Bibliotecas y mi colección de libros

martes, 27 de octubre de 2015

La Real Biblioteca de España


La Real Biblioteca​ está ubicada en el Palacio Real de Madrid. Tanto esta biblioteca, en su día particular de los reyes de España y su familia y hoy gestionada por Patrimonio Nacional,​ como la actual Biblioteca Nacional, se deben al impulso creador del primer rey Borbón español, Felipe V. La Real Biblioteca, antigua Librería de Cámara en el siglo XVIII, contó en su día con patrimonio no librario debido al concepto dieciochesco de gabinete de saberes, patrimonio que en parte conserva a través de su monetario y medallero. Felipe V creó así dos instituciones bien diferenciadas desde el principio: La Real Biblioteca o Librería Particular para uso de los monarcas y su familia, y la Real Biblioteca Pública, pensada especialmente para uso abierto. Esta segunda biblioteca, de fundación real, pasó a depender del Estado en 1836, bajo la tutela del Ministerio de la Gobernación, tomando el nombre de Biblioteca Nacional.

En sus salas se custodian hoy unos 300 000 impresos, sobresaliendo entre sus fondos 263 incunables y 119 000 impresos de los siglos XVI al XIX inclusive. Además, hay 4755 manuscritos, 4169 obras musicales, 1027 piezas de fotografía histórica (álbumes, la fotografía suelta está en el Archivo General de Palacio), 4330 publicaciones periódicas, unas 7000 piezas de cartografía y unas 10 000 del fondo de Grabado y Dibujo, que está actualmente en proyecto de catalogación. 
De la cartografía manuscrita (unas 1600 piezas) se realizó catálogo en papel en 2010 tras la conclusión del proyecto de catalogación y de la colección de manuscritos hay catálogo general en cuatro volúmenes más dos de índices (1994ss) y otro específico de la Correspondencia del conde de Gondomar, en cuatro volúmenes (1999-2003). De la colección gondomariense se ha hecho asimismo de las alegaciones en Derecho (2002), y de papeles varios y de Historia (2003, 2005).
 También se han publicado catálogos en papel de los manuscritos musicales (2006) y, en la segunda mitad de los noventa del siglo XX, de los fondos de los conventos de patronato regio (Descalzas, Encarnación y Huelgas). Más allá de ser un depósito librario de grandes piezas, hoy la Real Biblioteca es un centro de investigación en historia del libro, abordándose en sus seminarios científicos no solamente realidades de sus colecciones sino aspectos de imprenta, encuadernación y otros.

Evolución de la biblioteca

La biblioteca privada se fue organizando poco a poco en el piso principal, en el ala del ángulo este. Al principio con los volúmenes aportados por el propio rey, unos 6000 traídos de Francia, que se sumaron a los existentes en el viejo Alcázar, los que básicamente reunió Felipe IV en la Torre Alta. Todos ellos pasaron a la Real Pública tras el incendio de la Nochebuena de 1734, al salvarse por estar ubicada en el llamado Pasadizo de la Encarnación, que unía el Alcázar con este convento, realizado para que los miembros de la Familia Real visitaran a monjas de clausura de sangre real del convento de la Encarnación. Desde entonces, los que se adquieren sí que permanecen en la Librería de Cámara, que cobra fuerza con Carlos III al empezar a residir este soberano en el Palacio Nuevo, a mediados de los años sesenta. 
La Familia Real vivió en el viejo Palacio del Buen Retiro, hasta que concluyeron las obras del nuevo Palacio Real. La colección se fue ampliando durante los sucesivos reinados, colocándose los libros en estanterías cerradas.​ Durante el reinado de Carlos III hubo un aumento de ejemplares del libro impreso y se añadieron los curiosos manuscritos del sacerdote (matemático, botánico y lingüista) José Celestino Mutis que había estudiado las lenguas indígenas por tierras americanas y con cuyo material elaboró una serie de vocabularios de unas 100 palabras de cada idioma.
A través del Bibliotecario Mayor Juan de Santander Carlos III promovió la edición española y la organización de la futura Imprenta Real mediante encargos de ediciones eruditas. Santander también dirigió el grabado de una colección completa de letras y la puesta en marcha de un taller de fundición que dependió de la propia biblioteca, regido por el académico y grabador Gerónimo Gil.

Con Carlos IV (1788-1808) se incrementó la biblioteca con colecciones particulares tales como la procedente del erudito historiador y lingüista Mayans y Siscar, cuya marca de posesión es manuscrita: «Exbibliotheca majansiae», y Francisco de Bruna (1719-1807), Oidor de la Audiencia de Sevilla. Investigaciones recientes, sin embargo, han puesto de manifiesto que el sello tradicionalmente atribuido a Mayans, pertenece realmente al llamado deán de Teruel, en realidad chantre, Joaquín Ibáñez García. Por su parte, Francisco de Bruna es un buen ejemplo del hombre ilustrado propietario de una librería ilustrada de 3500 ejemplares entre los cuales hay 225 impresos y 35 manuscritos, buen número de incunables y demás volúmenes interesantes. Fue Carlos IV quien mandó traer las bibliotecas de dos colegios mayores desaparecidos: San Bartolomé de Salamanca, extinguido en 1798 y el Colegio Mayor de Cuenca, también en Salamanca, igualmente suprimido.

Diego Sarmiento de Acuña, conde de Gondomar y embajador en Inglaterra, llegó a poseer una inmensa biblioteca que ubicó en su palacio de Valladolid adaptando a tal efecto cuatro amplias salas. Un descendiente suyo vendió en 1806 la biblioteca al rey Carlos IV para incremento de la Real Biblioteca. Fue una gran aportación pues, además de los cuantiosos volúmenes, había un buen número de correspondencia manuscrita y particular.​ En torno a este año de 1806 se produjeron así ingresos muy relevantes en la Real Biblioteca, ordenando dicho volumen de piezas el bibliotecario Juan Crisóstomo Ramírez Alamanzón.

Fernando VII trajo consigo desde el exilio la mayoría de los libros que le prestó o donó su hermano infante Carlos durante su estancia en Valençay. Predominaban los de temas piadosos y también los dedicados al aprendizaje de la lengua francesa, gramáticas o libros de viajes, entre otros.8​

Bajo el reinado de Fernando VII se quitaron muchos pergaminos de las encuadernaciones, pues se consideraban que estaban en rústica y era indigno de la biblioteca real, y se cambiaron en el llamado taller de Juego de Pelota por unas pastas valencianas con orlas doradas muy características hoy de la Real Biblioteca por su altísimo número; muchas de ellas las ejecutó el encuadernador de Cámara Santiago Martín. Hasta la muerte de Fernando VII estuvo la Librería de Cámara en el ángulo este, el más soleado, el que da a la catedral de la Almudena, pero la viuda reina gobernadora, María Cristina de Borbón, decidió quedarse esa ala, llamada de san Gil, y trasladar los libros de uso real. 
En 1832 se trasladó así la biblioteca a la planta baja del ángulo noroeste. Siendo reina Isabel II se puso de moda hacer regalos de libros especiales, curiosos, lujosos o raros. Solían ser muy llamativos con encuadernaciones de terciopelo, broches y cantoneras de metal y muchos adornos en las cubiertas. La moda continuó hasta la época de Alfonso XII que fue cuando el Bibliotecario Mayor, señor Zarco del Valle planteó la cuestión de rechazar tales regalos. Destaca entre todos esos libros un ejemplar llamado vulgarmente Libro de los Isidros, un tomo de gran envergadura que solía enseñarse a los visitantes en el día de la fiesta de San Isidro.9​

