Bibliotecas y mi colección de libros

viernes, 13 de marzo de 2015

Comentarios, frases y la biblioteca personal de Umberto Eco

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 

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En la conferencia de prensa Eco dijo: “si tuviera que dejar un mensaje a posteridad para la Humanidad, lo haría en un libro en papel y no en un disquete electrónico”. Eco comentó haber visitado la Biblioteca Nacional donde vio “libros que tienen 500 años de antigüedad y, si considero los manuscritos, he visto algunos ejemplares escritos hace 1.000 años”. Añadió que en realidad nadie sabía cuánto podría durar el disquete de una computadora, teniendo en cuenta que los discos flexibles desaparecieron prontamente dando paso a otras tecnologías. 
“En cualquier caso, hemos escrito un libro de 350 páginas para argumentar la larga vida que aguarda al libro en papel los nuevos medios de expresión surgidos a lo largo de la historia, no han matado o han eliminado a los anteriores; desconocemos todavía la dimensión del fenómeno de Internet. Ahora bien, en un libro o en una obra de teatro sabemos quién es el autor o la tendencia ideológica, mientras que en el Internet se presta a una especie de mermelada comunicativa en la que todos hablan igual, como sucedió con las emisoras de radio hace unos años. 
No le deseo ni a mi peor enemigo leer las obras completas de Proust en formato electrónico. Pero leer el periódico en un libro electrónico, mientras se viaja en tren por ejemplo, puede resultar muy cómodo. El libro electrónico tiene más posibilidades de sustituir al periódico que al libro tradicional”, dijo quien actualmente bordea los 80 años de edad.

Citas 


"Adoro a los gatos. Son de las pocas criaturas que no se dejan explotar por sus dueños."
"El fin del terrorismo no es solamente matar ciegamente, sino lanzar un mensaje para desestabilizar al enemigo."
"El mundo está lleno de libros preciosos que nadie lee."
"Hay libros que son para el público, y libros que hacen su propio público."
"Hoy no salir en televisión es un signo de elegancia."
"La maquinaria que permite producir un texto infinito con un número finito de elementos existe desde hace milenios: es el alfabeto."
"La televisión se nos aparece como algo semejante a la energía nuclear. Ambas sólo pueden canalizarse a base de claras decisiones culturales y morales."
"Los libros son esa clase de instrumentos que, una vez inventados, no pudieron ser mejorados, simplemente porque son buenos. Como el martillo, el cuchillo, la cuchara o la tijera."
"Nada es más nocivo para la creatividad que el furor de la inspiración."
"Disimular es extender un velo compuesto de tinieblas honestas, del cual no se forma lo falso sino que se da un cierto descanso a lo verdadero."

Nota:


De "La Isla del Día de Antes", dicho por el personaje: Roberto

"Los objetos están semanticamente desgastados antes que su materialidad."
"El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, si no, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones?"
"Nada consuela más al novelista que descubrir lecturas que no se le habían ocurrido y que los lectores le sugieren."
"El autor debería morirse después de haber escrito su obra. Para allanarle el camino al texto."

De Cómo se hace una tesis 


"Hacer una tesis significa: (1) localizar un tema concreto; (2) recopilar documentos sobre dicho tema; (3) poner en orden dichos documentos; (4) volver a examinar el tema partiendo de cero a la luz de los documentos recogidos; (5) dar una forma orgánica a todas las reflexiones precedentes; (6) hacerlo de modo que quien la lea comprenda lo que se quería decir y pueda, si así lo desea, acudir a los mismos documentos para reconsiderar el tema por su cuenta."

Cómo se hace una tesis. Barcelona: Gedisa, 1977.
"Además, si se trabaja bien no hay ningún tema que sea verdaderamente estúpido: trabajando bien se sacan conclusiones útiles incluso de un tema aparentemente remoto o periférico."
"Es preciso entender la tesis como una ocasión única para hacer algunos ejercicios que nos servirán mientras vivamos."
"Una de las primeras cosas que se han de hacer para empezar a trabajar con una tesis es escribir el título, la introducción y el índice final; esto es, precisamente las cosas que todos los autores hacen al final."
"Una tesis es como una partida de ajedrez, tiene cierto número de movimientos, pero desde el principio hay que estar capacitado para predecir los movimientos a efectuar con vistas a dar jaque mate al adversario."
"El objetivo de una buena introducción definitiva es que el lector se contente con ella, lo entienda todo y no lea el resto."
"La posesión de la fotocopia exime de la lectura."
"Los libros se respetan usándolos, no dejándolos en paz."
"Hacer una tesis significa divertirse y la tesis es como el cerdo, en ella todo tiene provecho."


