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viernes, 29 de julio de 2016

Gastronomia de Juego de tronos


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 
Luis Bustamante Robin

Hace ya tiempo que Juego de Tronos se ha consolidado como un fenómeno mundial gracias al creciente éxito de la serie de televisión, que atraviesa ahora mismo el ecuador de su quinta temporada. ¿Qué tienen tanto la saga literaria como la versión televisiva para atrapar a tanta gente? Nuestros compañeros de ¡Vaya Tele! podrán responder mejor, pero lo que está claro es que sus creadores han dado forma a un universo fascinante, en el que no puede faltar la comida. Yo os invito a uniros a nosotros en un apetitoso viaje gastronómico por Juego de Tronos para descubrir lo que comen los habitantes de Poniente.

La comida está muy presente a lo largo de la saga literaria y es algo que también se ha trasladado a la pequeña pantalla. El autor de las novelas, George R. R. Martin, disfruta de la buena comida y no escatima en detalles para citar y describir todo tipo de platos y alimentos con los que sus personajes se encuentran en sus aventuras. El libro Festín de Hielo y Fuego y el blog que lo vio nacer es un reflejo de ese detallismo gastronómico, ya parte fundamental de su universo, que nos ayuda a comprender a los personajes y el mundo en el que se mueven, inspirado en tiempos medievales.

Desembarco del Rey
Luis Bustamante Robin
Situada en la costa este de Poniente, Desembarco del Rey es la ciudad más importante por ser capital de los Siete Reinos, sede del Trono de Hierro y centro neurálgico del poder y la política. Destaca además por su tamaño y por su papel comercial, al ser uno de los principales puertos. En Desembarco del Rey convive la alta sociedad ligada a la Corona con una gran masa de población muy humilde donde se entremezclan numerosas culturas. Esta situación se ve reflejada en la gastronomía de la zona.
Por un lado tenemos las ricas cocinas de Palacio y de los grandes señores, que ni siquiera en tiempos de crisis escatiman en gastos cuando se trata de organizar banquetes para la alta sociedad. En los libros y en la serie asistimos a más de una boda en la que se detallan banquetes pantagruélicos con decenas de platos. En las estancias reales se pueden constantemente fuentes llenas de frutas exóticas de ricos colores, y nunca faltan los dulces y pasteles. Otro elemento imprescindible es el vino, servido en delicadas copas.
Luis Bustamante Robin
Un desayuno habitual para la familia real, con el que Cersei suele comenzar su jornada, consiste en porridge o gachas de avena con miel, frutas y leche, huevos cocidos y pescado frito crujiente, pudiendo incluir frutos secos variados. El gobierno del reino requiere empezar el día con buenas energías. El pescado frito se suele servir a otras otras del día, y podría parecerse a nuestro pescaíto frito andaluz.

Sopas y cremas de aire medieval, como la sopa de calabaza, de cebada, de setas y caracoles o de castañas no suelen faltar en comidas y cenas. También son habituales las ensaladas como la que degusta Sansa en alguna ocasión, a base de espinacas con hierbas frescas, flores, ciruelas y frutos secos. Las tartas saladas son otro plato habitual de Desembarco, tanto las vegetales como las rellenas con pescado, quesos o carne de ave.

Las comidas más copiosas llegan a su apogeo con grandes piezas de carne. En los banquetes de ceremonias especiales, como las bodas, son las aves las protagonistas, a veces servidas de formas extravagantes, como el pavo real servido entero con su plumaje. Los reyes son aficionados también a la caza y por eso son también habituales platos de jabalí, ciervo, conejo o perdices, asados o guisados con especias.
Luis Bustamante Robin
Los panes y dulces no pueden faltar en una corte opulenta, y parece que los hornos de Desembarco del Rey están encendidos constantemente. El pan de avena cargado de frutas y nueces es uno de los favoritos, así como panecillos y bollos de todo tipo, galletas, y pasteles, preferiblemente en formatos pequeños. Son célebres los pastelitos de limón, que no faltan a la hora de la merienda y que son la perdición de Sansa. Como ya se ha comentado, las frutas tienen una presencia importante en la Fortaleza Roja, también cocinadas. No faltan las manzanas asadas, los melocotones con miel y diversas compotas y mermeladas.
El pueblo llano de Desembarco del Rey nunca podrá ni probar muchas de estas delicias. Las comidas habituales de la población más humilde consisten en panes toscos y duros que acompañan cuencos de estofados donde se suele introducir cualquier ingrediente disponible. Las ollas parecen estar burbujeando de forma permanente en ciertas calles del Lecho de las Pulgas, con restos de carnes variadas, verduras y algún cereal, si hay suerte. Palomas y ratas son buenas fuentes de proteínas cuando el hambre aprieta.