Tiene el citado libro encuadernación de terciopelo color morado con repujados de plata, escudos reales y letras de a pulgada. Es tan voluminoso que son necesarios dos hombres para poderlo manejar. Su título es Cien páginas sobre la Idea de un Príncipe político cristiano y su autor es José María de Laredo, jurisconsulto y juez de paz de Madrid, que lo escribió en 1863. Se extendió de tal manera la fama de este libro que llegó a ser muy codiciado y motivo de un hurto el 13 de noviembre de 1900, desapareciendo parte de sus adornos externos. En 1906 el platero de la Casa Real restauró las tapas maltrechas por el robo.

Siglo XXI

En el reinado de Alfonso XII empezó ya la preocupación por hacer un recuento y catalogación de los fondos de la biblioteca. En el tiempo que se lleva de siglo XXI este trabajo está ya bastante bien resuelto con la edición de catálogos, por una parte los antiguos, pues algunos se editaron en la primera mitad del siglo XX, destacando los de Crónicas generales de España, a cargo de Ramón Menéndez Pidal, el de Lenguas de América, a cargo de Miguel Gómez del Campillo y el de Manuscritos de América, a cargo de Jesús Domínguez Bordona. 

Biblioteca de Carlos Príncipe de Viana


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 

Autor: José Moreno Carbonero.  A la Exposición Nacional de 1881 presentó Moreno Carbonero este lienzo, consiguiendo una primera medalla. El lienzo nos presenta al príncipe don Carlos (1421-61), hijo primogénito de Juan II de Aragón y Blanca de Navarra, heredero al trono de ambos reinos. El príncipe cayó en desgracia tras las segundas nupcias de su padre con doña Juana Enríquez, madre de Fernando el Católico. La popularidad del príncipe en Cataluña motivaría que fuese hecho prisionero por orden real. El saberse despreciado para la sucesión a la corona y el fracaso de los distintos pactos y tratados auspiciados por él, le llevaron a aceptar con resignación su sino y retirarse de la política para llevar una vida dedicada al estudio y la lectura, huyendo a Francia en primer lugar y posteriormente a Nápoles, donde se refugió en un monasterio cercano a la localidad de Mesina, lugar en el que el pintor emplaza al personaje. Don Carlos viste un grueso manto de pieles y se adorna con un gran medallón al cuello, apareciendo en la soledad de la biblioteca conventual, sentado en un sitial de estilo gótico, con la única compañía de su fiel perro a los pies. El príncipe parece pensativo, con gesto de amargo desencanto, recostado sobre un almohadón al tiempo que apoya su pie izquierdo en otro, con la mirada perdida mientras sostiene en la mano un legajo que acaba de leer. Ante él se observa un gran libro en un atril, destacando la librería del fondo, con grandes tomos encuadernados, ocupando el primer plano varios rollos de documentos y grandes volúmenes. El pintor ha reducido la narración a una sola persona, al protagonista, concentrando su atención en mostrar la personalidad interior del personaje, melancólico e introvertido, y en los elementos accesorios que envuelven su figura y que adquieren un protagonismo tan destacado como el propio príncipe. Todos los objetos que le rodean introducen al espectador en el ambiente de abandono, concibiendo todo el conjunto de manera vetusta, de tal manera que hasta los colores son austeros. La luz está muy bien estudiada y la pincelada empleada por el pintor es bastante rápida y empastada, siguiendo el estilo de Pradilla. 

Carlos de Trastámara y Évreux.
Príncipe de Viana, heredero de los reinos de Navarra y Aragón durante gran parte del siglo XV, aunque finalmente no llegaría a ceñir corona alguna. Nació en Peñafiel (Valladolid) el 29 de mayo de 1421, y murió en Barcelona el 23 de septiembre de 1461. Su biografía es compleja y muy polémica, tanto por haberse enfrentado a su padre, Juan I de Navarra y II de Aragón, como por su controvertida muerte, supuestamente envenenado por su madrastra, la reina Juana Enríquez, que hipotéticamente se deshizo de la amenaza que el príncipe de Viana representaba para el hijo que había engendrado en ella Juan II, el futuro Fernando el Católico, de quien Carlos era hermanastro.

Príncipe heredero (1421-1447)

Carlos fue hijo primogénito del infante Juan de Trastámara, Duque de Peñafiel, hijo del rey Fernando I de Aragón, y de la infanta Blanca de Evreux, hija y heredera del rey Carlos III de Navarra. Su nacimiento tuvo lugar apenas un año después de que sus padres hubiesen contraído matrimonio, de forma que, en principio, las pretensiones del infante Juan de reinar en Navarra se vieron acrecentadas mediante este feliz natalicio que aseguraba su descendencia, teniendo en cuenta además que la infanta Blanca contaba entonces con 36 años de edad, una edad inusual en la época para ser madre. Carlos fue bautizado en septiembre del mismo año, dándose la curiosa paradoja de que quien habría de ser el máximo enemigo de su padre en cuestiones de política, el condestable Álvaro de Luna, fue su padrino en la ceremonia. 
Tras ella, madre e hijo se trasladaron a tierras navarras, donde las Cortes le juraron como heredero en 1422 y le concedieron el título de Príncipe de Viana, aunque Carlos pasó la mayor parte de su infancia en el palacio de Olite. Allí fue donde fue educado de forma exquisita tanto en las armas como en las letras: su preceptor en las letras fue Fernando de Galdeano mientras que la educación caballeresca corrió a cargo de Martín Fernández de Sarasa, en los primeros años, y más tarde de Juan de Beaumont, tío del príncipe y prior de la Orden de San Juan de Jerusalén en el reino de Navarra. Su confesor privado fray Daniel de Belprad, también desempeñaría una labor importante en la educación espiritual del joven príncipe, que redundó en su gusto por los clásicos y por la lectura.

