Bibliotecas y mi colección de libros

sábado, 30 de junio de 2012

La biblioteca de don Quijote; y la locura de leer

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 



Edición Príncipe.
.

La biblioteca de don Quijote de la Mancha es el tema central del capítulo VI de la primera parte del Don Quijote de la Mancha, y en ella don Miguel de Cervantes Saavedra, por boca del cura Pero Pérez, expone opiniones sobre ciertos libros de caballerías y otras obras de la literatura de su época, entre ellas algunos poemas épicos y novelas pastoriles. El capítulo VI menciona las siguientes obras.

1).-Amadís de Gaula.

El Amadís de Gaula es una obra maestra de la literatura medieval fantástica en castellano y el más famoso de los llamados libros de caballerías, que tuvieron una enorme aceptación durante el siglo XVI en la península ibérica.
A fines del siglo XV Garci Rodríguez de Montalvo preparó la que habría de ser su versión definitiva, cuya edición más antigua conocida es la de Zaragoza (1508), con el nombre de Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadís de Gaula, pero se trata de una obra muy anterior, que ya existía en tres libros desde el siglo XIV, según consta en obras del canciller Pedro López de Ayala y su contemporáneo Pero Ferrús. El mismo Montalvo confiesa haber enmendado los tres primeros libros y ser el autor del cuarto.

2).-Las sergas de Esplandián, de Garci Rodríguez de Montalvo.

Las sergas de Esplandián (Las hazañas de Esplandián) es el quinto de la serie española de libros de caballerías iniciada con el Amadís de Gaula. Su autor fue Garci Rodríguez de Montalvo, quien también escribió el libro cuarto del Amadís.
La primera edición conocida de Las sergas de Esplandián es la publicada en Sevilla en julio de 1510, pero indudablemente hubo al menos una anterior (quizá publicada en Sevilla en 1496), ya que el sexto libro de la serie, Florisando, apareció en abril de 1510.
La obra Las sergas de Esplandián relata en 184 capítulos las aventuras de este caballero, hijo primogénito de Amadís de Gaula y la princesa Oriana de la Gran Bretaña.

3)-Amadís de Grecia, de Feliciano de Silva.

Amadís de Grecia es un libro de caballerías español, noveno de la serie iniciada por el Amadís de Gaula. Su autor fue Feliciano de Silva (fallecido en 1554), el escritor favorito de Don Quijote de la Mancha.

4).-Olivante de Laura, de Antonio de Torquemada.

Olivante de Laura, libro de caballerías español, escrito por Antonio de Torquemada e impreso en Barcelona en 1564 por Claudi Bornat, que lo dedicó al Rey Felipe II. Se publicó con el título de "Historia del invencible caballero Don Olivante de Laura, Príncipe de Macedonia, que por sus admirables hazañas vino a ser Emperador de Constantinopla".

5).-Felixmarte de Hircania, de Melchor Ortega.

Felixmarte de Hircania es un libro de caballerías español, publicado por primera vez en Valladolid en 1556, con el título Parte primera de la grande historia del muy animoso y esforzado Príncipe Felixmarte de Hircania y de su extraño nacimiento. Fue obra de Melchor Ortega, vecino de Úbeda, quien la dedicó a Juan Vázquez de Molina, comendador de Guadalcanal y secretario de Felipe II. Su portada fue imitada de la de otro libro de caballerías, Platir, publicado en 1533.

6).-Platir, quizá obra de Francisco de Enciso Zárate.

Platirlibro de caballerías español, publicado por primera vez en Valladolid en 1533 con el título de Crónica del muy valiente y esforzado caballero Platir. Fue reimpreso en Sevilla en 1540. No se indica el nombre de su autor, pero hay motivos para creer que es obra de Francisco de Enciso Zárate. 

7).-El Caballero de la Cruz (Lepolemo, de Alonso de Salazar, o Leandro el Bel, de Pietro Lauro)

Nombre con el que conoce a dos libros de caballerías, el español Lepolemo, de Alonso de Salazar, y su continuación italiana Leandro el Bel, de Pietro Lauro, que fue traducida al español y durante mucho tiempo se creyó una obra original española escrita por Pedro de Luján, hasta que Henry Thomas descubrió que se trataba de una traducción.

8).-Espejo de caballerías, de Pero López de Reinosa, o de Santa Catalina.

El Espejo de caballerías es una serie de libros de caballerías españoles de la primera mitad del siglo XVI. Consta de tres libros o partes, los dos primeros escritos por Pedro López de Santa Catalina, y el tercero por Pedro de Reinosa. La serie pertenece al llamado ciclo carolingio de los libros de caballerías españoles, en el cual desempeñan papeles protagónicos el Emperador Carlomagno y sus caballeros.

9).-Historia de las hazañas y hechos del invencible caballero Bernardo del Carpio, de Agustín Alonso.

Bernardo del Carpio fue un personaje legendario de la Edad Media, hijo extramatrimonial, según las principales versiones del mito, de una infanta y hermana del rey asturiano Alfonso II de nombre Ximena, y del conde de Saldaña, Sancho Díaz.
El Bernardo del Carpio o La victoria de Roncesvalles
Largo y complejísimo poema de épica culta, obra de Bernardo de Balbuena, el Bernardo o La victoria de Roncesvalles, alabado por Voltaire y Chateaubriand, consiste en 40.000 versos de pulida factura en octavas reales e inundados de una imaginación exuberante, especie de libro de caballerías en verso que se inspira sólo en parte en la leyenda de Bernardo del Carpio y la contamina con todo tipo de materiales aledaños: alegorías, moralidades, cronologías, genealogías reales e inventadas y episodios mitológicos, fantásticos y maravillosos, en medio de una imaginería deslumbrante y un auténtico frenesí descriptivo. El verso está tallado en busca de una suma perfección, como el mismo autor declara en su prólogo, y como tal hay que considerarlo el culmen de la épica culta barroca española, de la misma manera que la Araucana es el culmen de la épica culta renacentista.

10).-El verdadero suceso de la famosa batalla de Roncesvalles con la muerte de los doce Pares de Francia, por Francisco Garrido Villena.

11).-Palmerín de Oliva, de Francisco Vázquez.