Las tierras del Norte
Luis Bustamante Robin
Las frías tierras al sur del Muro se conocen como el Norte, el más grande de los Siete Reinos, cuya capital se sitúa en Invernalia, el asentamiento de los Stark. Es una región muy amplia pero con grandes zonas deshabitadas, muchos pueblos y aldeas desperdigados, y unos modos de vida algo difíciles por el clima tan frío que cubre de nieve la tierra incluso en verano. La comida en estas tierras aprovecha sobre todo lo que da la tierra, con platos contundentes, energéticos y reconstituyentes, muy humildes en su origen.

Las comidas que George R.R. Martin suele citar al describir la vida norteña son esencialmente lo que imaginamos como medieval, con muchos productos de despensa pensados para aguantar largas temporadas de inviernos fríos y yermos. Panes rústicos y densos, avena, quesos, conservas de frutas, mieles, frutos secos y embutidos son habituales en un menú norteño.
Luis Bustamante Robin
Cuando la temporada de caza lo permite, en Invernalia se preparan consistentes guisos de venado con cebada, empanadas de ave o carne asada con salsas aromáticas de miel y especias. El pescado tiene, lógicamente, una menor presencia, aunque en ocasiones especiales se pueden preparar pasteles de bacalao, que permite una larga conservación gracias al salazón.

El cultivo de vegetales y hortalizas resistentes al frío es esencial para la supervivencia en las tierras del Norte. Platos habituales en sus mesas, desde el desayuno hasta la cena, incluyen estofados de zanahorias y nabos, remolacha a la mantequilla, cebollas en salsa o asados con puerros. La manzana es la fruta más abundante, que tras la cosecha estival se conserva en las despensas durante meses.

El Muro
Luis Bustamante Robin
Un poco más al norte de la región del mismo nombre se sitúa el Muro, hogar de la poco valorada Guardia de la Noche. La falta de recursos y las duras condiciones climatológicas no hacen que sea una vida fácil, y eso se refleja en la humilde y escasa comida que tiene que sustentar a los que visten el negro. Una bebida que caracteriza su día a día, además de la cerveza espesa, es el vino caliente, dulzón y lleno de especias.
En el Castillo Negro se sigue una dieta muy similar a la del Norte, pero más escasa y sencilla, sin lujos. Lo importante es conseguir calentar el cuerpo y obtener la energía necesaria para sobrevivir al duro trabajo bajo las gélidas temperaturas. Además, las despensas no suelen estar precisamente llenas, hay que ahorrar y pensar en el invierno, por lo que no hay lujos que valgan.
Luis Bustamante Robin
Un desayuno en un buen día en el Muro suele consistir en huevos de gallina o pato, pan rústico fresco o frito, frutas secas y un surtido de embutidos. Salchichas, bacon, jamón y black pudding -una especie de morcilla- son los más frecuentes, acompañados de cerveza negra. Si la despensa lo permite, el cocinero puede preparar pequeños panecillos y pasteles con manzanas y frutos secos, muy energéticos. Estos bocados no suelen ser frecuentes y conviene devorarlos pronto, como Jon Nieve sabe muy bien.
Como era de esperar, la comida principal suele consisten en cuencos de sopas, guisos y estofados, con carne grasa si hay suerte. En el Muro se cocina con cerveza de tipo ale y no faltan las cebollas, que pueden acompañar a piezas de cordero, oveja, cerdo o, en su defecto, alubias con bacon. La carne y el pescado en salazón son la comida principal de los exploradores, todo regado con cerveza.

