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sábado, 27 de febrero de 2016

Filosofía Elemental de Jaime Balmes


Curso de filosofía elemental: Lógica, metafísica, ética, y  historia de la filosofía.


francia vera valdes


Jaime Luciano Antonio Balmes y Urpiá (en catalán, Jaume Llucià Antoni Balmes i Urpià) (Vich, Barcelona, 28 de agosto de 1810 - ibídem, 9 de julio de 1848), conocido habitualmente como Jaime Balmes, fue un filósofo, teólogo, apologista, sociólogo y tratadista político español.

Familiarizado con la doctrina de santo Tomás de Aquino, Balmes es un filósofo original que no pertenece a ninguna escuela o corriente en particular, al que Pío XII calificó como Príncipe de la Apologética moderna.

Biografía 

Ingresó en el seminario de Vic (1817) y cursó filosofía y teología en Cervera (1826-1835; sacerdote desde 1834). Catedrático de matemáticas en Vic (1836-1840), se interesó por el movimiento intelectual francés (Lamennais, De Bonald, De Maistre). Se estableció en París para preparar la versión francesa de El protestantismo comparado con el catolicismo (1842) y, en Inglaterra, conoció los problemas socialista e irlandés.

Ya en Barcelona, dirigió la revista La Sociedad (1843), en la que abordó problemas económicos, sociales y religiosos (propugnó la protección de la industria y de la agricultura catalanas y las asociaciones obreras como instrumento para acuerdos sobre salarios y horas de trabajo; combatió la idea burguesa de que las reivindicaciones sociales eran asunto de orden público y el centralismo madrileño ante el incipiente nacionalismo catalán).
En 1844 marchó a Madrid para dirigir la revista El Pensamiento de la Nación, en la que desarrolló su ideario: monarquía, unidad de liberales y carlistas (promovió, aunque sin éxito, el matrimonio entre Isabel y el conde de Montemolín) y restablecimiento de las relaciones con la Santa Sede (tras intentar reparar las consecuencias de la amortización). Viajó a Francia de nuevo (1845), donde leyó las novedades filosóficas y elaboró la Filosofía fundamental (1846), resumida en Filosofía elemental (1847); sin embargo, su primera obra filosófica fue El criterio (1843).
Considerado el filósofo más importante de la España del siglo XIX, Balmes moderniza la escolástica y, a impulsos de la filosofía escocesa del sentido común, centra su atención en el problema de la certeza y en el criterio de ésta (conciencia, evidencia, instinto intelectual). Secretario (1847) del nuncio en Madrid, influyó en el nombramiento de obispos (entre ellos Antonio María Claret para Cuba) y escribió el libro Pío IX, mal acogido por los círculos integristas, pues afrontaba la dificultad de juzgar la vía elegida por el papa. Miembro de la Real Academia (1848), enfermó de gravedad y se retiró a Vic.

Obras

Generalmente la filosofía de Balmes es entendida meramente como «filosofía del sentido común», cuando en realidad se trata de algo bastante más complejo. Tanto en Filosofía fundamental como en Filosofía elemental (siendo ésta segunda obra de carácter más divulgativo) se trata el tema de la certeza.
Balmes divide la verdad en tres clases irreductibles, si bien hablamos de la misma cual si sólo fuera una. Éstas son las verdades subjetivas, las verdades racionales y las verdades objetivas. El primer tipo de verdad, la subjetiva, puede ser entendida como una realidad presente para el sujeto, que es real pero depende de la percepción del hablante. Por ejemplo, afirmar que se tiene frío o que se tiene sed son verdades subjetivas. El segundo tipo, la racional, es la verdad lógica y matemática, valiendo como ejemplo cualquier operación de éste tipo. Finalmente, la verdad objetiva se entiende como aquella que —aún percibida por todos— no entra dentro de la categoría de verdad racional: afirmar que el cielo es azul, o que en el bosque hay árboles.
Los tres tipos de verdad son irreductibles, y los métodos de captación difieren de una a la otra. Por ello, es menester que la filosofía plantee en primer lugar qué tipo de verdad buscamos.
Para Balmes no existe la posibilidad de dudar de todo: haciendo afirmación tal, olvidamos que hay una serie de reglas del pensar que admitimos como verdades para poder dudar. De forma similar a lo planteado por San Agustín o Descartes, afirmar que dudamos implica necesariamente la certeza de que estamos dudando. De ésta manera, también la duda es una certeza. Es imposible un auténtico escéptico radical, pues no existe la duda universal.

