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viernes, 6 de marzo de 2015

Robert Baratheon: el rey dionisíaco


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 

"Hay hombres que son como las espadas, hechos para luchar; cuélgalos y se oxidarán"
Donal Noye, herrero del Muro






Robert no es un modelo ideal de rey. Sin duda, es un contrarquetipo de Rey Arturo. Si en el Ciclo del Grial Arturo representa el modelo perfecto de soberano, justo, querido y amado por todos sus caballeros y súbditos en el reino idealizado de Camelot; Robert representa, en Juego de Tronos, lo contrario: un rey que no es amado ni por su propia esposa. Un rey cornudo, en esto si se parece al soberano de Camelot, que no preside una Mesa Redonda de caballeros nobles sino que está rodeado por un consejo de personajes intrigantes y que buscan su ruina. Un rey putero y alcohólico.


Estatua de Dionisio, dios
griego del exceso

Robert Baratheon és un rey dionisíaco, más griego y romano que el cristiano Arturo, personaje que los clérigos utilizaron para tratar de moldear un personaje que poco se parecía al Arturo histórico, seguramente un caudillo bretón del tiempo de los romanos. Robert Baratheon es un hombre trágico, enamorado de una mujer muerta, buen soldado, pésimo gobernante. Como describe magistralmente el antiguo herrero de los Baratheon que sirve con Jon Snow en la Guardia de la Noche, el de Robert es el típico caso de hombre al cual le sienta mejor el estado natural -la bellum omnia inter omnes que decía Hobbes- que la paz y la aburrida gestión de los asuntos mundanos más propia de filósofos y burócratas. Freud diría a Robert que su dependencia de la bebida es una sublimación de los desaires de Cersei a cuya fogosidad no da el cauce correcto. Nietzsche seria más indulgente y vería en él lo que es: un hombre trágico que vive la vida hasta el límite. Un niño en el cuerpo de un rey venido a menos. No lo llamaría superhombre porque hay en el resentimiento y melancolía. La terapia de Freud seria un caro psicoanálisis, en cambio Nietzsche le recomendaría declarar la guerra a alguien. Solo le reprocharía que no diera rienda suelta a sus sueños de guerrero. Quizás es lo que espera al conceder a su compañero de fatigas, a su hermano de armas, Edd Stark el cargo de Mano del Rey o puede que sea solo para recordar batallitas, historias de la puta mili. Robert es un rey que cae bien, sentimos por él lástima y simpatía. Su destino podría ser el nuestro: cornudos y domesticados.

Baco, Caravaggio


Joan I el Cazador o Amador de la gentileza,
cuya muerte dejó un reino arruinado
y al borde de una guerra civil.
Pacífica la vida de un pueblo que se lee con aburrimiento decía Montesquieu. A la muerte de Robert se desencadena una guerra terrible: la guerra de los 5 reinos. La muerte de Baratheon, aparentemente absurda y bajo la cual se esconde un crimen perfecto que recuerda a la muerte de Joan I de Aragón, cuyo fin en Girona en una siniestra cacería estuvo a punto de dar con una guerra civil en Aragón en el siglo XIV y que acabó con Bernat Metge y varios consejeros del rey en la cárcel. Allí Metge escribió Lo Somni, obra que anuncia el humanismo literario de la lengua catalana. Un día escribiré sobre las influencias de la historia medieval de España en la obra de Martin que creo son abundantes. Hay vida más allá de la Guerra de las Dos Rosas...

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