Palmerín de Oliva es un libro de caballerías español, primero de la serie de los Palmerines, publicado por primera vez en Salamanca en 1511, con el título de El libro del famoso y muy esforzado caballero Palmerín de Olivia. Según indica su continuación Primaleón, su autor fue Francisco Vázquez, vecino de Ciudad Rodrigo, aunque otros han atribuido su composición a "una señora Augustobrica" y a Juan Augur de Transmiera.

12).-Palmerín de Inglaterra, de Francisco de Moraes.

El Palmerín de Inglaterra es un libro de caballerías escrito por el portugués Francisco de Moraes (1500-1572), secretario del embajador portugués en París, conde de Linhares, entre 1541 y 1543. El libro posee algunos recuerdos autobiográficos del autor.
Palmerín de Inglaterra consta de dos libros, el primero dividido en 101 capítulos y el segundo en 66. 

13).-Belianís de Grecia, de Jerónimo Fernández.

Belianís de Grecia, o más exactamente la Hystoria del magnánimo, valiente e inuencible cauallero don Belianís de Grecia es un libro de caballerías español, escrito por el licenciado burgalés Jerónimo Fernández, abogado de la corte del Emperador Carlos V.
 Su primera y segunda parte su publicaron por primera vez en Sevilla en 1545, siendo reimpresas en Burgos, Martín Muñoz, 1547, y versan sobre la vida del príncipe Don Belianís de Grecia, ficticio hijo primogénito del Emperador Belanio de Grecia y de la Emperatriz Clarinda.

14).-Tirante el Blanco, de Joanot Martorell.

Tirante el Blanco (Tirant lo Blanch en su título original en valenciano) es una novela caballeresca (expresión de Martí de Riquer) del escritor valenciano Joanot Martorell y que se suponía concluida por Martí Joan de Galba —idea que aún hoy no se descarta—, publicada en Valencia en 1490, en pleno Siglo de Oro valenciano.

15.-Diana, de Jorge de Montemayor.

Jorge de Montemayor o, en portugués original, Jorge de Montemor (Montemor-o-Velho, Portugal, h. 1520 - ¿Piamonte?, Italia, h. 1561) fue un escritor portugués en lengua española.
 Adoptó como nombre el de su lugar de nacimiento, Montemor-o-Velho, cerca de Coímbra. Se ha especulado sobre su origen judío, pero no hay nada probado. Fue músico en las cortes de Portugal y de Castilla. Estuvo primero al servicio de María, hermana de Juan III de Portugal y futura esposa de Felipe II, como cantante. Más adelante pasó a la corte de Juana, infanta de Castilla, hija de Carlos I, como cantor contrabajo primero, y luego, tras el matrimonio de la infanta con el príncipe don Juan de Portugal, hijo de Juan III, como aposentador. Cuando falleció don Juan, en 1554, Montemayor regresó con la infanta viuda a Castilla. 
Por entonces publicó su Cancionero (Amberes, 1554), cuyos versos devotos no gustaron a la Inquisición. Con el séquito de Felipe II estuvo en Flandes, y posiblemente también en Inglaterra. Se sabe que estuvo también en Valencia al servicio de Juan Castellá, barón de Bicorb y Quesa, así como de Gonzalo Fernández de Córdoba, duque de Sessa. Los últimos años de su vida los pasó en el Piamonte. Se piensa que murió asesinado por un amigo en una reyerta causada por un asunto de celos.
Su obra más importante es Los siete libros de la Diana, impresa por primera vez en Valencia y en Milán hacia 1559. Esta obra, que combina el verso y la prosa, es la primera novela pastoril de la literatura en lengua castellana y ejerció una gran influencia en las letras del siglo XVI. Fue pronto traducida al francés, al inglés y al alemán.
Según el propio autor, el planteamiento de la obra es como sigue:
En los campos de la principal y antigua ciudad de León, riberas del río Esla, hubo una pastora, llamada Diana, cuya hermosura fue extremadísima sobre todas las de su tiempo. Esta quiso y fue querida en extremo de un pastor, llamado Sireno; en cuyos amores hubo toda la limpieza y honestidad posible. Y en el mismo tiempo, la quiso más que a sí otro pastor llamado Sylvano, el qual fue de la pastora tan aborrecido que no había cosa en la vida a quien peor quisiese. Sucedió, pues, que como Sireno fuese forzadamente fuera del reino, a cosas que su partida no podía excusarse, y la pastora quedase muy triste por su ausencia, los tiempos y el corazón de Diana se mudaron; y ella se casó con otro pastor llamado Delio, poniendo en olvido al que tanto había querido. El cual, viniendo después de un año de ausencia, con gran deseo de ver a su pastora, supo antes que llegase como era ya casada.

16.-Segunda parte de la Diana de Jorge de Montemayor, de Alonso Pérez.

Alonso Pérez, llamado el Salmantino, escritor español de la primera mitad del siglo XVI
Escribió una novela pastoril, Segunda parte de la Diana (Valencia: Sebastián Mey, 1564), continuación de la Diana de su amigo Jorge de Montemayor. La obra ha sido muy despreciada por la crítica, quizá por las palabras de Cervantes al condenarla a la hoguera y por el hecho de haber tenido que competir con la continuación de Gaspar Gil Polo; la realidad, sin embargo, es otra, ya que entre 1559 y 1624, época áurea de la novela pastoril, la continuación de Gil Polo se imprimió siete veces, pero la de Alonso más del doble, quince; fue, pues, un éxito en su tiempo. 
La teoría sobre el amor esbozada en la obra no está inspirada en la filosofía del Neoplatonismo, como las otras de su género, sino que posee algunos rasgos del amor cortés. Por otra parte, mezcla elementos muy heterogéneos que hacen la estructura de la obra compleja y difusa. 

17.-Diana enamorada, de Gaspar Gil Polo.

Gaspar Gil Polo (* Valencia [España], 1530, † Barcelona [España], 1584) fue un escritor español del que se tienen escasas referencias sobre su vida: su fama como poeta radica en que Miguel de Cervantes le dedica una octava real en el "Canto de Caliope" de La Galatea y Juan de Timoneda lo cita en el Sarao de amor, de 1561. Su principal obra es Diana enamorada, de 1564, continuación de la obra Diana de Jorge de Montemayor. Cerda y Rico ha apuntado que puede tratarse del catedratico del mismo nombre inscrito en la Universidad de Valencia entre 1565 y 1574. Se basa en los elogios, en el "Canto del Turia" de la Diana enamorada a ingenios valencianos, contemporáneos algunos de ellos, catedraticos de la Universidad valenciana. También se le ha atribuido el cargo de notario (1571-1573) y el de primer coadjutor. Su prosa y poesía son extremadamente cultas, aunque abundan en valencianismos. Fue inventor de la que el llama rima provenzal, su poesía se distingue por el dominio de la forma y el manejo de las estrofas.