Dorne
Luis Bustamante Robin
Esta temporada la serie viaja por primera vez a Dorne, una tierra sureña cuyas localizaciones se han buscado en diversos lugares de nuestra Andalucía. Es una tierra muy cálida, la región más calurosa de los Siete Reinos, con un paisaje árido y seco en el que el agua es uno de los bienes más preciados. Está claramente inspirada en culturas árabes mediterráneas, algo que también se percibe en su gastronomía.

En Dorne hay menos presencia de guisos contundentes y mucho más protagonismo de comidas frescas, con muchas especias picantes, frutas y frutos secos, como almendras y dátiles. Productos típicos de la región, como la granada, las aceitunas, la miel y la uva están presentes en comidas dulces y saladas, y las carnes de caza son escasas. Los dornienses prefieren cordero o pato y quesos locales.

Un almuerzo habitual en Dorne puede consistir en un pan plano acompañado de pasta de garbanzos, aceitunas negras, queso y hojas de parra rellenas de frutos secos y verduras. Una especialidad local es la serpiente, que se suele servir crujiente, con salsa picante, mostaza y miel. Para refrescar la garganta son populares las bebidas a base de limón y los vinos afrutados y fuertes.

Otras regiones de Poniente
Luis Bustamante Robin
El continente de Poniente alberga otras muchas regiones, pueblos y ciudades destacadas donde algunos de los personajes principales se ven envueltos en diversas tramas. Aunque sólo estén de paso, siempre hay que comer, y George R. R. Martin aprovecha para citar y describir distintos refrigerios que merece la pena destacar.

Sobresale la región de El Dominio, dominada por Altojardín, una de las más fértiles de todos los Siete Reinos. Su producción de frutas, verduras y cereales abastece a gran parte del resto de territorios, y son muy apreciados sus vinos. En sus mesas abundan platos coloridos, con muchos vegetales frescos, toques florales y preparaciones de carnes menos toscas que en el Norte.

En las Islas del Hierro, en cambio, los banquetes son menos lujosos. La vida en estas tierras frías y áridas están dominadas por el mar, por lo que pescados y mariscos son los productos principales de su alimentación. En las novelas se nombran platos como la sopa de algas y almejas o el estofado de pescado con mejillones y cangrejo. Las malas tierras no permiten una próspera ganadería, pero a veces se preparan caldos con carne de oveja o cordero.
Luis Bustamante Robin
Moverse por Poniente implica largas jornadas a caballo o a pie entre unos territorios y otros. Cuando no se puede repostar en una posada, los improvisados campamentos suelen apostar por cocinar a la brasa o en estofado la carne de caza que se encuentran por el camino. Durante el invierno conviene llevar encima carne o pescado en salazón, salchichas y panes y galletas que puedan aguantar varias semanas.

En asentamientos importantes de señores y otros personajes destacados nunca faltan los caprichos dulces para sus pobladores. En Harrenhal por ejemplo no puede faltar el pan recién hecho ni dulces como las tartaletas de frutos secos y queso o las tartas de manzana. Los pastelitos de arándanos, las frutas en almíbar y caprichos como los gansos de merengue y nata son habituales en las mesas más pudientes.

Más allá del Mar Angosto
Luis Bustamante Robin
El universo de Juego de Tronos no termina con los Siete Reinos. El Mar Angosto separa el continente de Poniente con Essos, las tierras del este donde se localizan las llamadas Ciudades Libres y los territorios de los Dothraki. En este continente conviven culturas muy diferentes y ofrecen particularidades que las hacen únicas respecto a las costumbres de Poniente. En general son tierras muy cálidas, húmedas, y la mayoría de capitales se sitúan en la costa.

Capitales como Braavos o Pentos, con una intensa actividad portuaria, disfrutan de productos importados por el comercio, por lo que la comida puede recordar a la de otros lugares de Poniente. Sin embargo, destaca la presencia de todo tipo de pescados y mariscos, destacando las más humildes sardinas, y una menor importancia de carnes, sobre todo de caza.