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Un paseo por la biblioteca de Umberto Eco

"Es un antiguo hotel. Cuando se le remodeló los copropietarios buscaron que se tumbaran todos los tabiques, a fin de tener habitaciones grandes. Por mi parte conservé la mayor parte de las paredes, rincones, corredores, para poder instalar estantes".
Las ventanas del balcón dan sobre una de las torres del Castello Sforzesco, en el corazón de Milán. El apartamento es blanco, luminoso, decorado con cuadros de Baj, de Cremonini o de Schifano. En el centro de la estancia, una vitrina elegante, con, a la derecha, conchitas y a la izquierda, abiertos sobre sus páginas más bellas, catálogos de anticuarios y algunas obras de botánica.

"Cuando yo escribía La isla del día de antes, había catálogos de arte naútico, de islas y de islotes. Cuando publiqué Baudolino, la cubrí de monstruos... ¿pero dónde está la estatuilla de Federico Barbarroja? Un regalo de mi hijo... Eso, son los Monumenta germania historicae. Unos amigos me hicieron construir una reliquia falsa de Baudolino, de san Baudolino. Los monjes de Melk, que cito en El nombre de la rosa, los monjes me regalaron un cofre grande, y me dijeron: mire, mire, puede ser que encuentre, quien sabe, alguna cosa que le interesará... ¡Sobre un pergamino verdadero, ellos habían escrito un falso documento sobre Bolonia!"
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El profesor Umberto Eco tiene el aire de un niño en medio de sus tesoros. Todavía se ríe de un día haber comprado este recipiente donde, en el formol, nada una extraña escultura orgánica, cojones y riñones de perro. Cuando muestra un incunable o un manuscrito precioso, se pone a descifrar, a acariciar con sus dedos las ilustraciones.

 "No se sabe si fue Botticelli quien lo ilustró, o Mantegna. Pero es el libro más bello jamás impreso: la Hypnerotomachia Poliphili. No es un bibliófilo que no se condenaría por tener una copia perfecta, sin rayaduras, sin manchas, ni polillas, con los márgenes grandes y, si es posible, con hojas extensas. Y si circulara una copia con las notas compactas al margen de James Joyce, y en gaélico, ¡mataría por tenerla!, ¡me conformo con la copia que tengo! Osó confesar que, cuando trabajo sobre un libro raro, no puedo impedirme poner pequeñas anotaciones en lápiz, muy ligeras, para que puedan borrarse con goma de borrar. Eso me ayuda a sentir que el libro es mío. ¡Soy un bibliófilo, no un bibliómano!" 
A cada objeto que muestra, le añade una anécdota o un recuerdo
"Es la laurea ad honoris causa de la universidad de Tel-Aviv. Me la enviaron en inglés... Hice enmarcar la carta de Calvino, está escrito en todos sentidos, ¿se diría un caligrama, no? He aquí la primera edición de Cyrano de Rostand, de 1897. En el interior hay una carta de Coquelin, el primer intérprete de Cyrano. Coquelin el mayor, porque hay otro Coquelin..."
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El apartamento de plaza Castello es una biblioteca inmensa.

Uno de los corredores, tapizado de arriba a abajo, mide diecisiete metros. "Hice el conteo de mis libros hace diez años. Ahora puedo corregirlo de memoria. Aquí, hay 30 mil y no debe, según una ley que me impuse, sobrepasar esa cifra. Cuando me cambié, pude, por vez primera en mi vida, colocar los libros en una sola fila. Colocarlos en dos o tal vez tres filas, ¡es cómo si no se les tuviera! Cerca de cada seis meses, hago la selección entre los que deben permanecer aquí y los que pueden ir al campo. En mi casa de campo, donde dispongo de un gran espacio, hay cerca de diez mil. 

En Bolonia, tengo todavía dos o tres mil, y en mi apartamento parisino cerca de un millar. Llegamos a los 50 mil volúmenes... La pregunta más estúpida que me hacen cuando se visita mi biblioteca, es evidentemente:

 ¿Los ha leído todos?" 

Para orientarse en su mundo, Umberto Eco escuchó la voz de la razón: separó, en tanto se pudo, las obras de ficción, la literatura, los ensayos teóricos, las obras de filosofía, de lingüística, de historia, de sociología, estableció en el sentido de cada sección, un orden cronológico y, para un mismo periodo, se fijó una clasificación alfabética. "


Pero lo importante no es tanto tener un libro y haberlo acomodado: ¡es acordarte que lo tienes!" Por lo tanto es en la "navegación de memoria" que el Professore confía ante todo, porque "en una biblioteca, hace falta poder ir a buen puerto, pero también perderse y dejarse llevar".
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La ciencia deja su historia tras ella, la filosofía jamás "aventaja" su pasado. ¿Es lo mismo en la literatura?