20.-Los diez libros de Fortuna de Amor, de Antonio de Lofraso.

Los diez libros de Fortuna de Amor es una novela pastoril del poeta y militar sardo Antonio de Lofraso, publicada en Barcelona en 1573 y mencionada por Miguel de Cervantes en el "donoso escrutinio" de la biblioteca de Don Quijote (I, VI).
La obra, dedicada al Conde de Quirra, relata los honestos amores del pastor Frexano (personaje que al parecer está inspirado en el propio autor, ya que lofraso en el dialecto sardo signfica fresno) y la hermosa pastora Fortuna. Concluye con una larga composición poética de 168 versos en 56 tercetos, denominada "Testamento de Amor".
El cura de la aldea de Don Quijote, Pero Pérez, dice en el mencionado escrutinio que «...desde que Apolo fue Apolo, y las musas musas, y los poetas poetas, tan gracioso ni tan disparatado libro como ése no se ha compuesto, y que, por su camino, es el mejor y el más único de cuantos deste género han salido a la luz del mundo, y el que no le ha leído, puede hacer cuenta que no ha leído jamás cosa de gusto.» (Según el académico Martín de Riquer, no obstante, «el elogio es burlesco y se le salva precisamente por ser disparatado.»)
En el libro VI de la obra aparecen un pastor llamado Dulcineo y una pastora llamada Dulcina, que pueden haber servido de inspiración a Cervantes para el nombre de Dulcinea del Toboso. Los diez libros de Fortuna de Amor fue reimpreso en Londres en 1740 por el maestro de lengua castellana Pedro Pineda, quien consideraba esta obra apreciable por «su bondad, elegancia y agudeza».

21.-El pastor de Iberia, de Bernardo de la Vega.

El Pastor de Iberia es una novela pastoril española, publicada en Sevilla en 1591. Su autor fue Bernardo de la Vega, gentilhombre andaluz, quien la dedicó a Juan Téllez Girón, Duque de Duque de Osuna y Conde de Ureña.
La obra está dividida en cuatro libros. Su protagonista, que inspira el título, es el pastor Filardo, quien es perseguido por sospechas de homicidio. Arrestado por el alguacil de la aldea donde vive, se libra por el favor de dos padrinos que tiene en Sevilla y se embarca en Sanlúcar de Barrameda. En las islas Canarias es prendido nuevamente y le libera la intervención de otro familiar. El amor de Filardo es la pastora Marfisa. Ambos enamorados llenan la obra con sus versos, y Filardo hace en ellos incapie en la mitológia y en la historia, citando a Platón, Antonio de Nebrija y el Concilio de Trento.
Miguel de Cervantes, en el escrutinio de la biblioteca de Don Quijote de la Mancha (Primera Parte, capítulo VI), condenó al fuego El Pastor de Iberia. El comentarista Diego Clemencín criticó acerbamente el lenguaje de la obra, diciendo que era malo, trocaba los tiempos verbales y contenía solecismos.
 cura Pero Pérez

22.-Primera parte de las ninfas y pastores de Henares, de Bernardo González de Bobadilla.

23.-Desengaño de celos, de Bartolomé López de Enciso.

24).-El pastor de Fílida, de Luis Gálvez de Montalvo.

luis Gálvez de Montalvo, (Guadalajara, 1549 - algún lugar de Italia, probablemente Palermo, 1591), escritor español.

El pastor de Fílida (Madrid, 1582)  es una de las más importantes novelas pastoriles españolas. El escritor más eminente de la historia literaria  española  así lo manifestó  en  su famoso escrutinio de la librería de don Quijote; pero además de Miguel de Cervantes la elogiaron poetas y eruditos como  Lope  de  Vega,  Vicente  Espinel,  Pedro  Laínez, López Maldonado, Ta m ayo  de Vargas  y Nicolás Antonio, entre los más famosos y conocidos. 

25).-Tesoro de varias poesías, de Pedro de Padilla.