Entre 1425, en que el infante Juan y la infanta Blanca fueron nombrados reyes de Navarra, hasta aproximadamente 1436, Carlos apenas se movió del entorno navarro, participando en diversos actos públicos y en fiestas cortesanas, tal como era preceptivo a los miembros de su estamento. Otro de los deportes que más gustaban al príncipe era la caza en los frondosos bosques de su reino, sobre todo en el valle de Roncal. En definitiva, la influencia paterna en estos primeros años no debió de ser muy grande, puesto que Juan I estaba mucho más ocupado en los asuntos políticos de Castilla y Aragón que de su propia familia, a la que había dejado al cuidado de la reina Blanca. 
La única intervención de Juan I al respecto de la vida de su hijo fue la alianza matrimonial que quiso realizar con los duques de Borgoña, razón por la que el príncipe Carlos fue prometido en matrimonio a Inés de Cleves, sobrina del duque borgoñón Felipe el Bueno. El enlace y los consiguientes festejos tuvieron lugar en Olite, el 30 de septiembre de 1439. Al año siguiente, con motivo de la ausencia de su madre, la reina Blanca, que iba a acompañar a su hija homónima para que ésta contrajese matrimonio con el entonces Príncipe de Asturias, futuro Enrique IV de Castilla, el príncipe Carlos fue investido con el cargo de gobernador general del reino de Navarra. Este papel se vio reforzado a partir de 1441, cuando falleció la reina Blanca, quien, en un alarde de sagacidad y de precaución, se adelantó a los acontecimientos del futuro incluyendo en su testamento una cláusula realmente asombrosa:

Y aunque dicho príncipe, nuestro querido y muy amado hijo, pueda intitularse rey de Navarra y duque de Nemours tras nuestra muerte, por causa de herencia y por derecho reconocido, no obstante, para preservar el honor debido al señor rey, su padre, le rogamos tan tiernamente como nos es posible que no acepte tomar dichos títulos más que con el consentimiento y la bendición del dicho señor rey, su padre.
(Recogido por Desdevises du Dezert, op. cit., p. 181).

En efecto, según los Fueros y costumbres del reino, tras la muerte de Blanca de Evreux, reina propietaria del reino, la corona debía pasar a su hijo, y no a su esposo, que no era más que rey consorte. Juan I no quiso renunciar a su corona y, en cambio, nombró a su hijo lugarteniente general del reino, lo que éste aceptó con precaución para que ningún conflicto enturbiase la relación paterno-filial. Pero las sospechas mutuas comenzaron a envenenar una relación que hasta ese momento había sido muy normal, azuzada por la inexperiencia del príncipe Carlos, que fue aprovechada por sus consejeros para medrar en su ánimo, y por la excesiva ambición de Juan I, que jamás quiso perder sus prerrogativas aun a costa de enfrentarse a su propio vástago. 
Pese a todo, entre 1441 y 1450 las apariencias fueron de paz y concordia, pues las continuas ausencias de Juan I posibilitaron el gobierno personal de Carlos de Viana en calidad de lugarteniente del reino, pero ocupándose en la práctica del nombramiento de cargos y recaudación de impuestos. El desinterés que Juan I había mostrado por los asuntos de Navarra también acabaría por tener un peso específico en el conflicto entre él y el príncipe Carlos.

Agramonteses y beamonteses en Navarra (1447-1458)

Tras el llamado golpe de Estado de Rámaga (1443), Juan I de Navarra se había convertido en la cabeza visible de la política castellana contraria al condestable Álvaro de Luna. En la batalla de Olmedo (1445) se produjo el asalto final entre ambos grupos, que finalizó con la derrota de los infantes de Aragón. Encaminado a buscar nuevas alianzas, Juan I se comprometió en un segundo matrimonio con Juana Enríquez, hija del almirante de Castilla, Fadrique Enríquez. Por ello, a pesar de que Carlos había cumplido escrupulosamente pagando la financiación solicitada por su padre para la guerra, las noticias de este nuevo matrimonio incrementaron las suspicacias. 
Los descontentos comenzaban a agruparse bajo el dominio de Luis de Beaumont, condestable de Navarra, principal consejero de Carlos de Viana; al tiempo, otra facción navarra, los agramonteses, se agrupaba bajo la dirección de mosén Pierres de Peralta, que incluso peleaba a favor de Juan I en la guerra contra Castilla. La boda de Juan I y Juana Enríquez, acontecida en el verano de 144, encendió la mecha de la guerra civil en Navarra. Carlos, como príncipe heredero, se sintió entonces capacitado legalmente para reclamar el trono, pues el segundo matrimonio de su padre acababa legalmente con el usufructo que éste mantenía sobre los derechos heredados de su primera mujer. Consciente de ello, Juan I no avisó ni a su hijo ni a las Cortes de Navarra de su boda, lo que hizo estallar a los beamonteses en una gran indignación. Por si fuera poco, en 1448 falleció Inés de Cleves, dejando viudo y triste al príncipe Carlos con apenas 27 años de edad.

En 1450 Juan I viajó hacia Navarra con el objetivo de dar un golpe de efecto al conflicto, reformando las órdenes y disposiciones de cargos que había dado Carlos de Viana, revocando las decisiones de éste y situando en los principales oficios a sus hombres más leales. Carlos, enfurecido por estas desautorizaciones, escuchó las ofertas que el condestable de Castilla, Álvaro de Luna, le ofrecía para levantarse contra su padre. Esta alianza propició al príncipe de Viana un gran ejército, aunque fue derrotado en la batalla de Aibar, el 23 de octubre de 1451. Carlos de Viana fue hecho prisionero, aunque posteriormente, en 1453, llegó a un acuerdo con su padre para su liberación, si bien fue desterrado. La indignación de los navarros fue mayor al poner Juan I a Juana Enríquez como lugarteniente del reino de Navarra, lo que obligó a los beamonteses a organizar un gobierno paralelo desde Pamplona. Mientras tanto, Carlos de Viana, recluido en su prisión itinerante, se dedicaba a escribir su Crónica de Navarra, ayudado por los libros que le traían sus carceleros.
 Este rasgo de tranquilidad y de serenidad humanista será siempre muy valorado por todos sus panegiristas. Aunque en 1454 se había firmado una tregua entre todos los combatientes, en 1455 los beamonteses ocuparon San Juan de Pie de Puerto, lo que motivó la rápida reacción de Juan I, que desheredó a Carlos de Viana, nombrando heredera de Navarra a su hija Leonor, casada con Gastón de Foix, cuyas tropas a partir de ese momento se sumarían a las de los agramonteses en la guerra civil que asolaba el reino. Los reveses para el príncipe Carlos fueron muy grandes desde entonces, de tal forma que en abril de 1456 decidió abandonar Navarra y viajar hacia Nápoles para intentar obtener la ayuda de su tío Alfonso V, pero apenas llegó a verle con vida.

