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viernes, 12 de agosto de 2016

Umberto Eco Biografía ; Conservar la ironía, un desafío (Traducciones de sus obras)

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; 
Umberto Eco (1932-2016)


Biografía 

El escritor, crítico literario y profesor de semiótica Umberto Eco nació el 5 de enero de 1932 en Alessandria, una localidad cercana a Turín (Italia). Era hijo de Giovanna Bisio y del contable Giulio Eco.
Tras terminar sus estudios secundarios, Eco se trasladó a la Universidad de Turín para estudiar Derecho, carrera que abandonó por la de Literatura y Filosofía Medieval, época histórica de la que se convertió en un experto y que sirvió de base temporal para varias de sus futuras novelas.
En el año 1954 se doctoró con una tesis sobre el filósofo Tomás de Aquino, sobre el que dos años después escribió “El Problema Estético En Santo Tomás” (1956), su primer libro publicado.
A partir de mediados de la década de los 50, Umberto Eco trabajó como editor cultural para la RAI, dejando su puesto en 1959.
En 1962 contrajo matrimonio con la especialista en arte y artista alemana Renate Ramge, con quien tuvo dos hijos.
Una de las principales facetas como divulgador de Eco fue su erudición en semiótica, impartiendo clases en Florencia y Milán, y desde 1971 en la Universidad de Bolonia, y publicando diversos ensayos a lo largo de su trayectoria profesional, como “Obra Abierta” (1962), “La Estructura Ausente” (1968), “Una Teoría De Semióticas” (1976), “Un Panorama Semiótico” (1979) o “En Busca Del Lenguaje Perfecto” (1995).

Al margen de sus libros, Umberto Eco ha colaborado como columnista en múltiples periódicos y revistas, entre ellos el “Corriere Della Sera”, “L’Espresso” o “La Repubblica”.
En 1978 comenzó a escribir su primera novela, “El Nombre De La Rosa” (1980), un libro aparecido en los años 80 que logró un enorme éxito crítico y popular gracias a su intriga ambientada en la época medieval. El libro sigue las pesquisas detectivescas de un monje franciscano en una abadía en la cual se ha cometido un crimen. Seis años después de su aparición, el director Jean-Jacques Annaud, con Sean Connery como protagonista, estrenó una película basada en el libro.
En el año 1988 aparecerió su segunda novela, “El Péndulo De Foucault” (1988), libro centrado en un grupo de trabajadores de una editorial de Milán que se ven inmersos, entre otras organizaciones secretas, en los enigmas de los Templarios, desarrollando el asunto con un lenguaje erudito y una intrincada trama.

“La Isla Del Día Antes” (1995) fue su tercera novela. Cuenta con el protagonismo de un noble del siglo XVII llamado Roberto de la Grive, quien tras un naufragio encuentra una misteriosa embarcación desierta en los Mares del Sur. Es una obra de tipo aventurero que no evita disposiciones de carácter filosófico ni permite su desvinculación de profesor de semiótica, lo que afecta a su densidad narrativa.
Tras el ensayo “Kant y El Ornitorrinco” (1998), Eco recibió en el año 2000 el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Un año después publicó “Baudolino” (2001), libro de mejor lectura que sus dos obras previas y que toma elementos de las novelas de aventuras y picarescas para retrotraernos de nuevo a la época medieval con las andanzas de Baudolino, un embustero y vago campesino que se convierte en hijo adoptivo de Federico Barbarroja.
umberto-eco-rosa-novelas“La Misteriosa Llama De La Reina Loana” (2005) cuenta la historia de Gianbattista Bodoni, un hombre de sesenta años que un buen día se despierta amnésico. Puede recordar momentos históricos pero no la memoria personal, ya que es incapaz de acordarse de su familia y de su profesión. Para intentar recuperarse su esposa Paolo le recomienda que pase un período de reposo en el caserón de Solara, un pueblo ubicado en las colinas del Piamonte, en donde pretende volver a reconstruir su vida.
En “Historia De La Fealdad” (2007) aborda el concepto de lo feo en diversos períodos históricos.
En “El Cementerio De Praga” (2010) narró la historia de un piamontés especializado en falsificar documentos que trabaja como espía para Garibaldi y para los franceses contra los prusianos.
Uno de sus últimos ensayos fue “Historia De Las Tierras y Los Lugares Legendarios” (2013). Su última novela fue “Número 0” (2015). Murió en Milán a los 84 años de edad el 19 de febrero del año 2016.

Traducciones de sus obras


Umberto Eco nunca salía a la calle sin su sombrero Borsalino. Con frecuencia caminaba de prisa y lo mismo se reunía con sus alumnos para comer pizza que con políticos e intelectuales en restaurantes de renombre. No se consideraba un hombre elitista. Sin embargo, uno de sus mayores placeres lo encontraba en las conversaciones brillantes que estaban condimentadas con chistes y juegos de palabras.
Otras veces optaba por el silencio de su biblioteca, ese laberinto donde también atesoraba su colección de libros antiguos, e indagaba todo lo que le causaba curiosidad. A menudo una búsqueda lo llevaba a otra y otra más, y tenía la capacidad de seguir esos hilos que alimentaban su erudición para explicar cualquier fenómeno cultural. Y cuando tenía tiempo, se escapaba a las librerías de ocasión en busca de más libros antiguos, cómics o de lo inesperado.