El escritor Pedro de Padilla (1549?-1600?) nació en Linares (Jaén) y fue apreciado y amigo de López de Hoyos, Lope de Vega y Cervantes, aunque atacado por Herrera. Obtuvo el grado de Bachiller en Artes en la Universidad de Granada en 1564, y en 1572 era estudiante de Teología en la Universidad de Alcalá de Henares. Muy pronto comenzaron a circular por Madrid sus poemas, que primero guardaba escritos en papel, como es el caso de un cartapacio autógrafo estudiado por el profesor Labrador. Algunos pasaron después a sus libros impresos. Escribió poesía religiosa (Jardín Espiritual, 1585) y profana (Romancero, 1583), y su obra fue muy apreciada en vida. Publicó diversos libros impresos en su época, teniendo una gran popularidad y una difusión solo comparable a la que tuvo el poeta e historiador Diego Hurtado de Mendoza, hijo del segundo conde de Tendilla. Su villancico "Al niño sagrado/ que es mi salvador/ cada vez que lo miro/ me parece mejor" se cantaba en España hasta hace muy poco.
El 6 de agosto de 1585 ingresó en el convento de los carmelitas calzados de Madrid, hoy es la parroquia de El Carmen, entre Callao y Sol, donde muere. Se dedicó a la predicación, pero también hizo de censor de obras, como las de su amigo Lope de Vega La Arcadia y La Dragontea. Por desgracia, al poco de su fallecimiento, su obra pasó al olvido. 
El Tesoro fue publicado en 1580.
Posiblemente fuera Cervantes quien dio fama moderna al libro que hoy nos ocupa en el Quijote, cuando el cura y el barbero hacen el escrutinio de la biblioteca del emblemático loco y perdonan de las llamas al Thesoro sin renunciar al guiño amistoso a su amigo el linarense Padilla. Dice:"Este grande que aquí viene se intitula -dijo el barbero-Thesoro de varias poesías.  -Como ellas no fueran tantas -dijo el cura-, fueran más estimadas: menester es que este libro se escarde y limpie de algunas bajezas que entre sus grandezas tiene; guárdese, porque su autor es amigo mío, y por respeto de otras más heroicas y levantadas obras que ha escrito".
Para poder publicar el Thesoro, entonces como ahora se necesita financiación, sobre todo si es un libro grande: en su edición actual son ochocientas páginas de poesías. Padilla buscó al rico librero Blas de Robles para que le pagara al impresor madrileño Francisco Suárez los gastos de producción del Thesoro. "Es un grueso libro  -dicen Labrador y DiFranco en el estudio preliminar- de 482 folios que tituló Thesoro de varias poesías, el cual tuvo tanto éxito que le siguieron otras dos ediciones, una en 1587 organizada según géneros y formas métricas, y otra en 1589, supuestamente idéntica a la de 1587, aunque no existe hoy ejemplar alguno: las tres ediciones salieron de imprentas madrileñas".
El Tesoro es sin duda la obra central del prolífico Padilla. El mismo Padilla nos cuenta que mandó imprimir sus poemas para "sujetarlos a la piadosa censura de los buenos entendimientos". Es decir, los imprime con su nombre porque se los plagiaban. Así justifica el autor verlos impresos: por "lástima de ver algunos hijos de mi pobre entendimiento, tratados menos bien que merecen, de muchos que no siendo sus padres los han hecho hijos adoptivos, para solo destruirlos". En el mismo Thesoro de 1580 indica que incluye unos "Romances pastoriles que hurtaron al autor y andan muy mal impresos". Como ven, los plagios no son nada nuevo.
El libro esta formado por canciones, coplas castellanas, glosas, estancias, tercetos, liras, villancicos sonetos, romances y ensaladillas, verdadero muestrario del tipo de poesía que gustaba en esos años. La obra de Padilla es central para conocer los gustos poéticos del último tercio del siglo XVI. Padilla continúa las viejas tendencias del "best seller" de ese siglo, el Cancionero general de 1511, al que añade ecos de la exquisita lírica que poetas como san Juan de la Cruz, Lope, Liñán y Figeroa componen en esos años, juntando en el Thesoro a la nueva lírica italianizante renacentista con la poesía tradicional. Padilla, buen conocedor de la poesía pastoril, se adentra en el mundo real de los pastores y pastoras, gentes reales de pueblo que celebran sus bodas, compiten en sus juegos rústicos y hablan como gentes alejadas de la corte, reflejando en sus versos, como ninguno otro poeta ha sabido hacer, el habla de los campesinos.

26.-El Cancionero, de Gabriel López Maldonado.

Poeta español muerto hacia 1615. Fue uno de los más destacados integrantes de la Academia de los Nocturnos de Valencia. Poseedor de una gran técnica formal, perfecto cultivador de los metros españoles e italianos, e inclinado preferentemente hacia los temas elevados y morales, su Cancionero (1586) es un buen ejemplo de la poesía, virtuosista y convencional, de su época. Recibió elogios en El Quijote.

27).-La Galatea, de Miguel de Cervantes Saavedra.

La Galatea' es una novela de Miguel de Cervantes publicada en 1585 en Alcalá de Henares con el título de Primera parte de La Galatea, dividida en seis libros.
La Galatea se suele clasificar como novela pastoril. Tal descripción es muy limitada. En efecto sus personajes son pastores, pero es un vehículo para un estudio psicológico del amor, y es éste el propósito de Cervantes al escribirla.

28).-La Araucana, de Alonso de Ercilla.

La Araucana (1569, 1578 y 1589) es un poema épico del español Alonso de Ercilla que relata la primera fase de la Guerra de Arauco entre españoles y mapuches.

Según el propio autor, que participó en dicho conflicto, el poema fue escrito durante su estadía en Chile usando, a manera de papel, cortezas de árboles y otros elementos rústicos. Ercilla, quien como antiguo paje de la corte de Felipe II contaba con una educación mayor a la del promedio de los conquistadores, había llegado a dicho país como parte de la expedición de refuerzo comandada por el nuevo gobernador García Hurtado de Mendoza.
Tras el regreso de Ercilla a España, el libro fue publicado en Madrid en tres partes a lo largo de dos décadas. El primer volumen se editó en 1569; el segundo, en 1578; y el tercero, en 1589. El libro obtuvo, entonces, un considerable éxito entre los lectores.
Aunque la historicidad de muchos de los relatos que aparecen en la obra es relativa, se la considera uno de los mayores escritos testimoniales acerca de la Conquista, y en su tiempo fue habitualmente leída como una crónica verídica de los sucesos de Chile.
La Araucana había sido precedida por una gran cantidad de textos españoles que describían el Nuevo Mundo a los lectores europeos, como los Naufragios de Cabeza de Vaca, que relataban las aventuras de su autor en Norteamérica, o la Historia verdadera de la conquista de Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, que divulgó la asombrosa caída del Imperio azteca. Sin embargo, La Araucana se distinguió entre estos libros como la primera obra de literatura culta, dedicada al tema con claras ambiciones artísticas.
Luego de La Araucana, surgió una gran cantidad de obras sobre temas americanos que imitaban su estilo poético: La Argentina, Arauco domado y Purén indómito, etc. Con el paso del tiempo, en estos textos se acrecentó el distanciamiento respecto de la crónica y narración de hechos históricos. Los autores optaron por trasladar temáticas del Renacimiento europeo al exótico escenario americano. Así, muchos de estos poemas realmente trataban más sobre sentencias morales, el amor romántico o tópicos latinos, que acerca de la Conquista.
La trama incluye episodios históricos como la captura y ejecución de Pedro de Valdivia así como la muerte de los caciques mapuches Lautaro y Caupolicán. Sin embargo, también se insertan sucesos fantásticos, como el de un hechicero que eleva al narrador en un vuelo sobre la Tierra, permitiéndole ver acontecimientos que suceden en Europa y Oriente Medio, como la batalla de Lepanto.
Destaca también el episodio del encuentro con una mujer indígena, Tegualda, que busca a su marido, Crepino, entre los muertos en un campo de batalla. Este último relato es una muestra del aspecto humanista del trabajo de Ercilla y de su condolencia por la suerte corrida por el pueblo indígena, describiendo la carencia de malicia y vicios en la gente hasta la llegada de los españoles. Los versos rinden loas a la valentía tanto de conquistadores como de indígenas.

29).-La Austríada, de Juan Rufo.