Los inicios de la guerra civil catalana (1458-1460)

En el escaso tiempo que Carlos de Viana vivió en Nápoles, al abrigo de la fastuosa corte partenopea creada por su tío Alfonso, frecuentó las relaciones con los humanistas italianos que pululaban por el entorno áulico napolitano. Debió de hacerse muy popular, hasta el punto de que a la muerte de Alfonso V, en junio de 1458, algunos nobles del reino le ofrecieron la corona, en detrimento de Ferrante, hijo ilegítimo de Alfonso V. Pero Carlos volvió a ser prudente y renunció a ello, convencido de que la muerte del Magnánimo variaba sustancialmente la posición con respecto a sus intereses en Navarra.
 En efecto, al carecer Alfonso V de hijos legítimos, el padre de Carlos fue coronado como Juan II de Aragón, uniendo en sus sienes ambos cetros peninsulares. En lo que respecta a Carlos, quedaba convertido no sólo en el heredero de Navarra, sino también de Aragón, por lo que decidió desechar la proposición napolitana y regresar a España, buscando el apoyo de las instituciones aragonesas, sobre todo de Cataluña, pues era frecuente que el heredero aragonés fuese nombrado gobernador del condado catalán. Antes de su regreso, pasó a Sicilia, donde residió desde el verano de 1458 hasta el verano de 1459, principalmente en Messina y en Palermo, allí mantuvo frecuentes contactos con consejeros catalanes con vistas a pactar las acciones a realizar, pues éstos querían incluir al príncipe en sus particulares luchas por el poder.

Véase Conflicto de la Busca y la Biga.

En julio de 1459 Carlos de Viana partió hacia España vía Cerdeña, para llegar a Salou (Tarragona) en agosto del citado año, donde se entrevistó con los embajadores de su padre y le pidió garantías para finalizar el conflicto, además de que fuese atendida su petición de casarse con la infanta Isabel, hermana de Enrique IV y heredera del trono castellano. Poco después, se alejó de la península y se trasladó a Mallorca, donde establecería su cuartel general en espera de la respuesta de Juan II. Pero al demorarse ésta en exceso, Carlos de Viana abandonó la que hasta ahora había sido proverbial prudencia y, seguramente aconsejado al alimón por sus acólitos navarros (Luis de Beaumont) y catalanes (Pedro de Sada), decidió tomar posesión de sus títulos y prebendas, llegando a Barcelona el 31 de marzo de 1460.
 La ciudad condal le tributó un espectacular recibimiento como heredero del trono. Este hecho, unido al dato de que los beamonteses todavía dominaban casi la mitad del reino de Navarra, enfureció a Juan II de Aragón, que quiso dar un golpe de autoridad trasladándose hacia Barcelona con su otro hijo, el infante Fernando, y con su esposa, Juana Enríquez. Contrariamente a la leyenda posterior, fue la reina Juana la persona que intentó mediar en la entrevista de Igualada, en mayo de 1460, ente Juan II y Carlos de Viana para que se llegase a la paz. Pero al acuerdo inicial se le fueron sumando dificultad sobre dificultad, en especial por el papel de soberano de Navarra y de gobernador de Cataluña que quería atribuirse el príncipe Carlos.
 Por ello, mientras que se celebraban las Cortes en Lleida, el 2 de diciembre de 1460 Juan II ordenó el arresto de su hijo y de sus principales colaboradores. La escena fue inmortalizada por el pintor romántico Emilio Sala (1850-1910), en un lienzo donde el dramatismo de la escena es impactante: el príncipe Carlos, de rodillas y con los brazos abiertos, implora piedad a su padre, Juan II, representado como un veterano e implacable rey, mientras sus oficiales sujetan la espada de la que acaban de despojar al príncipe.

La muerte del príncipe (1461)

Lleida, Aytona, Fraga, Zaragoza, Miravet y Morella fueron los escenarios donde estuvo retenido el príncipe de Viana entre diciembre de 1460 y febrero de 1461. En estos tres meses, Cataluña se puso en pie de guerra contra Juan II, acusándole de violar los Fueros de Aragón y de pretender obstaculizar los derechos de Carlos en beneficio de su hijo Fernando. La defensa que hizo sobre todo la Generalitat de Cataluña de Carlos de Viana está en relación directa con los propios problemas del principado, totalmente enfrentado a Juan II desde la época en que éste era lugarteniente del reino por nombramiento de su hermano Alfonso V. Por ello, Carlos de Viana fue la excusa perfecta para que los catalanes canalizasen toda su ira contra un rey que les había tenido prácticamente abandonados. En febrero de 1461 Juan II, ante el peligro de una guerra civil, accedió a poner en libertad a Carlos, que volvió a ser recibido como un héroe, si bien su salud comenzaba ya a estar muy deteriorada. 
De nuevo fue Juana Enríquez la que medió para que su esposo y la Generalitat firmasen la capitulación de Vilafranca del Penedés, el 21 de junio de 1461, según la cual Carlos de Viana era lugarteniente de Cataluña y el rey era obligado a no pisar territorio aragonés, lo que en la práctica equivalía a un triunfo completo del príncipe.

Pero tras su estancia en prisión, desde febrero de 1461, la salud de Carlos empeoró a pasos agigantados, reproduciéndose cierta astenia y cansancio a los esfuerzos que había sufrido desde su llegada a Mallorca desde Nápoles. Es altamente probable que fuese la tuberculosis la causante de que expirase su último aliento en Barcelona, el 23 de septiembre de 1461. Desde el mismo momento de su muerte comenzaron los rumores (totalmente parciales e interesados) de que su madrastra, Juana Enríquez, le había envenenado para proteger así los derechos de su hijo, el futuro Fernando el Católico. Su funeral fue increíblemente triste y congregó a más de quince mil personas en la catedral de Barcelona, donde se fijó su sepulcro hasta que en 1472 fue trasladado al monasterio de Poblet, tradicional panteón de la casa real aragonesa. 
En Navarra, su hermana Leonor fue nombrada heredera del trono, mientras que el infante Fernando fue nombrado heredero de Aragón. Paradójicamente, la muerte de Carlos de Viana no sirvió nada más que para encender de nuevo el conflicto entre agramonteses y beamonteses en Navarra, al tiempo que Cataluña se aprestaba a vivir una larga guerra civil por espacio de diez años.
Retrato del príncipe de Viana (1421-1461). Cartas a los Reyes de Aragón, Castilla y Portugal, Fernando Bolea y Galloz, 1480 manuscrito sobre pergamino con letra humanística redonda, 14 folios, 220 x 160 mm, Madrid, Biblioteca Nacional de España.

Como colofón a su biografía, es obligado referirse a su descendencia. 

Desde su temprana viudedad en 1448, y a pesar de los planes de boda con la que posteriormente sería Isabel la Católica, Carlos de Viana no volvió a casarse, aunque ello no impidió que tuviese varias amantes, algunas de las cuales engendraron hijos suyos. La más conocida de todas ellas fue María de Armendáriz, doncella de la casa de su hermana, la infanta Leonor, con la que tuvo una hija, Ana de Navarra y Aragón, duquesa de Medinaceli por su matrimonio con Luis de la Cerda. De otra dama de la nobleza navarra, doña Brianda Vaca, tuvo a Felipe de Navarra, conde de Beaufort. 
En 1459, durante su estancia en Sicilia, engendró a su tercer hijo ilegítimo en el seno de una amante italiana de baja extracción social llamada Cappa: Alonso de Navarra y Aragón, que andando el tiempo sería abad de San Juan de la Peña y obispo de Huesca. Como puede observarse, Carlos de Viana mantenía el vigor sexual y la fogosidad típica de los Trastámara aragoneses; no en vano, existe una curiosa leyenda según la cual el príncipe Carlos fue el padre de un hijo nacido en 1460 como consecuencia del ayuntamiento carnal habido entre Carlos de Viana y Margalida Colom, hija de Joan Colom, teniente del castillo de Santueri mallorquín donde se alojó el príncipe durante su estancia insular en 1459. Si la leyenda es curiosa es porque este niño se llamó Cristóbal Colom, en quien algunos quieren ver al famoso Cristóbal Colón, almirante y descubridor de América.