Una jornada en Braavos puede empezar con un plato de sardinas frescas fritas o a la brasa, servidas con aceite o salsa picante, un pedazo de pan con aceitunas y vino aguado. La sociedad más pudiente de Pentos tiene gustos muy similares a los de Desembarco del Rey, disfrutando de platos como el capón asado con vegetales caramelizados, frutas y todo tipo de dulces.

Otras poblaciones ofrecen exquisiteces locales como los insectos, especialmente grillos y saltamontes, que se pueden cocinar con mantequilla y servir con todo tipo de frutos secos y miel. También se pueden encontrar salchichas de perro, típicas en un desayuno de Meeren, mientras que en Volantis están orgullosos de su sopa fría de remolachas, cultivo abundante local. Por su parte, los Dothraki preparan comidas menos sofisticadas, reflejo de su propia cultura y modos de vida. Abundan los platos de carne, destacando la cabra asada y los pasteles de sangre.
Luis Bustamante Robin
La importancia que tiene la comida tanto en los libros de Canción de Hielo y Fuego como en la serie de Juego de Tronos no es sólo un reflejo de la afición de su creador por la buena mesa. Aunque a veces se critique el excesivo detallismo de sus descripciones, lo cierto es que nos ayuda a dibujar mejor ese rico y complejo mundo, a sumergirnos en su historia y en su cultura, y a conocer mejor a sus personajes. Y ciertamente también nos despierta el apetito en más de una ocasión.

Primera traducción de Orlando el furioso


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 

 Libros de caballerías.

 Estas palabras tienen en nuestra cultura, al menos desde la Navidad de 1604, un significado especial. Poco importa que casi nadie los lea, todo el mundo sabe lo que son, aunque el tiempo los haya arrinconado en las bibliotecas de especialistas y bibliófilos. En otro tiempo, sin embargo, sus héroes legendarios, sus míticas geografías, sus castillos inaccesibles, sus mágicos prodigios fueron lectura entretenida del público letrado y aún, en lecturas colectivas, del iletrado. Como más tarde pasaría en el folletín decimonónico, el relato de sus muchos episodios y la presunción de su desenlace prevalecen sobre el desenlace mismo. Unos autores continúan la obra de otros, se hacen sagas, y continuaciones, y continuaciones de las continuaciones. Y bien mirado tampoco debería ser tan anacrónico ese mundo fantástico cuando hoy en día modernos libros de caballerías como El señor de los anillos siguen siendo fenómenos de masas. Quizás lo anacrónico es únicamente el lenguaje, y deja de serlo cuando historias ancladas en aquellas se trasladan al cine o a los videojuegos. En la actualidad, salvo unos pocos casos, no es fácil encontrar los viejos libros de caballerías en las librerías, aunque un proyecto institucional, Libros de Rocinante, viene reeditándolos desde hace unos años. 
Tampoco en el mercado del libro antiguo se ven las viejas ediciones con la frecuencia de épocas pasadas que conocemos por viejos catálogos, pero de vez en cuando, cada vez más raramente, todavía aparece alguno de estos libros, vestigio de aquel esplendor renacentista. El de hoy es uno de ellos, y aunque originalmente no pertenece a la tradición hispánica, fue asimilado con naturalidad entre los más populares relatos autóctonos por los lectores españoles de la segunda mitad del siglo XVI.


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Ariosto, Lodovico
Orlando fvrioso, dirigido al príncipe don Philipe nuestro Señor, traduzido en Romance Castellano por don Ieronymo de Vrrea. Amberes, 1549. 
(En colofón: Imprimiose en la muy noble y leal villa de Anuers en casa de Martin Nucio y acabose a XXV días de Agosto. De. M.D.XLIX. años)
260, [2] h.

Cuarto (212 x 150 mms.) Encuadernación en pergamino de época. En la parte superior del lomo, a tinta, en pequeño formato: Orlando Furioso. Sobre el corte inferior, caligrafiado en mayúsculas: ORLANDO FVR. SPAGNOL. Portada arquitectónica en xilografía con las armas de Felipe II,  corta de margen, con pequeña mancha de cera. Retrato del traductor en el que se ha pintado en rojo la cruz de Santiago. El papel de los dos primeros pliegos con alguna linea de antigua humedad.