La Austríada de Juan Rufo fue dirigida a la Sacra, Cesárea Real Majestad de la Emperatriz de Romanos, reina de Bohemia y Hungría, etc. La dedicatoria está firmada en Madrid, a 20 de marzo de 1582. En la introducción de dicho poema aparecen sonetos de Pedro Gutiérrez Rufo (hermano del autor), Miguel de Baeza Montoya, Luis de Vargas, Diego de Rojas Manrique, Francisco Cabero, Luis de Góngora y Miguel de Cervantes, así como unas estancias de Lupercio Leonardo de Argensola. Este poema épico consta de 24 cantos. 

30).-El Monserrate, de Cristóbal de Virués.

El Monserrate, es un poema narrativo en veinte cantos, en octavas, del poeta español Cristóbal de Virués, publicado en Madrid, en 1587, y que desarrolla la leyenda del monje Garín y de la fundación del Monasterio de Montserrat.

31).-Las lágrimas de Angélica, de Luis Barahona de Soto.

La primera parte de la Angélica, más conocida como Las lágrimas de Angélica, es un poema caballeresco del escritor español Luis Barahona de Soto, publicado en 1586.
La obra se plantea, dentro de la tendencia italianizante importada por Boscán y Garcilaso, como una continuación del Orlando Furioso, y narra las peripecias vividas por la hermosa Angélica tras su matrimonio con Medoro, sus esfuerzos para huir de la persecución de Orlando, prisiones, encantamientos y las tribulaciones vividas para la reconquista del reino de Catay, del que se había apoderado una reina rival.
En el capítulo VII se mencionan dos obras más:

32.-La Carolea, de Jerónimo Sempere.

Jerónimo Sempere, poeta español de Renacimiento, llamado también Jerónimo Sampere o Jerónimo de Sampedro.
Seguramente de origen valenciano, pues habló dicha lengua y en 1532 organizó en la iglesia de Santa Catalina Mártir el último certamen poético de cierta importancia en valenciano. Luego compondría un mediocre poema de épica culta en español, La Carolea (1560), que narra algunos momentos de la vida del emperador Carlos V; la obra adolece de maniqueísmo, pues mientras que el héroe aparece adornado de todas las perfecciones Francisco I de Francia no posee ninguna, es déspota y necio.
 Hay personajes alegóricos, como la Fama y la Esperanza, descripciones del infierno, sueños proféticos y visiones fantásticas. Consta de dos partes y cada una va precedida de un resumen argumental. Aunque alguna vez cae en la monotonía, la obra posee un lenguaje ágil. Se inicia poco antes de la batalla de Pavía y termina con la derrota turca de Buda. Se compondrá luego otra obra de igual título por Juan Ochoa de la Salde, de 1585. Ambas son laudatorias composiciones en verso enaltecedoras de la figura de Carlos V. La Carolea fue elogiada por Cervantes en el capítulo VII de la primera parte del Quijote, después del escrutinio de la biblioteca de Don Quijote.

33.-León de España.

34.-Comentario de la guerra de Alemania hecha por Carlos V, máximo emperador romano, rey de España de Luis de Ávila.


Aldo Ahumada Chu Han

La locura de leer


Leer el Quijote nos ha hecho lo que somos. Quizá incluso nos ha inculcado una noción de la lectura que es única en sus consecuencias: creer que podríamos ser mejores. Leer, se diría, nos promete otro mundo. Es la utopía del humanismo: al cerrar el libro debería acogernos una realidad digna de la imaginación. En español leemos, desde el Quijote , para imaginar esa otra margen.
Como todos los hijos de este idioma español, leí el Quijote a los  diecisietes  años. No podía dejar de leer y reía con asombro. Esa intimidad de la emoción, esa complicidad, nos hace sentir que Don Quijote es un viejo conocido. Como dijo Borges, uno habla de él como de un amigo.

Mucho después, descubrí por mi cuenta que distintas tradiciones han leído otra cosa en la novela. Los rusos creyeron que era un libro cruel, quizá el más cruel, y aprovechan su lectura para llorar. Nabokov se negó a incluirlo en su curso en Harvard protestando su bárbara crueldad pero la universidad le hizo saber que tenía que enseñarlo. Las notas que pergeñó son un diario de lectura metódica que le hizo apreciar mejor la novela. Para los lectores alemanes, en cambio, el Quijote ha sido un tratado sobre la melancolía, esto es, sobre el deseo desmentido por la miseria de lo real.
 Para los ingleses es, más bien, una guía ligeramente estrambótica sobre las dificultades de viajar en España entre fondas donde se come mal, pero lleno de juegos de forma y espejismos de fondo. No es casual que el Quijote tuviese mayor fortuna en Inglaterra, cuya novelística inspiró, casi inventó, sacándola del manual de buenas maneras. 
En España se lo leyó como una alegoría de la nacionalidad, que ilustraba la identidad agonista y revelaba el alma del país, nostálgica de raíces castellanas. Esa lectura esencialista empobreció la modernidad de la novela y explica que fuese convertida no en fuente de cambio sino en monumento del museo cultural. Has ta que las lecturas de Américo Castro, Juan Goytisolo y Francisco Márquez Villanueva pusieron al día su lugar, que es finalmente transatlántico.
 En América Latina, desde el primer día, hemos leído el Quijote con alegría, casi como una comedia de la lectura. Celebramos los juegos paródicos, las formas irónicas, la indeterminación de lo moderno como la libertad de lo imaginario. En la empresa delirante de Pierre Menard, héroe quijotesco de Borges, él imaginó una metáfora de esta lectura, abierta y relativista. Menard copia literalmente la novela para producir un Quijote distinto y suyo, porque las palabras son las mismas pero el sentido pertenece a cada tiempo.

Me he dado cuenta con los años y las relecturas de que todos tenemos una intuición central sobre esta novela. Al final de La Cervantiada , bajo el título de “Teoría del juego,” sumé algunas notas y adelanté mi intuición más propia, aquella versión de los hechos que la novela, como una figura en construcción, espera de nosotros. Esa nostalgia de una forma plena es otro umbral que se abre en el paisaje de la página. A las puertas de otra interpretación, sin embargo, el lector vuelve los pasos y no se anima o atreve a explicar todas las consecuencias de su versión.
Esas intuiciones deben haber producido las estampas, poemas y charlas que Borges dedicó a sus lecturas del Quijote . Es misterioso el hecho de que al recuperarse del accidente que casi le cuesta la vida, decidiese poner a prueba sus facultades mentales y escribir un cuento, y que este fuese “Pierre Menard, autor de El Quijote”.

