plata se encuentra el Puente de Logroño y una riada con ondas de azul y plata, que pertenecen al escudo de don Gonzalo de Vargas y Rivilla, propietario de la estancia y donante de los principales terrenos. Las cinco estrellas que contiene pertenecen al escudo del Corregidor don Francisco de Rojas y Ovalle. Por otra parte, en el campo inferior, sobre verde hay dos gavillas o queñes de trigo en oro, simbolizando la riqueza agrícola de la zona y una abeja en oro que representa la laboriosidad de su gente.''
Melipilla fue fundada el 11 de octubre de 1742 por José Manso de Velasco.

SAN BERNARDO

cuartelado en cruz en que el primero y el cuarto son ajedrezados en plata y rojo, que simboliza el campo de batalla de Maipo. En el segundo cuarto en fondo de oro, tres cerros en verde que representan a los cerros de Chena y en su base tres cintas de plata en fondo de azul y en primer plano una campiña. Este cuarto fue tomado del antiguo sello municipal y simboliza Tres Acequias, el asentamiento más antiguo del sector. Sobre el tercer cuarto en fondo de oro posee en su centro un árbol y a su pie una loba amamanta a dos cachorros, que representa el escudo de armas de la familia de don Domingo Eyzaguirre, fundador de la ciudad. Sobre los cuatro cuartos y en su centro, un escudo rojo con tres estrellas de oro de cinco puntas adornadas de laureles de oro, en homenaje al general O’Higgins y sobre el escudo un penacho tricolor. Sobre el escudo general el timbre, la corona mural de oro de las municipalidades de Chile

PUENTE ALTO
Escudo francés en punta. Arriba, un puente de tres torres y en gules el año de su fundación, 1898. Al centro en sable, la montaña nevada en azur claro, representando la cordillera. Al centro de sable, un obrero que tiene en sus manos una fábrica y un útil para la tierra. El edificio representa la industria pujante de la época (Papelera, Volcanita, Yesera). El útil de labranza al campesino que labora la tierra. Al costado del obrero, en bandas ondulantes en sable y sinople, los campos fértiles representando los tres grandes fundos donde se construye la ciudad. En primer plano, en listados horizontales ondulantes en plata y azur claro, el río Maipo. En bordura y en sable, cuatro arañas.

PUERTO MONTT
Puerto montt

PUERTO AISEN 
Puerto aysen 
PUNTA ARENAS
Escudo de armas de Punta Arenas, Chile.
COIHAIQUE
Escudo de armas de Coihaique, Chile
ARICA

IQUIQUE
Iquique
ANTOFAGASTA
Antofagasta
BUIN
BUIN 
Fundada el 14 de febrero de 1844

SAN JAVIER

San Javier de Loncomilla

Fundada el 18 de noviembre de 1852

SANTA BARBARA

Santa Bárbara
Fue fundada por Manuel de Amat y Juniet primero como el Fuerte de Santa Bárbara en 1756

NACIMIENTO

Escudo de nacimento
La ciudad fue fundada por el gobernador de Chile Manuel de Amat y Junyent por decreto del 20 de diciembre de 1756. Se le dio el nombre de Villa del Nacimiento en 1757.

PEUMO

Peumo
6 de enero de 1763