    La primera versión de Orlando furioso se publicó en 1516, en la bella ciudad de Ferrara, gobernada por la casa de Este, a la que se destina. Hay artistas que jamás se acuerdan de una obra acabada, pero otros vuelven obsesivamente una y otra vez sobre lo que han hecho. Como Velázquez, de quien se sabe que corregía algunas de sus pinturas bastante tiempo después de haberlas terminado. O como Ariosto, que tras diez años de trabajo hasta la publicación del Orlando, seguiría corrigiéndolo durante casi veinte años, hasta su muerte. La primera edición modificada salió en 1521. La segunda, en 1532. En pocos años se editaría docenas de veces. Entre ellas, la publicada en 1542 por Gabriel Giolito de Ferrari en Venecia llegaría a ser paradigmática: una portada llamativa, un retrato del autor, un texto de Lodovico Dolce introduciendo cada uno de los 46 cantos, que se disponen a dos columnas, individualizando las octavas, precedidos, por vez primera, de una serie de ilustraciones xilográficas que sintetizan el relato en imágenes. El modelo se convirtió en un éxito inmediato, y durante cerca de dos décadas Giolito lo reimprimió sin descanso casi cada año. Probablemente muchos españoles de los miles que entonces paraban en Italia lo leyeron en su idioma original, pero pronto se impondría la tentación de traducirlo. La traducción de Jerónimo de Urrea fue la primera y se publicó en 1549 en la imprenta de Martín Nucio, en Amberes, ya con el anuncio de que habría de ser corregida. La edición de Nucio no sólo se concibió al modo de las exitosas de Giolito, sino que probablemente utilizó parte de los materiales xilográficos empleados en aquellas: letras capitulares, frisos y, muy especialmente, la serie de ilustraciones que preceden a cada uno de los cantos. 

Ariosto, Orlando, edición Giolito, Venecia, 1549, en cuarto, y edición Nucio, 1549, de la traducción de Urrea. El número del canto varía por la supresión de uno en la versión de Urrea, que une el 2 y el 3 al eliminar más de 40 octavas dedicadas a la casa de Este. En las primeras octavas del canto XXXIII, Ariosto hace un parangón entre los artistas de la antigüedad y sus propios contemporáneos.


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En algunas referencias bibliográficas se atribuyen las ilustraciones de esta edición al grabador Arnold Nicolai, que en esos años trabajaba principalmente para Plantino, y también para otros impresores de Amberes como Steelsio y Nucio. La razón de la atribución parece estar en que ilustraciones de esta serie se reutilizaron posteriormente en otras ediciones de Nucio, no sólo en el Orlando sino también en el Amadís de 1561, y que en alguna de estas ediciones podría haberse identificado la marca de Nicolai, una A muy característica que se puede apreciar, por ejemplo, en la portada heráldica del Felícisimo viaje, de Calvete de Estrella, editado también por Nucio en 1552.


El felicíssimo viaje..., detalle de la portada. Biblioteca Digital de Castilla y León.El signo de Arnold Nicolai se aprecia al pie del escudo, sobre el escalón, a la izquierda.
 Ocurre sin embargo que revisadas al detalle todas las ilustraciones de esta edición de 1549 no aparece ese monograma por ninguna parte, por lo que más fácil parece pensar, como afirma una reciente editora de la obra, que hayan sido “recabadas de la edición Giolito, 1542 y siguientes”. Hay sin embargo un detalle que ha pasado desapercibido a quienes se han ocupado de este libro, y es que las ediciones del Orlando de Giolito son normalmente en cuarto, pero también en octavo, y pese a la extrema semejanza formal y técnica, que revela un mismo origen, el taller veneciano maneja al menos dos series de ilustraciones. Apenas alguna descripción bibliográfica aporta las medidas, pero si se contrastan se observa que los tacos xilográficos son más pequeños en algunas ediciones: 48 x 88 mms. para la edición en octavo de 1547, frente a 65 x 120 mms. de la edición de 1542 en cuarto. La serie que incorpora Nucio se ajusta a la primera medida, y ha de proceder, por tanto, directamente del material empleado en las ediciones venecianas en octavo, o en su defecto de una copia tan extremadamente fiel del mismo que no parece posible, por más que un examen minucioso de alguno de los tacos revele leves diferencias en algunas lineas que más bien parecen repasadas por grabador experto que copia. Solo en un caso, -la ilustración del canto segundo-, se observa una discordancia clara, y la diferencia de autoría (y de calidad también) respecto a las otras es tan obvia que más bien reafirma la procedencia italiana de todas las demás. Desgraciadamente se desconoce el nombre del autor de estas ilustraciones, pero el dibujo es de gran calidad y el grabador lo ha llevado a la madera con destreza. Hay en el Orlando cruentos combates, criaturas salidas de atávicos bestiarios, héroes atrapados en un destino fatal, heroínas que bajo una armadura igualan la destreza de los más arrojados caballeros, hermanos que no saben que lo son, árboles que son personas, escudos cuyo fulgor ofusca el entendimiento del adversario, anillos de mágicas cualidades, grutas escondidas, lugares de nombres míticos. Estas xilografías trasladan a imágenes todo este mundo.