Desde mi primera lectura creí entender que la empresa de la novela es convertir a Sancho, el analfabeto, en el mejor lector. Y que, en una verdadera epifanía de la lectura, lo consigue en el capítulo de la Insula, donde Sancho al juzgar cada caso demuestra que lee una novela, aunque sea italiana. Son verdaderas novelas ejemplares, actuadas para poner a prueba al gobernador burlado; pero Sancho las descifra impecablemente, convertido en humanista sabio y justiciero. 
Esa isla es una utopía del humanismo: el buen lector asume que el mundo es perfectible. Ya en el capítulo de la cueva de Montesinos, Sancho ha escuchado a un escritor estrambótico, cuyas obras son disparates de falsa erudición, y propone otra, digna de un filólogo del sentido común. “Más has dicho, Sancho, de lo que sabes,” sentencia Don Quijote. El pícaro es el bufón de las decadencias de España; incluida la actual, en que el pícaro es el corrupto de éxito; en cambio, Sancho, el hombre pobre, es el primer héroe moderno del español transnacional: pone en práctica una lectura hecha en el poder de dar forma y sentido, pero también de tolerar y compartir.
Yo creo que esa es hoy día la gran lección de la novela: contra su lectura única, a favor de los nuevos lectores plurales; y contra la verdad única, en defensa de los próximos lectores, libres de cualquier Mancha.

Cervantes cita en la novela los Diálogos de amor de León Hebreo en la traducción del Inca Garcilaso de la Vega. Y no sería vano comprobar un eco de la cadencia arcaizante en la traducción de ese tratado neoplatónico en las definiciones cervantinas del amor y el paraíso armónicos de la Edad Dorada. 
Finalmente empezamos a reconocer en la literatura clásica española las resonancias del mundo americano, sus repertorios y sus textos. Diana de Armas en su Cervantes, the Novel, and the New World (Oxford, 2000) demostró la gravitación del Inca Garcilaso en el comienzo del Persiles ; y hoy nos parece que el horizonte del Nuevo Mundo fue cercano a Cervantes, y no solo porque intentó mudarse a las Indias, tal vez para no volver a La Mancha. Vivió un año en el pueblo de Montilla, donde Garcilaso vivió muchos años, antes de mudarse a la ciudad de Córdoba. Cervantes sabía de la vecindad del Inca, pudieron haberse conocido. Ambos eran dados a la conversación y compartían largas frustraciones con la burocracia.

Cervantes estaba lleno de deudas, Garcilaso lleno de deudores. Compartían también lecturas italianas y pudieron haberse demorado en Orlando furioso . Ambos sabían que el Nuevo Mundo era menos arbitrario y autoritario que la España de su tiempo, y podrían acordar que la modernidad de España estaba en las Indias. Diana de Armas explica la “hibridez” y la “mezcla” como principios de la escritura cervantina, fenómeno que a nivel del lenguaje había sido observado por Spitzer. Ambos mecanismos son centrales al pensamiento cultural del Inca Garcilaso. 
Pero, sobre todo, sin ellos no se puede entender lo moderno. La pureza es negocio medieval, la mezcla inicia el diálogo de lo moderno. El mismo hecho de que el narrador encuentre en el mercado público, en Toledo, un manuscrito árabe, que compra por unos reales y hace traducir, demuestra que la lectura se cumple en la calle y la vida urbana, y en su centro, el intercambio de las lenguas y la práctica más moderna de todas, la traducción como mediación. Traducir es trasladarse a la otra orilla, la del futuro. América es la orilla de esa modernidad, donde las semillas de España gestan un nuevo traslado del mundo, en la hibridez fecunda del Barroco.

Gabriel García Márquez tiene como su episodo favorito del Quijote la desaparición y aparición del rucio de Sancho, y lo explica como un olvido del autor. Este episodio es otro don del arte del relato cervantino, que convierte en escritura el lapso, y es asimismo otra demostración de la libertad y la gracia de la novela. Ya alguien ha estudiado sistemáticamente las equivocaciones y distracciones de Cervantes como un lenguaje narrativo propio, aunque en primer lugar declaran el carácter procesal del relato, que fluye episódicamente, y cuya memoria no es un pasado de la lectura sino el presente de la duración de la última frase que leemos; un tiempo que circula sin repetirse. 
En Cervantes o la crítica de la lectura (1976), Carlos Fuentes puso al día la modernidad de la novela desde esta orilla del idioma, demostrando con brío su actualidad. A la indeterminación del presente se debe que la novela como género nos comunique una experiencia viva de lo específico, como explica Bajtin. Y a ello también se deba el hecho de que, después de Borges, García Márquez, Juan Goytisolo y Carlos Fuentes, nuestra lectura del Quijote sea más inmediata y proyectiva: una intervención en la hechura de la novela, en su despliegue y actualidad. 
Como se ilustra con elocuencia en la variable cervantina de Eduardo Mendoza (quijotescamente nadie es imposible), Luis Goytosolo (la ciudad es indeterminadamente sin fin), Fenando del Paso (la Historia misma es quijotesca), Sergio Ramírez (la escritura es la Comedia), Alfredo Bryce Echenique (la biografìa son los otros), Julián Ríos (el Quijote es plurilingüe), Juan José Millás (una vida es muchas vidas), Leonardo Padura (las ejemplares son las policiales), Edgardo Rodríguez Juliá (la melancolía desmiente al lenguaje), Javier Marías (la calle es abismal), Jorge Volpi (cada saber es una forma de locura), Juan Francisco Ferré (Dulcinea es plural), Antonio López Ortega (cada biografía inventa al lenguaje), Carmen Boullosa (las mujeres son la veracidad de la trama), Manuel Rivas (escribir es rehacer la Mancha), Javier Cercas (cualquier vida es ilusoria), Robert-Juan Cantabella (los gigantes ya han leído esta novela), quienes, entre otros, asumen el Quijote como una caja de herramientas del español más creativo, que en cada palabra significa lo que rehace.