Valoración: el mecenas, el artista y el santo

A la hora de valorar al príncipe Carlos de Viana, resulta inevitable dirigir la vista a su retrato compuesto en 1881 por el artista José Moreno Cambronero. El lienzo representa a Carlos como un joven príncipe, sereno y reposado, a quien uno de sus lebreles, dormido a sus pies, le acompaña en una jornada de lectura dentro de su enorme biblioteca, una de las más importantes de la realeza hispánica en el siglo XV. 
Fue Carlos, en definitiva, un digno príncipe del Renacimiento, a quien su temprana muerte y las circunstancias adversas privaron de un mayor reconocimiento: destacó por sus aficiones artísticas, pues cultivó la música, la pintura, la poesía y realizó además diversas traducciones de obras clásicas, entre ellas la Ética a Nicómaco, a partir de la versión del humanista italiano Leonardo Bruni (a su muerte, Fernando de Bolea, su secretario, animaría a continuar con su magna obra de recuperar la obra del Estagirita para España). Puede considerársele también como un difusor de las obras humanísticas de los autores italianos en España; además, mantuvo una importante relación literaria y cultural con los autores de su época, sobre todo con el poeta Ausías March. 
Como autor se le debe una Crónica de Navarra, escrita, según parece, durante su apresamiento en el castillo de Monroy; compuso también una Epístola exhortatoria, remitida por Fernando de Bolea y Galloz, mayordomo y secretario de Carlos de Viana, a los príncipes de España tras la muerte de su autor para animarles a seguir con los estudios de Aristóteles, como queda dicho.

Siendo innegable su importancia en este sentido, el análisis de su figura política es mucho más complejo, debido a los fuertes y apasionados sentimientos que despertó el príncipe en su época y en las posteriores, de forma que los testimonios que nos han llegado son totalmente parciales y poco objetivos. Durante los siglos XV y XVI, sobre todo en Navarra y en Cataluña, tuvo fama de santo, de forma que los catalanes le llamaban en ocasiones Sant Carles de Catalunya. En los siglos XVII, XVIII y XIX, la crónica de Ramírez Dávalo, los escritos del Padre Queralt, los Anales de Moret y la edición de Yanguas de la Crónica del Carlos de Viana fomentaron esta áurea de santidad y benevolencia con que el desdichado príncipe fue tratado. 
Es cierto que su triste destino y su oscura muerte son ingredientes que dan pábulo a la formación de esta imagen, pero tampoco es menos cierto que algunos episodios de su vida, sobre todo el envenenamiento por parte de su madrastra, no son más que pura invención popular. El magnífico estudio de su figura efectuado por el francés Desdevises du Dezert, amén de los trabajos de Vicens Vives y de Lacarra, han contribuido a crear la correcta imagen del príncipe Carlos.

Producción literaria

Crónica de los Reyes de Navarra: Tras ser derrotado en la batalla de Aibar —donde combatió contra su padre, Juan II de Aragón— el año 1451, el Príncipe de Viana es encarcelado. Durante su estancia en prisión, empezó a escribir la Crónica de los Reyes de Navarra. No la terminará hasta 1454. En dicha obra, se explica la historia de la monarquía navarra desde sus orígenes en Pamplona hasta la coronación de Carlos III, abuelo del Príncipe. Existen desajustes acerca de las posibles partes que podría haber escrito el Príncipe de Viana. Algunas opiniones sostienen la teoría de que la mayor parte de la crónica escrita por el Príncipe es una copia de la que escribió, a principios del siglo XV, García López de Roncesvalles.
Traducción de la Ética a Nicómaco de Aristóteles: Durante la estancia en la corte de Nápoles, entre los años 1457 y 1458, rodeado de un ambiente intelectual, Carlos II realizó la traducción castellana de la versión en latín de Leonardo Bruni de Arezzo, realizada entre 1416 y 1417, ya que no tenía conocimientos de la lengua griega. Esta obra la dedicó a su tío Alfonso el Magnánimo. La intención final de la traducción era cristianizar la filosofía antigua.
Epístola a los valientes letrados de España: La Epístola a los valientes letrados de España, es un intento de persuasión por parte del Príncipe de Viana a los letrados e intelectuales de la época. En ella se solicita la harmonización entre las ideas de la Ética a Nicómaco de Aristóteles y la fe cristiana.
Traducción de De toda condición de la nobleza de Plutarco: Traduce de la versión de Angelo de Decembri.
Escudo de Carlos de Viana, terciado en pal (a la manera aragonesa), con las armas heredadas de su padre: 1.º Partido dimidiado de Aragón; 2.º Cuartelado de Navarra y Évreux: 3.º Partido dimidiado del cuartelado en aspa de Aragón, Castilla y León.

Debates epistolares con Joan Roís de Corella: Debido a su afición por el género epistolar, mantuvo contacto con Joan Roís de Corella entre el período comprendido desde agosto de 1459 y hasta junio de 1461, año de su muerte. En estos debates discutían acerca de cuestiones universales, como por ejemplo el amor.

Biblioteca

Como señala Desdevises du Dezert (Georges-Nicolas Desdevises du Dezért (Lessay, Manche, Baja Normandía, Francia 21 de mayo de 1854 - Chamalières, Puy-de-Dôme, Auvernia, 15 de abril de 1942), fue un historiador, novelista, poeta, crítico literario e hispanista francés.), el príncipe de Viana se centraba más en la lectura de la prosa y los discursos de filósofos como Aristóteles, Séneca, Esopo, las cartas de Cicerón, etc, que en los textos que uno asumiría leídos por todo renacentista, como Homero, Virgilio y otros poetas clásicos. 
Gracias al Inventario de los bienes del Príncipe de Viana que se ha conservado, se sabe que la biblioteca del príncipe Carlos albergaba una destacada colección de obras filosóficas, que incluía varias copias de la Ética de Aristóteles, comentarios de dicho texto y una gran cantidad de obras de teología (varias Biblias completas, copias del Nuevo Testamento en griego y un alfabeto griego). Su biblioteca también contenía obras tanto clásicas como medievales, en latín y en lengua vulgar. 
Entre ellas, novelas de caballerías (Del sant greal, Tristany de Leonis, Ogier le Danois) y obras clásicas (Orationes Demostenis, Tullius de Officiis, De finibus boborum et malorum, Epistole familiares Tullii, Epistole Senece, Epistole Falaridis et Cratis, Comentariorum Cesaris, Epitoma Titulivii, Cornelius Tacitus y Tragedias Senece entre otras). Muchas de estas obras influenciaron y afectaron la breve producción literaria de Carlos de Viana.

