Bibliotecas y mi colección de libros

martes, 18 de octubre de 2016

Biblioteca del Congreso de Diputados

Junto al rumor del Hemiciclo, el Congreso de los Diputados guarda en silencio la llave de la Ley. Más allá del debate y de las cámaras de televisión, a veinte metros y al fondo del pasillo, se encuentra la Biblioteca del Congreso; la fragua donde las leyes toman forma antes de salir a la palestra; donde, al calor de los flexos, las ideas dejan de ser un germen para convertirse en propuestas formadas: Propuestas de Ley. Javier Plaza Bravo, el jefe de Bibliografía, es el encargado de preservar ese remanso de letras que asegura la democracia.

Cada modificación legal, cada votación por parte de los diputados, requiere el estudio y el trabajo al hilo de los más de 250.000 ejemplares que componen el archivo. «En el dossier documental que acompaña toda propuesta, elaboramos e incluimos una selección de los libros relacionados y de interés». Los documentos son, para Plaza, la «materia prima» de todo trabajo parlamentario. Un trabajo que «sería imposible sin este tipo de apoyo».

Esta labor no sólo tiene el fin de informar, sino que apunta a proteger uno de los cimientos de la democracia: la independencia. «Los proyectos de ley los presenta el Gobierno, el poder Ejecutivo. Si desde el poder Legislativo no se elaboran informes ni hay una documentación independiente, estaríamos cometiendo un error conceptual importantísimo», advierte Plaza, «porque nos fiaríamos de la información proporcionada por uno de los poderes», argumenta con decisión: «Este tipo de trabajos son fundamentales».

Los diputados se dejan ver por la biblioteca aunque «no es su lugar de trabajo habitual». El jefe de Información Bibliográfica define a los presidentes de la Cámara como «usuarios frecuentes» y atestigua que el grupo «VIP» lo compone el grupo de letrados. La Biblioteca es una de las zonas más innaccesibles de la institución y queda vetada al público incluso el día de puertas abiertas con el fin de garantizar su «preservación». La entrada está restringida a los miembros del Senado y Congreso, así como el personal que trabaje en este último: desde periodistas acreditados hasta agentes de policía. También pueden acudir «los investigadores que lo soliciten», siempre que acrediten su petición. En total, hay 1.130 usuarios activos y en la última legislatura (2012-2015) se han producido «casi 1.9000 peticiones de información», de las que 6.346 fueron realizadas por «los parlamentarios y su personal de apoyo».

Testigo de la historia

La biblioteca guarda, desde dos códices del siglo XV, hasta ocho incunables y medio centenar de manuscritos del siglo XVI y XVII, pero el catálogo sigue creciendo. Cada año se introducen entre 3.000 y 4.000 ejemplares, entre donaciones, documentos incorporados a la web y compras. «Tenemos que tener documentación de todo lo que se esté legislando. Ahora hemos implementado la colección con los problemas de terrorismo internacional con cariz islamista que se están produciendo en los países árabes», apunta Plaza.

Una escalera de caracol divide en cuatro actos -dos plantas y dos entreplantas- la sala de lectura, la parte visible de la Biblioteca y sólo la punta del iceberg del inmenso archivo que guarda: en sus estantes reposan 22.000 libros, apenas el 10% del total. El resto se encuentra en los bajos del Congreso, una zona subterránea que también se ha visto afectada por las obras «interminables» que se llevan a cabo en el edificio.

Parte del archivo, unos 44.000 libros, ya han sido trasladados por este motivo a naves especializadas en conservación de documentos, situadas a las afueras de Madrid, donde «preservan la temperatura y la humedad adecuada», y donde a final de año habrá un total de 200.000 ejemplares, según las previsiones. «Nuestro trabajo también sufrirá los rigores de las obras», lamenta el bibliotecario.

'Los 40 años del franquismo apenas ocupan cuatro estantes, y una legislatura moderna son dos muebles completos'
Construido en 1855, cinco años después de la inauguración del Salón de Plenos, se conserva en el mismo estado que entonces. Una fotografía en blanco y negro que empieza a teñirse de sepia ejerce de testigo histórico. «Gracias a esta imagen se verificó la fecha exacta de la construcción, porque aparece un periódico que dejó de existir en 1911», relata Plaza. Una de las pocas modificaciones, además de la instalación del montacargas, fue la decoración del techo con un lienzo pintado en 1989 por José María de Gamoneda, letrado mayor de las Cortes, que representa la alegoría del Templo de las Leyes.

El pulso democrático

Los estantes de la planta baja están sembrados de diarios de sesiones, la transcripción literal de todas las reuniones parlamentarias desde las Cortes de Cádiz. Ordenados de forma lineal, recorren la sala de lado a lado: desde 1810 hasta 2008, cuando faltó el espacio y los diarios empezaron también a poblar los bajos. El número de volúmenes toman un pulso aproximado de la vida política. «Cada legislatura aumenta el número de sesiones», asegura Plaza, que da un detalle significativo: «Los 40 años del franquismo apenas ocupan cuatro estantes, y una legislatura moderna (4 años) al menos ocupa dos muebles completos».

Los diarios de sesiones ocupan todos los estantes de la planta baja.SERGIO GONZÁLEZ VALERO.
Es por esta razón por la que, para el bibliotecario, «se pueden cuestionar las posturas de los políticos, pero no su trabajo». Javier Plaza se disculpa por ese «comportamiento políticamente incorrecto» de «que una persona ajena al mundo de la política defienda el trabajo de los parlamentarios», y asegura, tajante: «A mí ellos no me pagan».

«Sólo hay que ver las intervenciones y las preguntas-orales y escritas- que realizan los diputados y que son cada vez más. Todo eso requiere una preparación previa», defiende. Pese a que las cámaras siempre van a dar al Hemiciclo, Plaza asegura que ésa «es una parte muy pequeña» de su labor. «La imagen de una sala vacía tiene un impacto a veces muy engañoso», opina el bibliotecólogo: «Hay que ser justo: un parlamentario normal tiene muchísimo trabajo, otra cosa es que te guste o no», determina.

El trabajo en la sombra, el estudio y la documentación, son el engranaje indispensable de los «nuevos legisladores». Aquellos para quienes, según este supervisor de la democracia, «no existe la improvisación».

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