Así recuerda la traductora doña Helena Lozano Miralles al escritor Umberto Eco.

¿Cómo describiría su estilo de traducción?

 Como decía Italo Calvino, el traductor es el mejor lector de una obra. El problema es que cada lectura de una obra es una interpretación y una lectura diferente. Cada traductor selecciona los aspectos de la obra que le parecen más importantes, sin olvidar el respeto que se le debe al texto. En mis traducciones intento conciliar un respeto absoluto por el original, lo que significa, en el caso de las novelas, desentrañar su mecanismo, es decir, conservar el juego textual que plantea el autor.

¿Necesitaba conservar la ironía de Eco? 

La ironía y la posibilidad de mantener la ambigüedad para que pueda surgir más de una lectura. Eso siempre es un desafío. Eco siempre combinaba elementos de cultura alta y popular, y mezclaba cómics con series de televisión, poesía barroca, hermética y contemporánea y sus lecturas teóricas. Él siempre guiñaba un ojo a todas las posibilidades culturales y eso evidentemente requiere un trabajo de documentación muy serio; muchas veces tenemos que ver cómo esos materiales culturales han sido recibidos en lengua española”.

¿No exigía una traducción literal? 

Habría que discutir lo que es exactamente la literalidad… Pero más que literal, yo digo que es un respeto absoluto por el texto. Hay que intentar que nuestras elecciones al traducir sean las más respetuosas, conservando la intención del texto.

¿A menudo usted vuelve a sus traducciones?

 Para un traductor responsable, no existe una versión definitiva. Así que ya no vuelvo a leer esos libros con la intención de traducirlos, porque seguiría cambiando cosas.

¿Realizará futuras traducciones? 

Queda muy poco por traducir, pero eso depende de las casas editoriales. Lo que resta son ensayos sobre la Edad Media, pero no tengo idea si esto se hará.

Para Helena Lozano, profesora en la Universidad de Trieste, ganadora del Premio Nazionale per la Traduzione de la República Italiana y quien también ha traducido Segundo diario mínimo, La misteriosa llama de la reina Loana, Decir casi lo mismo, El cementerio de Praga y Número cero, Umberto Eco era un genio que tenía una visión peculiar sobre el mundo y sus fenómenos culturales y políticos.

“No es una casualidad que fuera un semiólogo. Era una voz intelectual importantísima en este mundo. Imagine que él al teorizar la semiótica, decía que ésta debe analizar todo aquello que sirva para mentir. Y ahora que estamos en medio de las fake news, de la falsificación de la realidad desde las noticias, nos encantaría saber su opinión.

“Fue una persona con una lucidez y una capacidad de comunicar esa lectura suya que muy pocos intelectuales han tenido, con observaciones sobre los mecanismos profundos de cualquier comunicación. Para eso tuvo un papel absolutamente fundamental en su tarea como intelectual. Además, lo recuerdo como un profesor siempre volcado en sus clases y en la enseñanza, un hombre respetuoso de las ideas y propuestas de sus alumnos. Fue un gran maestro.”

¿Es acertado imaginar al autor de El nombre de la rosa aislado en una torre, leyendo un montón de libros a gran velocidad y en varios idiomas? 

 y no. Para él la biblioteca era un laberinto del cual había que salir, porque consideraba que la biblioteca debía usarse para leer el mundo. Él tenía esa capacidad de entrar y salir de la biblioteca a través de formas comunicativas, como el ensayo creado con rigor y mediante la narrativa con sus novelas.

¿A Eco le preocupaba la estrechez del lenguaje que priva en nuestros días? 

No puedo responder eso. Lo que sí puedo decir es que él tenía una actitud totalmente abierta hacia todo fenómeno comunicativo. Para él todo fenómeno comunicativo era bueno si servía a su propósito. El problema es cuál es el propósito del fenómeno comunicativo. Eso habría opinado.

Y añade: “Por ejemplo, él tiene una serie de columnas sobre el teléfono celular. Pero no en contra del objeto, sino del uso que se le da. Para él no era un problema la simplificación del lenguaje, sino la simplificación del pensamiento tras el lenguaje, es decir, que las carencias de lenguaje impliquen falta de ideas, de visión, de aprehensión, de cómo se capta el mundo”.

Como homenaje al gran autor y humanista, hacemos un repaso de sus 10 frases más celebres. Unas palabras que, por el peso de su significado, han pasado a la posteridad.

"El mundo está lleno de libros preciosos que nadie lee".

"Hay libros que son para el público, y libros que hacen su propio público".

"Adoro a los gatos. Son de las pocas criaturas que no se dejan explotar por sus dueños".

"Nada es más nocivo para la creatividad que el furor de la inspiración".

"Los libros son esa clase de instrumentos que, una vez inventados, no pudieron ser mejorados, simplemente porque son buenos. Como el martillo, el cuchillo, la cuchara o la tijera".

"El autor debería morirse después de haber escrito su obra. Para allanarle el camino al texto".

"La televisión se nos aparece como algo semejante a la energía nuclear. Ambas sólo pueden canalizarse a base de claras decisiones culturales y morales".

"El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, si no, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones?".

"Los libros se respetan usándolos, no dejándolos en paz".

"Hoy no salir en televisión es un signo de elegancia".

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