viernes, 29 de junio de 2012

Dependencias de la corona británica

(en inglés, Crown dependencies) son territorios autónomos pertenecientes a la Corona británica que no forman parte del Reino Unido ni tienen estatus de territorio británico de ultramar.​ Son posesiones autogobernadas de la Corona —institución definida ad hoc en cada uno de los ordenamientos—,​ por lo que el monarca británico ejerce la más alta magistratura en ellas. Internacionalmente, las dependencias son consideradas «territorios de los que Reino Unido es responsable», más que Estados soberanos.​ Por ello, no son miembros de la Mancomunidad de Naciones. Sin embargo, mantienen relaciones con dicha Mancomunidad, con la Unión Europea y otras organizaciones internacionales como el Consejo Británico-Irlandés. No forman parte de la Unión Europea pero sí de su unión aduanera.
A pesar de que las dependencias de la Corona no son Estados soberanos, el poder de aprobar leyes que solo afecten a estos territorios depende en última instancia de sus órganos legislativos, con el consentimiento de la Corona —de su Consejo Privado o, en la Isla de Man y en determinados casos, del gobernador general—. El Reino Unido se encarga de la defensa y la representación internacional. El Parlamento británico se reserva el derecho a legislar sobre asuntos comunes y lo hace siempre en nombre del monarca.
El grado de autonomía es incluso más elevado que el que pueda tener un estado dentro de una federación. Las dependencias de la Corona tienen monedas, matrículas o servicios postales propios, entre otros.

La Isla de Man

 (en inglés, Isle of Man o Mann; en manés, Ellan Vannin o Mannin) es una dependencia de la Corona británica formada por una isla principal y algunos islotes situados en el mar de Irlanda, entre Irlanda y Gran Bretaña. El soberano es el monarca británico, en calidad de señor de Man, quien es representado por el gobernador general.​ Su representación internacional y defensa son responsabilidades del Gobierno del Reino Unido.
La isla de Man ha estado habitada desde 6500 a. C. y ha recibido influencia celta desde el siglo V d. C. La isla pasó a ser un reino vikingo en la Edad Media, sumiso a la influencia anglosajona. En 979 se estableció el Tynwald, el parlamento democrático que pervive aún más antiguo del mundo. Durante su historia, la isla ha pertenecido a los reinos de Noruega, Escocia e Inglaterra. La isla de Man forma hoy parte de las seis naciones celtas, junto con Bretaña, Cornualles, Escocia, Gales e Irlanda.
La isla tiene 572 km² de superficie y poca elevación sobre el nivel del mar, con 621 metros de altitud máxima en el monte Snaefell.​ En torno a ella se ubican algunas islas pequeñas, como Calf of Man, St Patrick y St Michael.

Jersey

 (en inglés, Jersey; en francés, Jersey; en jerseyés: Jèrri), oficialmente Bailía de Jersey (Bailiwick of Jersey, Bailliage de Jersey, Bailliage dé Jèrri),2​ es una dependencia de la Corona británica3​ ubicada en el canal de la Mancha, específicamente al oeste de las costas de Normandía, Francia.​ El territorio comprende la isla de Jersey (que constituye la mayor parte) y una serie de archipiélagos deshabitados como Les Minquiers, Les Écréhous y Les Pierres de Lecq entre otros. Jersey forma parte del archipiélago de las islas del Canal, del cual también forma parte el bailiazgo de Guernsey.

Tiene una población de 97 857 (20117​) personas y la capital es Saint Helier. En el año 933, la isla fue anexionada al Ducado de Normandía. Cuando en 1066 los normandos invadieron Inglaterra, Normandía e Inglaterra quedaron unidas bajo la misma monarquía. Durante la Edad Media, Inglaterra perdió muchas de sus posesiones feudales en el continente europeo pero ha conservado sus islas en el Canal de la Mancha, incluyendo Jersey.
Como la Isla de Guernsey y las otras islas del canal de la Mancha, la economía de Jersey se basa en los servicios financieros, el turismo y la agricultura. La población nativa tiene como lengua madre el francés, más exactamente un subdialecto del dialecto normando; de este modo la población nativa suele llamar a su isla Jèrriais (pronunciación aproximada: yerié). Pero ahora se habla muy poco, ya que el inglés es la lengua más usada hoy en día.


Guernsey


 (en francés: Guernesey), oficialmente Bailía de Guernsey (en inglés: Bailiwick of Guernsey, en francés: Bailliage de Guernesey), es una dependencia de la Corona británica ubicada en el canal de la Mancha, específicamente al oeste de las costas de Normandía, Francia. El territorio comprende la isla de Guernsey (que forma la mayor parte) y sus islas vecinas Alderney (2400 habitantes), Sark (610 habitantes) y Herm (60 habitantes), además de otras islas muy pequeñas, como Jethou, Brecqhou, Burhou, Lihou y otros islotes. El jefe de Estado, su duque, es la reina británica Isabel II del Reino Unido representada por el teniente gobernador; existe además un Bailiff o bailío con funciones parlamentarias y judiciales. Guernsey se integra en el archipiélago de las Islas del Canal, del cual también forma parte la bailía de Jersey. Aunque su defensa es responsabilidad del Reino Unido la bailía no es parte de él, sino una posesión de la Corona británica. En consecuencia, aunque a efectos de desplazamientos está dentro de la Unión, no es parte de la Unión Europea.
Tiene una población de 65 345 personas y la capital es Saint Peter Port.
En el año 933, la isla fue tomada por el Ducado de Normandía en el norte de Francia. Cuando en 1066 los normandos invadieron Inglaterra, Normandía e Inglaterra fueron unidas bajo una monarquía. Durante la Edad Media, Inglaterra perdió casi todas sus posesiones feudales en el continente europeo, pero ha conservado sus islas en el Canal de la Mancha, incluyendo Guernsey.
Como la isla de Jersey y las otras islas del canal de la Mancha, la economía de Guernsey se basa en los servicios financieros (la isla está considerada como paraíso fiscal), el turismo y la agricultura. Un servicio de ferry conecta las islas con Gran Bretaña y Francia.

La población nativa tiene como lengua madre al francés, más exactamente un subdialecto del dialecto normando; de este modo la población nativa suele llamar a su isla Dgèrnésiais. Sin embargo, en la actualidad la lengua más usada es el inglés.

Los estandartes holandeses

El estandarte real de los Países Bajos.