viernes, 23 de octubre de 2015

Beowulf (Poema)


Beowulf , adaptado al español como Beovulfo,es un poema épico anglosajón anónimo que fue escrito en inglés antiguo en verso aliterativo. Cuenta con 3182 versos.
Tanto el autor como la fecha de composición del poema se desconocen, aunque las discusiones académicas suelen proponer fechas que van desde el siglo VIII al XII d. C. La obra se conserva en el «Códice Nowell» o «Cotton Vitellius A.xv» y, dada la fama del poema, a pesar de que convive con otras obras en el mismo manuscrito, este se ha dado en llamar «Manuscrito Beowulf». Aunque el poema no tiene título en el manuscrito, se le ha llamado Beowulf desde principios del siglo XIX; se conserva en la Biblioteca Británica.
Tiene dos grandes partes: la primera sucede durante la juventud del héroe gauta (o geata, en algunas traducciones, "godo") que da nombre al poema, y narra cómo acude en ayuda de los daneses o jutos, quienes sufrían los ataques de un jotun gigantesco –Grendel–, y tras matar a éste, se enfrenta a su terrible madre; en la segunda parte, Beowulf ya es el rey de los gautas y pelea hasta la muerte con un feroz dragón.
Su importancia como epopeya es equiparable a la del Cantar de los nibelungos germano, el Cantar de mío Cid español, la Canción de Roldán francesa o el Lebor Gabála Érenn (Libro de las Conquistas de Irlanda). Durante el siglo XX, se han realizado incontables estudios y debates en torno a distintos aspectos del poema.

Génesis del poema

Los eventos narrados en el poema épico con el nombre de Beowulf tendrían lugar en algún momento entre los siglos V y VII d. C. Observar los hechos históricos acaecidos durante este período de la Edad Media puede ayudar a comprender ciertos factores que incidieron en la composición del poema y las problemáticas que se reflejan en el mismo.
Como apunta Borges, en este período se dieron las invasiones bárbaras:

En el siglo V de la era cristiana, tribus germánicas procedentes de Dinamarca, de las bocas del Elba (según Beda, el historiador) y del sur de Suecia fueron ocupando Inglaterra. Los textos más antiguos insisten en el carácter militar y violento de esta ocupación.

Jorge Luis Borges, Antiguas literaturas germánicas
En efecto, este siglo es un período histórico agitado en el cual, tras la retirada de los romanos, los invasores que llegan a las Islas Británicas fueron desplazando a los antiguos habitantes (los celtas, luego llamados bretones), y se producen cambios lingüísticos importantes.

Los invasores germanos, que eran anglos, jutos y sajones por un lado, y noruegos y daneses por otro, contaban con un fondo léxico común, pero el sistema flexivo presentaba entre el primer grupo y el segundo diferencias suficientes como para que su utilidad no llevase a su buena conservación. De esta suerte, la tendencia natural de las lenguas germánicas a perder sonidos de la parte final de la palabra se vio fuertemente intensificada en el caso de la formación y evolución del anglosajón.

En la periodización de la historia de la lengua inglesa, este período es conocido como Old English o inglés antiguo, teniendo como fecha de inicio el año 449 d. C., precisamente el año de las invasiones germánicas. Se pone como tope la fecha del año 1066 d. C, cuando comienza el período Middle English o inglés medio.

Problemas para una teoría genética

Los acontecimientos que el poema narra tienen lugar entre el siglo V y el VI de la era cristiana en el sur de Escandinavia (en concreto, en Escania y en Selandia). Sin embargo, la fecha precisa en que el cantar fue compuesto es muy discutida. Las opiniones de los estudiosos fijan la creación del poema entre los siglos VIII y XI.
El primer problema para la datación es decidir si Beowulf tiene un origen exclusivamente ligado a su forma actual (la de un poema heroico) o no. F.A. Blackburn trabaja sobre la génesis del texto con tres hipótesis:

El poema tiene su origen en el folklore pagano, en un conjunto de leyendas individuales sobre la figura del héroe Beowulf que fueron reunidas y ensambladas por un copista cristiano.
El poema, en su forma actual, fue redactado por un copista cristiano que se basó en cantares ya existentes, lo que quiere decir que ya existía un poema sobre Beowulf que se ha perdido.
Fue compuesto, con base en canciones y leyendas previas, por un autor pagano, y posteriormente "cristianizado" por un copista.
Por su parte Kevin Kiernan sugiere que el poema nació en su forma actual, es decir: que la composición oral y la transcripción fueron contemporáneas. Kiernan propone el siglo XI como fecha de la gesta del poema debido a pruebas paleontológicas y filológicas. J. R. R. Tolkien pensaba que el origen del texto es anterior a la fijación escrita del mismo:

El poema es obra de un hombre letrado que escribe sobre tiempos antiguos. [...] lejos de ser un confuso semipagano - algo históricamente poco probable para un hombre de esa clase y en ese período-, a su tarea contribuyeron el conocimiento de la poesía cristiana y sobre todo el del Génesis. [..] La trama no era del poeta, y aunque él le ha infundido sentimiento y significado a su materia en bruto, aquella trama no era un vehículo perfecto para el tema o temas que habían ido cobrando vida en su mente a medida que trabajaba
Tolkien, Los monstruos y los críticos

En este sentido, Tolkien coincidía con Robert William Chambers, quien opinaba que el cuento popular fue la fuente principal del Beowulf.

La fecha más utilizada por los estudiosos es la del siglo VIII d. C.


Procedencia

El propietario más antiguo que se conoce del manuscrito vivió en el siglo XVI: el erudito Lawrence Nowell, de quien recibió su nombre el códice, a pesar de que la signatura oficial del mismo es «Cotton Vitellius A.xv» gracias a Robert Bruce Cotton. Kevin Kiernan sostiene que Nowell lo adquirió probablemente en 1563 gracias a William Cecil, primer barón de Burghley, cuando aquel entró en la casa de este último para instruir a Edward de Vere, decimoséptimo conde de Oxford y discípulo de Cecil.

El manuscrito pasó a formar parte de la Biblioteca Cotton, donde sufrió daños irreparables como consecuencia de un incendio en Ashburnham House en 1731. A causa de este episodio, parte del manuscrito se ha deteriorado y se han perdido algunos caracteres. Algunos intentos de restauración, a pesar de haber evitado el deterioro progresivo, terminaron cubriendo algunas otras letras del texto, provocando pérdidas también. Kiernan, docente en la Universidad de Kentucky, ha impulsado en los últimos años el proyecto de digitalización y preservación del poema, conocido como Electronic Beowulf Project (Proyecto Beowulf electrónico).6 Para esta iniciativa se han utilizado avanzadas técnicas con fibra óptica que han revelado algunos de los símbolos perdidos a lo largo de los años. Procedimientos similares se han empleado en la restauración y el análisis del Cantar de Mio Cid.