La certeza es natural e intuitiva como la duda, y anterior a la filosofía. Así, la certeza común y natural engloba también a la certeza filosófica cartesiana. Para llegar a esta certeza, son necesarios los llamados «criterios», los medios mediante los cuales podemos acceder a la verdad. Hay gran cantidad de criterios por haber, también, varios tipos de verdades. Sin embargo, Balmes prefiere distribuirlos en tres: los criterios de conciencia, los de evidencia y los de sentido común. Son éstos los criterios para acceder a los tres tipos de verdad. Definir como «filosofía del sentido común» el corpus del pensamiento de Balmes no se debe tanto a su concepción del sentido común como inherente al quehacer filosófico, sino especialmente por su definición de éste sentido como criterio para alcanzar una certeza. Llegados a éste punto, cabe señalar la relación de las verdades subjetivas con los criterios de conciencia, las verdades racionales con los de evidencia y finalmente, las verdades objetivas accesibles mediante el criterio del llamado «sentido común».
Por ello, Balmes defiende que la metafísica no debe sostenerse solamente sobre una columna, sino sobre tres que se corresponden con las tres verdades: así, el principio de conciencia cartesiano, el cogito ergo sum es una verdad subjetiva, mientras que el principio de no contradicción aristotélico es verdad racional. Finalmente, el sentido común, el instinto intelectual (tal vez sea «instinto intelectual» un término más específico que «sentido común») nos presenta la llamada verdad objetiva. Es imposible encontrar una verdad común a los tres principios.
De ésta manera, Balmes niega la exclusividad de las teorías de los filósofos: la filosofía es la plenitud del saber natural, y está arraigada al ser hombre. Afirmar, por ejemplo, que el cogito es la fundamentación de la verdad y la filosofía no es de por si una afirmación equivocada, pues es cierto lo que afirma, pero falso lo que niega, pues además del cogito hay otras posibilidades de fundamentación. Balmes no reduce ésta idea solamente al ámbito de la filosofía, y la extiende también al pensamiento humano general.

De ésta manera, la tesis fundamental de Balmes es que no existe una fórmula de la cual se pueda desprender el universo. No hay verdad de la cual surjan todas las demás. Llegados a éste punto, cabe definir con mayor profundidad los tres criterios.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Los consortes de los reyes de Escocia

Margarita de Inglaterra (29 de septiembre de 1240 – 26 de febrero de 1275) fue una princesa inglesa medieval que se convirtió en reina de Escocia. Esta segunda hija del rey Plantagenet Enrique III de Inglaterra y su reina, Leonor de Provenza, nació en el castillo de Windsor.


Yolanda de Dreux (1263–2 de agosto de 1330) fue una reina consorte del reino de Escocia por haber estado casada con Alejandro III de Escocia. Fue hija de Roberto IV de Dreux y de Beatriz de Montfort.


Isabel de Burgh (en inglés Elizabeth de Burgh, Dunfermline, Fife, h. 1289 – 27 de octubre de 1327) fue la segunda esposa de Roberto I de Escocia (Roberto Bruce).

Juana de Inglaterra (Torre de Londres, 5 de julio de 1321 - Castillo de Hertford, Hertfordshire, 7 de septiembre de 1362), conocida como Juana de la Torre fue la primera esposa y reina consorte de David II de Escocia. Ella nació en la Torre de Londres y fue la hija menor de Eduardo II de Inglaterra y de Isabel de Francia.


Margarita Drummond (en inglés, Margaret Drummond, h. 1340- tras el 31 de enero de 1375), fue la segunda esposa del rey David II de Escocia y una hija de Sir Malcolm Drummond, Knt. (m. h. 1346) por su esposa Margaret, de soltera Graham.


Eufemia de Ross (m. 1386) fue la segunda esposa y primera reina consorte de Roberto II de Escocia


Anabella Drummond (Dunfermline, h. 1350 - Scone, octubre de 1401), hija de Sir John Drummond de Stobhall y Mary Montifex, fue reina consorte de Roberto III de Escocia.


Juana Beaufort (en inglés, Joan Beaufort, h. 1404 – 15 de julio de 1445), fue reina consorte del Reino de Escocia desde 1424 hasta 1437, al estar casada con Jacobo I de Escocia.