«En efecto todos los filósofos son "contemporáneos", y nadie puede decir que Spinoza o Kant hayan sobrepasado o hecho envejecer a Platón. Cuando tratas un problema, y eres "tomado" por Descartes, debes acordarte que el mismo problema se encuentra en Kierkegaard o en Hume. Por mi parte, tengo una tendencia muy peligrosa ¡a tener todos los libros abiertos al mismo tiempo sobre mi escritorio! En cuanto escribo tres líneas sobre tal tema, me levanto y voy a buscar otro libro, luego otro más. Es una tendencia extraordinariamente "dispersiva", pero tal vez productiva, porque es la única manera de leer ciertos libros que no has leído. Para las obras narrativas, hay lo que se podría llamar el juego de la "persecusión" Si lees un libro sobre los relojes, debes acordarte que hay un reloj en otro texto pero sólo si el trabajo que haces es un trabajo crítico.
 Cuando se hace en una novela no se debe "salir" A menos que se "persiga" un tema o una idea. Hace algunos meses mi editor alemán me dijo: debido a que describiste tan bien la niebla en Baudolino, ¿porque no harías un pequeño libro, de un centenar de páginas sobre la niebla? ¡Nada de eso! Pero me había instalado una idea en el cerebro y, durante dos meses, me paraba a las tres de la mañana para ir a buscar cosas sobre la niebla. Con la Internet se teclea "fog" o "mist" y se obtienen miles de respuestas. Construí así un fichero de 200 páginas de citas sobre la niebla. 

Lo dejé de lado, lo dejé "descansar". Pero es el viaje de memoria, en los libros, que es extraordinario. De la niebla en la batalla de Borodino en La guerra y la paz, fui a buscar aquello que, al menos en mi memoria debía estar en Huckleberry Finn. Estaba seguro que la batalla de Waterloo que Stendhal describió en La cartuja de Parma se desarrollaba en la niebla. Y no, ¡llovía! Hay libros que, por definición, están llenos de niebla. He escrito ensayos sobre Sylvie de Nerval, la traduje al italiano, intentando dar cuenta de lo que ya en Proust era un "efecto de bruma", está bruma que impide comprender donde se está.

 Fui a verificar: ninguna niebla, todo ocurre durante noches de luna llena. Lo mismo para Brujas la muerta de Rodenbach o la obra de Simenon. Se tiene la impresión que todo Maigret está envuelto en la niebla. Hay tal vez un poco de bruma en una lluvia fina, pero mucho menos niebla de lo que se cree. ¡Es Simenon quien es "brumoso", no el París o la Normandía de Maigret! De esta circunnavegación entre libros y recuerdos puede tal vez, en efecto, nacer una novela". »


Departamento de Umberto Eco

A la entrada de su biblioteca que él dice es "semiológica, curiosa, lunática, mágica y neumática", Umberto Eco ha puesto como un sésamo un estante "fuera de serie", donde colocó, mezclados, los libros a los cuales se siente sentimentalmente ligado o que han contado en su vida.

«La primera edición de Pinocho de Collodi, con las ilustraciones de Mussino, Los novios de Manzoni, de 1827, la primera edición de La catedral, con la dedicatoria de Huysmans, la primera edición de Sylvie en la Revue de deux Mondes... ella está en otra parte, pero aquí tengo mucho también, por ejemplo, La filosofía en la Edad Media de Etienne Gilson, que, de la época de mi licenciatura hasta hoy, siempre me ha acompañado.
El libro se hizo en los años 50 con un papel infame y hoy, no puedo tocarlo porque se hace polvo. Podría comprar una nueva edición, recopiar las numerosas anotaciones que le he puesto al margen, pero no puedo decidirme a perder este ejemplar, que, en su frágil antigüedad, me recuerda mis años de formación.

En estos estantes, más abajo, hay cosas "objetivamente" más preciosas: ¡pero son facsímiles! Entré en una suerte de "círculo virtuoso": los editores tienden a acompañar a un facsímil con un volumen crítico, algunos me han pedido escribir textos como prefacio, y después me ofrecen obras que cuestan fortunas. Jamás compraría un facsímil, porque por el mismo precio se puede tener un bello original. Pero, en fin, porque no tendrás jamás en la vida una edición manuscrita del Comentario del apocalipsis del Beato de Liébana, te contentas con el facsímil que tienes, ¡que te regalaron! Mira, tienes allá El libro de Kells, que inspiró a Joyce. He calculado que ningún ser humano puede ver el original en toda su vida: abren una página por mes, bajo un vidrio blindado, y aun si se tuvieran los medios para ir frecuentemente a Dublín, ¡faltaría tiempo! Además, el facsímil es de una perfección absoluta...


