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viernes, 29 de julio de 2016

Discursos políticos de Adolfo Hitler


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 


Introducción 

Los discursos de Adolf Hitler son la mejor forma de conocer su pensamiento, ya que si bien libro “Mi Lucha” es el único libro que ha escrito, este no llega a contener todas sus ideas, siendo más bien una obra de lucha política y no la plasmación de todas ellas, aunque sí estén bosquejadas las esenciales. Lo convierte también en insuficiente lo limitado de sus fines de la época y sobre todo a lo temprano de su escritura, por lo que se pueden apreciar aquí lo mucho que han evolucionado y madurado las ideas de Hitler en sus 20 años de actividad política que transcurrieron desde que se editó por primera vez aquel y sus últimos discursos, aunque intentan mantener la misma esencia. 
En sus discursos Hitler puede explayarse sobre los más diversos temas y puede además fundamentarlos con hechos y verificarlos con su obra de gobierno, lo que les da una mayor autoridad e importancia, pues de nada sirven las palabras sin los hechos.

Discursos

Adolf Hitler nació en la pequeña ciudad fronteriza austriaca de Braunau, pasó su infancia en Linz y su juventud en Viena. La formación de Adolf Hitler fue escasa y autodidacta, pues apenas recibió educación. En Viena fracasó en su vocación de pintor, malvivió como vagabundo y vio crecer sus prejuicios racistas ante el espectáculo de una ciudad cosmopolita, cuya vitalidad intelectual y multicultural le era por completo incomprensible.
De esa época data su conversión al nacionalismo germánico y al antisemitismo. En 1913 Adolf Hitler huyó del Imperio Austro-Húngaro para no prestar servicio militar; se refugió en Múnich y se enroló en el ejército alemán durante la Primera  Guerra  Mundial.  La derrota  le  hizo pasar  a  la  política,  enarbolando  un  ideario  de  reacción  nacionalista, marcado por el rechazo del nuevo régimen democrático de la República de Weimar, a cuyos políticos acusaba de haber traicionado a Alemania aceptando las humillantes condiciones de paz del Tratado de Versalles.
De vuelta a Múnich, Hitler ingresó en un pequeño partido ultraderechista, del que pronto se convertiría en dirigente principal, rebautizándolo como Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP). Dicho partido se declaraba nacionalista, antisemita, anticomunista, antisocialista, antiliberal, antidemócrata, antipacifista y anticapitalista, aunque este último componente revolucionario de carácter social quedaría pronto en el olvido; este abigarrado conglomerado ideológico, fundamentalmente negativo, se alimentaba de los temores de las clases medias alemanas ante las incertidumbres del mundo moderno.

La profunda crisis económica desatada desde 1929 y las dificultades políticas de la República de Weimar le proporcionaron una audiencia creciente  entre  las  legiones  de  parados  y  descontentos  dispuestos  a escuchar su propaganda demagógica, envuelta en una parafernalia de desfiles, banderas, himnos y uniformes.
Combinando hábilmente la lucha política legal con el uso ilegítimo de la violencia en las calles, los nacionalsocialistas o nazis fueron ganando peso electoral hasta que Hitler (que nunca había obtenido mayoría) se hizo confiar el gobierno por el presidente Hindenburg en 1933.
Al poseer el poder político que necesitaba, Hitler pretendía a partir de su discurso, convencer a la mayoría de los alemanes de que él era su salvador de la economía ante de la depresión, del comunismo, el “judeo- bolchevismo”, y el Tratado de Versalles. El motivo que convoca a los asistentes es la euforia que produce el anuncio del cambio que anto necesitaba el pueblo alemán.
Pero nadie imaginó que un hombre proveniente del campo sería capaz de adquirir el apoyo de millones de espectadores y ciudadanos alemanes. Y mucho menos, que desataría uno de los acontecimientos bélicos más desastrosos de la historia de la humanidad, en el cual murieron alrededor de cincuenta millones de personas entre civiles y militares.
Al conocer un poco acerca de la vida de Hitler y el contexto de la época, es inevitable preguntarse:  ¿Cuáles fueron  los factores que determinaron el éxito del discurso de Hitler? Ésta cuestión nos remite al propósito central de este trabajo analítico e investigativo, para el cual se determinarán tres factores claves enmarcados en tres textos independientes, que en conjunto marcaron el éxito de su discurso. Partiendo de elementos como el contexto, el propósito del discurso, y finalmente los rituales presentes en sus presentaciones públicas se desarrollará el presente análisis.

Texto 1: El contexto

Dada la complejidad de las circunstancias que rodeaban el ámbito político, económico y social de todo el mundo tras la Primera Guerra Mundial y valiéndose de sus capacidades discursivas, para las cuales se preparaba arduamente, Hitler lograba llenar estadios repletos de personas y dar hasta diez discursos al día. La respuesta que generaba el discurso político de Hitler en Alemania aun sigue sorprendiendo. Movió masas, millones de personas dispuestas a rendirle lealtad y aclamar lo que estaba haciendo. Durante sus discursos las personas aplaudían y se levantaban de pie, a la vez que en sus rostros se dibujaba una expresión de felicidad y esperanza. Evidentemente logró contagiar a sus receptores de cada una de sus emociones, del odio por sus  enemigos y del amor por la historia  y el territorio alemán.