María de Güeldres (en inglés, Mary of Guelders, h. 1434 – 1 de diciembre de 1463) fue una reina consorte de Jacobo II de Escocia y regente de Escocia entre 1460 y 1463. Era la hija de Arnold, duque de Güeldres y Catalina, la hija mayor de Adolfo IV, duque de Cléveris.


Margarita de Dinamarca, nacida el 23 de junio de 1456 y fallecida el 14 de julio de 1485, fue una reina consorte del Reino de Escocia, con motivo de su matrimonio con el rey Jacobo III de Escocia, siendo los padres del rey Jacobo IV de Escocia.

Margarita Tudor (palacio de Westminster, 28 de noviembre de 1489 - 18 de octubre de 1541) fue la mayor de las dos hijas supervivientes del rey Enrique VII de Inglaterra y de Isabel de York, y la hermana mayor de Enrique VIII. Se casó con Jacobo IV de Escocia y otras dos veces más


Magdalena de Valois (Saint-Germain-en-Laye, 10 de agosto de 1520 - Edimburgo, 7 de julio de 1537), fue una princesa de Francia y reina consorte de Escocia, al casarse con Jacobo V de Escocia; también llamada Magdalena de Francia.


María de Guisa (en francés: Marie de Guise, 22 de noviembre de 1515 - 11 de junio de 1560) fue Reina de Escocia de 1538 a 1542 como la segunda esposa del rey Jacobo V. 


Francisco II de Francia (Fontainebleau, 19 de enero, 1544 – Orleans, 5 de diciembre 1560), rey de Francia de 1559 a 1560)


Enrique Estuardo, I duque de Albany, más conocido como Lord Darnley (Temple Newsan, Inglaterra, 7 de diciembre de 1545 - Edimburgo, 10 de febrero de 1567), fue un noble inglés. Perteneciente a la Casa Estuardo, se casó con su prima María I de Escocia y se convirtió en rey consorte. Duque de Albany y Príncipe consorte de Escocia.


Jacobo Hepburn primer Duque de las Islas Órcadas (c. 1534 - el 14 de abril de 1578), más conocido por su título hereditario de cuarto conde de Bothwell y notorio sobre todo por su matrimonio con María, Reina de los escoceses, como su tercer marido.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Obras completas de Francisco Quevedo Villegas

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 



(Madrid, 1580 - Villanueva de los Infantes, España, 1645) Escritor español. Los padres de Francisco de Quevedo desempeñaban altos cargos en la corte, por lo que desde su infancia estuvo en contacto con el ambiente político y cortesano. Estudió en el colegio imperial de los jesuitas, y, posteriormente, en las Universidades de Alcalá de Henares y de Valladolid, ciudad ésta donde adquirió su fama de gran poeta y se hizo famosa su rivalidad con Góngora.

Biografía

Siguiendo a la corte, en 1606 se instaló en Madrid, donde continuó los estudios de teología e inició su relación con el duque de Osuna, a quien Francisco de Quevedo dedicó sus traducciones de Anacreonte, autor hasta entonces nunca vertido al español.
En 1613 Quevedo acompañó al duque a Sicilia como secretario de Estado, y participó como agente secreto en peligrosas intrigas diplomáticas entre las repúblicas italianas. De regreso en España, en 1616 recibió el hábito de caballero de la Orden de Santiago. Acusado, parece que falsamente, de haber participado en la conjuración de Venecia, sufrió una circunstancial caída en desgracia, a la par, y como consecuencia, de la caída del duque de Osuna (1620); detenido, fue condenado a la pena de destierro en su posesión de Torre de Juan Abad (Ciudad Real).
Sin embargo, pronto recobró la confianza real con la ascensión al poder del conde-duque de Olivares, quien se convirtió en su protector y le distinguió con el título honorífico de secretario real. Pese a ello, Quevedo volvió a poner en peligro su estatus político al mantener su oposición a la elección de Santa Teresa como patrona de España en favor de Santiago Apóstol, a pesar de las recomendaciones del conde-duque de Olivares de que no se manifestara, lo cual le valió, en 1628, un nuevo destierro, esta vez en el convento de San Marcos de León.
Pero no tardó en volver a la corte y continuar con su actividad política, con vistas a la cual se casó, en 1634, con Esperanza de Mendoza, una viuda que era del agrado de la esposa de Olivares y de quien se separó poco tiempo después. Problemas de corrupción en el entorno del conde-duque provocaron que éste empezara a desconfiar de Quevedo, y en 1639, bajo oscuras acusaciones, fue encarcelado en el convento de San Marcos, donde permaneció, en una minúscula celda, hasta 1643. Cuando salió en libertad, ya con la salud muy quebrantada, se retiró definitivamente a Torre de Juan Abad.