A la entrada de la cueva de Alí Babá, existen otras maravillas, donde apenas se adivinan títulos que sería fascinante descubrir: Exposicio im apocalipsim, De civitate dei Augustinus dei cum commento (1490) Iacobus Sprenger y Henricus Institoris; Malleus Maleficarum (1492) Raban Maur, De laudibius sanctae crucis Porcheim in aedibus, Thomae Anselmi (1503). "¡Se encuentra allí el primer ejemplo de caligramas!" Philippus II, Dei gratia rex, Aldovrandi, Monstrorum historia (1672)... Pero Umberto Eco está ya en lo alto de una escalera que tiene cuatro patas frente a otros estantes. "Crónica de Nuremberg... estoy muy orgulloso de tener esta edición, que contiene la célebre tabla de los trece monstruos. En una biblioteca de Cambridge vi una copia sobre una mesa, cortada por un bibliómano chiflado. El libro de las maravillas..."
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¿El libro de las maravillas de Marco Polo? "¡Es un facsímil! Las ilustraciones son magníficas. He aquí una verdadera curiosidad: Crusader Castles, la primera edición de la tesis de Lawrence de Arabia..."
Si el lenguaje es el hogar del ser, los libros son el hogar de Eco. Hace grandes gestos como para dibujar un recorrido directo que permita aventurarse sin miedo ni sugestión en el laberinto. "El pensamiento judío, la cábala, el ocultismo allá, sobre toda la pared el material crítico sobre los libros antiguos que se han visto, luego el hermetismo del renacimiento, el Seicento, los Rosacruz, la alquimia, el diabolismo, allá hay sobre todo Joyce, pero es por azar, debo ordenar, allá eso continua con las sociedades secretas, la masonería, los neofascismos, en la otra pieza, la antropología, el sicoanálisis, la filosofía, aquí la literatura francesa, inglesa, americana e italiana, en los estantes de abajo aquella de otros países..." Se remontan los siglos a toda velocidad:

"Aquí están los "eartly French", los trovadores, los ciclos carolingios, el Cinquecento, mucho del barroco, muy poco del XVII, mucho del XIX, Lesage, todo Nerval, todo el folletón, Sué, Verne, los decadentes, los simbolistas, Proust, los surrealistas, después los contemporáneos, y recomenzamos por A..." Se detiene sobre los estantes que están a la altura de sus ojos:
La muerte de Venecia de Mauricio Barres, La Atlántida de Pierre Benoit, Tartarín de Tarascón de Alfonso Daudet, El restaurante de la reina Peudaque, Yocasta y el gato delgado de Anatole France, La novela de un espahí de Pierre Loti, Afrodita, El canto de Bilitis, La mujer y el payaso de Pierre Louÿs, Pel di Carota de Julio Renard "Todavía no hace mucho que se italianizaban los nombres, se decía Carlo Marx o Federico Nietzche", Croquignole, Bubu de Montparnasse, Magdalena la buena y la pobre María. Cuatro historias de pobre amor de Carlos-Luis Felipe, La Reina del silencio, Vidas cerradas, El espejo del cielo natal, de Georges Rodenbach, La sacerdotisa de Isis de Eduardo Schuré...



De manera simbólica, como para establecer un lazo entre su trabajo de novelista y su trabajo de semiólogo, Umberto Eco colocó el escritorio donde escribe "entre" dos piezas de la biblioteca. Detrás de su sillón, sobre un estante entero, que cubre la pared, ordenó sus propios libros, las traducciones, las tesis que le han consagrado, los comentarios de su obra.
"El nombre de la rosa ha sido traducido a 35 o 38 idiomas, creo. Hay inclusive algunas traducciones piratas, como aquella en árabe, que tiene una cubierta llamativa y un bello título:
 ¡Sexo en el convento!" Al recorrer la sala en el sentido de las manecillas de un reloj, se reconstruye toda la historia del pensamiento: los presocráticos, la antigüedad ("por el número de volúmenes, ¡se ve que me siento mejor con Aristóteles que con Platón!", los padres de la Iglesia, Bizancio, el templarismo, Abelardo, Duns Scot, Santo Tomás (abiertos mil veces, el lomo quebrado, los libros de Tomás se ven de lejos), Giordano Bruno, Campanella, y, al otro lado, Leibniz, Kant ("¡tengo más Kant que Hegel!") Nietzche, Heidegger, el historicismo, la fenomenología, el marxismo italiano, de Gramsci a Antonio Negri, la filosofía francesa...
No debe faltar un solo libro publicado sobre la estética y la lingüística, es tan detallada la clasificación: retórica, semiótica de la literatura, deconstrucción, formalistas rusos, semántica, filosofía analítica, Wittgenstein, teorías de la argumentación, cognitivismo, Charles S. Peirce. En ese panorama del pensamiento, Eco ha coloreado sus propios paisajes y sus objetos de estudio: la edad media está en todo relieve, abundan los bestiarios, las obras sobre la mnemotecnia, los herejes y los santos, las lenguas ideales, los viajes extraordinarios o acumulados para la redacción de Baudolino sobre el nacimiento de la ciudad de Alessandria, las naves, la flora, las vías marítimas...