Valiéndose de las circunstancias y aprovechándolas a su favor, Adolf Hitler se propuso revivir el sentimiento de orgullo nacional, el cual estaba acompañado además por la frustración y el descontento popular, debilitado por la derrota del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial y en la posterior firma del Tratado de Versalles, en el cual adquirido una pesada deuda al aceptar la responsabilidad de la guerra.
Hitler prometía repudiar al Tratado de Versalles, suspender los pagos de indemnización, generar empleo, combatir la corrupción y controlar a los ricos. Otro elemento en el que Hitler se apoyó para obtener el apoyo de las masas fueron las desventajas geográficas de Alemania, al no tener la posición geográfica estratégica que tenían los otros países de la Europa occidental, además de no poseer colonias que impulsaran la economía nacional.  Aspectos de vital importancia teniendo en cuenta la dinámica de alta competencia vivida en la época, en la cual se encontraba claramente en desventaja y aun más, después de las consecuencias de la Primera Guerra Mundial.

Texto 2: El propósito

Tras fracasar en un primer intento de tomar el poder desde Múnich en el año 1923, Adolf Hitler fue detenido, juzgado y encarcelado. Aunque tan sólo pasó en la cárcel un año y medio, aprovechó ese tiempo para plasmar sus  estrafalarias  ideas  políticas  en  un  libro  que  tituló Mi  lucha y  que diseñaba las grandes líneas de su actuación posterior. Entre dichas líneas de actuación   se   encontraba   la   potenciación   de   su   carisma   y   poder comunicativo. Propósito que llevo a cabo posteriormente mediante el asesoramiento  de  expertos  en   el  discurso,   cursos  de  teatro  y  una preparación frente al espejo.

Cuando logró cautivar al pueblo alemán y acceder al poder por medios democráticos,   utilizó   la propaganda estatal   y   continuó   valiéndose   de su carismática oratoria para persuadir a las masas, enfatizando su oposición al Tratado    de    Versalles de 1919,     al pueblo     judío,     al pacifismo y al comunismo internacional, particularmente el soviético-bolchevique, y al mismo     tiempo     resaltando     el nacionalismo alemán,     el militarismo, el racismo, la llamada preservación de la raza aria, el pangermanismo y la anexión o recuperación armada de territorios europeos perdidos luego de la Primera Guerra Mundial por el Imperio Alemán. Todo lo anterior sumado a la depresión económica que hacía menester la implementación de medidas que contrarrestaran el desempleo y para lo cual, Hitler se mostraba como el más idóneo para hacerlo, dada la confianza que impartía por la lealtad al pueblo alemán.

Texto 3: Los rituales

Mediante la observación de varios discursos y apariciones públicas por parte de Adolf Hitler, es posible identificar un conjunto de ritos que generalmente acompañaban sus presentaciones políticas.
Antes de iniciar su discurso, Hitler se mostraba muy sereno y callado, al punto de dar momentáneamente la sensación de que se encontraba asustado y atónito frente a la multitud que se disponía a escucharlo. Luego guardaba un silencio prolongado con el fin de tensionar el ambiente y dejar a la expectativa a quienes iba dirigido su discurso. Ponía sus manos en frente (siempre visibles) para demostrar serenidad. Posteriormente daba comienzo a su discurso con un tono de voz bajo y con las manos quietas. Pocos minutos después su tono de voz aumentaba eufóricamente, sus manos y muñecas se movían constantemente con mucha fuerza; las expresiones de su cara eran fuertes y calculadas con el fin de no desentonar con el poder que demostraba el resto de su cuerpo. Lo que hace exitoso el discurso de Hitler,  más  que  sus  palabras,  es  la  energía  que  le  imponía  a  sus movimientos, lo cual lo dejaba evidentemente agotado.

Conclusiones

Adolf Hitler puso de manifiesto el poder de la palabra y reivindicó además, que el poder reside en primer lugar en el cuerpo. Siempre fue muy consciente de que el único modo de lograr sus objetivos era obteniendo el respaldo popular del pueblo alemán, por lo cual se dedicó como nadie a potenciar sus capacidades para convertirse en uno de los mejores oradores de la historia reciente. Es preciso destacar que Adolf Hitler aprovechó el contexto de la época para generar confianza mediante un discurso repleto de propósitos que prometían ser la salvación de Alemania y que a su vez, garantizaban (al menos en teoría) el éxito de los propósitos expansionistas y de “espacio vital” que impulsaron en primer lugar, todas las acciones bélicas contra los países vecinos. No obstante, fue la particular fuerza de sus meticulosos movimientos lo que selló el éxito de su discurso, al generar una confianza e idolatría de tal magnitud, que sus espectadores frecuentemente llegaban a pensar que se encontraban frente a un dios.

Por lo anterior, es de vital importancia entender que no basta la elaboración de un buen discurso, ni un público dispuesto a escuchar, si quien posee el poder de la palabra no comunica también con  el resto de su cuerpo y transmite al igual que las más hermosas y profundas palabras, la fuerza necesaria para llegar al corazón de los espectadores.

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