La obra de Francisco de Quevedo

Como literato, Quevedo cultivó todos los géneros literarios de su época. Se dedicó a la poesía desde muy joven, y escribió sonetos satíricos y burlescos, a la vez que graves poemas en los que expuso su pensamiento, típico del Barroco. Sus mejores poemas muestran la desilusión y la melancolía frente al tiempo y la muerte, puntos centrales de su reflexión poética y bajo la sombra de los cuales pensó el amor.
A la profundidad de las reflexiones y la complejidad conceptual de sus imágenes, se une una expresión directa, a menudo coloquial, que imprime una gran modernidad a la obra. Adoptó una convencida y agresiva postura de rechazo del gongorismo, que le llevó a publicar agrios escritos en que satirizaba a su rival, como la Aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día (1631). Su obra poética, publicada póstumamente en dos volúmenes, tuvo un gran éxito ya en vida del autor, especialmente sus letrillas y romances, divulgados entre el pueblo por los juglares y que supuso su inclusión, como poeta anónimo, en la Segunda parte del Romancero general (1605).
En prosa, la producción de Francisco de Quevedo es también variada y extensa, y le reportó importantes éxitos. Escribió desde tratados políticos hasta obras ascéticas y de carácter filosófico y moral, como La cuna y la sepultura (1634), una de sus mejores obras, tratado moral de fuerte influencia estoica, a imitación de Séneca.
Sobresalió con la novela picaresca Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos, obra ingeniosa y de un humor corrosivo, impecable en el aspecto estilístico, escrita durante su juventud y desde entonces publicada clandestinamente hasta su edición definitiva. Más que su originalidad como pensador, destaca su total dominio y virtuosismo en el uso de la lengua castellana, en todos sus registros, campo en el que sería difícil encontrarle un competidor.

lunes, 15 de febrero de 2016

Biblioteca del Rey Jorge III de Reino Unido

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 

Biblioteca  de rey  Jorge III

Al entrar al Museo Británico y cruzar el vestíbulo central se entra al Gran Atrio de  Isabel  II, finalizado en el año 2000, donde se encontraba la Biblioteca Británica, y es considerada la mayor plaza cubierta de Europa. Al caminar a mano derecha, se encuentra una puerta que da paso a la sala más grande del Museo Británico: la Sala de la Ilustración.
El nombre alternativo de esta sala es el de la Biblioteca del Rey, pues alguna vez albergó una de las colecciones más grandes de obras impresas de la Ilustración. La biblioteca fue creada por el rey Jorge III, quien logró acumular hasta 65,000 volúmenes; la colección completa fue donada a la nación en el año 1827 por rey Jorge IV y se mudó al recinto que hoy ocupa la Sala de la Ilustración. 
Los 65,000 volúmenes permanecieron en el Museo Británico desde el año 1827 hasta el año 1997, cuando fueron realojados en la Biblioteca Británica, el edificio detrás del Museo Británico. 
La llegada de esta gran colección al Museo, vista con mucha reticencia por varios sectores de la sociedad británica, permitió impulsar la solicitud de presupuesto para empezar el diseño del edificio neoclásico de Smirke. La llegada de esta biblioteca descomunal catalizó la ampliación del Museo y la construcción de la icónica fachada que miles de turistas disfrutan al llegar a Londres.


El análisis del catálogo de materias muestra que a partir de 1820 el 44% de los títulos de la biblioteca estaban preocupados con la historia, y el 16% eran literatura de diversos tipos. Una amplia gama de temas estuvo representado por un número menor de obras.  La literatura reciente no fue particularmente bien representado, con, por ejemplo, no hay obras de Jane Austen.
 Parece que la política de los bibliotecarios era sólo para recoger novelas vez que quedó claro que el autor en cuestión había ganado una reputación duradera y positiva. Se incluyeron 260 ediciones de la Biblia, y las obras de otros países europeos estaban bien representados.  Por ejemplo, el 57% de los títulos de historia había sido publicada fuera de Gran Bretaña. 