El poema Beowulf se conoce gracias a un único manuscrito, cuya fecha estimada ronda el año 1000 d. C. Kiernan ha afirmado que este manuscrito es una copia hecha por el mismísimo autor del poema durante el reinado de Canuto II de Dinamarca. En el códice en que el Beowulf sobrevive hoy en día, se encuentran también otras piezas poéticas como fragmentos de The Life of Saint Christopher, las Cartas de Alejandro a Aristóteles y Wonders of the East, y la parte de la paráfrasis bíblica Judith. Se ha fechado entre 1628 y 1650 la foliación más temprana del «Códice Nowell», la cual fue llevada a cabo por Franciscus Junius. El propietario del códice –anterior a Nowell– se desconoce todavía.
Tanto el reverendo Thomas Smith (1638–1710) como Humfrey Wanley (1672–1726) asumieron la responsabilidad de catalogar la Biblioteca Cotton, en la cual estaba el «Códice Nowell». El catálogo de Smith apareció en 1696 y el de Wanley en 1705.9 El manuscrito de Beowulf se menciona por primera vez en 1700 en la correspondencia que sostuvo George Hickes, asistente de Wanley, y su jefe. En la carta, Hickes contesta en relación a un supuesto cargo contra Smith, acusado por Wanley de haber pasado por alto el poema al hacer el catálogo del «Cotton Vitellius A.xv». Hickes escribe a su superior que todavía no ha sido capaz de dar con el susodicho Beowulf. Según algunas teorías, Smith no habría advertido la presencia de la epopeya por su excesiva confianza en catalogaciones previas o porque no se hallaba en el códice en el momento de su revisión.

Hipótesis de los dos escribas

Según algunas hipótesis, el manuscrito de Beowulf fue transcrito de un original por dos escribas. Se ha identificado a ambos responsables de la transcripción como Escriba A y Escriba B, relevando el segundo al primero en el verso 1939.


Esta teoría se sustenta en el hecho de que hay una diferencia caligráfica entre los versos que van hasta el 1939 –la cual tiene un aspecto más arcaico– y la que sigue hasta el final del manuscrito.8 Ambos escribas corrigieron su trabajo y se ha demostrado que el segundo amanuense incluso hizo correcciones al trabajo del Escriba A.8 Se plantearon los parecidos que guarda el trabajo del segundo escriba con el del que realizó las Homilías de Blickling, por lo cual se cree que ambas fueron, al menos, copiadas en el mismo scriptorium. De hecho, durante un siglo al menos algunos intelectuales sostuvieron que la descripción de la morada de Grendel fue tomada de la visión del infierno expresada por San Pablo en la homilía 16 de la mencionada colección.

Argumento

Canto I

La acción se desarrolla en Dinamarca (en concreto en la isla de Selandia), donde el espléndido palacio Heorot (‘El Ciervo’) se ve asolado por los mortales asaltos nocturnos del troll Grendel (un Jotun). La música y alegría que se oye en la sala enoja al monstruo, que mora en las ciénagas;  Grendel se ensaña con los criados y guerreros del rey Hroðgar y los devora. (El trovador no es tal, ni es tampoco un bardo, como se dice más adelante, sino un ‘escopo’ o ‘escope’, que es como se traduce del inglés scop el nombre de este poeta cantor de las cortes de Gran Bretaña).
Los ataques del ogro obligan a la corte de Hrothgar a abandonar la sala durante la noche. Esta situación se prolonga 12 años, en los cuales se va esparciendo por las tierras nórdicas el relato sobre la difícil situación del rey danés. Tal recuento llega a oídos de Beowulf, un intrépido héroe gauta que parte en auxilio del monarca junto con guerreros.

Beowulf, sobrino del rey de Gëatlantt (o Götaland, Gotlandia o Gotland o Gautlandia, parte de Escania, en la Suecia meridional), ofrece su ayuda a Hrothgar. La primera impresión de Hrothgar es de escepticismo frente a las pretensiones del desconocido héroe, pero lo recibe gentilmente, y al cabo de un espléndido banquete le encomienda la tarea al recién llegado. Los daneses abandonan la sala y la dejan bajo la vigilancia de los gautas. Grendel regresa esa misma noche a Heorot, derriba sus sólidas puertas y devora a uno de los guerreros. Beowulf es despertado por el alboroto y acude en ayuda de la guardia, trabándose una lucha cuerpo a cuerpo, sin armas, con el engendro, que sólo puede liberarse de su agresor perdiendo a cambio uno de sus brazos y huyendo herido a morir en su cueva.
La reina Welto premia a Beowulf con un collar y se hace una celebración en su honor.

Canto II
A la mañana siguiente, todo es regocijo en Heorot; pero por la noche, la madre de Grendel – mucho más feroz que su hijo – se presenta para vengarlo. Mata a Ésker, hombre de Hroðgar, y se marcha llevándose el brazo de su hijo.
Beowulf y su comitiva siguen el rastro de la criatura a través de la pradera hasta su cueva, la cual encuentra sólo tras nadar casi un día en las profundidades de un lago atestado de criaturas sobrenaturales. Beowulf y la ogresa combaten en un recinto submarino iluminado por un fuego inexplicable. El gauta, cuando está a punto de ser derrotado, encuentra una gigantesca espada con la que mata a la ogresa. El héroe cercena la cabeza del cadáver de Grendel, y retorna a Heorot con sus trofeos.
Realizado el banquete y entregadas las riquezas prometidas por Hroðgar, el héroe parte de regreso a su tierra.

Canto III
De regreso en Gautlandia, Beowulf se entrevista con su tío Hygelac y le cuenta de sus hazañas en tierras danesas. Ambos intercambian dádivas y se anuncian futuras hostilidades entre los gautas y los headobardos.

Canto IV

Beowulf, ya anciano, ha reinado por cincuenta años después de suceder a Hygelac, muerto en batalla. En la última etapa de su vida, Beowulf se dispone a enfrentarse, con la sola ayuda de su sobrino Wiglaf, a un temible dragón que está destruyendo su reino.
Un hábil y osado ladrón había penetrado en la cueva del dragón y había robado una copa de plata incrustada de oro y piedras preciosas, parte del inmenso tesoro que guarda la bestia. Enfurecido, el dragón asalta y destruye el pueblo del ladrón, y mata a todos sus habitantes. Beowulf sale a su encuentro para vengar a su gente, pero la reacción del dragón ha aterrado tanto a sus súbditos, que solamente Wiglaf se apresta para acompañarle.