El Estandarte Real de los Países Bajos es el Estandarte Real del monarca holandés. No puede ser considerado un distintivo personal, sino una insignia de su cargo, ya que no sufre modificaciones cuando un nuevo titular de la corona holandesa inicia su reinado.
Este estandarte consiste en una bandera naranja de forma cuadrada y dividida en cuatro cuarteles por una cruz griega de color azul. Estos colores simbolizan el Principado de Orange y el Condado de Nassau, territorios originarios de la dinastía reinante que actualmente forman parte de Francia y Alemania. En cada cuartel aparece representada una corneta de asta, símbolo adoptado de la heráldica del Principado de Orange.
En la parte central del estandarte figura el blasón del Escudo de los Países Bajos, timbrado con la corona real holandesa y rodeado por la banda de la gran cruz de la Orden Militar de Guillermo. Este blasón tiene como elemento central un león rampante que porta una espada y diecisiete flechas, combinando de esta forma las armas de la Casa de Nassau con las de la República de las Provincias Unidas.
Cuando el Rey se encuentra en territorio holandés, el estandarte real ondea sobre el Palacio Noordeinde (la residencia oficial del monarca) y el Palacio Huis ten Bosch (su residencia privada), en la Haya. Al margen de estas residencias, el estandarte real también es izado en aquellos palacios, castillos o residencias en los que se encuentre el monarca.


Estandarte de reina consorte
Estandartes

La reina Máxima utiliza un estandarte de forma cuadrada, terminado en dos en dos farpas o puntas con los colores del estandarte real, alterados (como consorte) y, como diferencia, un elemento de su heráldica paterna (un castillo por Zorreguieta) situado en el tercer cuadrante con su color modificado para hacerlo más visible.

El príncipe Constantino de los Países Bajos

(Hijo de la reina Beatriz) Como príncipe de los Países Bajos por nacimiento usa un estandarte rectangular con unas proporciones 5:6 con los colores del estandarte real y, como diferencia, un elemento de la heráldica paterna (una torre blanca) situado en los cuadrante segundo y tercero. El escudo de los Países Bajos, sin la banda de la Orden Militar de Guillermo, se encuentra dentro de un círculo de color naranja.

La princesa Laurentien de los Países Bajos


Como princesa, Laurentien utiliza un estandarte de forma cuadrada, terminado en dos en dos farpas o puntas con los colores de la enseña de su esposo alterados (como consorte) y, como diferencia, un elemento de la heráldica paterna (un rombo amarillo) situado en el tercer cuadrante.

Princesas de los Países Bajos
(Hijas de al reina Juliana I)

Las princesas Beatriz, Irene, Margarita y María Cristina

Como princesas de los Países Bajos por nacimiento, utilizan un estandarte de forma cuadrada, terminado en dos en dos farpas o puntas con los colores del estandarte real y, como diferencia, un elemento de la heráldica paterna (una rosa heráldica) situado en el tercer cuadrante. El escudo de los Países Bajos, sin la banda de la Orden Militar de Guillermo, se encuentra dentro de un círculo de color naranja.

Príncipes van Oranje-Nassau, van Vollenhoven
(Hijos de la princesa Margarita)

Los príncipes Mauricio, Bernardo, Pedro Cristiano y Floris Como príncipes de los Países Bajos por nacimiento usan un estandarte rectangular con unas proporciones 5:6 con los colores del estandarte real y, como diferencia, un elemento de la heráldica paterna (una estrella de seis puntas de color blanco) situado en los cuadrantes segundo y tercero. El escudo de los Países Bajos, sin la banda de la Orden Militar de Guillermo, se encuentra dentro de un círculo de color naranja.

jueves, 28 de junio de 2012

Heráldica de Suecia II

ESCUDO DE SUECIA

Escudo de Armas Mayores simplificado

Escudo de Armas Menores con el collar de la Orden de los Serafines.
Escudo de Armas Menores



El Escudo de Armas del Reino de Suecia tiene dos versiones: uno pequeño y otro grande, conforme a la ley que los regula vigente desde 1982.

Descripción general

En la mayoría de los casos oficialmente se emplea el escudo pequeño, que tiene tres coronas abiertas de oro sobre campo azur (azul), superpuestas dos sobre una. El escudo está rematado con una corona real y, eventualmente, va rodeado también el collar de la Orden de los Serafines, fundada en 1748 que es la condecoración de mayor rango en Suecia.
El escudo de las tres coronas ha sido utilizado como símbolo de Suecia por lo menos desde 1336. Las tres coronas eran en aquel tiempo un símbolo muy conocido de los Reyes Magos. Otra teoría sobre el significado del escudo señala que el rey Magnus Eriksson (1319–64) lo adoptó como símbolo de su título de «rey de Suecia, Noruega y Escania».
El escudo grande es el blasón del monarca y también es usado en ocasiones solemnes por el Gobierno y el Parlamento. Su composición fue creada ya en la quinta década del siglo XV en el sello del rey Carlos VIII Knutsson, utilizándose desde entonces. Se compone del escudo de las tres coronas, combinado con el llamado león de los Folkungar, el escudo del linaje que dirigió los destinos de Suecia de 1250 a 1364. Sobre el centro del escudo aparece un escusón con el blasón de la dinastía gobernante (Casa de Bernadotte), es decir, el blasón configurado en la segunda década del siglo XIX para el príncipe heredero recién elegido, el mariscal francés Jean Baptiste Bernadotte, que adoptó el nombre de Carlos XIV Juan. El escusón lleva una gavilla que recuerda a la dinastía de los Vasa (1523–1654), junto con un puente que representa el principado de Pontecorvo en Italia (obsequio a Bernadotte del emperador Napoleón en 1806), el águila napoleónica y las siete estrellas de la constelación 

Armas de la Casa de Bjälbo, reinante en Suecia entre 1250 y 1364.

CASA DE BERNABOTTE


La Casa Real de Bernadotte es la actual casa real de Suecia, en la que ha reinado desde 1818. Entre 1818 y 1905 fue también la casa real de Noruega.

Esta casa real fue fundada por Jean Baptiste Jules Bernadotte, nacido en Pau, mariscal de Napoleón, escogido como sucesor del rey Carlos XIII quien fuera el último de la dinastía Holstein-Gottorp, ya que murió sin descendencia. El mariscal francés fue coronado en 1818 como Carlos XIV de Suecia —conocido en ese reino como Carlos XIV Juan— y Carlos III de Noruega (Carlos III Juan)