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  La traducción de Urrea ha perdurado en el tiempo de forma asombrosa, hasta el punto de que se puede encontrar hoy en día en cualquier librería. Hubo otras. La siguiente, de Hernando Alcocer, se publicó tan sólo un año después. Pero más de diez ediciones en la segunda mitad del siglo XVI confirman la popularidad de la primera. Sobre ella existe en la red un interesante proyecto que, además de analizarla con detalle, permite cotejar los primeros cantos en diversas ediciones. Todo lo que pudiera añadir a lo que ahí se dice resultaría redundante. La primera traducción verdaderamente moderna de la obra de Ariosto al español data del año 2005, ha obtenido diversos premios, y se ha reeditado recientemente. Cualquier lector actual la encontrará mucho más diáfana y exacta que la antigua traducción de Jerónimo de Urrea. Aún así, ésta tiene el valor de poder conocer la versión que se leyó en la España del siglo XVI, y no está exenta de interés en sí misma. El encomiable empeño de Urrea por adaptar su texto a la métrica de Ariosto hace que la lectura avance al ritmo de las octavas de forma casi hipnótica, más aún cuando por la oscuridad de algunos pasajes se acaba leyendo en voz alta. He seleccionado el episodio de la locura de Orlando, no sólo porque da título al libro (pese a no tener en el relato una importancia que lo justifique) sino por haber sido objeto de inspiración para algunos célebres escritores. Un ejemplo ha acabado asomando ahí abajo. Para quienes puedan sentir curiosidad por cotejarla, he puesto en paralelo el texto italiano de la edición Giolito a partir de un ejemplar de 1549 digitalizado en la Biblioteca de la Universidad de Valencia. Varias muestras de la moderna traducción de Micó, una de ellas de este mismo pasaje, se pueden leer en la red en una revista cultural. Una nueva traducción, que he podido conocer por los comentarios a esta entrada y que mantiene la métrica original, se puede leer libremente en esta dirección por voluntad de su autor. 



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  Este ejemplar procede de una librería italiana, y en Italia debió estar desde antiguo, a juzgar por el texto rotulado en el corte inferior. Sólo he localizado otros dos ejemplares en España. Uno en la Biblioteca Nacional, falto de una hoja, carencia que en algún caso ha confundido a los especialistas. Otro, con probable encuadernación de Plantino, que perteneció a Felipe II por obsequio de Urrea durante su estancia en Flandes, en la Biblioteca del Escorial. También hay otro en la British Library y al menos siete en diversas bibliotecas italianas. Pese a esta rareza, es un libro que está en el mercado. En los últimos años lo he visto en el catálogo reciente de un librero español, y he tenido noticia de que se ha vendido otro. Se reproducen a continuación las dos caras de la hoja que falta en el ejemplar de la B.N.E, con el retrato de Jerónimo de Urrea y la carta al lector y licencias, para que en el dudoso caso de que alguien lo necesite pueda hacer uso de ellas, y como recuerdo de quien probablemente no soñó que su traducción estaría viva 450 años después.

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