Después de una cruenta batalla, ambos logran acabar con la bestia, pero Beowulf, gravemente herido, encomienda a su sobrino apoderarse del tesoro y utilizarlo para reconstruir el reino. Pasa su torque de oro a Wiglaf y le confía el reino. Finalmente, Beowulf recibe un funeral: su cuerpo es colocado en una pira funeraria e incinerado.24 Luego se construye un túmulo con vistas al mar y se colocan allí sus restos junto al oro del dragón.

sábado, 17 de octubre de 2015

Las joyas y iluminación: Sangorski & Sutcliffe

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma; 
1.- Ulises









Primera edición del Reino Unido de la obra maestra del siglo 20 de la Literatura occidental 


En una obra Maestra Encuadernación Moderna [SANGORSKI y SUTCLIFFE y ZAEHNSDORF (carpetas)]. Joyce, James. Ulises. Londres: Publicado para el Egoist Press por John Rodker, París, 1922. 
Primera edición británica, limitada a 2000 copias numeradas, esta copia bienestar Nº 288. Tall octavo (8 3/4 x 6 3/4; 223 x 171 mm ). , 732, pp. 

En una elegante unión por Sangorski y Sutcliffe / c Zaehnsdorf modernista. 1985, en su totalidad marruecos verde oscuro con la intersección de los paneles con incrustaciones de color verde claro, naranja quemado, y Marruecos bronceado con las normas plata.. 

El borde superior de plata ,la otros sin recortar. Parcialmente sin abrir. con seda moaré. Una copia fina, elegante obligado, de mayor logro moderna de la literatura occidental. 
Publicado en octubre de 1922 - nueve meses después de la Shakespeare & Co. primera edición (París, febrero de 1922) - esta edición fue impresa de las placas originales para la edición de París impreso por Maurice Darantiere en Dijon, Francia. 
Ulises fue publicado inicialmente en partes en la revista estadounidense The Little Review de marzo 1918 a diciembre 1920, y luego se publica en su totalidad por Sylvia Beach el 2 de febrero de 1922, en París. Uno de los más importantes obras de la literatura modernista, se le ha llamado "una demostración y la suma de todo el movimiento" (Maurice Beebe, Ulises y la Edad del Modernismo.
 James Joyce Trimestral Vol. 10, núm. I). "Antes de Joyce, ningún escritor de la ficción había tan en primer plano el proceso de pensamiento" (Declan Kiberd, Ulises, del Modernismo más sociable obra maestra). Ulises narra el paso de Leopold Bloom por Dublín durante un día ordinario 16 de junio de 1904 (el día de Joyce primera cita con su futura esposa, Nora Barnacle).

 El título alude a Odiseo (latinizado en Ulises), el héroe de la Odisea de Homero, y establece una serie de paralelismos entre los personajes y los acontecimientos en el poema de Homero y la novela de Joyce (por ejemplo, la correspondencia de Leopold Bloom a Odiseo, Molly Bloom a Penélope, y Stephen Dedalus a Telémaco). seguidores de Joyce en todo el mundo celebran anualmente de junio de 16 como Bloomsday en la celebración de la novela. Ulises es de aproximadamente 265.000 palabras de extensión y utiliza un léxico de 30.030 palabras (incluyendo los nombres propios, los plurales y diversos tiempos verbales),  dividida en dieciocho episodios. 
Desde su publicación, el libro atrajo la controversia y el escrutinio, que van desde principios de los juicios por obscenidad a textual prolongada "Joyce Wars". Ulises técnica de la corriente de la conciencia, la estructuración cuidadosa, y la prosa experimental - lleno de juegos de palabras, parodias, y alusiones, así como sus ricas caracterizaciones y humor grueso, hacen del libro una novela de gran prestigio en el panteón modernista.



Poeta Lord Alfred Tennyson


 2).-

A Dream of Fair Women by Alfred Tennyson 
Una obra poética. 

Lord Alfred Tennyson

(Somersby, Reino Unido, 1809 - Aldworth, id., 1892) Poeta británico. Creció en el seno de una familia acomodada que le inculcó el gusto por la lectura, y ya desde joven manifestó sus aptitudes poéticas en unas primeras composiciones a la manera de Pope y Milton.

A los diecinueve años publicó su primer libro de poemas en colaboración con su hermano Charles, Poemas de dos hermanos (1823), y al año siguiente ingresó en el Trinity College de Cambridge, donde entró en contacto con una sociedad secreta de gran prestigio, The Apostles, y conoció al que sería su gran amigo, Arthur Hallan, a la memoria del cual escribió uno de sus poemas más famosos, In memoriam (1850), considerado su obra maestra.
Su primer libro importante, Poemas principalmente líricos, apareció en 1830, y tres años más tarde publicó el segundo, Poemas, que no recibió una acogida tan buena por parte de la crítica, a pesar de tratarse de una colección más consistente y lograda, con un mayor dominio de la técnica y de la construcción mitológica, clásica y medieval, y que da pie a la reflexión moral.
Abatido por este fracaso y por la muerte, ese mismo año, de su amigo Hallan, Tennyson estuvo diez años sin publicar, hasta que en 1942 apareció su tercer libro de Poemas, con el que recobró cierto prestigio literario, hecho que lo animó a publicar, en 1847, un largo poema sobre la condición de la mujer moderna, La princesa, con el que se consagró como poeta.
Tres años más tarde apareció el ya citado In memoriam, tras el cual fue nombrado poeta oficial, con lo que ocupó el sitio que había dejado vacante William Wordsworth. Como tal, escribió la Oda por la muerte del duque de Wellington (1852) y La carga de la brigada ligera, con el objetivo de cantar las glorias nacionales. Respaldado por esta posición oficial, a la que vendría a añadirse, en 1884, el título de lord, trabajó en la composición de una serie de poemas en prosa sobre el rey Arturo, que culminaría en 1859 con Los idilios del rey.
A partir del año 1875, Tennyson pasó a escribir teatro (Becket, 1884; Tiresias, 1885), aunque sólo algunas de sus obras fueron representadas. La muerte le sorprendió cuando aún estaba corrigiendo su último libro de poemas, La muerte de Enone (1892).


 A Dream of Fair Women by Alfred Tennyson 

 A Dream of Fair Women by Alfred Tennyson 

 A Dream of Fair Women by Alfred Tennyson 

 A Dream of Fair Women by Alfred Tennyson 

 A Dream of Fair Women by Alfred Tennyson 

 A Dream of Fair Women by Alfred Tennyson 

 A Dream of Fair Women by Alfred Tennyson 

3).-Morte D'Arthur, a Poem Written Out and Illuminated by Alberto Sangorski



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4.-Alfred Lord Tennyson (1809–1892). 
The Lady of Shalott. 

Manuscript on vellum, illuminated by Alberto Sangorski. 

[London: For the Grolier Society, c. 1910].



Aunque poema romántico de Tennyson La Dama de Shalott se establece en el reino medieval de Camelot, la piel de becerro con incrustaciones de unión con la piel de cabra de color evoca la opulencia de flores del arte islámico. El panel rebajado de seis puntas en la cubierta superior, que contiene ocho ópalos alrededor de un solo cornalina, sirve como pieza central guapo, mientras que el contraste entre las formas arabescas turquesa con campanillas de crema y los negros campos circundantes de rosas rojas de hoja crea el efecto de cornerpieces . En la cubierta inferior, este diseño se hace eco de campos de rosas doradas en color turquesa.