¿Existe en esta biblioteca un infierno, o una sección de libros poco "dignos"?

«No me avergüenzo de nada. Creo tener en el campo tres o cuatro cajas de Penthouse y de Playboy, revista sobre la cual escribí antaño un ensayo, tengo toda una colección de historieta, de gialli (novelas policiacas), de relatos de ciencia ficción. ¿Cuál es la dignidad de un libro? En lo absoluto, La divina comedia es evidentemente más digna que las obras de los "locos literarios", y desde un punto de vista anticuario, la primera edición de Ossi di seppia de Montale "vale" ciertamente más que la segunda... Pero no para mí, que he escrito sobre los "locos literarios" y descubierto cosas maravillosas. Puede haber libros muy malos y estúpidos, que tienen valor porque tú los has subrayado y has aprendido algo... Es aun bello, un libro, pensado para ser tomado en las manos, para que caiga sobre las rodillas cuando te duermes, para ser leído en un sofá, un tren, una barca, allá donde no hay ninguna toma eléctrica, que se acuerda por la fatiga de sus páginas del número de veces que lo has ojeado, o, al revés, al permanecer rígido, te acuerdas que todavía no lo has leído...»
francia vera valdes
1982
Umberto Eco debía hablar todavía del Oedipus Aegyptiacus de Kircher y de la Patrologia latina de Migne. Pero regresa a la "sala de literatura" y se dirige directamente hacia un estante: "he aquí el rayo de la nostalgia": todo Rocambole, todo Fantomas, La torre del mundo de un chamaco de París de Luis Boussenard, y los volúmenes de La biblioteca de los muchachos, nuestro "Tesoro de la juventud".
He encontrado una treintena con los "bouquinistas". ¿Se acuerdan todavía de los Petits rois d'Ys de Gustavo Toudouze? ¿Qué maravilla! En italiano se llamaba La cittá sommersa, había con ilustraciones a color. Debo tener en alguna parte los pedazos de la primera edición. Allá están los libros de texto. El libro de lectura... "Me acuerdo de él palabra por palabra. Tengo el de las clases preparatorias, del curso de primer año de primaria, de la clase de primero de secundaria y del segundo año. Me falta el de segundo año de primaria. Pero ya lo encontraré" 

Frases


1. Sobre los libros

"Los libros no están hechos para que uno crea en ellos, sino para ser sometidos a investigación. Cuando consideramos un libro, no debemos preguntarnos qué dice, sino qué significa". El nombre de la rosa.

2. Sobre los padres

"Creo que aquello en lo que nos convertimos depende de lo que nuestros padres nos enseñan en pequeños momentos, cuando no están intentando enseñarnos. Estamos hechos de pequeños fragmentos de sabiduría". El péndulo de Foucault.

3. Sobre Dios

"Cuando los hombres dejan de creer en Dios, no quiere decir que creen en nada: creen en todo".

4. Sobre el amor

"El amor es más sabio que la sabiduría". El nombre de la rosa.

5. Sobre los héroes

"El verdadero héroe es héroe por error. Sueña con ser un cobarde honesto como todo el mundo".

6. Sobre los villanos

"Los monstruos existen porque son parte de un plan divino y en las horribles características de esos mismos monstruos se revela el poder del creador". El nombre de la rosa.

7. Sobre la poesía

"Todos los poetas escriben mala poesía. Los malos poetas la publican, los buenos poetas la queman".

8. Sobre el periodismo

"No son las noticias las que hacen el periódico, sino el periódico el que hace las noticias y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia". Número cero.

9. Sobre internet

"Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles". Eco al diario La Stampa.

10. Sobre la corrupción


"Hoy, cuando afloran los nombres de corruptos o defraudadores y se sabe más, a la gente no le importa nada y solo van a la cárcel los ladrones de pollos albaneses". Eco a la Agencia Efe.

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