Historia


Cuando rey Jorge III llegó al trono en 1760, no había ninguna biblioteca real sustancial. El llamada antigua Real Biblioteca, había sido trasladado fuera del palacio de St. James en 1708, antes de ser finalmente entregada al nuevo Museo Británico por el rey Jorge II en 1757. (La vieja Biblioteca Real está dispersa en la Biblioteca Británica.) Rey Jorge III por lo tanto, heredado sólo pequeñas colecciones de libros, ubicados en diferentes residencias reales. Él parece haber decidido al comienzo de su reinado para formar una nueva biblioteca, digno de un monarca del siglo XVIII. El primer paso importante hacia esto se logró en 1763 con la adquisición de la biblioteca de Joseph Smith (1682-1770), que había sido cónsul británico en Venecia. Esta colección fue especialmente rico en los clásicos y en los ejemplos de la impresión inicial. Aproximadamente a partir de este momento, los agentes del rey Jorge asistieron muchas de las grandes ventas de libros, celebrada en Londres y en el continente. Se adquirieron dos volúmenes individuales y bibliotecas privadas enteras, beneficiando especialmente a partir del cierre y la dispersión de las bibliotecas jesuitas todo el sur de Europa. Algunas obras importantes también fueron donados, incluyendo ejemplos de la impresión temprana, así como obras contemporáneas presentadas por sus autores.
A partir de 1774, y para el resto de la vida del rey, Frederick Augusta Barnard (1742-1830) fue el Real bibliotecario. Barnard trató de desarrollar la colección de una manera sistemática, y pidió orientación a figuras intelectuales notables, entre ellos el escritor y lexicógrafo Dr. Samuel Johnson. Con este consejo, la colección llegó a ser rico en la literatura clásica, la historia británica y europea, literatura  Inglesa y  italiana, y los textos religiosos. 


También contiene muchos ejemplos de la impresión temprana, incluyendo una copia de la Biblia de Gutenberg, y la primera edición de  Caxton del Cuentos de Canterbury  de Chaucer. Pero también contenía material menos académica, incluyendo muchas de las publicaciones periódicas más generales del día. En el momento de la muerte del rey en 1820, la Biblioteca compuesta alrededor de 65.000 volúmenes de libros impresos, con otros 19.000 folletos. También hubo manuscritos (ahora en el manuscritos Colecciones British Library ), así como los volúmenes encuadernados de mapas y vistas topográficas (en su mayoría en la  Colecciones de mapas  de Biblioteca Británica ).
Aunque la colección se mantuvo por primera vez en el Antiguo Palacio de Kew, pronto se trasladó a las habitaciones especialmente diseñadas en la Casa de la Reina (anteriormente la casa de Buckingham), en el sitio de lo que hoy es el palacio de Buckingham. Por lo general, estaba abierto a los estudiosos, y fueron admitidos incluso antiguos adversarios como el revolucionario estadounidense John Adams.


La fascinación del Rey con los libros extenderse a sus fijaciones. Se estableció un taller de encuadernación en el lugar que estaba en funcionamiento el 1780 y continuó trabajando hasta mucho después de su muerte.
En 1973 la Biblioteca Británica se estableció, y la responsabilidad de la Biblioteca del Rey transferido a la nueva biblioteca nacional del Reino Unido. Los libros sin embargo se quedaron donde estaban hasta 1998, cuando fueron trasladados a nuevo edificio St Pancras de la Biblioteca Británica.

 King's Library Tower (Torre Biblioteca del Rey)

La sede de la colección es la torre de seis pisos, diseñado específicamente para tal fin por el arquitecto del edificio Sir Colin St. John Wilson (1922-2007). Muchos de los libros están a la vista de los visitantes tras un cristal filtro UV que, junto con el sistema de control del medio ambiente, ayuda a mantener los niveles de luz, temperatura y humedad adecuadas. Detrás de las estanterías móviles que contienen los libros de Jorge III, de hecho hay otra fila de estantes que contienen una colección similar formada por Thomas Grenville (1755-1846). La Biblioteca del Rey sigue siendo una biblioteca de trabajo, y durante el día se recuperan los volúmenes para los lectores que trabajan en Sala de Lectura.

Catálogos y acceso

Las descripciones de libros y folletos en la Biblioteca del Rey aparecen en registro de la Biblioteca Británica. La mayoría de los volúmenes se pueden pedir.
Un catálogo específico de la colección (pero con exclusión de los folletos), la The Bibliothecae Regiae Catalogus , fue compilado después de la muerte de Jorge III por Barnard. Esto fue publicaron privadamente en 10 volúmenes entre 1820 y 1829.